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jueves, 28 de febrero de 2013

LA DINASTÍA ROMÁNOV (V)


Continuando con la historia de la dinastía Románov, tras Catalina I, tenemos el corto reinado de Pedro II, con el que termina la línea masculina directa de los Románov, y el agitado gobierno de Ana I.

PEDRO II
Pedro II Románov
El reinado de Pedro II Alekséievich fue corto y nefasto para los Románov que a punto estuvieron de perder el poder a manos de la nobleza dominante. Pedro II no tuvo descendencia y con él desaparece la línea masculina de los Románov.
Nació el 12 de octubre de 1715 en San Petersburgo. Era hijo del príncipe Alejo y nieto del zar Pedro I. Su madre, Carlota Cristina de Braunschweig, falleció al darle a luz. Su padre fue acusado de alta traición y murió en prisión. Su abuelo apenas se ocupó de su educación y prueba de ello es que a los ocho años todavía hablaba mal el ruso y el alemán. A pesar de los intentos de enseñanza acelerada que se le dieron a partir de entonces, Pedro no dejó de ser una persona perezosa y mal educada.
El príncipe Vasili Dolgorúkov
A la muerte de Catalina I en mayo de 1727, Pedro II fue proclamado emperador de Rusia ya que los herederos de Pedro I, los príncipes Pedro y Pablo, murieron jóvenes y lo convirtieron en heredero al trono ruso, aunque la ley le impedía gobernar en solitario antes de los 16 años —contaba con 12 años al ser proclamado zar— por lo que la tutela paso a manos del príncipe Alekxander Ménshikov, amigo y compañero de su abuelo y verdadero gobernante de Rusia, aunque formalmente de los asuntos de Estado se ocuparía el Consejo Supremo Privado,          —organismo de consulta formado por ocho representantes, uno por cada una de las familias más influyentes del país—. El zar únicamente asistió a las sesiones del Consejo una vez  y todas las decisiones importantes las tomaba Ménshikov.
En verano de 1727 el príncipe  Ménshikov cayó enfermo, momento que sus enemigos a provecharon para convencer al joven zar de la participación de Ménshikov en la tortura de su padre Alejo, quién lo acusó de alta traición y del robo del tesoro imperial y lo desterró a Siberia.
Alejado Ménsikov, el poder pasó a manos de la familia de los boyardos Dolgorúkov quienes trasladaron a Pedro II de San Petersburgo a Moscú, volviendo ésta a convertirse en la capital imperial. Los Dolgorúkov  quisieron incorporarse a la familia imperial para lo que prepararon el matrimonio de Pedro II con la princesa Catalina Dolgorúkova, pero cuando los novios se dirigían hacia la ceremonia, el carruaje chocó con las puertas de entrada al Kremlin, lo que fue considerado como un mal augurio. La boda estaba prevista para el 30 de enero de 1730, pero justo el mismo día de madrugada moría Pedro II de viruela, terminando así el linaje masculino de la dinastía Románov. El príncipe Vasili Dolgorúkov  fue hombre más poderoso del país en los últimos años del reinado de Pedro II.
Durante el breve reinado  de Pedro II la política del país sufre un importante retroceso: no se toman decisiones; las reformas de Pedro I se echaron atrás; las Fuerzas Armadas, especialmente la Marina de guerra, perdieron capacidad combativa; los aristócratas regresaron al poder y desplazaron a los cortesanos sin títulos nobiliarios que habían sido promovidos en la época de Pedro I.
El historiador Serguéi Soloviov escribió: “Todo en Rusia está en un horrible desorden, el zar no se ocupa de los asuntos de Estado y no quiere pensar en ellos. A nadie se le paga y solo Dios sabe hasta dónde llegarán las finanzas. Todos roban cuanto pueden”, y un embajador europeo comparó la Rusia de Pedro II con un barco en el mar que cambia de rumbo a merced del viento que sopla mientras la tripulación está ebria o duerme: “Una máquina enorme marcha por sí misma, nadie piensa en el futuro. Parece que la tripulación esté a la espera de un huracán para repartir el botín después del naufragio”.
Tras la muerte del emperador, los boyardos Dolgorúkov y Golitsin —que dirigían el Consejo Secreto Supremo— prepararon un plan para despojar a los monarcas rusos del poder absoluto, que estuvo cerca de tener éxito al comienzo del reinado de Ana I.

ANA I
Ana I de Rusia
Ana Ivánovna era hija de Iván V, el hermano mayor de Pedro I y nació el veintiocho de enero de 1693. Tras la muerte de Iván V en 1696, toda la familia se trasladó a vivir a la residencia de los zares en la aldea de Izmáilovo, en los alrededores de Moscú. En abril de 1708, cuando Ana contaba con 15 años, se trasladan a San Petersburgo por orden de Pedro I, quien tenía planes para las princesas. En 1710, siguiendo la orden del Zar, Ana se casó con Federico Guillermo, duque de Curlandia y sobrino del rey de Prusia, una de las principales potencias militares de Europa.
Los primeros meses la pareja los pasó en San Petersburgo celebrando festejos y bailes. A comienzos de 1711 se trasladan a Curlandia donde en a los cuatro meses de la boda, el joven Federico Guillermo fallece, parece ser que por comer en exceso. Ana se quedó a vivir en la Jelgava, capital de Curlandia, por decisión del Zar, gobernando la región bajo la supervisión del representante ruso Piotr Bestúzhev-Riumin quien ejerció el poder efectivo desde 1712  hasta 1727, al tiempo que era el amante de la duquesa. En 1727 Piotr fue sustituido por el noble curlandés, Ernst Johann Buren, conocido como Von Biron, favorito de la emperatriz hasta la muerte de ésta en 1740.
Ducado de Curlandia
Ana, que no volvió a casarse, no dejó herederos directos al trono ruso, aunque existe la leyenda de que el hijo menor de Von Biron, Carlos Ernesto fue en realidad hijo de Ana y no de su matrimonio, lo que no ha sido probado por los historiadores.
Cuando el 19 de enero de 1730, fallece el emperador Pedro II de viruela, el trono se queda sin heredero masculino directo. El Consejo Secreto Supremo, se reunió aquella misma noche para elegir al nuevo soberano y tras la deliberación eligieron a la princesa Ana por encima de la hija de Catalina I, la princesa Isabel y de su hermana mayor Catalina, ya que les parecía más obediente, manejable y sin tendencia al despotismo.
El 28 de enero de 1730, a los nueve días de su elección, Ana firmó en Jelgava “Las Condiciones”, —nueve artículos de limitación— un documento por el la emperatriz que traspasaba el poder real al Consejo Secreto Supremo, quedando su figura solo para las funciones protocolares sin ningún poder decisorio. El 15 de febrero de 1730 Ana entró en Moscú y las tropas y los altos funcionarios del Estado le prestaron juramento de fidelidad. Entre la nobleza surgió el descontento por el poder que habían adquirido los reducidos miembros del Consejo.
El 25 de febrero de 1730 un grupo de aristócratas rusos, en su mayoría oficiales de las tropas de élite, se presentó en el Palacio Imperial para solicitar que la emperatriz anulase “Las Condiciones” firmadas en Curlandia y aceptara la monarquía absoluta. La emperatriz vaciló pero su hermana mayor, Catalina, la obligó resueltamente a que firmara la petición, así a las dos semanas de suceder a Pedro II, el 1 de marzo de 1730, vuelve a realizar el juramento de la nación como monarca absoluta y sustituye el Consejo Supremo por un gabinete de ministros. Ana fue perdiendo el interés por los asuntos estatales y los miembros del gabinete y el favorito, Von Biron, concentraron en sus manos todo el poder real.
Durante su reinado, Rusia estuvo en guerra contra Turquía y los tártaros de Crimea por la posesión de amplios territorios en las costas del mar Negro. La guerra de los años 1735 y 1739, no proporcionó nuevos territorios ni se logró el derecho de mantener la flota en el mar Negro. También, tras una guerra breve y victoriosa con Francia, un monarca amigo, Augusto III, accedió al trono de Polonia. Estas guerras, a juicio de los historiadores, no  fueron muy rentables pero contribuyeron al aumento del prestigio de Rusia en Europa.
En lo económico y social se recrudeció el régimen de servidumbre para los campesinos rusos y se elevaron los tributos. Inició una reforma tributaria que comenzó con la condonación de la mayoría de las deudas que habían acumulado los campesinos y terratenientes, tanto grandes como pequeños, y que no podían pagar. Al final de su gobierno Ana dejó un presupuesto sin déficit. Pero también muchos de los ingresos del Tesoro Público se dilapidaron en la reforma de la corte, que Ana amplió hasta hacerla similar a las europeas. Aficionada al tiro, en las habitaciones de Palacio siempre había fusiles cargados para que Ana en cualquier momento pudiera disparar a algún pájaro a través de la ventana.
Ana I, sospechaba de conspiraciones a su alrededor ya que se sentía vulnerable en cuanto a sus derechos sucesorios, así en  1730 creó la Cancillería de Pesquisas Secretas, que disponía de licencia para espiar, detener, condenar y desterrar a todos los que supuestamente fueran  una amenaza para su Gobierno. Durante los diez años del reinado de Ana fueron exiliadas a Siberia más de 20000 personas y en torno de mil fueron ejecutadas.
Ernst Johan Buren von Biron
La nobleza rusa atribuía los abusos a la influencia alemana en la corte de la emperatriz y en especial, a su favorito, Von Biron, que fue descrito por los historiadores del siglo XIX como una persona extremadamente ruda, mal educada, muy avara y sanguinaria y lo lo hacían responsable de todas las represalias y ejecuciones, de los robos del Tesoro Imperial y de la pobreza de los rusos. El eminente historiador ruso Vasili Kluchévski escribió: “Este reinado es una de las páginas más sombrías de nuestra historia y la mancha más oscura sobre ella es la emperatriz misma”. Sin embargo, las investigaciones posteriores no confirmaron estas acusaciones. Según los datos actuales, Von Biron no fue promotor de represalias ni participó en el nombramiento de extranjeros para puestos claves del Estado. Tampoco se ha confirmado la información sobre la supuesta fortuna de Von Biron adquirida en Rusia. El  escritor ruso Alexandr Pushkin dijo de él que: “tuvo la desgracia de ser alemán; en él cargaron todo el terror del reinado de Ana, que correspondía al espíritu de su tiempo y a las costumbres de la nación”.
Por su parte, el duque de Liria, diplomático español en la corte rusa, en su correspondencia describió así a la emperatriz Ana I:
“La emperatriz Ana es algo gorda y morena. Tiene una cara más masculina que femenina. En sus tratos es muy amable, afectuosa y excepcionalmente atenta. Es amante del esplendor con exceso: su corte supera en magnificencia a todas las otras cortes europeas. Demanda obedecimiento rigurosamente y desea saber todo lo que está pasando en su Estado. No se olvida de los favores que le han prestado pero recuerda muy bien todos los insultos que le han dicho. Dicen que tiene un corazón muy tierno y yo lo creo, aunque ella esconde muy escrupulosamente sus pensamientos. Puedo constatar que es una soberana perfecta...”
El duque era un diplomático profesional y sabía perfectamente que toda su correspondencia era estudiada con minuciosidad por las autoridades rusas...
El 5 de octubre de 1740 Ana I se sintió mal y se desmayó. Los médicos advirtieron que la enfermedad podría ser peligrosa. La sucesión la había resuelto Ana en 1732, cuando estableció que el heredero al trono sería el primer descendiente masculino de su hermana mayor, Catalina. El día 16 de octubre se sintió mucho peor y firmó el nombramiento de Iván como heredero al trono ruso y confirmó a Von Biron como regente hasta la mayoría de edad del pequeño Iván. El 17 de octubre de 1740, a la edad de 47 años y tras diez años en el trono ruso, Ana I falleció, según los doctores, debido a una enfermedad renal.
Bibliografía:

Bennassar et alli, Historia Moderna. Ed Akal, Madrid 1980.
Santos, A. Dinastía Romanov. Google boocks.
Voltaire, F. M. A. Historia del Imperio Ruso bajo Pedro I el Grandre. Edición digitalizada.
Wyrubowa, A. (1935). Esplendor y ocaso de los Romanof.  Barcelona: Juventud.
Canal Historia. (2005). La construcción de un Imperio-Rusia.
http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_II_de_Rusia
http://es.wikipedia.org/wiki/Ana_de_Rusia
http://es.wikipedia.org/wiki/Vasili_Dolgorúkov
http://es.wikipedia.org/wiki/Curlandia
http://es.wikipedia.org/wiki/Ernst_Johann_von_Biron
http://rusopedia.rt.com/personalidades/politicos
http://monarquiasdeeuropa.blogspot.com.es/2008/11/ana-i-de-rusia.html





martes, 26 de febrero de 2013

La Revolución Cantonal

Cartel de la
Revolución Cantonal

Durante la Primera República ocurrieron en España unos sucesos que, al ser escasamente divulgados, han pasado con frecuencia desapercibidos, pero que podrían servir de punto de partida para una novela chusca o una opereta cómica si no fuese porque trajeron consigo el derramamiento de la sangre de muchos españoles.
Pi y  Margall
El Presidente federalista de la Primera República Española, Pi y Margall, estuvo a punto de romper la unidad de España al reflejar y sancionar en la Constitución Federalista que las regiones eran Estados Soberanos. Tras esa decisión, el país se enfrentó a un caos total y estuvo a punto de desintegrarse.
Se declararon las repúblicas independientes de Cataluña, Málaga, Cádiz, Valencia, Granada, Sevilla, Alcoy, Cartagena, Algeciras, Almansa, Andújar y varias más. Muchas de ellas se enfrentaron entre sí dando lugar a situaciones cómicas si no fuese por lo trágico de sus desenlaces.
Mapa que refleja los levantamientos cantonales
Por un conflicto de intereses, la república independiente de Jumilla amenaza a la también independiente republica de Murcia: "La Nación jumillana desea vivir en paz con todas las naciones vecinas y, sobre todo, con la nación murciana, pero si hoyara (sic) su territorio, Jumilla se defenderá, como los héroes del Dos de Mayo, y triunfará en la demanda, resuelta completamente a llegar, en sus justísimos desquites, hasta Murcia, y a no dejar en ella piedra sobre piedra."
Cartagena. Castillo de Galeras y Bahía
Ante ese estado de cosas Cartagena decide ser neutral entre Jumilla y Murcia y se declara a su vez Cantón Independiente y Soberano. A tal efecto, los cartageneros se hacen con el Gobierno Civil y el Militar, asaltan el Ayuntamiento y crean una Junta que, en nombre del Cantón Independiente, gobierne el nuevo Estado. Toman también el control del Arsenal y del puerto, donde estaba amarrada una buena parte de la Flota española, que se une a la sublevación. En el Castillo de Galeras se iza la bandera cantonalista. Toman una bandera turca que había por allí, pintan de rojo la media luna y la estrella blancas, y ese estandarte rojo se identifica como símbolo del Cantón.
Salmerón
Lógicamente, el proyecto cantonalista es rechazado por las Cortes y dimite el presidente Pi y Margall que no era partidario de actuar contra los cantonalistas: "No hay más que dos caminos, o la política o las concesiones y, por supuesto, mi idea es conceder lo que el pueblo pide".
El 18 de julio le sustituye Salmerón, que no le hace ni caso y envía tropas a Cartagena para abolir la independencia declarada por el Cantón. Los cartageneros, con el armamento del arsenal y con su flota, resisten el ataque de las fuerzas  del Gobierno. La armada cantonalista, mandada por el militar progresista Antoñete Gálvez ("Toñete"), natural de Torreagüera, continúa la ofensiva. A la orden de "a toda máquina", y reforzada con 500 hombres del Batallón de Cazadores de Mendigorría a bordo, llega a bombardear el puerto de Alicante y a desembarcar en la ciudad. En esta acción bélica se recaudan 8.000 duros de plata que "voluntariamente" entrega la ciudad conquistada.
Levantamiento cantonal en Cartagena
El 29 de Julio, las fragatas cantonales fondean en aguas de la capital almeriense, exigiendo la evacuación de las fuerzas militares, la proclamación del cantón y el pago inmediato de 400.000 pesetas de la Administración de Aduanas y 500.000 más procedentes de comerciantes y banqueros. Al no ser satisfecho este pago, las tropas cartageneras desembarcan para conquistar la ciudad, pero las fuerzas almerienses evitan, tras furiosos tiroteos, el desembarco de los cantonales lo que conduce, el día 30 de julio, al bombardeo naval de la ciudad.
"Toñete"
El objeto de aquellas incursiones por mar y tierra era incorporar tierras y poblaciones al cantón, así como recaudar fondos o “contribuciones de guerra”, "voluntarias" por supuesto, para mantener la independencia.
Cartagena era en ese momento un país independiente "de facto" y, como tal, tenía derecho a moneda propia. En consecuencia, se acuña el "duro cantonal", con sus respectivas "pesetas cantonales", monedas con las que se pretendía costear los gastos generados durante el periodo de lucha por su independencia.
El gobierno independiente se pone en contacto con el de los Estados Unidos de América y solicita su ingreso como un estado más de la unión, al tiempo que pide ayuda, principalmente armas y pertrechos de guerra, para mantener su independencia frente al poder centralista de Madrid. Los Estados Unidos estudian seriamente la propuesta y, finalmente, su presidente rechaza el ofrecimiento. El general Ulises S. Grant, quizás el peor gobernante y el mejor general que hayan tenido los norteamericanos, no quiso tener problemas con España.
Ulises S. Grant
Pero eso no quiere decir que la oferta no se estudiara. Se valoró mucho la opción ya que a los Estados Unidos, entonces potencia emergente, no les parecía nada mal tener en la base naval de Cartagena un apoyo sólido en el Mediterráneo. La propuesta era tentadora y su rechazo fue un golpe bajo a la autoestima de los cantonales. A "Toñete" se le sube a la cabeza el presunto éxito sobre las fuerzas gubernamentales y organiza una marcha para tomar Madrid, llegando victorioso hasta Chinchilla (Albacete), donde las tropas del Cantón son derrotadas y tienen que regresar a Cartagena.
Monedas cantonalistas
Mientras tanto, en el resto de España las cosas tampoco andan demasiado bien. Granada y Jaén se declaran la guerra por diferencias en sus "fronteras nacionales". Utrera se independiza de Sevilla, que no sólo no reconoce esa ruptura unilateral, sino que le declara la guerra. Una guerra que, sorprendentemente, ganó Utrera, tras la muerte en combate de 400 hombres de ambos bandos. Coria, capital episcopal famosa por su tonto (el famoso "tonto de Coria"), quiere independizarse, pero no de Madrid, de donde ya era independiente de hecho, sino de Badajoz. Betanzos se declara independiente de La Coruña. Jerez proyecta su cantón, pero finalmente prefiere rendirse a Madrid antes que someterse a la República Independiente de Cádiz.
Betanzos
El presidente Salmerón envía al general Martínez Campos y sus tropas a Levante y Andalucía. Los cantones, desorganizados y en estado de guerra entre sí, van cayendo uno tras otro y la revolución queda sofocada en menos de dos meses. En los paredones de los consejos de guerra acaban los restos de la revolución cantonal, uno de los episodios más surrealistas de la Historia de España.
Es triste pensar que los problemas que nos preocupan hoy son muy similares a los que arrastraron a nuestros antepasados a tan inconcebible comportamiento:

 1.- Crisis económica.
 2.- Niveles de paro insoportables.
 3.- Población al límite de su resistencia política, económica y moral.
 4.- Falta de voluntad política para afrontar reformas estructurales.
 5.- Incompetencia de los políticos para manejar la situación.

Y de esto hace ya 140 años. Si a los cantonalistas de entonces les contáramos sólo una parte de lo que nos está ocurriendo hoy, su respuesta sería: "Toma mi fusil, te va a hacer mucha falta".

lunes, 18 de febrero de 2013

Los Papas que renunciaron al Pontificado (II)


Época medieval:

Juan VIII
§  Constantino II (767),  tras la muerte del papa Pablo I, el duque de Nepi aprovecha para provocar una insurrección armada y proclamar como papa a su hermano, un laico que tomará el nombre de Constantino II. Al ser laico, fue ordenado antes de ser consagrado Papa, circunstancia nada inusual en la época, pero que será el motivo por el que un tribunal eclesiástico lo deponga el 6 de agosto de 768. Después de ser depuesto se le arrancaron los ojos y confinado a un monasterio, donde más adelante fallecería. Se designa como sucesor a un sacerdote romano llamado Felipe que renuncia al día siguiente. Considerado antipapa.

§  Juan VIII (872-882), según la mayoría de los historiadores modernos, murió el 16 de diciembre de 882. Sin embargo, según los Anales de Fulda, un conocido de Juan, quien trataba de apoderarse de sus tesoros, trató de envenenarle y al darse cuenta que la droga actuaba muy lentamente, lo mató golpeándolo en la cabeza con un martillo.

Esteban VI
§  Esteban VI (896-897), realizó un juicio al cadáver de su antecesor Formoso declarándolo culpable e invalidando su elección como Papa y anulando todas los actos y ordenaciones de su papado, lo que le permitió no poder ser acusado del mismo cargo que Formoso ya que, al declararse nula su ordenación como obispo, no infringió la norma que le impedía ocupar la diócesis de Roma. Sin embargo, se decidió que cuantos hubiesen recibido las sagradas órdenes de manos de Formoso habían de ser ordenados de nuevo. A continuación se despojó el cadáver de sus vestiduras, se le arrancaron de la mano los tres dedos y luego fue arrastrado por las calles de Roma y entre los aullidos del populacho fue arrojado al río Tíber tras ser quemado. El pueblo romano al conocer los hechos prendió a Esteban VI en el palacio laterano. Encarcelado, fue linchado y estrangulado el 14 de agosto de 897.
León V

§  León V (903), su breve pontificado duró sólo un mes al ser depuesto por su director espiritual, el cardenal Cristóbal, que lo recluyó en un monasterio donde fallecería, en septiembre, al parecer asesinado por la familia romana de los tusculanos, los mismos que mataron a Cristóbal (el antipapa) en mismo año. Su cuerpo fue quemado y las cenizas echadas en el Tíber.

Juan X
§  Juan X (914-928), fue el primer papa en la historia que se puso al frente de un ejército, logrando en la Batalla de Garigliano la derrota definitiva de los sarracenos. Cuando en 924 Berenguer I, último emperador del Sacro Imperio descendiente de Carlomagno, es asesinado, el cargo quedará vacante hasta que en 962 lo ocupe Otón I. Esto provocó también la vacante en el trono de Italia. Juan X decidió apoyar como sucesor a Hugo de Provenza lo que le supuso enfrentarse con Marozia, quien ordenó a su segundo marido Guido de Toscana dirigirse a Roma al frente de un ejército, deponer al Papa y encarcelarlo. Juan X falleció en prisión en mayo de 928, probablemente asfixiado con una almohada.
Esteban VII

§  Esteban VII (929-931), elegido al igual que sus predecesores gracias a la influencia de Marozia y su familia. Tras asesinar a Juan X Marozia confirió entonces el papado a León VI, quien murió seis meses y medio después en su puesto. Le sucedió Esteban VII, también por la influencia de Marozia y dominado por ésta durante. Falleció en febrero de 931 asesinado por Marozia.

Juan XI
§  Juan XI (931-935), fue elegido papa también gracias a las intrigas de Marozia, de quien era hijo ilegítimo. Es el último papa del periodo conocido como "pornocracía" ya que durante su pontificado, su madre cayó en desgracia y perdió todo el poder que había mantenido desde la elección como papa, en 904, de Sergio III, al casarse por tercera vez en 932 con el rey de Italia Hugo de Arlés lo que hizo rebelarse al conde Alberico el Joven, hijo del primer matrimonio de Marozia, quién expulsó de Roma a Hugo de Arlés y encarceló a su madre y a su hermanastro el papa Juan XI, en el castillo de San Angelo. Roma se convierte en un ducado independiente al mando de Alberico que dirigirá la política eclesiástica de la Iglesia durante los siguientes papados. Juan XI falleció recluido en diciembre de 935 asesinado por Alberico quien también asesinó a su madre.
Benedicto V

§  Benedicto V (964), fue elegido papa al morir Juan XII, por pueblo romano que optó por él obviando a León VIII, el protegido del emperador Otón I, que había sido impuesto por este cuando depuso a Juan XII. Al ser nombrado de Benedicto, el emperador retornó a Roma, donde el 23 de junio de 964, tras apresarlo, lo depuso al rango de diácono y lo desterró en Hamburgo, y  repuso en la silla de San Pedro a su protegido León. Murió, el 4 de julio de 966, en su exilio de Hamburgo donde se encontraba bajo la custodia Adaldag, el arzobispo de Bremen-Hamburgo. Fue enterrado en la catedral de Hamburgo aunque sus restos fueron trasladados a Roma bajo el reinado de Otón III.

Benedicto VI
§  Benedicto VI (973-974), fue capturado y encerrado en el castillo de Santángelo por un grupo de la nobleza encabezado por Crescencio y por el Diácono Bonifacio VII. Después de estar encerrado menos de dos meses fue estrangulado por orden de Crescencio, para evitar que fuera liberado por Sicco quien había sido enviado a Roma por el emperador Otón II.

Bonifacio VII. Antipapa
§  Bonifacio VII (984), ocupó el trono pontificio de forma ilegal en dos ocasiones, en 974 y entre 984 y 985. Fue considerado por sus coetáneos como un «monstruo». En su primera etapa sólo gobernó la Iglesia durante seis semanas, el tiempo que tardó el conde Sicco de Spoleto en llegar a Roma en calidad de representante del nuevo emperador Otón II y obligar a Bonifacio a huir de la ciudad y refugiarse en Constantinopla, donde se llevó consigo parte del tesoro de la Iglesia. No obstante en ese breve período hizo estrangular al papa legítimo, Benedicto VI. Tras su huida es elegido nuevo Papa Benedicto VII, quien excomulga al antipapa Bonifacio como una de sus primeras medidas. A la muerte de Otón II y ya que su sucesor, Otón III, tiene apenas tres años, regresa a Roma y con la complicidad de Crescencio II, hijo del citado Juan Crescencio, encarcela al papa que entonces regía los destinos de la Iglesia, Juan XIV, y vuelve a ocupar el solio pontificio casi durante un año. Bonifacio VII está considerado como el asesino de dos papas y falleció asesinado el 20 de julio de 985, siendo su cadáver mutilado y arrastrado por las calles romanas hasta terminar expuesto a los pies de la estatua de Constantino. Considerado antipapa.
Juan XIV

§  Juan XIV (983-984), es nombrado papa a la muerte de Benedicto VII por el emperador Otón II quien fallece a los pocos días del nombramiento del nuevo papa, y ante la minoría de edad de Otón III, el antipapa Bonifacio VII aprovechó el para regresar de su exilio de Constantinopla y ocupar por segunda vez, y de forma igualmente ilegítima, el trono de San Pedro y encarceló, en abril de 984, a Juan XIV en el Castillo Sant'Angelo donde falleció de hambre o, según otras versiones, envenenado, el 20 de agosto de 984.

Benedicto IX
§  Benedicto IX (1033-1045), fue papa en tres periodos, en un primer período de 1032 a 1044 siendo el papa más precoz de la historia ya que tenía 14 años cuando fue nombrado Obispo de Roma y fue expulsado de Roma por el capitán, Gerardo di Sasso que puso en su lugar al Obispo de Sabinia. En un segundo en el que expulsó a la fuerza a Silvestre III y fue reelecto el 10 de abril de 1045, pero en mayo, abdicó al vender, con el propósito de casarse, su cargo pontificio por 1500 libras de oro al Arcipreste Juan de Graciano, futuro papa Gregorio VI, y abandona Roma. Finalmente un tercer período en el Benedicto atacó Roma y fue aceptado por el clero y el pueblo para evitar tumultos y derramamientos de sangre y ser elegido por tercera vez el 8 de noviembre de 1047, sin embargo los Crescencios, enemigos históricos de su familia no lo aceptaron y estalló una guerra despiadada en la que Benedicto fue expulsado el 17 de julio de 1048, después de ocho meses y no cesó nunca de luchar por reconquistar del Papado. Más adelante se hizo monje de San Basilio en Grottaferrata donde murió el 18 de septiembre de 1055.
Gregorio VI

§  Gregorio VI (1045-1046), accedió al papado mediante el pago de 1500 libras de oro al papa Benedicto IX. No gozó de la confianza del rey Enrique III, lo que unido al hecho de que Benedicto IX trataba de recuperar el solio pontificio y que Silvestre III no había renunciado de forma explícita al mismo, decidió al rey a convocar un sínodo en Sutri, valiéndose de los poderes que le atribuía el Privilegium Othonis, en el cual depuso a Benedicto IX y a Silvestre III y obligó a abdicar a Gregorio VI quien fue desterrado a Colonia, con su secretario Hildebrando, donde falleció en noviembre de 1047.

Benedicto X. Antipapa
§  Benedicto X (1058-1059), fue elegido papa a la muerte de Esteban IX con el nombre de Benedicto X. Su elección no contó con la aprobación de todo el colegio cardenalicio ya que parte del mismo se opuso alegando que se había producido mediante precio (simonía), por lo que los disconformes se reunieron con el cardenal Hildebrando, futuro papa Gregorio VII, que no había participado en la elección y procedieron a elegir en la ciudad de Siena, en diciembre de 1058, como sucesor de Esteban IX al obispo de Florencia, Gerhard de Borgoña, adoptando el nombre de Nicolás II. Éste, camino de Roma, celebró en Sutri un sínodo en el que depuso y excomulgó a Benedicto X quien se vio obligado a huir aunque siguió reclamando sus derechos hasta que, tras varias derrotas militares de sus partidarios, se vio obligado a dejar de considerarse papa. Tras su renuncia fue encarcelado hasta su muerte de la que no se tiene noticia cierta, aunque los historiadores la fijan en 1073 o 1080. Considerado antipapa.
Juan XXI

§  Juan XXI (1276-1277), es, hasta el momento, el único papa portugués de la historia. Fue elegido en el cónclave reunido en Viterbo, como sucesor de Adriano V. Suavizó las estrictas reglas que el XIV Concilio Ecuménico había establecido para la celebración de los cónclaves. Falleció el 20 de mayo de 1277 ya que ocho días antes el Palacio Papal de Viterbo sufrió el derrumbe de su techumbre y lo hirió de muerte. Recibió sepultura en la catedral de Viterbo.

Celestino V
§  Celestino V (1294), fue elegido papa tras un periodo de dos años y tres meses en el que la silla de San Pedro permaneció vacante debido a la división del colegio cardenalicio en dos facciones encabezadas por las familias Colonna y Orsini, y coronado en Aquila e instaló su sede en Nápoles. tras cinco meses como pontífice, renunció voluntariamente a su trono para retornar a su vida de ermitaño. Diez días después de su renuncia se reunió el cónclave que, en un sólo día de deliberaciones eligió al cardenal Benedicto Caetani, quien tomó el nombre de Bonifacio VIII quien trasladó inmediatamente la sede papal a Roma ordenando a Celestino que lo acompañara, temeroso de que el pueblo napolitano, contrario a su elección, lo siguiera considerando como legítimo pontífice. En el trayecto Celestino logró escapar y refugiarse en su antigua celda del Monte Morrone hasta que, acosado por Bonifacio, intentó infructuosamente huir a Grecia, siendo detenido, sometido a juicio y encarcelado en la torre del Castel Fumone donde falleció el 19 de mayo de 1296 tras diez meses de confinamiento.

Grtagorio XII
§  Gregorio XII (1406-1414), fue elegido en un cónclave que,  con el propósito de poner fin al Cisma de Occidente, se impuso la condición de que el elegido dimitiría del papado si el papa de Avignon, Benedicto XIII, presentaba a su vez su renuncia. Ambos pontífices iniciaron conversaciones, pero la poca disponibilidad de ambos para solucionar el conflicto, hizo que no se resolviese nada. Los cardenales partidarios de ambos acordaron celebrar un Concilio en Pisa, en 1409, con el objetivo de deponer a ambos pontífices y elegir uno nuevo. Ambos papas fueron invitados pero ninguno de ellos hizo acto de presencia. El concilio depuso a los dos pontífices acusándolos de escándalo, de cismáticos, heréticos y perjuros; y un mes después eligió como nuevo papa a Alejandro V (antipapa). Ni Gregorio XII, ni Benedicto XIII, reconocieron la validez del concilio de Pisa al que acusaron de anticanónico al entender que sólo el Papa tenía potestad para convocar un sínodo. Por lo que Gregorio, convocó su propio concilio que, celebrado en la ciudad de Cividale del Friuli, declaró tanto a Benedicto XIII como a Alejandro V, cismáticos y devastadores de la Iglesia. En 1410 falleció Alejandro V y fue sucedido por Juan XXIII (antipapa) a quien el emperador del Sacro Imperio, Segismundo, convenció para que convocara un nuevo concilio que acabara con el cisma en el que tres papas se declaraban legítimos. El Concilio de Constanza se inició el 4 de noviembre de 1414, bajo la presidencia del antipapa Juan XXIII, acordándose un nuevo sistema de votaciones según la cual el Concilio se encontraba por encima del Papa, y este debía plegarse a las decisiones de aquél. El antipapa Juan XXIII que había convocado el concilio con la intención oculta de conseguir el apoyo de los participantes para ser nombrado único papa legítimo, ante la perspectiva de tener que acatar las decisiones conciliares intentó huir de Constanza, pero interceptado en su huida fue devuelto al concilio y obligado a abdicar el 29 de mayo de 1415. Por su parte el Papa Gregorio XII renunció voluntariamente el 4 de julio mediante una bula en la que además reconocía al concilio, por lo que el concilio de Constanza, convocado por un antipapa, es considerado válido por la Iglesia Católica. El segundo antipapa, Benedicto XIII, se negó en cambio a abdicar por lo que fue depuesto por el propio concilio dos años más tarde, el 26 de julio de 1417; tras lo cual se eligió un nuevo Papa, Martín V que fue reconocido por todos y que supuso el fin del Cisma de Occidente que había dividido la Iglesia durante casi cuarenta años. Gregorio XII falleció el 18 de octubre de 1417, ostentando el cargo de arzobispo de Porto y fue el último pontífice legítimo que renunció antes que Benedicto XVI. 




Los Papas que renunciaron al Pontificado (I)

Benedicto XVI

Cuando dentro de 10 días se haga oficial la renuncia al ministerio papal por parte de Benedicto XVI se produce un hecho histórico que no ocurría en la cúpula de la Iglesia Católica desde 1414 en que Gregorio XII renunció al pontificado.
Este hecho, aunque bastante inusual en los tiempos modernos, no es la primera vez que se produce en la Historia de la Iglesia ya que según Josep María Martí Bonet, profesor de Historia de la Iglesia y canónigo de la Catedral de Barcelona, 22 han sido los papas que renunciaron o fueron obligados a dimitir. Estos son esos papas, aunque algunos de ellos son considerados por la Iglesia Católica como antipapas:

Época antigua:


Ponciano
§  Ponciano (230-235), es el primer obispo de Roma, en la historia de la Iglesia que no permaneció en la silla de San Pedro hasta su fallecimiento ya que abdicó el 28 de septiembre de 235. Se enfrentó al antipapa Hipólito quien se había negado a reconocer a Ponciano como obispo legítimo. El emperador Maximino el Tracio, que reactivó las persecuciones contra los cristianos e hizo que tanto Ponciano como Hipólito fueran deportados a las minas de sal de Cerdeña donde lograron reconciliar sus posturas poniendo fin al primer cisma que había sufrido la Iglesia al abdicar ambos a favor de Antero. Poco después de la abdicación, Ponciano e Hipólito fueron martirizados al ser azotados hasta la muerte, tras lo cual sus cuerpos fueron trasladados a Roma donde fueron inhumados en las catacumbas de San Calixto.
Eusebio

§  Eusebio (309), durante su corto pontificado tuvo que hacer frente al problema de los lapsi,  los cristianos que habían abandonado la fe debido a la persecución y ahora querían regresar. Los esfuerzos del papa encontraron una fuerte oposición en Heraclio. La lucha entre ambos fue tan intensa que el propio emperador Majencio desterró a los dos. Eusebio murió en Sicilia poco después. Está enterrado en la catacumba de Calixto I en Roma.

Juan I
§  Juan I (523-526), viajó a Constantinopla cuando el rey ostrogodo Teodorico el Grande le pidió que negociara con el emperador bizantino Justino I el cese de las persecuciones que contra los arrianos se producían en el imperio desde la publicación de un edicto imperial en 523. El fracaso de su misión junto a las acusaciones de tibieza en las negociaciones con el emperador, hicieron que a su regreso a Roma, Teodorico lo hiciese encarcelar en Rávena, capital del reino ostrogodo, donde murió martirizado el 18 de mayo de 526. Sus restos fueron llevados a Roma y enterrados en la Basílica de San Pedro.

Silverio
§  Silverio (535-537), fue acusado de alta traición por Belisario de estar planeando con los godos la rendición de la ciudad  de Roma, lo que permitió a la emperatriz Teodora sentar a Vigilio, cercano a sus ideas monofisitas, en la sede papal. Silverio fue arrestado y despojado de las vestiduras pontificales en marzo de 537 y enviado al exilio en la ciudad de Patara  (Turquía). El obispo de Patara intercedió a su favor de Silverio ante el emperador Justiniano y logró que este anulara el destierro y le permitiera regresar a Italia para demostrar la falsedad de la acusación de traición. Una vez en Italia, fue recluido por orden de Teodora, en la isla de Palmarola donde falleció el 11 de noviembre de 537.

Martín I
§  Martín I (649-655), celebró el Concilio de Letrán en el que se condenó el monotelismo que el emperador bizantino Constante II quería imponer como solución de compromiso entre la ortodoxia cristiana y el monofisismo. Se condenó a la Ecthesis, decretada por el emperador Heraclio, al Typos de Constante, y se excomulgó a los patriarcas de Constantinopla Sergio I, Pirro I y Pablo II. Conocida la noticia el emperador Constante II ordenó a su representante en Italia, el exarca de Rávena, Teodoro Calíope, que tomase prisionero al Papa y lo trasladase a Constantinopla. Calíope, informó al clero de Roma que Martín I había sido depuesto como papa, obligando al propio pontífice a embarcar el 19 de junio de 653 con destino a Constantinopla, tras permanecer durante casi un año en la isla de Naxos. Juzgado de los cargos de herejía y enemigo del Estado, es condenado a muerte el 20 de diciembre de 654. El juicio, celebrado en el Hipódromo, fue una parodia en la que Martín I fue vejado e insultado, privado de sus vestiduras y cargado de cadenas. Tras tres meses de prisión, el emperador le conmutó la pena de muerte por la de exilio en Crimea, donde llegó, el 15 de mayo de 655, en una situación física tan deplorable debida al maltrato sufrido desde su detención, que falleció el 16 de septiembre de ese mismo año. Por este motivo se le considera mártir, el último Papa en testimoniar su fe de este modo. 

domingo, 3 de febrero de 2013

Solimán II y el Conde de Aranda


Voy a poner un par de anécdotas que se cuentan de personajes históricos conocidos como fueron Solimán el Magnífico y el Conde de Aranda.

Solimán II
La primera es una anécdota relacionada con la justicia y se refiere al Sultán turco Solimán II, llamado el Magnífico y el legislador, quien dio a su pueblo dos cosas importantes que necesitaban: leyes justas y los medios para que se cumpliesen. Se cuenta que un día soldados suyos habían robado unas gallinas a una pobre mujer que no tenía otro sustento de vida que venderlas en el mercado. Ésta pidió audiencia ante el sultán y, cuando estaba ante él, le dijo:
     “Señor, tus soldados han hecho una injusticia conmigo”.
Entonces Solimán le preguntó:
     ¿Cómo es que una mujer como tú, capaz de pedir audiencia ante el soberano, no ha sido capaz de solucionar un pequeño problema como este?
La mujer le contestó:
     “Señor, ocurrió cuando estaba durmiendo”.
A lo que repuso el sultán:
     “Pues debéis tener un sueño muy profundo, porque las gallinas tuvieron que hacer mucho ruido, quizás no deberíais dormir tan a pierna suelta”
Y la mujer le contestó:
     “Señor, debéis saber que el pueblo piensa que teniendo un soberano justo, como lo sois vos sin duda, puede dormir tranquilo pensando que velaréis por él. Sois vos quien no debe dormir tan profundamente mientras los soldados roban las gallinas de vuestros súbditos”.
El sultán quedó maravillado por las palabras de la mujer y  ordenó que se hiciera justicia a la demanda de la mujer y se la colmara de regalos.

El Conde de Aranda
La segunda es una anécdota de terquedad y cabezonería que como buen aragonés demostraba don Pedro Pablo Abarca de Bolea, el Conde de Aranda. En cierta ocasión el conde se encontraba discutiendo con Carlo III y como no daba muestras de  reconsiderar sus puntos de vista, el rey le dijo:
     “Aranda, eres más terco que una mula manchega”.
Lejos de callarse, Aranda replicó al rey:
     “Señor, yo conozco a alguien más terco que las mulas manchegas y que yo mismo”.
Carlos III quiso saber a quién se refería y Aranda le contestó:
     “Perdonad, Señor, pero ése es la augusta y sacra majestad el rey de España y de sus Indias”.

El nacimiento del dios Huitzilopochtli


Huitzilopochtli 
 Huitzilopochtli era la principal deidad de los mexicas a la llegada de los españoles a Mesoamérica. La leyenda de su origen es muy curiosa. Es la siguiente:
Cuanta la leyenda que a cobijo de la montaña de  Catepec, junto a la ciudad de Tollan, vivía la diosa Coatlicue, “la de la falda de serpientes”, madre de los indios centzonuitznaua, y de una hija de nombre Coyolxsauhqui. Era la diosa azteca de  la vida y la muerte, de la tierra y de la fertilidad.
Coatlicue solía rezar todas las mañanas en lo alto de una colina próxima y, una mañana mientras rezaba le cayó encima una bola con plumas de colores. La bola le gustó tanto que decidió guardarla para ofrecérsela al dios Sol.
Huitzilopochtli con
escudo y lanza 
Pasado un tiempo Coatlicue se dio cuenta de que estaba embarazada y entonces sus cuatrocientos hijos (los centzonuitznaua), apoyados por su hermana Coyolxsauhqui, la insultaron y humillaron por haberse quedado embarazada.
Coatlicue estaba asustada y angustiada cuando el espíritu del niño que llevaba dentro le habló palabras de aliento. Sin embargo sus hijos decidieron asesinarla ya que lo consideraban una ofensa pues una diosa solo podía concebir hijos con otros dioses.
Sin embargo, uno de ellos, Quauitlicac, se apiadó de ella y le confesó a su hermano nonato la deslealtad de sus hermanos. Éste le dijo:
— «¡Oh, hermano! Escucha atentamente lo que te voy a decir. Estoy totalmente informado de lo que va a ocurrir».
Cundo sus hermanos se dirigían a por Coatlicue para asesinarla, Quauitlicac, avisó a Huitzilopochtli de que sus hermanos se acercaban a matar a su madre. Este le dijo:
     «Dime exactamente hasta qué lugar han avanzado».
     Hasta Tzompantitlán, dijo Quauitlicac.
Coatlicue
Cuando llegaron los centzonuitznaua, cortaron la cabeza a Coatlicue, pero en ese mismo instante  Huitzilopochtli saltó del vientre de su madre blandiendo su escudo en una mano y una lanza de color azul en la otra. Estaba pintado, tenía la cabeza recubierta por un penacho y la pierna izquierda cubierta con plumas.
Cortó la cabeza de su hermana Coyolxsauhqui y la lanzó hacia el cielo convirtiéndose en la Luna. Persiguió durante mucho tiempo a los centzonuitznaua, a los que fue dando caza. Muchos perecieron en las aguas del lago al que se habían lanzado desesperados. Casi todos murieron excepto unos pocos que se escaparon a un lugar llamado Uitzlampa, donde finalmente se entregaron a Huitzilopochtli y depusieron sus armas. Huitzilopochtli se convirtió en el Sol.
Este suceso era celebrado por los Mexica-Nahuatlacas el último día del decimoquinto mes del calendario náhuatl que es Panquetzaliztli (Levantamiento de las Banderas), 19 de diciembre del actual calendario gregoriano.
El relato del nacimiento de Huitzilopochtli está descrito en el códex florentinus, una recopilación de textos del siglo XVI escrito en náhuatl, que contiene la Historia general de las cosas de la Nueva España.