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jueves, 29 de agosto de 2013

Unidades del Ejército Colonial Español en África: Los gums

Goumier marroquí de las tropas
coloniales francesas
Los gums o goums era unidades típicamente marroquíes, fueron muy poco utilizadas por España, al contrario que por Francia, que los empleó hasta en la Segunda Guerra Mundial. Eran totalmente irregulares, se empleaban en terreno montañoso, en cualquier tiempo, realizando razzias y emboscadas.
Los “goumiers”, fueron principalmente las tropas coloniales del Marruecos francés, muy respetados por su alta capacidad de combate. El término «goum» se refería literalmente a una compañía, siendo denominado «goumier» el integrante de una compañía de infantería. Este término no se aplicaba a todos los soldados nativos de infantería sino que se hacía únicamente a los provenientes de ciertas tribus marroquíes.
Jaiala marroquí
Era una tropa totalmente irregular que combatían montados a caballo o en camello y que como tales tropas irregulares no disponían de ningún uniforme específico y así cada soldado se proveía su propia indumentaria. Inicialmente llevaban trajes tribales con sólo mantos azules como prendas del uniforme, pero a medida que logran estatus permanente adoptan el manto marrón y la chilaba a rayas gris que los definiría específicamente durante su historia con el ejército francés. Su tocado normal era un turbante.

Se componían de elementos  de infantería y caballería, sus  armas tradicionales eran sables y dagas alargadas y su especialidad era el asalto sobre posiciones fortificadas. En el ejército francés fueron considerados como fuerzas de élite. Las unidades recogían sus nombres de sus prácticas militares tradicionales. Su organización era similar a las tropas regulares: Goum era una compañía, Tabor un batallón y Grupo de Tabores un regimiento.
Combatiente indígena a camello

Los gums del ejército español
El primer gum español se creó en 1911 en Alcazarquivir al mando del teniente Cases, compuesto por 80 soldados marroquíes. En 1913, todavía seguía actuando en la zona.
Unidad tipo gun con el oficial español al frente
Al mismo tiempo, en la zona de Melilla se creó otro gum con carácter temporal y exclusivamente de caballería, mandado por el capitán Parache. Compuesto de 90 jaialas (jinetes) realizó un recorrido por la cuenca del Muluya, que hasta entonces estabainexplorada, por orden del general Marina. De los jinetes que formaban la unidad solo eran españoles el capitán y un sargento. De los indígenas, 50 pertenecían a la Policía Indígena y los otros 40 fueron alistados exclusivamente para la expedición ya que cuando ésta acabó, el gum se disolvió.
En 1914, también en la zona de Melilla, se empleó el gum de Bu Amarra, más conocido con el nombre de su jefe indígena: Abd Allah, quien había luchado repetidamente contra los franceses, que habían puesto precio a su cabeza. Entró al servicio de España y se mantuvo fiel a ella hasta su muerte en combate, momento en el cual la unidad se disolvió.
En septiembre de 1922, también en la zona de Melilla, se formaron dos gums que son empleados a mitad de mes en unión de las harcas amigas de Beni Buyahi y M'Talza, Driss er Riffi y las auxiliares de Quebdani y Ulad-Setut. Uno de ellos es puesto bajo el mando del capitán de artillería Muñoz Rocatallada, que había pertenecido a la Policía Indígena, al que ayudaban dos oficiales españoles y varios kaídes marroquíes.
Soldados indígenas pertenecientes a una harka o gum

El 15 de noviembre del mismo año, uno de los gum tuvo un encuentro con el enemigo en las inmediaciones de Naach, poniéndole en fuga y capturando 25 fusiles Remington, siete Mausers y 200 cartuchos. Entre los días 16 y 19 de enero de 1923 mantiene combates con núcleos enemigos en las cercanías de Tamasurin.
Uniformidad típica
de un gumier
El 16 de febrero el otro gum recorrió las proximidades de Hart, tiroteándose con los rebeldes, a los que causó tres muertos y varios heridos que fueron tomados prisioneros, apoderándose de diversas armas. El 26 sostienen chej Bufarcus. En 1924, ambos gums fueron utilizados, con otras fuerzas indígenas, para formar la Mehal-la de Tafersit.
combate en Tauriat-el-Hamara. El 26 de marzo, en la garganta de Busfedauen, desalojó al enemigo de las posiciones que ocupaba, cogiéndole tres muertos, dos carabinas, cinco bolsas con cartuchos y más de 450 cabezas de ganado y prosiguió en persecución de los desalojados causándoles otros nueve muertos, entre los que se encontraba el

Existían otras unidades irregulares llamadas “yunds” o “younds”, que si bien aparecen mencionados en algunas disposiciones oficiales y en algunos  artículos, no hay constancia escrita de que fuesen efectivamente creados o que se les utilizase en operaciones militares.

martes, 27 de agosto de 2013

El teniente de Infantería León del Real Bienert. Un héroe en la Guerra de África

Teniente del Real Bienert
En el año 1913, las Cabilas insurrectas veían con honda preocupación la política pacificadora del Alto Comisario y del Gobernador General de Melilla. Las adhesiones de moros notables causaban más daño a sus intereses que las bayonetas y la artillería de los españoles. Los poblados amigos eran ahora las víctimas sobre las que descargaban su rabia los insurrectos. Querían obligarles a dejar a sus nuevos aliados, presionándoles con terribles ataques, matanzas e incendios de sus casas y cosechas.
Era necesario protegerles, era imprescindible llevarles una ayuda efectiva que, librándoles de tan crueles venganzas, les diera la seguridad de que su actitud amiga estaba sólidamente respaldada.
Una de estas acciones de ayuda tuvo lugar el 3 de octubre de ese mismo año, había que resguardar el poblado y la comarca de Kuff de las razias enemigas, para lo que los españoles, asesorados por sus amigos indígenas, perfectos conocedores del terreno, han dispuesto se establezca un blocao que sirva de protección y sea el hito con el que España deja patente su voluntad de auxiliar a sus aliados.
El lugar elegido para situar el blocao es el alto de Mahara. La construcción se realizará bajo constantes acosos de los rebeldes, atacando con la rabia que les producía comprobar que España cumplía su promesa. Se realiza un formidable despliegue para proteger las obras.
La columna se organiza bajo el mando del comandante don Salvador Acha y reúne a una compañía del Regimiento de “Córdoba”, una sección del Regimiento de “Borbón” y un teniente con tres áscaris y diecisiete indígenas reclutados de la harka de Kuff.
El teniente que mandaba la unidad de indígenas es don León del Real Bienert quien marcha con sus hombres, perfectos conocedores del terreno, en vanguardia. Intentan subir hasta la meseta Mahara sin que el enemigo les sorprenda ya que conocen los caminos y sendas más ocultos. No es posible la sorpresa y el enemigo se presenta frente a frente dispuesto a impedir a toda costa la progresión hacia el alto Mahara.
La vanguardia que del teniente del Real, es recibida con intenso fuego, pero aun así, tiene que subir y ocupar  el alto para que el resto de la fuerza pueda establecerse en ella y, bajo su protección, iniciar las obras del blocao.
El avance no se interrumpe, el fuego enemigo se hace cada vez más intenso pero no consigue detener la marcha del teniente León del Real quien sabe que tiene centrada en su persona la atención de los soldados indígenas. Ha de superarse para que su valor les sirva de estímulo. Sigue adelante. Uno de los disparos enemigos le alcanza en una pierna. El desgarro de la herida es enorme y la sangre fluye inmediatamente. Hay un momento de zozobra, la tropa indígena se ha detenido.
¿Qué hará el teniente? ¡Le han herido' —se preguntan sus hombres.
 León del Real se sobrepone al dolor que siente en la pierna y les grita:
— ¡Adelante' ¡Ya llegamos!
Los harqueños del Kuff han cambiado entre sí una mirada expresiva, han hecho un gesto admirativo y reanudan la ascensión con más brío.
Entonces se oye una voz en retaguardia:
— ¡Teniente del Real ¡Retírese!, ¡Cúrese la herida y podrá volver!
Es la voz del comandante que le ordena retirarse. Puede hacerlo, pues la herida le sangra abundantemente. De nuevo su comandante le vuelve a ordenar que se retire al puesto de socorro.
Los indígenas están otra vez atentos a la actitud de su teniente, le miran de reojo y sin dejar de disparar están esperando la decisión que va a tomar.
— ¡No hace falta, mi comandante —replica el teniente León del Real. Tengo una misión que cumplir y la cumpliré. Cuando terminemos iré a ver al médico.
Los indígenas cambian su expresión, admirados del valor de su teniente. Entre los marroquíes, el culto al valor es un sentimiento ancestral que engendra admiración, respeto y una total entrega a quien tan bien les manda y tan grandes muestras de valor les da.
Pero todo esto no le importa al teniente León del Real, él lo hace porque tiene una misión que cumplir y trata de cumplirla como su propio honor y espíritu se lo exige. No en vano, siendo cadete, aprovechó las vacaciones de verano de 1909, para acudir, junto con su hermano Pedro, también cadete, a la campaña de Melilla, asistiendo a las operaciones de julio y agosto, concediéndosele la Cruz Roja al Mérito Militar por sus méritos en los combates del 23 de julio en Sidi Musa y los Lavaderos.
—¡Hay que sacarlos de ahí, o nos freirán a tiros! ¡La cerca de piedra tiene que ser nuestra!
Su gesto es aún más imperativo que su palabra. La mano izquierda se crispa en las riendas y guía el caballo hacia lo alto. Sólo una de las espuelas puede animar al animal, ya que la pierna izquierda del jinete no tiene fuerza, mojada por la sangre que empapa el pantalón.
A esta acción responden sus hombres con valentía y, saliendo de sus parapetos, avanzan al tiempo que hacen un nutridísimo fuego. El camino es corto, pero la ascensión, bajo las descargas del enemigo, es dura y lenta.
Una bala mata al caballo que monta el teniente, pero ni aun así consiguen abatirlo. El teniente. pie a tierra, sigue mandando su sección, les sigue animando, hay que continuar la progresión...
La pérdida de sangre le va debilitando poco a poco, ya ha transcurrido media hora desde que lo hirieron.
— ¡Otro empujón y estamos arriba! —les grita sin fuerzas.
Una nueva herida le derriba en tierra, esta vez le han dado en la rodilla derecha. Casi sin fuerzas sigue arengando a sus hombres y su ejemplo les enardece de tal forma que, superándose, luchan con más energía y deben la cima de la meseta y proteger a su teniente  demostrándose que ellos también tienen valor.
El teniente fue recogido casi exánime pero la misión había sido cumplida, habían tomado el alto de Mahara. La sangre del teniente del Real Bienert regó la cima de la meseta Mahara. España rubricaba así su amistad con las Cabilas del Kull. Por esta acción, que le costó la amputación de la pierna por el tercio medio del muslo, le fue concedida la Cruz de segunda clase de la Real y Militar Orden de San Fernando.
El teniente del Real había nacido en Toro (Zamora) en 1889. Hijo de militar, ingresó en la Academia de Infantería a los 19 años. No esperó a ser oficial para intervenir en acciones de guerra, ya que en el verano de 1909 participó en los combates que ocurrieron en Melilla, mereciendo su destacada actuación una Cruz roja al Mérito Militar, como ya he dicho antes.
Al terminar sus estudios en 1911 sintió la llamada de África y se incorporó al Regimiento Ceuta, con el que muy pronto entró en operaciones. Al año siguiente consiguió ser destinado a la Milicia Voluntaria de Ceuta, en cuyas filas fue recompensado por su heroísmo en el Monte Mahara con la Cruz Laureada de San Fernando y el ascenso a capitán.. 
No pudo continuar su carrera militar, pues las heridas recibidas le hicieron perder la pierna izquierda, por lo que hubo de dejar las unidades de moros e ingresar en el Cuerpo de Inválidos, alcanzando el empleo de teniente coronel en 1924, el de coronel en 1928 y el de general de brigada en 1931. Falleció en Ceuta en 1944.

Unidades del Ejército Colonial Español en África: Las Harkas

Miembros de una harka amiga
exploran el terreno
Durante la época del ejército colonial en África, las harkas fueron unas unidades que jugaron un papel muy importante. Se originaron como unidades de cobertura que se destacaban a vanguardia de las tropas regulares con el objetivo de descubrir y fijar al enemigo en sus posiciones para posteriormente dar paso a las fuerzas de cCabila, para actuar en una campaña determinada y que se desmovilizan al acabar la misma.
ombate. Eran fuerzas que se reclutaban entre los miembros de una misma
Aunque eran unas fuerzas de escasa consistencia, ejercieron una gran labor especialmente durante las razzias en las que se las destacaba a los poblados como acción previa a la operación de las unidades regulares. A pesar de esto, los gastos que ocasionaba su mantenimiento no eran suficientes para justificar su rendimiento.
La harka amiga en los montes de Beni Ulixek
Las harkas se organizaban en torno a los kadies. Sus componentes eran todos marroquíes, aunque se encuadraban con oficiales y suboficiales españoles. Eran fuerzas muy aptas para la guerra en Marruecos, pero mal instruidas y mal armadas, sus miembros iban armados sólo con fusiles y en ocasiones con granadas de mano. Poco o escasamente disciplinadas, con el tiempo al mando de sus jefes españoles y marroquíes fueron tan eficaces que incluso actuaron como tropas de choque en el desembarco de Alhucemas.
Como decía el comandante Francisco del Rosal,  Jefe de la Harka de Larache:
 “Había que tener en cuenta, esos momentos, la idiosincrasia de los combatientes moros, acostumbrados desde pequeños al sistema de caudillaje, por el que siguen a un líder, al principio por respeto y después por admiración, y que al no estar mandados permanentemente por los mismos oficiales y no ser su operativa regular hacía de estas unidades un verdadero desastre a la hora de tomar parte en las operaciones. Normalmente no se llegaba a reunir a más la mitad de la plantilla para intervenir en una operación”.
Un grupo de de harqueños amigos
con la bandera española para
evitar confundidos con el enemigo
Las primeras harkas que combatieran a favor de España de las que se tiene noticia fue las que lo hicieron en la Campaña del Kert de 1911: las del Zoco El Hach de Beni-Sicar, Beni-Sidel y Beni-Bu-Gafar, mandadas por los prestigiosos kaídes Abd-El-Kader, Butie y Mizzian.
El comandante del Rosal, en la Revista de Tropas Coloniales de abril de 1926, decía de las primeras harkas que:
“Las antiguas eran contingentes que se enviaban delante de las tropas organizadas, que descubrían al enemigo y lo fijaban, dando paso a las unidades regulares, volviendo a actuar en las razzias, dirigiéndose contra los poblados enemigos pero protegidas por unidades regulares. Eso no obstante, no tenían disciplina, mal armadas, con mala recluta y organización y sin continuidad, lo que hacía que no se pudiera esperar de ellas que alcanzasen grandes logros”.
Esta situación obligó a modificar su estructura, organización y empleo de una manera radical. Se estructuraron y organizaron, igual que el resto de las fuerzas regulares, en torno a Tabores, se las somete a una perfecta instrucción de combate y se les reduce notablemente la impedimenta con lo que se convierten en unas unidades sólidas, disciplinadas  y muy maniobreras. Se las dota de un mando permanente, con los mismos oficiales y aunque siguen conservando su cometido original de fuerzas de cobertura, ya están preparadas de modo eficaz para el combate y pueden ser empleadas en cualquier parte del territorio como demostraron en Alhucemas.
En los periodos de paz, realizaban igualmente una importante labor. Se desplegaban por todo el territorio en Mías, preparaban emboscadas, taponaban los caminos de acceso del enemigo, sorprendían convoyes y salían siempre al paso del enemigo y realizaban la seguridad de las Cabilas a las que están adscritas, dándolas un apoyo real y efectivo. También realizaban incursiones en el territorio enemigo, sembrando la alarma en ellos, ya sea en pequeñas partidas de tipo sección, o bien agrupadas en Mías o Tabores, cuando el objetivo era más difícil.
Harkeño parapetado tras un muro armado con un fusil 

En un principio eran conocidas por los nombres de las Cabilas en las que se reclutaban, o bien por los de sus jefes, ya fuesen marroquíes o españoles, y algunas recibieron el nombre de la región en las que se las reclutaba.

Las harkas

En 1919 en la zona de Larache se crean las de los kaídes Metugi con 100 hombres y la de Guelagui, con 50. En julio de 1921 existían como tales la de Alcázar, con 146 hombres y la del kaid Melali con 346.
En 1921 en la zona de Melilla el general Fernández Silvestre, en sus intentos de aprovisionar la posición de Igueriben, utiliza a la Policía Indígena, a los Regulares y a las harkas amigas de Beni-Said, al mando de Kadur Amar y la de M'Talza, mandada por Burrahay, que forman la vanguardia, pero pese al esfuerzo empleado y debido a las bajas sufridas, no consiguen llevar a la posición las provisiones. Un superviviente relata: «las harkas amigas, que iban en vanguardia, han sido deshechas y ha necesitado la Policía reemplazarlas». Abd-El-Kader, de la cábila de Beni-Sicar, que actúa en vanguardia. A la de lguerman se le añade la de Frajana, a las órdenes de Aomar Abellen, formando ambas parte de la columna del coronel Riquelme, que está compuesta por indígenas de Regulares, Policía y harkas. El 22 de noviembre intervienen en la ocupación sucesiva de Yazanen y Ras Medua, pasando a ser conocidas con el nombre de Idalas. Al poco tiempo se les unió la Idala de Beni-Sidel, mandada por El Aurachi. Estas unidades indígenas fueron felicitadas en repetidas ocasiones.
El comandante López Bravo con un grupo de beniurriagueles de su harka,
entre ellos, el kaid Alux
En octubre del mismo año, en la ocupación de Taxuda, interviene la harka amiga de
En 1922 en la zona de Afrau actúa en favor de España la de Beni-Said, al mando de uno de los kaides que siempre fue fiel a España: Mohamed Ben Amar Uchen y en la zona de Afsó se utilizan las de Ulad Settut y Beni Bu Yahi, con un total de 150 hombres.
Entre las más famosas mandadas por kaides indígenas estaba la de Abdelmalek, que siempre se mantuvo fiel a España, murió en combate en 1923 en Midar y fue enterrado en Tetuán con la presencia de las primeras autoridades marroquíes y españolas. Otra famosa fue la de Soliman el Jatabi, primo del cabecilla Abd El Krim, de la belicosa tribu de los Beni Urriaguel.
Un grupo de harqueños escoltan la bandera
española durante los combates en
Melilla en 1921
Entre las mandadas por españoles destacan la de Muñoz Grandes, que se formó con supervivientes de la de Abdelmalek, las de Varela, Martínez Zaldívar, López Bravo o la de Capaz. La de éste último en junio de 1926, compuesta por 1000 indígenas, divididos en Tabores, Mías e Idalas, partió del Rif central y atravesando el territorio enemigo ocupó todas las antiguas posiciones españolas de la costa de Uad-Lau y uniéndose a la de López Bravo, compuesta por 1000 beniurriagueles, siguieron el cauce del Lau hasta llegar a Xauen, ocupando la ciudad y las antiguas posiciones que la circundaban y defendían.
La de Varela contaba con unos efectivos de 850 marroquíes, de ellos 120 a caballo, con los que se constituyen seis Mías de infantería y una de caballería. Los mandos indígenas son un kaid de Tabor y seis de Mía y en cada una de éstas hay tres sargentos y seis cabos, todos indígenas, veteranos de Regulares o Mehal-las. En 1925 consta de seis Mías de infantería, agrupadas en dos Tabores y reciben reclutas de la zona de Larache y de la Cabila de Abdelmalek. Interviene en vanguardia en el desembarco de Alhucemas. En 1925 sus efectivos ascendían a 858 indígenas, de ellos 8 kaídes y 40 españoles. Entre 1924 y 1927 mueren 6 oficiales españoles y 3 marroquíes, corriendo igual suerte 255 harqueños y resultan heridos 8 kaídes y 703 harqueños.
Maimón Yaador, harqueño
al servicio de España
La harka de Tetuán, que llegó a contar con cuatro Tabores mixtos de infantería y caballería, con una plantilla en 1925 de 1213 indígenas, de ellos 13 kaídes y solo 57 españoles. La de Larache contó con dos Tabores mixtos con 607 indígenas, de ellos 7 kaídes y 37 españoles.
La harka de Beni Urriaguel intervino en la pacificación de la zona del Rif, se amplió con la Solimán El Jatabi, y llegó a disponer de 7 Mías, mandadas por kaídes rifeños. Amar Uchen siguió mandando la de los Beni Said y entre octubre de 1926 y octubre de 1927, se utilizaron diversas Mías de las Cabilas de Tensaman, Beni Ulixech, Guelaia, Beni Tuzin y Beni Buyahi, cada una mandada por un kaid de Mía, que tenía a sus órdenes un kaíd por cada 25 hombres.

También existieron otras harkas auxiliares de pocos efectivos que se utilizaron según las necesidades de las campañas. Otras se utilizaron para crear Mehal-las, como la harka del Amalato del Rif. Al finalizar las campañas, muchos de sus componentes pasaron a las Mehal-las y a las Mehaznías.


Cuatro de los oficiales españoles de las harkas se hicieron merecedores de la Cruz Laureada de San Fernando a título individual y diez a la Medalla Militar Individual.

viernes, 2 de agosto de 2013

El Castillo de San Felipe, la defensa de la Ría de Ferrol

Puerta de entrada al Patio de Armas
El Castillo de San Felipe es una fortaleza defensiva del siglo XVI ubicado en la ría de Ferrol que junto al Castillo de La Palma y al Castillo de San Martin defienden la entrada de la ría de Ferrol formando el llamado triángulo de fuego para la defensa de la Ría. Este sistema defensivo se planteó ante la necesidad de resguardo y aprovisionamiento para las Armadas de los Reyes de la Casa de Austria y permitió una defensa capaz de proteger las instalaciones militares ante previsibles ataques enemigos, tanto por tierra como por mar, ya que los castillos formaban un peligroso e insuperable triángulo de fuego. Permitían, además, la colocación de una cadena tendida entre el Castillo de San Felipe y el de San Martín que impediría la entrada de tropas enemigas.
Defensas del Castillo de San Felipe dominando la entrada a la Ría de Ferrol
Garita de vigilancia
Estas fortificaciones dieron probada muestra de su valor estratégico y disuasorio en varias ocasiones, así en 1693, durante el ataque del Almirante Henri D´Escobleau de Sourdis a la Base Naval ferrolana, las fuerzas francesas fueron rechazadas con facilidad. Igualmente el 26 de agosto de 1800 se produjo el ataque inglés, al mando del general Pultney, desembarcando las tropas inglesas en las playas de Doniños y San Jorge con el objetivo de arrasar el Arsenal de la Marina y fueron sucesivamente rechazadas desde el Castillo de San Felipe, retirándose a los Altos de Brión, donde culminó la victoria española.

El Castillo fue construido en 1589 por iniciativa del rey Felipe II, a quien debe su nombre, sufriendo sucesivos cambios hasta el siglo XVIII en que adopta la actual disposición. Tiene planta en punta de flecha y dirigía hacia el mar una doble línea de fuego organizada en dos pisos, proyectando hacia su frente de tierra un gran hornabeque, que se formaba en base a dos muros largos unidos por un frente de baluartes y una cortina intermedia. Fue sufriendo sucesivas reformas
Plano del Castillo
en su estructura entre 1731 y 1775, según diseños concebidos por los ingenieros Francisco Montaigú, Juan de la Ferrière y Juan Vergel. En el siglo XVIII era considerado un ejemplo de “batería abaluartada”, gracias a que por una parte, disponía de una zona con baterías de cañones dirigidos al mar, complementada con las de los castillos de La Palma y de San Martín; y por la otra, contaría con un sistema de baluartes o muros salientes cubriendo los flancos de las cortinas o muros frontales, pensada para rechazar también los ataques por tierra.


Patio de Armas
Para entrar en él se cruza el foso que rodea al castillo y se accede por la puerta principal, tras cruzar el puente levadizo. Pasado el Cuerpo de Guardia se accede a una plaza con cuatro accesos en cuyo frente se encuentra la zona más antigua  donde se sitúan las baterías y otros edificios de apoyo y almacenamiento de municiones. Interesante es la entrada monumental que da acceso a la plaza de armas, de construcción muy sencilla, presidida por un arco central, de fábrica lisa coronada por una forma curva airosa y monumental. Sobre su arco de entrada debió estar previsto el engaste de un escudo real.
Castillo de La Palma visto desde el Castillo de San Felipe


Agustina Zaragoza Domenech: "Agustina de Aragón"

Agustina de Aragón de
Ferrer Dalmau.2012
Otro de los personajes ilustres de nuestro ejército fue la ya famosa “Agustina de Aragón”, la más conocida de las heroínas de los sitios durante la Guerra de la Independencia, aquí os pongo un extracto de su historia:
En la mañana del día 2 de Julio de 1606, se hallaba Agustina haciendo las faenas propias de una humilde ama de casa, cuando un espantoso ruido, producido por una explosión de granada de cañón, hace trepidar la casa. Se asomó a la calle y pudo ver como los zaragozanos corrían para acudir a defender las entradas de la capital, prorrumpiendo en ensordecedores ¡Vivas! a España y a Fernando VII.
Estampa de Juan Gálvez y
Fernando Bambilla, publicada
en Cádiz en 1812-13
Su marido, Sargento segundo de Artillería, participaba en la defensa del Portillo de San Agustín, Agustina se lanza a la calle y pronto se une a un grupo de hombres que se dirigen al Portillo. Llega rápidamente y busca a su esposo, al que no ve por ningún lado, pues la atmósfera es casi irrespirable por el humo de la pólvora y el polvo de los cascotes que se desmoronan bajo la metralla. Un artillero surge entre los heridos y cuando va a aproximar la mecha a un cañón, cae abatido por las balas francesas, con lo que el enemigo pone el pie en las barricadas del Portillo.

Agustina, enardecida por una fuerza extraña y sobrenatural, se lanza sobre el artillero moribundo, le arranca de sus manos la mecha y al grito de ¡VIVA ESPANA' la aplica al cañón. La descarga hace verdaderos estragos en las filas de los sitiadores.
Animados por su acto, resurgen en las balerías algunos soldados heridos a los que se unieron paisanos que se hallaban parapetados por las calles próximas. Agustina, cada vez más enardecida, los arenga y anima a reanudar la pelea con mayor ardor. Vuelto a cargar el cañón, lo dispara de nuevo cuando los franceses ya empiezan a retroceder.
Agustina vestida con su  uniforme
de Infantería. Cuadro de José Antonio Márquez
El General Palafox, que manda las fuerzas de la Plaza, enterado del hecho ordenó que llevasen a su presencia a la heroica joven, pero ella contestó al emisario: "Agustina Zaragoza no abandonará su puesto mientras la batalla continúe". El General, al recibir tal respuesta, se presenta en el Portillo con su Estado Mayor y queda admirado ante la escena, en donde la figura principal es una mujer, a la que desde entonces se conocerá como "La Artillera".
Al terminar el combare, Palafox cogió las jinetas de un Sargento muerto y las colocó sobre los hombros de la heroica Agustina "cuya honrosa misión había representado tan dignamente", además de concederle el Escudo de Defensor de la Patria y la Cruz de Distinción del Primer Sitio de Zaragoza.
La Junta Central de Defensa, en nombre del Rey Fernando VII, por su resolución de 30 de Agosto de 1809, concedió a Dña. Agustina Zaragoza Doménech el grado de Subteniente Honorario de infantería con goce de haber, en atención a los extraordinarios méritos y heroica actuación en la jornada del 2 de Julio de 1808 defendiendo a la Patria durante el Primer Sitio de la Inmortal ciudad de Zaragoza.
Durante el Segundo Sitio de Zaragoza, Agustina ocupó siempre puesto distinguido entre los defensores, realizando prodigios de valor en la balería de la Puerta del Carmen, cuyos primeros disparos fueron hechos por su propia mano en el intento de reconquista del convenlo de la Trinidad Descalza, y en las salidas que pocos días después hicieran los sitiados.
Al entrar en Zaragoza las huestes de Napoleón, Agustina fue herida, logrando refugiarse en el convenlo de la comunidad agustina en unión de su marido, que también estaba herido de cierta importancia. Allí fueron hechos prisioneros y conducidos a Francia, donde su marido consigue la libertad y ella logra evadirse regresando a España tras un calvario de hambre, frio y miseria.
Ya en España, se presenta en Tortosa al General Jefe de aquel Cantón, siendo rápidamente destinada a una batería y tomando parle activa en la defensa de la ciudad. Rendida Tortosa, fue hecha prisionera por segunda vez, pero con motivo de un canje recobra la libertad incorporándose al Ejército del Norte, con el que asiste a la decisiva batalla de Viloria.
Murió en Ceuta el 29 de Mayo de 1857 a los 71 años de edad, víctima de una afección pulmonar,  siendo amortajada con su uniforme. En 1870 se trasladaron sus restos a Zaragoza, rindiendo al cadáver honores de Capitán General siendo depositado en el templo de Nuestra Señora del Pilar.
Monumento a las Heroínas de los Sitios en la Plaza del Portillo de Zaragoza
. Obra del escultor Mariano Benlliure. 1908


Desde el 14 de junio de 1908, sus restos descansan en la capilla de la Anunciación de la Iglesia de Nuestra Señora del Portillo, muy cerca del lugar donde tan valientemente había luchado durante la Guerra de la Independencia, donde son venerados como los de una gran heroína que con valor y decisión repelió las adversidades. Se la considera como uno de los símbolos más representativos de la resistencia española contra los invasores napoleónicos.