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miércoles, 28 de marzo de 2012

La Revolución Rusa (II)


Continuamos con esta síntesis de la Revolución Rusa, con los movimientos de 1917 que culminaron con la llegada al poder de los socialistas y la configuración de la Unión Soviética.

La revolución de febrero de 1917

Constituye la segunda revolución democrática burguesa en Rusia. La causa del estallido fue la gran pérdida de vidas humanas en la I Guerra Mundial (de 6 a 8 millones entre muertos, heridos y prisioneros), el hambre y el caos económico.
Las huelgas y manifestaciones comenzaron, en la capital Petrogrado, el 9 de enero y para el 25 de febrero se habían generalizado. Las sublevaciones de miembros del ejército fueron constantes que terminaron provocando la abdicación de Nicolás II y la instalación de un gobierno provisional al frente del príncipe Georgy Y. Lvov quien prometió unas reformas sociales y políticas que incumplió. Después de que su gobierno fracasara, fue sucedido por un socialista, Aleksander Kérensky. Al continuar participando Rusia en la Gran Guerra, Kérensky fue incapaz de tratar los problemas a los que se enfrentaba el país. El acoso desde la derecha y la izquierda sometió al gobierno bajo una creciente presión. Concedió una amnistía general, detuvo a la familia real, decretó la jornada laboral de 8 horas, la independencia de Polonia y la abolición de la pena de muerte.
El regreso de Lenin a Rusia y la publicación de sus famosas  “Tesis de abril”, reforzaron la posición de los bolcheviques y radicalizó la escena política, aunque establecieron las bases para lograr la paz inmediata, el reparto de tierra a los campesinos y el poder total para los soviets. Los días 3 y 4 de julio millares de soldados se manifestaron contra el gobierno provisional. La represión ordenada por Kérensky logró colocar a Lenin como el enemigo popular, obligándolo a huir a Finlandia mientras que Trotsky era arrestado.
Después del fracasado golpe de estado del general Kornilov, en agosto de 1917, los bolcheviques obtienen la victoria en el soviet de Petrogrado el 31 de agosto y, al día siguiente, Kérensky proclama la república. El  25 de septiembre Trotsky fue elegido presidente del Soviet de la capital.

La revolución de octubre de 1917

El 10 de octubre el Comité Central bolchevique decide por mayoría iniciar una nueva insurrección armada, así al amanecer del 24 de octubre, eran controlados puntos más importantes por el ejército rojo, que estaba integrado por obreros armados, y obligaron al gobierno provisional a dimitir al día siguiente.
El segundo Congreso Panruso de los soviets ratificó, el 25 de octubre, los decretos presentados por Lenin referentes a la paz sin anexiones, y la expropiación inmediata y sin indemnizaciones de las propiedades agrícolas. Tras 10 días de combates, los bolcheviques se hicieron del control total del poder en Rusia. 

Fotos: Cartel de la revolución de octubre y movilización obrera.



domingo, 25 de marzo de 2012

La Batalla de Megido


Megido es una de las primeras batallas históricamente bien documentadas. En los templos egipcios están registrados los detalles de cómo se desarrolló.
El combate tuvo lugar hacia el año 1479 a.C. en las proximidades de la ciudad de Tel Megido, en Palestina. Se enfrentaron el ejército egipcio de Tutmosis III y las ciudades cananeas rebeldes, comandadas por los reyes de Kadesh y Megido. El área era una zona políticamente muy inestable ya que controlaba las rutas comerciales entre Mesopotamia y Egipto. Así, cuando los cananeos se rebelaron, Tutmosis marchó con 10.000 hombres, desde Sileh, en la frontera de Egipto, hasta Yaham, en los límites de la zona rebelde.
Megido fue un desastre para los rebeldes, aunque al principio dieron una imagen distinta, bien desplegados y con una entidad militar suficiente para enfrentarse al Faraón. Dos bloques de infantería rebelde se apostaron cerca de Yokneam y Taanakh, situadas al este y al oeste de Megido, mientras que los carros cananeos se escondían en la llanura de Esdralón, alrededor de la ciudad. El plan de los rebeldes era permitir que los egipcios atacasen a su infantería, para fingir así una retirada y obligar a los egipcios a romper sus filas y exponer sus flancos a un ataque por sorpresa de los carros de guerra.
Sin embargo, Tutmosis decidió que su ejército avanzara hacia el campo de batalla por una difícil ruta central, a través de las tierras altas por un estrecho sendero, en lugar de ir por la ruta, prevista por los rebeldes, de Yokneam y Taanakh, más cómodas para avanzar, pero menos seguras.
Esta decisión del Faraón desorganizó a los cananeos que se tuvieron que replegar a toda prisa para defender Megido. El repliegue falló y, al día siguiente, los cananeos tuvieron que enfrentarse a los egipcios, cuyo ejército, que se había dividido en tres flancos, los había rodeado. A pesar de contar con unas fuerzas muy numerosas los cananeos se desmoronaron.

La información histórica sobre la batalla da la impresión de una derrota absurda ya que los carros, la infantería y los arqueros de Tutmosis masacraron a las tropas rebeldes que huían en desbandada. Por su parte, los habitantes de la ciudad temían tanto a los egipcios que se negaron a abrir las puertas a los que se retiraban y en su desesperación, los soldados cananeos se vieron obligados a trepar por los muros como pudieron.
Tutmosis sitió Megido y la ciudad cayó tras siete meses de asedio. Los cananeos había pagado un precio muy alto por su rebelión. Siguiendo la costumbre de la época, Tutmosis III tomó como rehenes a los hijos de cada uno de los reyes derrotados. Después de ser educados en la corte egipcia, fueron devueltos a sus lugares de origen, donde gobernaron con el consentimiento de Egipto.
La victoria de Megido fue sólo el comienzo de la pacificación de Canaán y Siria. A esta batalla seguirían una serie de campañas, con periodicidad casi anual, que supondrían la expansión del poder de Egipto hasta el norte de Mesopotamia.

Foto: Lucha entre carros de guerra egipcios y cananeos en Megido
Mapa: Despliegue de la Batalla de Megido.

viernes, 23 de marzo de 2012

La Psicostasia o Juicio Divino

La idea de que al final de la vida en la tierra el difunto tendría que afrontar un juicio divino se remonta al Imperio antiguo. Si embargo la representación de este momento tópico de la existencia humana, designado por los estudiosos con el termino griego psicostasia (pesado del alma), no fue especialmente popular hasta el Imperio Nuevo, durante el cual además asumió un papel central dentro de las ilustraciones del “Libro de los Muertos”. 
En la escena Anubis lleva al difunto a la sala del tribunal divino, llamada 2La Sala de las Dos Verdades”, donde comparecerá antes Osiris y otros cuarenta y dos jueces. El corazón del difunto se deposita en uno de los platillos de una balanza, mientras que en el otro se encuentra la pluma de la diosa Maat, llamada en causa como personificación de la verdad y de la justicia. El difunto empieza entonces a declamar una larga “confesión negativa”, en la que declara no haber cometido pecados durante su existencia.
El dios Thot controla que la operación de pesado se desarrolle con precisión y, en calidad de canciller, anota el resultado. Si el corazón pesa mas que la pluma de la diosa Maat, en ese caso el alma del difunto es devorada y despedazada por un ser inhumano, mitad cocodrilo, mitad hipopótamo, llamado la “Devoradora” (La diosa Ammit, dotada de cabeza de cocodrilo, tronco de leona y patas posteriores de hipopótamo). En caso contrario, la confesión es declarada verdadera y el difunto, a su vez, “de voz justa”, lo que le permitirá entrar en una dimensión edénica llamada “los campos de Juncos”.

Foto: "El Papiro de Hunefer"

jueves, 22 de marzo de 2012

El mito de El Dorado


El origen del mito de El Dorado, el más famoso de cuantos estimularon la conquista del continente americano, tiene su origen cuando hacia el, 1534, un indio colombiano reveló a los conquistadores españoles una de las ceremonias rituales del cacique Guatavita, que despertaría la codicia de los soldados y los aventureros. La ceremonia transcurría así:
Cubierto su cuerpo desnudo con polvos de oro que se adherían a su piel mediante tintura de trementina, el cacique, a los ojos de su pueblo, se embarcaba en la laguna de Guatavita; al llegar a puntoen que se cruzaban dos puertas tendidas perpendicularmente de orilla a orilla, se bañaba y arrojaba al agua, en honor a su dios, piezas de oro y esmeraldas. Lo mismo realizaban sus súbditos.
Basada en un hecho cierto, según han revelado los estudios sobre las costumbres de los chibchas, la leyenda se extendió por el norte de América Meridional, descendió posteriormente al Perú, y años más tarde llegó la Río de la Plata, donde asimiló elementos fabulosos que la desvirtuaron totalmente.
El mito terminó perdiendo su relación con el cacique dorado y se llamó El Dorado a las regiones auríferas y diamantíferas de los distintos puntos de América, imaginarios pero a los que se creía llenos de riquezas incalculables.
En busca de El Dorado salieron muchas expediciones. En 1538, en el plazo de una semana, se juntaron, en las desoladas zonas de Guatavía, tres expediciones dirigidas por Belalcázar, Federmann y Jiménez de Quesada, procedentes del Perú, Venezuela y Santa Marta, respectivamente.
Si Walter Raleigh sobresale entre los extranjeros a quienes deslumbró la célebre leyenda, y que llegaron a América en pos de una quimera que tuvo en Europa fervorosos seguidores y propagandistas.

Foto: Superpuesto al lago Guatavita, un grabado de la época retrata el ritual del hombre dorado.

miércoles, 21 de marzo de 2012

El Adulterio en la Edad Media y la Justicia


Uno de los temas de gran relevancia en la vida social, religiosa y legislativa medieval era el tema del adulterio, al igual que en la literatura poética y narrativa. Enmarcado en la época en la que el amor cortés fue tanto una creación poética, como un ideal social o un código de amor.
En la Edad Media era habitual que, en casos de adulterio de la mujer, el marido ofendido asesinase a los amantes o se tomase la justicia por su cuenta sin esperar la intervención de las autoridades judiciales. Los mayores castigos y penitencias por adulterio eran impuestos a mujeres más que a hombres, lo que corroboraba los diferentes criterios entorno al adulterio. El  marido se va  convirtiendo, poco a poco, en el garante del cuerpo de su mujer,  aumentando  así el  control sobre la esposa. Así se denominaba “adulterio” a la relación extramatrimonial de la  mujer, mientras que a la del marido se la denominaba simplemente “mancebía”. El  adulterio  femenino era  considerado como una  falta grave, que atentaba contra el honor del marido y de la  propia  familia, en  tanto que la  infidelidad del marido no  producía  deshonra  alguna para la mujer, por esta mentalidad, ambos actos tenían diferente tratamiento judicial.
Los actos cometidos por el marido ofendido se justificaban, según consta en documentos del siglo XV, por actuar movido por el dolor o el deseo irrefrenable de venganza. Hacia el final de la Edad Media no tenían muy claro el juzgar por estos delitos.
La Lex Julia romana establecía que el marido ofendido podía matar al amante de su esposa adúltera, mientras que el padre de la esposa tenía potestad de matar a ambos amantes adúlteros si los hallaba juntos. Pero si el marido despechado mataba también a su esposa o el padre de ella mataba solamente a uno de los amantes, éstos eran perseguidos y juzgados aunque la magnitud de las penas aplicadas era inferior a las cometidas por los adúlteros.
El Código de Justiniano, dificultó que el marido engañado pudiese matar a su esposa adúltera con impunidad legal. Según se refleja en la Novelae 117, del 542, el marido engañado debía dar tres avisos escritos a los adúlteros, cada uno delante de tres testigos fiables, y si después de tres avisos volvía a encontrarlos juntos, entonces podía matar al amante. A la mujer no la podía matar sin ser acusado de asesino aunque la hubiera acusado previamente de adulterio.
El Derecho Germano, reconoció al marido el derecho de matar a ambos amantes con total impunidad si los sorprendían juntos.
Para los burgundios, el adulterio era considerado como “pestilente” así, la mujer adúltera era estrangulada y arrojada a la ciénaga inmediatamente mientras que, los galo-romanos establecían que los adúlteros sorprendidos en flagrante delito fuesen muertos en el acto “de un solo golpe” y los francos consideraban el adulterio como una mancha para la familia por lo que la culpable debía ser castigada con la muerte.
En el Liber Iudiciorum o Lex Visigothorum, el adulterio era castigado con la esclavitud del adúltero respecto al cónyuge inocente, pero en caso de ser adúltera la mujer el marido podía darle muerte, pudiendo matar también al amante si los sorprendía “in fraganti”. Los delitos de lesiones o daños personales eran castigados con el talión, pero sólo en casos de lesiones premeditadas.
La mayor parte de los fueros altomedievales castellanos inspirados en el Fuero Juzgo dotaron al marido del derecho de matar a ambos así, según el Derecho Castellano, el marido estaba facultado para matar a los adúlteros si así lo deseaba y para disponer de sus bienes como quisiera. Ahora bien, y como se recoge en el Fuero Real (1252-1255), no podía vengar la afrenta sufrida con la vida de uno solo de los adúlteros y perdonar la del otro; o los dos o ninguno. El Ordenamiento de Alcalá de Henares (1348) se hizo eco de esta filosofía penal:
“Si el esposo los hayare en uno, que los pueda matar, si quisiere, ambos a dos, así que no pueda matar al uno, y dexar al otro.” 
Las Leyes de Toro (1505) establecieron que quienes se tomaran la Justicia por su mano no recibirían la dote de sus esposas ni los bienes de sus amantes, si primero no lo  reclamaban ante los tribunales. Con ello se pretendía evitar las alteraciones de la paz ciudadana que traían aparejadas estas acciones, ya que la familia del amante muerto exigía también venganza.
En Francia, al sur del valle del Loira, existía la costumbre de someter a la pareja de adúlteros  a efectuar  un paseo, atados incluso por el sexo, durante el que sufrían todo tipo de insultos, pullas y burlas. La Iglesia luchó por erradicar esta práctica y llegaron a darse casos, como en Bayona en 1394, en los que el obispo excomulgó a toda la comunidad.
Pero no todos los casos de adulterio terminaban con la muerte de los amantes, ni siquiera con la disolución de los matrimonios afectados, ya que era tan habitual que el marido matase a su esposa adúltera como que le otorgase su perdón y volviese a realizar «vida maridable» con él.
Cuando el marido  engañado quiere perdonar a su mujer y volver  con ella, tiene que otorgar le  obligatoriamente una carta de  perdón. Estas cartas,  denominadas desde el siglo XIV «cartas de  perdón de cuernos» se nos han  conservado en gran  cantidad en los archivos notariales del siglo XV y  consisten,  sencillamente, en un  reconocimiento expreso que el marido otorga ante un escribano y  testigos de que  concede su  perdón a la mujer, le  disculpa cualquier «yerro e maleficio» que le haya hecho y la admite de nuevo  junto a él. Con esta carta la mujer solicita, y  normalmente  obtiene sin ningún  problema, la carta de perdón real.

Foto: El marido y el padre de la esposa adúltera tenían la potestad legal de matarla junto con su amante.

La civilización Mohica o Moche


La cultura Mochica, también llamada cultura Moche, se desarrolló en la costa norte del Perú durante los siglos I y VII d.C., en la árida costa comprendida entre la cordillera de los Andes y el Océano Pacífico, allá donde los ríos Lambayeque, Jequetepec y Chicama envuelven con sus aguas a la zona comprendida entre las ciudades de Lambayeque y Trujillo.
Esta civilización precolombina fue contemporánea a la cultura Nazca que ocupó la costa sur del Perú.
Investigaciones recientes apuntan a que dominaron dos grandes regiones separadas por el desierto de Paiján, espacios diferentes, uno al norte y otro al sur, que no impidieron, como demuestran sus restos arqueológicos, que compartieran la misma identidad cultural.
La sociedad Mochica era una sociedad muy avanzada para su tiempo, estaba muy jerarquizada, rendían culto al Sol, a la Luna y a otros dioses, especialmente al feroz Sia Paec. Estaba  organizada por clases, con los campesinos y mendigos en su estamento más bajo, los artesanos y sirvientes en el intermedio, y los sacerdotes en la más alta. Finalmente el señor era el que se situaba en la cima más alta de la pirámide social. Sin embargo, y a pesar de esta fuerte división social, los mochicas eran seres que disfrutaban de la vida como demuestran sus pinturas y cerámicas. Les gustaba beber e incluso emborracharse. Bailaban con frecuencia, y en cuanto al sexo no tenían prejuicios éticos y morales, pues, siempre según las cerámicas encontradas, practicaban las más diferentes formas de coito, predominantemente el anal y el bucal.
Las primeras aldeas de las que se tiene constancia están en la desembocadura del río Jequetepec, pero su núcleo principal se asentó en el valle del río Moche, donde se construyó una ciudad sagrada que fue sede del gobierno mochica. Sus principales restos son las Huacas del Sol y de la Luna, auténticos palacios de los señores mochicas, que eran los gobernantes, los que tenían un poder absoluto fuera de todo control y de transmisión dinástica. Era tal la fuerza que tenía la religión en esta sociedad que los sacerdotes jugaban un papel importantísimo en el gobierno del pueblo, hasta el punto de considerarse a la sociedad moche como teocrática.
Los Moche eran extraordinarios ingenieros hidráulicos, en todos los territorios que ocuparon realizaron grandes obras de irrigación: canales, acueductos y represas que llevaban el agua de los ríos hasta sus tierras de cultivo. De este modo fueron capaces de transformar la enorme franja desértica peruana en una  excelente zona agrícola, productora de maíz, yuca, patata, chirimoya, papaya y cacahuete.
También fueron excelentes navieros, fabricando los llamados "caballitos de totora", embarcaciones de pesca, además hicieron otras embarcaciones mayores con las que alcanzaron lejanos territorios que sometieron por la fuerza.
Aunque las piezas que más nos asombran son los pequeños útiles de cerámica que han llegado hasta nuestros días, vasijas-retrato de gran realismo y cuencos en colores rojo, naranja y a veces también negro humo, que representan escenas de la vida cotidiana o imágenes relacionadas con sus mitos y ceremonias.
Entre los años 600 y 700 d.C., la cultura Mochica desapareció misteriosamente, aunque todo apunta a que treinta años de sequía, seguidos de fuertes inundaciones provocadas por la corriente del Niño, y a continuación la invasión del imperio Huari de Ayacucho, fueron los responsables de su desaparición.
A mediados del siglo XX, el arqueólogo peruano Rafael Larco Hoyle recuperó su memoria con la publicación de numerosas investigaciones sobre ellos. Tanta es la importancia del descubrimiento del conocido como el Señor de Sipán, que se ha llegado a considerar como uno de los más importantes descubrimientos arqueológicos que se han hecho en el siglo pasado.

Foto: Cerámicas escultóricas de la cultura mochica.
Fuente: http://historiageneral.com, http://sobrehistoria.com y http://artefotosydibujos.blogspot.com.es.

martes, 20 de marzo de 2012

¡Viva la Pepa!


La expresión de ¡Viva la Pepa!, tiene su origen en la primera Constitución española, la promulgada el día de San José, 19 de marzo de 1812. Cuando Fernando VII la abolió, el pueblo, que no podía gritar: ¡Viva la Constitución!, disfrazó este grito con el de ¡Viva la Pepa!
 De este modo tan benevolente se refiere Samuel Gili Gaya en el Diccionario General Ilustrado de la Lengua Española, a la expresión con la que los españoles se refirieron a la Constitución de Cádiz de 1812, la primera de las constituciones españolas. Es probable que refiriéndose a ella como la Pepa se recordara sarcásticamente que la Constitución era la alternativa de gobierno al monarca del momento, José I, el vilipendiado Pepe Botella.
Sin embargo, esta Constitución, con cuyo nombre el pueblo español despreciaba al rey galo, era un texto afrancesado que recogía sobre el papel lo mejor del ideario revolucionario francés: la soberanía popular y la división de poderes. Gestada merced al tesón de intelectuales y funcionarios liberales, se proponía derrotar las estructuras del Antiguo Régimen para dar paso a un Estado liberal, en el que la soberanía residiera en la nación y no en el rey, limitando el poder del Estado frente a los derechos de los ciudadanos. 
La vuelta de Fernando VII desde su exilio francés, truncaría las esperanzas de los españoles al derogar la Constitución para restaurar el poder absoluto. A partir de ese momento, el texto constitucional se convirtió en el caballo de batalla de la España decimonónica, cuajada de enfrentamientos entre los liberales, partidarios de la modernización total de España, y los realistas, aglutinados en torno al monarca y partidarios del Antiguo Régimen.
El triunfo del pronunciamiento de Riego en 1820 forzó a Fernando VII a jurar nuevamente la Constitución de Cádiz, abriendo un periodo liberal —el Trienio Liberal— que concluyó en 1823 cuando la intervención extranjera de los Cien Mil Hijos de San Luis que, unida a los realistas del interior, nuevamente restauraron el absolutismo. 
Con la de 1812 se inauguró una cadena de textos constitucionales que culminaría con el de 1978, quedando ‘la Pepa’ convertida en un símbolo para la democracia española, en un mito de la España contemporánea, que llegó a traspasar fronteras. Traducida a numerosos idiomas desde el mismo momento de su promulgación, el texto de Cádiz fue objeto de estudio y atención en numerosos países europeos, unas veces para admirar lo avanzado de su articulado y otras para rechazar lo por excesivo.

Foto: Constitución de las Cortes de Cádiz de Salvador Viniegra, Museo Histórico Municipal de Cádiz.
Fuente: Revista Memoria, Historia de cerca nº XLIII.

lunes, 19 de marzo de 2012

La Revolución Rusa (I)


El proceso de revolución en Rusia se desarrollo por etapas; una primera de carácter democrático burgués y otra socialista. Su causa fundamental fue la incompatibilidad del estado zarista con las exigencias de la civilización moderna.

La revolución de 1905

La primera revolución surgió como consecuencia de la derrota de Rusia en la guerra Ruso‑Japonesa (1904–1905). Aunque  las causas socioeconómicas también fueron profundas, la pérdida de Port Arthur provocó, el 9 de enero de 1905, una manifestación de 150 mil obreros que, dirigidos por el Pope Georgi Gapón, se dirige al palacio de invierno del zar en San Petersburgo, donde piden mejoras salariales, mejoras en las condiciones de trabajo y la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Los cosacos cargaron contra ellos ocasionando un gran número de víctimas «Domingo Rojo o Sangriento». A partir de aquí, cambia la visión del zar como benefactor por la de un tirano contra el que se dirige el odio popular.
Como consecuencia de la represión se creó un clima donde se generalizaron las huelgas y las manifestaciones, donde se unen burguesía y proletariado, y que se extendieron incluso al campo. Además se produce la sublevación de algunas unidades militares.
En octubre hay una huelga de ferrocarriles que paraliza a Rusia, El paro es total, no hay comida, los precios se disparan y en varias ciudades se forman barricadas y la oposición logra el control de Odessa.
Esta agitación social y  la presión popular obligan al zar Nicolás II a  nombrar primer ministro al liberal Serguéi Witte y a la publicación de un manifiesto, «Manifiesto de Octubre»,  en el que prometía libertades cívicas y la convocatoria a una Duma (Asamblea Legislativa).
Tras este primer triunfo se produce la división de las fuerzas antizaristas. Los sectores moderados son partidarios de un sistema parlamentario a la imagen de Occidente, mientras que  los bolcheviques anuncian que no participarán en las elecciones para una Duma sin auténtico poder. Aprovechando las divergencias entre la oposición, el zar inicia la represión. A finales de noviembre se detiene a los líderes obreros y se proclama la ley marcial.
La revolución había terminado. La ley electoral de febrero de 1906 es muy restrictiva y el zar tenía posibilidad de veto y la potestad de nombrar a la mitad de los miembros de la Asamblea. Se produce la reposición del liberalismo. Serguéi Witte es sustituido por Ivan Goremkin, que hace públicas las “Leyes del Imperio” en las que la figura del zar es sagrada.
En febrero de 1907 se convoca la 2ª Duma y a finales de 1907 se convoca la 3ª Duma, con lo que el gobierno había vuelto a ser una autocracia. 
Foto: Cartel que anima a la revolución en 1905

viernes, 16 de marzo de 2012

La espada de Damocles


Muchas veces hemos oído la consabida frase de la «espada de Damocles» cuando alguien tiene un problema delicado entre manos o está inmerso en una situación muy comprometida, pero ¿sabemos de dónde viene la frase?
Esta anécdota, situada en la Antigua Grecia, entra más en el marco de la leyenda popular más que en un hecho propiamente dicho y de la que se hizo eco Cicerón tras leerla del historiador griego Diodoro Sículo, que a su vez se cree que la tomó de la Historia de Timeo de Tauromenio. Esta es la leyenda de la «espada de Damocles»:
Se cuenta que en la corte de Dionisio II, tirano de Siracusa, una de las ciudades griegas más importantes de la Magna Grecia, era una corte donde abundaban el lujo y las riquezas y, por ello, Dionisio era envidiado por muchos de sus compatriotas. Uno de ellos era el adulador Damocles, un cortesano que, aparte de adular constantemente a Dionisio, se dedicaba al ocio y la intriga palaciega como profesión.
Damocles, siempre que podía, le decía constantemente a Dionisio
¾     ¡Qué afortunado eres, cuentas con todo lo que un ser humano puede aspirar! Dudo que exista alguien más feliz que tú.
Dionisio, adolecía de muchos defectos, pero lo que no soportaba era la envidia y cansado de oír de Damocles siempre la misma cantinela, que finalmente eran más de envidia que de adulación, le dijo:
¾     ¿En verdad, Damocles, crees que soy más feliz que los demás?
El ingenuo de Damocles creía fervientemente que  las riquezas, el lujo y el poder era lo que daba la verdadera felicidad, le respondió:
¾     Sí, Dionisio, creo que eres no sólo el más feliz de los hombres de Siracusa, sino el más feliz del mundo.
¾     Si te gusta tanto anhelas esto, vamos a hacer una cosa. Vamos a cambiar nuestras posiciones por un día. Tú serás el señor de Siracusa por un día y yo un cortesano más.
¾     Acepto, contestó Damocles emocionado, y añadió:
¾      Me encantará  disfrutar de los placeres y riquezas que posees  aunque sea sólo por un día.
Al día siguiente intercambiaron los papeles y toda la corte reconocía a Damocles como soberano, colocándole la diadema de oro y las distinguidas vestimentas de Dionisio. Damocles degustó de los mejores banquetes, los mejores vinos, la más deliciosa comida, escuchaba la música dedicada e él y se sentía halagado y admirado.
¾     Esto sí que es vida, le dijo a Dionisio, quien estaba sentado al otro extremo de la mesa.
Al decir esto e ir a brindar, levantó la copa de vino y se percató de que sobre su cabeza pendía una afilada espada sujeta únicamente por un único pelo de crin de caballo. Damocles comenzó a sentirse mal, las manos le temblaban de tal forma  que derramó el contenido de su copa. Ya no le apetecía nada de lo que disfrutar, sólo tenía ganas de huir de allí, pero ni a eso se atrevía. Estaba paralizado por el pánico, temiendo que en cualquier momento se rompiese el pelo que sujetaba la espada y le atravesase la cabeza.
¾     Amigo, ¿qué te pasa? parece que ya nada te interesa.  Le preguntó Dionisio.
¾     ¿No ves la espada pendiendo de un hilo sobre mi cabeza?  Le respondió Damocles.
¾     Sí, claro que la veo, siempre pende sobre mi cabeza, la  veo a cada instante. Cada minuto existe el  peligro de que caiga, bien por su propio peso, o bien  porque el hilo sea cortado por alguien que quiera asesinarme o derrocarme. También puede ser alguien que quiera derrocarme propagando mentiras en mi contra. También puede ser que me  equivoque en la toma de  alguna de mis decisiones y esto provoque su caída.
¾     Mira Damocles, continuó el rey, si quieres ser soberano, debes estar dispuesto a aceptar estos riesgos que son parte del poder.
Damocles, estaba aterrado y a penas se atrevía a contestar. Estaba pendiente únicamente de la espada. Finalmente dijo:
¾     Dionisio, ahora veo que estaba equivocado. Además de la riqueza, el poder y la fama, tienes mucho que hacer, mucho en que pensar y muchos riesgos que correr.
¾     Por favor, ocupa de nuevo tu puesto y déjame marchar.
Dionisio complació así a Damocles, quien salió inmediatamente del palacio, con la única intención de abrazar a su familia viendo lo importante que era su vida y no la que con tanto anhelo había deseado.
Damocles comprendió que el ejercicio del poder no es sólo la apariencia sino que es algo más profundo y que hay que estar debidamente preparado para llevar permanentemente sobre la cabeza esa amenaza en todos los actos que realizan aquellos sobre los que recae tal responsabilidad.

Foto: Dibujo que representa la leyenda de «La espada de Damocles».

domingo, 11 de marzo de 2012

El Laureado capitán Teodoro Palacios Cueto


Continuando con los Laureados que ha tenido el Ejército Español, hoy os pongo la historia del capitán Teodoro Palacios Cueto al que le fue concedida la Laureada de San Fernando por su comportamiento durante la batalla de Krasny Bor, aunque lo que en realidad se le premiaba fue su heroico comportamiento como prisionero durante once años en la URSS. Fue la única Laureada concedida a un miembro de la División Azul que no fue concedida a título póstumo. Esta es la versión oficial de su reconocimiento.



DIARIO OFICIAL DEL MINISTERIO DEL EJÉRCITO
ORDEN SUBSECRETARÍA
INFANTERÍA
RECOMPENSAS

De acuerdo con el informe emitido por la Asamblea de la Real y Militar Orden de San Fernando, Su Excelencia el Jefe del Estado y Soberano de la citada Orden ha concedido la dispensa del plazo a que se refiere el artículo 40 del reglamento de dicha Orden, a fin de que sea tramitado el correspondiente juicio contradictorio para la concesión, si procede, de la Cruz Laureada de San Fernando al Capitán (hoy Teniente Coronel) de Infantería D. TEODORO PALACIOS CUETO, por su actuación, cuando formaba parte de la División Española de Voluntarios, en el combate del día 10 de febrero de 1943, en el frente ruso y, posteriormente, durante su cautiverio en los campos de concentración de la URSS.
        En consecuencia, dispongo la apertura y tramitación del expediente correspondiente al mencionado juicio contradictorio, nombrando juez instructor del mismo al Teniente General D. Mariano Gómez-Zamalloa, todo ello de acuerdo con lo prevenido en los artículos 42 y siguientes del Reglamento de la citada Orden.
           
Madrid, 7 de Mayo de 1966.-
MENÉNDEZ.

 Diario Oficial del Ministerio del Ejército
Juicio contradictorio

El 10 de febrero de 1943, el Capitán de Infantería D. TEODORO PALACIOS CUETO mandaba la 5º Compañía del II Batallón del regimiento núm. 262 de la División Española de Voluntarios. Con su Unidad defendía parte del sector de Krassnij Bor, en el frente ruso, cubriendo un amplio frente de cerca de dos kilómetros.
Informado de que el enemigo preparaba un fuerte ataque, el Capitán Palacios adoptó cuantas disposiciones eran precisas para defender con la mayor eficacia la posición; ordenó el municionamiento, tuvo en cuanta los más mínimos detalles sobre la situación de las armas, distribución de ranchos en frío y descanso del personal; exhortó muy especialmente a todos a que cumpliesen con su deber y concretó que la orden era de "resistir hasta morir"
A las siete de la mañana del día 10 comenzó la preparación artillera del enemigo sobre el sector defendido por el primero y segundo Batallones del Regimiento núm. 262 y Batallón 250, con una intensidad y violencia extraordinarias, que duró dos horas, en las que tomaron parte hasta un total de 187 Baterías enemigas y que dejó destruidas todas las clases de defensas.
Después del primer período intensivo de preparación iniciaron el primer ataque los carros de combate de las Infantería rusas, que fue rechazado, lo mismo que otros que en sucesivas oleadas fue lanzando el enemigo, al que le ocasionaron gran número de bajas.
A las diez treinta horas había sido aniquilados el primer batallón que defendía el terraplén de la línea férrea Moscú-Leningrado, y ocupado todo el flanco derecho de la 5º Compañía, que quedó dominada por el fuego enemigo. También fueron aniquiladas la primera y segunda Secciones y el resto de las Compañías del segundo Batallón, que la flanqueaban por la izquierda. Del Batallón 250 sólo se conservó una posición a cuatro kilómetros, aproximadamente, de la que ocupaba el Capitán Palacios con los supervivientes de su Compañía, cercados totalmente por el enemigo.
En estas condiciones continuó resistiendo los ataques del enemigo; les causó numerosísimas bajas y le impidió usar la carretera que desde Kolpino penetraba en la retaguardia hacia Krassnij Bor, cuya utilización por el enemigo hubiera puesto en grave riesgo el frente propio. Los rusos atacaron una y otra vez con efectivos enormemente superiores, apoyados por carros de combate, artillería y aviación, hasta que consiguieron destruir todas las armas automáticas. A las dieciséis treinta horas, agotada la munición, después de haber rechazado con granadas de mano al enemigo, que había entrado en la posición en varias ocasiones, muertos y heridos casi todos los defensores, fueron hechos prisioneros los supervivientes.
Si se pudo llegar a tal extremo de resistencia fue por el constante ejemplo e intervención del Capitán Palacios, que siempre estuvo en los sitios de mayor peligro y empleó todos los recursos posibles, conocimientos del combate, inteligencia, valor y dotes de mando para mantener muy altos, como asó lo logró, la moral y espíritu combativo de tan pequeña tropa. Al final del combate, el número de bajas sufridas por la Compañía del Capitán Palacios superaba el noventa por ciento de los efectivos. Y se calcula que ocasionar las 2.800 bajas al regimiento propio supuso para el enemigo la pérdida de 9.000 hombres.
Para poder evaluar la violencia de los combates en el sector del Regimiento, hay que tener en cuenta que las fuerzas atacantes estaban compuestas por 33.000 hombres (Divisiones 72, 73 y 63), dos Batallones de morteros de 80 mm., dos de anticarros de 76, uno de carros medios y pesados y, además, numerosos grupos independientes de artillería de 12,40 y 20,3 (en total 187 Baterías). El duro castigo de nuestras tropas, reducidas a sus propios medios y sin ningún apoyo, causó a un enemigo tan superior en número y medios produjo un setenta por ciento de bajas en los Regimientos de Infantería de la División 72 y un cincuenta por ciento en las Unidades de choque de las Divisiones 73 y 63, lo que obligó al enemigo a cesar en sus ataques en los siguientes días y dejar reducido solamente a acciones locales una operación tan cuidadosamente preparada.
La extraordinaria conducta del Capitán Palacios tuvo su continuación en la actitud mantenida frente a la arbitrariedad, amenazas y castigos sufridos con excepcional espíritu desde el mismo instante de ser hecho prisionero, que le hizo exigir, siempre el respeto debido a su categoría de oficial, negándose a declarar desnudo, recibiendo castigos corporales y amenazas de muerte y cumpliendo en todo instante cuanto está ordenado en estos casos y le exigía su sentido del honor. Cautivo durante once años en los campos de concentración rusos, siempre estuvo al frente del grupo de prisioneros españoles que se encontraban con él, levantando la moral de los soldados para evitar que cayesen en actos de debilidad, consecuencia de los malos tratos y penalidades que les infligían, multiplicó su ayuda moral y material a los más débiles, incluso cediendo su propio calzado y ropa a los que iban a trabajar. Exigió el trato debido tanto a él como a sus compañeros de cautiverio dentro de la dignidad militar y personal, lo que le proporcionó infinidad de arrestos y castigos especiales en cárceles y mazmorras. A pesar de las presiones morales y físicas a las que fue sometido y al estado de debilidad en que se encontraba, continuó siendo el alma de la resistencia contra los rusos, alentando continuamente a los españoles para que no decayese su moral y siguiesen su postura firme y decidida, que le granjeó la admiración y el respeto de los, prisioneros extranjeros, que buscaban su consejo y apoyo. Juzgado una de las veces, en el mes de febrero de 1949, por un Tribunal Militar ruso por agitación política y sabotaje en el campo de concentración y condenado a muerte, que fue conmutada por veinticinco años de trabajos forzados, mantuvo en todo instante su actitud de firmeza y honor, lo que motivó la admiración del propio Tribunal que le juzgaba y de sus componentes, que así lo hicieron patente.
En el campo de la Mina, adonde fue conducido más tarde, en una ocasión en que los rusos martirizaban al Alférez Castillo, el Capitán Palacios hizo constar airadamente su protesta, saliendo de la fila donde estaba con el resto de sus compañeros y llevando al Alférez de su brazo ante la resistencia del oficial y centinelas rusos, que se oponían.
En el transcurso que los once años de cautiverio fue juzgado tres veces y dos veces condenado a muerte; en su defensa ante estos tribunales hizo siempre gala de su fidelidad a España, a su Ejército y a su Caudillo y puso de manifiesto su alto espíritu militar y sus acendradas virtudes de abnegación, sacrificio y compañerismo. Todos los prisioneros le consideraban siempre como jefe moral de los españoles, y los extranjeros llegaron a titularle "el último caballero sin tacha y sin miedo"

Madrid, 28 de junio de 1967

Foto: El capitán D. Teodoro Palacios Cueto