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viernes, 25 de febrero de 2011

Las mentiras del nacionalismo catalán (I)

Hoy voy a comenzar una pequeña serie de artículos dedicados a las mentiras del nacionalismo catalán, ya que como historiador cada vez que oigo una aseverqación de este tipo me silban los oídos. Me parece una postura muy fácil y ventajista por parte de los políticos nacionalistas catalanes que pretendan inventarse una historia que no tienen, unos símbolos que no les pertenecen y que además quieran hacer creer a todos de su veracidad gracias a la posición privilegiada que ostentan con el dinero de todos los «españoles».

La verdad es que me da completamente igual lo que piensen y lo que hagan, que se lo crean de verdad o no se lo crean en absoluto, que les aguanten sus votantes ellos sabrán, pero cuando quieren contar la historia como les hubiese gustado que fuera en lugar de cómo fue, eso es otra cosa, que pretendan adoctrinar a los jóvenes con unos hechos que no existieron dice muy poco a su favor.

El primero al que me referiré es el mito de la famosa bandera de las cuatro barras que comparten Aragón, Valencia, Baleares y Cataluña, y en contra de lo que creen no es catalana.

A pesar de que Rovira i Virgili, Presidente del Parlamento de Cataluña en el exilio entre 1940 y 1949, dijera que: "La Unió catalano-aragonesa adoptà l'enseya catalana de les quatre barres vermelles". Esto es totalmente falso. El origen de la bandera es aragonés ya que representaba a la Casa Real de Aragón y el primer rey en usarla fue Alfonso II el casto. La famosa leyenda de que su creador fue Wifredo el velloso es todavía más inverosímil. Hasta la unión con Aragón el emblema de los condes de Barcelona era precisamente la Cruz de San Jorge —una cruz en gules sobre campo de plata—, casualmente como Castilla.

Los autores catalanes del medievo, entre ellos Muntaner, describen a la bandera cuatribarrada como «la senyal real d'Aragó», nunca dijeron que fuese «l'escut» de Catalunya como sostienen los nacionalistas.

Se pongan como se pongan los nacionalistas nunca hubo ningún rey catalán ni existió ningún Estado catalán, por lo menos en España, los reyes fueron los reyes de Aragón y al Reino de Aragón es al que perteneció el Condado de Barcelona que, además, no representaba a la Cataluña actual ya que entonces estaba formado por más condados dependientes que la extensión que tiene actualmente

Pero lo más importante es que de la bandera cuatribarrada tiene su origen la bandera de España. La bandera de la Marina Real, al inicio del reinado de Carlos III, era de color blanco y éste rey la cambió por otra que se distinguiese mejor en altamar, se pensó en la del reino de Aragón, pero como tenía las barras muy estrechas y no se distinguían bien, se ensancharon las franjas y la amarilla se hizo doble que las rojas.

Foto: Escudo de Armas, de gran solemnidad, del rey Pedro IV de Aragón, que portaba un casco, la corona real encima y para rematar un gran dragón con las alas desplegadas y las fauces abiertas. Un paño de color azul oscuro con la cruz de Iñigo Arista cubría los laterales y la trasera del yelmo. Además portaba una larga túnica con la cuatribarrada aragonesa.

lunes, 21 de febrero de 2011

La Batalla de Salas


Muchos son los hechos heroicos que en España han protagonizado sus gentes a lo largo de la Historia que llenan de orgullo a sus descendientes, paisanos y convecinos. Por el hecho de ser acciones prácticamente desconocidas no dejaron de tener en su momento su importancia, este el caso ocurrido en la localidad altoaragonesa de Salas Altas durante la Guerra de la Independencia, que os cuento a continuación.
El 22 de enero de 1812, durante la Guerra de la Independencia española, los guerrilleros aragoneses Sarasa, Tris y Alegre prepararon una emboscada a un convoy francés que discurría por la ruta entre Bielsa y Barbastro. Los rebeldes aragoneses cortaron el paso a un convoy francés de 120 bueyes de carga con víveres en el camino entre Salas Altas y Hoz de Barbastro dando lugar a una auténtica y cruenta batalla que terminó con grandes bajas entre los franceses y con la conquista de un importante botín por parte de los guerrilleros.
La batalla fue pionera en lo que se ha calificado como «guerra asimétrica», entendiendo por guerra asimétrica cuando la diferencia entre las tropas enfrentadas es muy diferente entre los contendientes y uno de ellos no dispone de fuerzas organizadas equiparables a las de su adversario. En este caso se enfrentaron a unos 50 o 60 soldados franceses, gendarmes de la guardia republicana, el cuerpo de elite del ejército napoleónico, el mejor preparado y más moderno de Europa, pertenecientes al XII Escuadrón Napoleónico de guarnición en Barbastro al mando del teniente Pelantier, aproximadamente unos 400 guerrilleros reclutados de los pueblos del Somontano cuando el convoy regresaba de Naval donde había realizado un aprovisionamiento de víveres.
El asalto sorpresa dejó numerosas bajas de uno y otro bando y el enfrentamiento fue tan brutal según narran las crónicas que se saldó con el aniquilamiento de las tropas de elite francesas. Sólo sobrevivieron un gendarme y el teniente Pelantier, que malherido, dejó testimonio de esta cruenta batalla. La denominada Batalla de Salas Altas tuvo lugar el 22 de enero de 1812 y está recogida en los anales de la Gendarmería francesa.
Este año los vecinos de Salas Altas han conmemorado el X Aniversario de la “Batalla de Salas” en un acto de hermanamiento con la localidad francesa de Lau Balagnas y al que asistieron, además de las autoridades de ambos municipios, representantes de la Real Hermandad de Veteranos de la Fuerzas Armadas de Huesca, de veteranos franceses con insignias, banderas y guiones, gendarmes franceses en activo y representantes del puesto de la Guardia Civil de Barbastro.
Foto: Litografía titulada "Lo mismo" de Los desastres de la guerra de Goya

miércoles, 16 de febrero de 2011

La verdadera historia de Anastasia Romanov

La historia de la gran duquesa Anastasia ha sido una de las grandes incógnitas del siglo XX desde que fuera salvajemente asesinada la familia real rusa por los bolcheviques el 17 de julio de 1918.

Durante mucho tiempo se le ha dado vueltas a la posibilidad de que la duquesa Anastasia se había librado milagrosamente de la masacre y, una vez recuperada, reclamase su identidad. Esta mujer que decía ser Anastasia era Ana Anderson quien defendió hasta su muerte ser la verdadera hija del Zar Nicolás.

¿Cómo se resolvió esta duda? Vamos a verlo.

Anastasia Nicolaeivna Romanova-Oldenburg-Holstein-Gottorp y von Hessen, nace en Peterhof, Rusia, el 18 de junio de 1901. Era la cuarta hija del zar Nicolás II Romanov y de la zarina Alexandra Feodorovna de Hessen. Anastasia tenía tres hermanas mayores, las grandes duquesas Olga, Tatiana y María, y un hermano pequeño, el Zarevich Alexis, dos años menor que ella y enfermo de hemofilia desde su nacimiento. Anastasia recibió, al igual que sus hermanos, una esmerada u austera educación y parece ser que era la más "revoltosa e inconformista" de todos ellos. Poco más se sabe de los príncipes, fuera de las actividades propias de su vida en palacio de Livadia.

Al estallar la revolución bolchevique en 1917,se abolió la monarquía y el 20 de mayo de 1918 la familia imperial fue exiliada y trasladada a Siberia siendo confinada en una pequeña granja en Ekaterinburgo. Aquí pasaron sus dos últimos meses de vida. La noche de su ejecución, el oficial bolchevique Yuroski, despertó a la familia imperial y les solicitó que se vistieran. Cuando le preguntaron la razón, les dijo que iban a ser trasladados a una nueva ubicación por su seguridad. Una vez vestidos, la familia y un reducido círculo de sirvientes y ayudantes fueron llevados a uno de los sótanos de la casa, y se les pidió que esperaran con el pretexto de que iban a hacerles una foto antes de partir. A Alejandra y Alexis se les permitió sentarse en sillas, a petición de la zarina, con la condición de que estuvieran vigilados por guardias. Pasados los minutos, entraron en la habitación los ejecutores comandados por Yurovski y éste sin ningún preámbulo levantó el revólver y dijo al Zar que el pueblo ruso le había condenado a muerte y sin darle tiempo a reaccionarle disparó un tiro en la cabeza. A continuación son ejecutadas la zarina y su hija Olga en una primera ráfaga. El resto de la familia imperial es asesinada con la siguiente ráfaga, a excepción de Ana Demidova, la criada de Alejandra, que sobrevivió a la ráfaga inicial pero fue rematada a bayonetazos contra una de las paredes del sótano.

Parece ser que cuando sacaron los cuerpos del sótano para enterrarlos, las duquesas Tatiana y Anastasia aun vivían y fueron rematadas a golpe de bayoneta. Aquí es dónde comienza la famosa leyenda de que Anastasia, aún con vida, fue ayudada a escapar gracias al soldado Tschaikovsky que se compadeció de ella.

El rumor de que Anastasia Romanov sobrevivió a la masacre corrió como la pólvora y no faltaron candidatas que afirmaban que eran la gran duquesa Rusa. Así en 1920 aparece la figura de Ana Anderson diciendo que es Anastasia. No se sabía en realidad quien era Ana Anderson, pero había quien quería creer en la posibilidad que fuese de verdad Anastasia Romanov y que se había salvado de aquella masacre. El parecido físico con la gran duquesa jugó a su favor e incluso en la gente que la había conocido surgieron dudas acerca de si era ella de verdad. También llamaba la atención la gran cantidad de recuerdos que tenía de la familia imperial que no podía tenerlos si no era la auténtica. Hizo dudar hasta a la abuela paterna, la zarina María, quien tras muchas dudas la reconoció como tal en 1928 poco antes de morir.

Ana Anderson tuvo que luchar toda si vida para demostrar quien decía que era, acudiendo en varias ocasiones a los tribunales. Murió en Klostersee (Alemania) en 1984 a la edad de 83 años a causa de una neumonía. Fue incinerada al parecer por deseo propio.

Después de su muerte, se realizaron varias investigaciones para determinar si era realmente la hija de Nicolás II. En 1979 se halló la fosa donde estaban los cuerpos de la familia imperial rusa, pero no sería hasta 1991 cuando se exhumasen los cadáveres. En esta fosa estaban los cuerpos del zar, la zarina, las tres hijas mayores y los tres sirvientes. Los restos de Anastasia y Alexis estaban en una pequeña fosa, a corta distancia de la anterior. En 1998 se hicieron las pruebas de ADN a los cadáveres y se demostró que los siete cuerpos eran los de toda la familia Romanov.

Las pruebas de ADN de Ana Anderson, que desde los veinte años hasta su muerte defendió ser Anastasia, demostraron que no solo no era la auténtica sino que no tenía ninguna relación con la familia imperial rusa. Se trataba de una inmigrante procedente de Pomerania llamada Franziska Schanzkowska, nacida el 16 de diciembre de 1896 y desaparecida en marzo de 1920, perdió la memoria cuando trabajaba en una fábrica de Berlin y la encontraron cerca de un puente de aquella ciudad tratando de suicidarse. Asumió como suya la vida de Anastasia según los relatos que le contó su marido que no era otro que el soldado Tschaikovsky que estuvo presente en la matanza a los Romanov en 1918. Ahora descansa bajo una lápida que dice: Anastasia Manahan 1901-1984, con el nombre de Anastasia y con apellido de su último marido.

Así termina la historia de la gran duquesa Anastasia Romanov y la de la impostora Ana Anderson que durante más de sesenta años estuvieron unidas casi en una misma persona.

Foto: El zar Nicolas II Romanov y su familia.

domingo, 13 de febrero de 2011

Tutmosis III, el Napoleón egipcio.

Tutmosis III fue el sexto faraón de la XVIII dinastía de Egipto nació en el año 1504 a.C. en Tebas (Uaset), actual Luxor fruto de las relaciones del faraón Tutmosis II y una concubina llamada Isis. Al morir su padre, el faraón Tutmosis II, su esposa y hermanastra Hatshepsut asumió la regencia ya que nuevo faraón era muy joven para gobernar. Pero la reina no se conformó con la regencia y se autoproclamó faraón gobernando Egipto durante veinte años. En este tiempo el joven Tutmosis contrae matrimonio con Nefrure, hija primogénita de Hatshepsut.

A la muerte de la reina en el 1843, Tutmosis III pudo por fin asumir su papel de único faraón y lo hizo de tal manera que cambió el curso de la historia de Egipto, llevando a su país a cimas de poder y extensión nunca más sobrepasadas por ningún otro faraón. Es considerado junto a Ramsés II el mayor constructor de la civilización egipcia, además de haber sido un auténtico mecenas de la artes.

Su actividad en Nubia y Egipto dio lugar a más de 50 emplazamientos arqueológicos diferenciados, destacando la erección de obeliscos en los templos de Karnak y Heliópolis, hoy días desplazados a ciudades como Nueva York, Londres, Estambul y Roma. En esta última, en la plaza de San Juan de Letrán, se alza el mayor obelisco construido por el faraón, siendo el más grande de la historia de Egipto.

Al comenzar su reinado, la situación en Asia era grave, pues los mitannios habían formado una gran coalición aprovechando la pasividad de Hatshepsut. El faraón organizó diecisiete expediciones a Asia, que han quedado relatadas en los muros del templo de Amón en Karnak, en el llamado «Muro de los Anales», para abatir el poder de los mitannios, quien al terminar las campañas había obtenido una reputación considerable así sus provincias de Asia le enviaban tributos regularmente y los Estados vecinos le mandaban frecuentes regalos en busca de su amistad.

Tras un reinado de 54 años, el tercero más largo de la historia egipcia, el «Napoleón egipcio» falleció legando a su hijo Amenhotep o Amenofis II un Estado, un Ejército y un Imperio en la cumbre de su apogeo. Amenofis que había sido asociado al trono un año antes de morir su padre, continuó su política y derrotó a los príncipes sirios sublevados a la muerte de Tutmosis III.

Foto: Estatua del faraón Tutmosis III. Museo Egipcio de El Cairo.

martes, 8 de febrero de 2011

La Farsa de Ávila

El 5 de junio de 1465, en los alrededores de Ávila, se produjo uno de los hechos más infames y deplorables de la historia medieval española, en el que un grupo de nobles castellanos depuso al rey Enrique IV de Castilla, representado por un muñeco, y proclamó rey, en su lugar, a su hermano el infante Alfonso. Esta ceremonia fue llamada “La Farsa de Ávila”, nombre con el que ha pasado a la historia. Los hechos fueron los siguientes:

La Liga nobiliaria, impulsada por el arzobispo de Toledo, Alfonso Carrillo, el maestre de Calatrava, Pedro Girón y el marqués de Villena, Juan Pacheco, antiguo favorito del monarca y cabecilla del movimiento nobiliario, se había enfrentado abiertamente con el rey Enrique IV. Por parte real, la idea de constituir una Hermandad General, propuesta por los procuradores de Segovia, prendía poco a poco entre la población difundiendo principios de lealtad al trono.

Los nobles de la Liga se decidieron a un acto sin precedentes, e incalificable, hasta entonces en Castilla: el 5 de junio de 1465 alzaron un tablado junto a las murallas de Ávila, colocaron en él a un muñeco con los atributos regios, que fueron arrancándoselos uno a uno en medio de mofas a la persona del rey. A continuación, arrojaron al pelele del trono y sentaron en él al joven infante Alfonso, hermano del Rey, al que titularon como Alfonso XII.

El cronista de la época Enríquez del Castillo, cronista y capellán de Enrique IV, nos ha transmitido un relato espléndido de la deposición simbólica del rey:


"mandaron hacer un cadahalso... en un gran llano, y encima del cadahalso pusieron una estatua asentada en una silla, que descian representar a la persona del Rey, la cual estaba cubierta de luto. Tenía en la cabeza una corona, y un estoque delante de si, y estaba con un bastón en la mano. E así puesta en el campo, salieron todos aquestos ya nombrados acompañando al Príncipe Don Alonso hasta el cadahalso...

Y entonces...mandaron leer una carta mas llena de vanidad que de cosas sustanciales, en que señaladamente acusaban al Rey de quatro cosas:

Que por la primera, merescia perder la dignidad Real; y entonces llegó Don Alonso Carrillo, Arzobispo de Toledo, e le quitó la corona de la cabeza. Por la segunda, que merescia perder la administración de la justicia; así llegó Don Álvaro de Zúñiga, Conde de Plasencia, e le quitó el estoque que tenía delante. Por la tercera, que merescia perder la gobernación del Reyno; e así llegó Don Rodrigo Pimentel, Conde de Benavente, e le quitó el bastón que tenía en la mano. Por la quarta, que merescia perder el trono e asentamiento de Rey; e así llegó Don Diego López de Zúñiga, e derribó la estatua de la silla en que estaba, diciendo palabras furiosas e deshonestas.

El nuevo rey Alfonso XII fue considerado un títere en manos del marqués de Villena y no fue aceptado por la mayoría del país, que se mantuvo leal a Enrique IV. La situación degeneró en disturbios que duraron hasta la muerte de Alfonso en 1468 y el sometimiento de su hermana Isabel a la autoridad de Enrique.

Más adelante, el marqués de Villena y los partidarios de Alfonso rompieron con Isabel y, al morir Enrique en 1474, apoyaron a la princesa Juana «la Beltraneja» como heredera al trono. Estalló así la Guerra de Sucesión Castellana, que se prolongaría hasta 1479, con la victoria definitiva de Isabel de Castilla.

Foto: La Farsa de Ávila, según litografía del siglo XIX. Anónimo. h. 1880.