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viernes, 28 de febrero de 2014

Los últimos templarios de la Corona de Aragón

Caballero templario
Los caballeros de la Orden de Temple siempre han estado rodeados de leyendas aunque no siempre ajustadas a la realidad y que han difuminado la historia real de una Orden Militar que tuvo un gran poder en la Europa Medieval que luchaba contra el Islam.

En el año 2009 se cumplieron 700 años de la caída del Castillo de Monzón, último reducto templario de la Corona de Aragón, y su historia, rodeada de misterio, sigue atrayendo a muchísima gente.

La Orden del Temple se fundó en el año 1118 para proteger a los peregrinos en Tierra Santa. Nueve fueron los primeros caballeros templarios que se denominaron “Pobres caballeros de Cristo” y que forjaron el espíritu religioso, austero y caballeresco que de los definiría durante los dos siglos de su existencia.

Sobre estos comienzos poco se sabe, lo que ha motivado su imagen legendaria, y casi desde entonces se les ha relacionado como como los custodios del Santo Grial que habían encontrado entre las ruinas del templo de Salomón en Jerusalén. El Grial, la copa en la que bebió Jesucristo en la última cena, les daría fama, riqueza y poder lo que ayudaría a su fulgurante expansión por toda Europa.
Equipo de un templario

Pero no fue el Santo Grial quien les dio poder, quien de verdad se lo dio fue el testamento del rey aragonés Alfonso I, el Batallador, quien, al morir sin descendencia, dejó todas las tierras del reino a las Órdenes Militares: Templarios, Hospitalarios y Santo Sepulcro de Jerusalén. Aunque el reino finalmente pasó a manos de su hermano Ramiro II, el Monje, los templarios recibieron a cambio tierras y adquirieron un gran protagonismo siendo un pilar importante en la lucha contra el Islam y participando tanto en las cruzadas como en la Reconquista española como financiando campañas militares.

En agradecimiento, los reyes aragoneses entregaban a los templarios tierras, quienes rápidamente se extendieron por todo el reino. La primera “encomienda” que recibieron fue la de Novillas. Con las tierras obtenían grandes cantidades de dinero que prestaban a monarcas y caballeros que querían participar en las cruzadas, lo que les proporcionó tal grado de poder que pronto serían considerados como una amenaza para los nobles europeos.
Localizaciones templarios en la Corona de Aragón
En 1213 los templarios se niegan a ayudar al rey Pedro II de Aragón en su lucha contra los cruzados que arrasaban el midi francés. La Orden muestra su fuerza al mantener su obediencia al Papa frente a los intereses del monarca aragonés. En 1285 Pedro III conquista Sicilia con la ayuda templaria.
Sello de los Templarios

La caída de los templarios se produce a raíz de la crisis económica que sufre Francia y su rey Felipe IV tenía grandes deudas con el Temple y consigue en 1307 que el Papa disuelva la Orden acusándola de herejía. Unos 20000 templarios fueron asesinados en Francia en una sola noche. Fueron terriblemente torturados y al final el rey francés consiguió que el Papa Clemente V aboliese la Orden definitivamente en 1312.

Por su parte, el rey aragonés Jaime II se opone a la decisión papal aunque al final, en 1308, tiene que ceder a la presión papal y entregar a los últimos templarios que resistían heroicamente en Cantavieja, Castellote y Monzón. Cuando los caballeros del rey Jaime fueron a presarlos contestaron que “antes de ser infamados como herejes, moriremos en nuestros castillos como santos cristianos”. La primera fortaleza en caer fue Cantavieja, a continuación Castellote y por último Monzón que fue el último reducto templario en Aragón.

En Monzón, la población los defendía y les suministraba víveres por los pasadizos del castillo. Cuando fueron asediados por las tropas del rey, había dentro del castillo 40 templarios y 12 lugareños que se defendieron ferozmente hasta que capitularon el 24 de mayo de 1309. El apoyo popular y su cercanía al rey les permitieron, en el Concilio de Tarragona de 1312, ser absueltos y no ser quemados en la hoguera, pero ya no se volvería a empuñar el escudo con la cruz roja. La Orden había llegado a su final.

El último templario de la Corona de Aragón del que se tiene constancia documental fue Berenguer Descoll, que pertenecía a la encomienda de El Mas Deu y fue el más longevo de los que sobrevivieron al proceso y al juicio. Se sabe que terminó sus días en la encomienda de Amposta. Hay datos documentales sobre él hasta 1344.

Falsas acusaciones han acompañado siempre a los templarios lo que les ha dado siempre ese halo misterioso que tanto atrae a la gente.


domingo, 9 de febrero de 2014

Los Orígenes de la Inquisición en España

Tribunal de la Inquisición Española
La Inquisición no fue un invento español. Fue creada por el papado, en 1233, contra la herejía albigense en el sur de Francia, de donde pasó luego a España. Esta primitiva Inquisición dependía del Papa y de los obispos y ya a fines del siglo XV estaba prácticamente extinguida.

La Inquisición española difería de la Inquisición papal tanto por sus orígenes como por su organización. En el siglo XV ninguna herejía se había difundido con fuerza en España y nadie intentaba establecer un nuevo credo. La Inquisición española fue creada para ocuparse de los judíos conversos, algunos de los cuales se distinguieron por su encarnizamiento contra sus antiguos correligionarios, como el franciscano Alonso de Espina y el jerónimo Alonso de Oropesa. El propio fray Tomás de Torquemada, primer inquisidor general de Castilla y Aragón, era probablemente de estirpe conversa, aunque no está del todo claro.

Fray Tomás de Torquemada,
primer inquisidor general
de Castilla y Aragón
Durante la Edad Media los judíos habían conseguido un extraordinario progreso, situándose en posiciones clave tanto de la vida política como económica del país, llegando incluso a ocupar cargos en el Consejo Real. Sus relaciones con los cristianos, amistosas durante mucho tiempo, se deterioraron en la segunda mitad del siglo XIV, pues en un período de fuerte depresión económica, su excepcional buena fortuna engendró resentimientos que dejaron paso al odio y que estallaron en actos de violencia, como las masacres de 1391. Para salvar sus vidas y sus fortunas, muchos judíos, sobre todo en Andalucía, aceptaron el cristianismo.

Estos judíos conversos, con la protección de su nueva religión realizaron aún mayores progresos, pues podían acceder tanto a la Iglesia como al Estado, y en los ámbitos llegaron a ocupar puestos de responsabilidad. Sin embargo, dado que la conversión al cristianismo había sido fingida en muchos casos, se sabía o se sospechaba que continuaban practicando en secreto la religión judía. Así pues, las razones decisivas de la creación de la Inquisición en España fueron el temor a la apostasía de los judaizantes y la convicción de que la Iglesia y el Estado estaban siendo socavados desde dentro. Los Reyes Católicos estaban dispuestos a utilizar la fuerza para conseguir la unidad religiosa y se veían presionados para ello por grupos poderosos de cristianos viejos, especialmente el clero y la aristocracia.
Sixto IV. El papa que otorgó la
bula para  creación de la
Inquisición en España

El máximo inspirador de la Inquisición en España fue el prior de la comunidad dominica de Sevilla, Alonso de Hojeda, quien denunció la existencia de numerosos grupos de conversos que, supuestamente, judaizaban. Pero la ofensiva de los dominicos se alimentaba del antisemitismo de las masas. Artesanos, comerciantes, trabajadores, numerosos cristianos viejos de las clases menos favorecidas envidiaban el éxito material y social de los judíos y conversos, su posición como financieros de la Corona, su talento como científicos y hombres de profesiones liberales y sus vínculos matrimoniales con la nobleza, y los acusaban de falsos conversos. Tanto es así, que la primera generación de familiares de la Inquisición se reclutó entre los sectores populares más que entre las clases sociales más elevadas.

Bula papal de Sixto IV
Pero la Corona tenía otros motivos además del religioso. Si bien es cierto que la Inquisición no se creó con el único motivo de despojar a los conversos de sus bienes, este motivo no estuvo ausente en los cálculos oficiales. Las finanzas de la corona estaban en situación de crisis en ese momento, por tanto, quienes aconsejaron la confiscación de las propiedades de los conversos fueron convenientemente escuchados, si bien los reyes no actuaron durante un tiempo, pues estaban totalmente ocupados en la tarea de asentar su autoridad y sólo podía intervenir esporádicamente. Durante ese período, el papa Sixto IV trató de introducir la Inquisición papal, pero sin éxito, pues Fernando e Isabel estaban firmemente decididos a limitar, más que a ampliar, las oportunidades para la intervención de Roma.


La bula de Sixto IV autorizando el establecimiento de la Inquisición se expidió el 1 de noviembre de 1478; dos años después llegaron a Sevilla los primeros inquisidores y en 1481 se celebró en dicha ciudad el primer auto de fe.

Escudo de la Inquisición
La Inquisición española fue creada con el rango de un Consejo de Estado, el Consejo de la Suprema y General Inquisición, con jurisdicción sobre todos los asuntos relacionados con la herejía. Para asegurar el control real sobre la nueva institución y excluir el del Papa, los RR.CC. crearon un nuevo cargo, inexistente en la Inquisición medieval, el inquisidor general, máxima figura de la institución y cuyo nombramiento correspondía exclusivamente a la Corona, al igual que el de los funcionarios subordinados, aunque en la práctica estos últimos eran designados por el inquisidor general y por la Suprema. Ésta, nombrada también por la Corona, estaba formada por seis miembros, entre los que se incluían representantes de la orden de los dominicos y del Consejo de Castilla. La Suprema conocía las apelaciones de los tribunales locales y controlaba la administración financiera de la Inquisición, sus propiedades y los procedimientos de sus confiscaciones, cuyos beneficios iban a parar al tesoro real. Los tribunales provinciales estaban formados por dos o tres inquisidores, asistidos por numerosos personal auxiliar, administrativo y subalterno.

Sobre la Inquisición hay una leyenda negra sobre sus métodos
de actuación y las torturas a que sometían a los detenidos
En los asuntos de herejía, la Inquisición tenía jurisdicción sobre toda la población secular y sobre todo el clero –aunque no sobre los obispos-, quedando excluidos todos los demás tribunales. Sus sentencias eran inapelables, incluso ante el Papa, pues estaba subordinada a la autoridad real. Uno de los rasgos más peculiares, pues, de la Inquisición española era la combinación de la autoridad espiritual de la Iglesia con el poder temporal de la Corona.

Unidades del Ejército Colonial Español en África: La Policía Indígena

Policías Indígenas. Portada de
la Revista Blanco y Negro
(Noviembre de 1921)
Continuamos con las Unidades indígenas del Ejercito español en Marruecos. Una unidad policial creada en el Protectorado que probablemente tuvo luces y sombras por igual.

LA POLICÍA INDÍGENA

Al ocuparse en 1908 la cabila de Quebdana, limítrofe con Melilla, se crea la Policía Indígena, con dos núcleos de fuerza, uno en Cabo de Agua y otro en La Restinga. Por R.O. de 31 de diciembre de 1909, en la cabila de Guelaya se crean tres Mías o Compañías a pie y la primitiva se convierte en mixta a pie y a caballo.

Askari de Policía Indígena
En la campaña del Kert de 1911, son empleadas las mismas, en unión de harkas amigas y por R.D. de 5 de enero de 1912, se crea en Melilla la Subinspección de Tropas y Asuntos Indígenas, organizándose la Policía en las Mías nº 1 de Quebdana, nº 2 de Mazuza, nº 3 de Beni-Sicar, nº 4 de Beni-Bu-lfrur, nº 5 de Beni-Bu-Gafar y nº 6 de Beni-Sidel, según la cabila en la que prestaban sus servicios. El total de la plantilla indígena se elevaba a 8 oficiales (kaídes), 30 sargentos (mokaden), 60 cabos (maunin) y 565 policías (askaris).


Un oficial español interroga a miembros marroquíes
de la Policía Indígena en 1925
Entre 1910 y 1912 en la parte occidental del Protectorado se crean una serie de Tabores de Policía Marroquí, con oficiales y suboficiales españoles, recibiendo los nombres de Tánger, Tetuán, Larache y Casablanca, los cuales, el 25 de abril de 1913, son reorganizados en una Plana Mayor, dos Mías a pie y una a caballo. En cada uno habría de indígenas tres oficiales, diez sargentos, veintitrés cabos, seis cornetas y trompetas, veinte policías de primera y ciento noventa y dos de segunda, recibiendo los nombres de Tetuán, Larache, Alcazarquivir y Arcila. Dos meses antes en la zona de Melilla se creó la 7ª Mía. Por Circular de 31 de julio de 1914, se indica que las misiones de la Policía serán tanto policiales como militares y en Melilla se crean otras dos Mías, mientras que en la zona de Ceuta se crean las de Condesa y Tetuán y en la de Larache las de Larache, Alcázar y Arcila, al desaparecer los tabores de Policía de dichos nombres.
Miembros de una Mía de Policía Indígena

A medida que aumenta la zona de influencia española las Mías de Ceuta se amplían a seis y en Melilla, en 1917, se crea la 10º Mía en Ras Tikermin y en la zona de Larache, lo hacen otras tres. Por Circular de 24 de septiembre de 1919 en Larache se crea la 9ª y en Melilla la 13ª, clasificándose todas como de «Contacto», en misiones de vanguardia y primera línea; de «Retaguardia», las  de las zonas más seguras, y las de «Apoyo», para ser utilizadas indistintamente.
El 26 de noviembre se crea la de «Frontera» en la zona de Tánger y la 4ª de Ceuta se funde con las 5ª y 6ª de Larache, que pasan a depender de Ceuta. En total seis en Ceuta y seis en Larache. En 1920 en Larache se crean otras dos y en Melilla una más de «contacto», la 14ª.

En 1921 se crea en Melilla la 15ª y, en la zona de Xauen, una 7ª, dependiente de Ceuta, con lo que el número total de Mías de Policía Indígena en todo el Protectorado se eleva a 30. Con motivo del desastre de Annual, en la zona de Melilla desaparece la casi totalidad de dichas unidades debido a la muerte o deserción de sus componentes, si bien, como suele ocurrir en estos casos, queda un núcleo de fieles a España que servirán para la recreación de algunas Mías a medida que se va reocupando el terreno perdido y pueden reintegrarse los que desertaron por circunstancias familiares y personales.
Oficiales de Policía Indígena. La actuación reprobable de algunos de
estos mandos contribuyó a enajenarnos el respeto de los nativos
El 29 de noviembre, se recrea en Tetuán la Sección de Policía Indígena y dos días más tarde, a las órdenes del fidelísimo Abd-el-Kader, se crea en la cabila de Beni-Sicar el «Yaich» para vigilar la confederación de Guelaya en sus cinco cabilas y en la que sustituyen a la Policía Indígena.

Sus componentes, a los que se denomina majarines, van armados con carabina y una vara, el «yaich». Se forman en unidades por cada cabila, al mando cada una de ellas de un jalifa y como bandera enarbolan la marroquí con el anillo de Salomón y la media luna, en la que figura la inscripción «los leales de Guelaya» y en la parte superior un lazo con los colores de la bandera española.
Ocupación de Ras Medina. Policía Indígenas recogen armas y enseres