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lunes, 27 de abril de 2015

Guillem de Montredon. El Maestre del Castillo de Monzón

Guillen de Montredon
Los frailes templarios de Monzón forjaron una leyenda que discurre a través de 166 años. Tras los muros de su castillo almacenaron diezmos, ganaron guerras, resistieron asedios y educaron reyes.

Jaime I, rey de Aragón, fue educado en Monzón entre 1214 y 1217 por el maestre templario Guillem de Montredon, infanzón que llegó a la maestría por su coraje y su labor al lado de Pedro II. Tres años determinantes para su futuro. Adéntrate en el Homenaje que cada año los montisonenses celebramos en honor al maestre templario.

El Casal de Montredon
Guillem de Montredon nació en 1165 en el casal de Montredon, situado frente a la capilla de Santa María en el término de Taradell (Barcelona), en la comarca catalana de Osona, en el seno de una familia de la baja nobleza, vasallos de la poderosa casa Centelles. Era hijo de Guillem I de Montredon y de Guilleuma y era el segundo de cuatro hermanos.

Como hijo segundón estaba destinado a ingresar en las órdenes religiosas o en las órdenes militares. El 18 de agosto de 1203, con treintaiocho años, ingresa en la Orden del Temple. Su noble condición el proporciona buenos contactos en la corte del rey Pedro II, el Católico, que en 1207 le nombró comendador de Gardeny (LLeida), cargo que mantuvo hasta 1211 en que es nombrado comendador de Masdeu (Rosellón) y pasa a formar parte de la corte del rey Pedro II, al que acompañará en sus campañas militares, tomando parte en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212. No tomo parte en la Batalla de Muret de 1213, donde murió Pedro II ya que la regla templaria no les permitía luchar contra cristianos. Esto le salvó de la muerte.
Castillo templario de Monzón

En 1213 es nombrado Maestre de Aragón, Cataluña y Provenza. Su papel a partir de entonces será vital ya que se traslada a  Roma para reclamar al papa Inocencio III la entrega del infante Jaime, que se encontraba retenido por Simón IV de Montfort  en Carcassone, a los templarios.

En 1214 se sometió al legado papal Pietro di Benevento, siguiendo las Disposiciones del testamento de la madre del infante Jaime I de Aragón, el papa Inocencio III liberó al joven rey del cruzado francés y lo entregó a la Orden del Temple, siendo Guillem de Montredon su educador y protector en el castillo templario de Monzón.
Guillen de Montredon con el infante Jaime
en el Castillo de Monzón 
Allí estuvo el infante Jaime desde los seis a los nueve años, junto a su primo Ramón Berenguer de Provenza, de su misma edad, hasta que en 1217 un grupo de nobles aragoneses y catalanes pidieron su salida.
Plano del Castillo

En 1220 abandona el maestrazgo para convertirse en simple fraile, ocupando un destacado puesto en el consejo del rey Jaime I como Procurador General de las rentas reales en Cataluña. Ostentando este cargo le sobrevino la muerte en 1225.

El propio rey Jaime I en su crónica Llibre dels feyts, lo homenajeó por su lealtad con estas palabras:

“E hagueren acord, quan foren en Catalunya, qui ens nodriria. E acordaren-se tots que ens nodris lo maestre del Temple en Montsó: e son nom d’aquell maestre era Guillem de Mont-rodón qui era natural d’Osona, e mestre del Temple d’Aragó i en Catalunya”


Bibliografía:
http://www.monzontemplario.com/la-historia/guillem-de-mont-rodon-el-maestre.
http://kennisdoel.com/categories/onderwijs/guillem-de-montredon.php.
http://es.wikipedia.org/wiki/Guillem_de_Montredon.
http://www.auques.cat/tot.php?auca=mrodon.
http://www.mediterranees.net/moyen_age/templiers/montrodon.html.
Biografía de Jaime I de Aragón.

domingo, 5 de abril de 2015

Benedicto XIII, el Papa Luna. ¿Héroe o villano?

Benedicto XIII
De ilustre y noble familia, Pedro Martínez de Luna fue el segundo hijo de Juan Martínez II de Luna y María Pérez de Gotor. Nació en el castillo familiar de su madre en Illueca (Zaragoza) hacia 1328 y vivió 95 años.

Escudo de la familia Luna
El ser pequeño de talla y delgado de cuerpo no debió condicionarle su temprana afición a las letras, pues cuando fue preciso manejó la espada con la misma firmeza que la palabra. De acuerdo con la costumbre y la tradición, el segundón de los Luna y Pérez de Gotor hubo de encaminar su vida hacia los estudios y la carrera eclesiástica. Se instaló en la Universidad de Montpellier (incluida ya en los dominios del rey de Francia, aunque impregnada del espíritu aragonés), donde se especializó en derecho canónico y explicó decretales durante varios cursos.

El papado se había instalado en Aviñón, territorio independiente vigilado y controlado por la monarquía francesa. El rey Pedro IV de Aragón, que buscaba recuperar la influencia en la curia pontificia, nombra a Pedro de Luna cardenal. Por su prestigio y méritos, el papa Gregorio XI le designará cardenal diácono en 1376, pero se le conocerá como el cardenal de Aragón.

Dos años después, Gregorio XI traslada la curia a Roma. Junto al cardenal aragonés también gozaba de gran prestigio en la corte papal, Juan Fernández de Heredia, natural de Munébrega, consejero del pontífice, almirante de su escuadra y Gran Maestre de la Orden de Jerusalén.
Castillo de Illueca donde nació Pedro Martínez de Luna
A la muerte de Gregorio XI, su sucesión se presenta compleja y discutida dando lugar al Cisma de Occidente tras la elección consecutiva de dos papas: Urbano VI, que residirá en Roma y que poco después se considerará su elección ilegítima por haberse realizado bajo coacción; y Clemente VII, que fue nombrado nuevo pontífice y que residiría en Avigñón.

El cardenal Pedro Martínez de Luna desarrolló una intensa actividad recorriendo las cortes europeas para lograr el reconocimiento de Clemente VII como verdadero Papa. Tras la muerte de éste, el aragonés fue elegido como su sucesor.

Escudo Papal de Benedicto XIII
El 22 de septiembre de 1394, todos los cardenales de Aviñón se concordaron pro vía de escrutinio y eligieron al cardenal de Aragón como sumo pontífice con el nombre de Benedicto XIII; tenía 66 años y hacía el número 203 en la lista de sucesores de Pedro. Benedicto XIII tuvo que defender con argumentos jurídicos y con la fuerza los derechos de los que nunca dudó y a los que jamás renunció.

La ofensiva contra el Papa fue terrible: sus enemigos cercaron el palacio de Aviñón donde el pontífice permaneció encerrado durante cuatro años hasta que logró escapar con el apoyo del rey de Aragón. Entre 1403 y 1410 vuelve a ser un viajero infatigable. Si hasta entonces había dos papas, tras la elección del papa romano Bonifacio IX, hubo tres. Benedicto XIII trató de llegar a un acuerdo con el papa romano Inocencio VII, sustituto de Bonifacio IX, con el fin de defender sus derechos. Se pretendía conseguir la renuncia de Benedicto XIII que, con tenacidad, se negó siempre a ello (de ahí viene el dicho “seguir en sus XIII”).

El concilio de Pisa de 1409, que resultó un fracaso ya que se eligió a un tercer papa y se declaró a los dos papas reinantes como cismáticos y perjuros. Esta sentencia decía textualmente: 

Benedicto XIII, Clemente VII y Urbano VI
"Pedro de Luna (Benedicto XIII) y Angelo Corrario (Gregorio XII), herejes y cismáticos, quedan despojados de todas sus dignidades y excluidos de la comunión de la Iglesia y los fieles exonerados de su obediencia".

Anillo del Pescador del
Papa Luna
Sus más íntimos colaboradores iban muriendo, Fernández de Heredia, el obispo de Tarazona Pérez Calvillo, el duque de Orleáns y el rey Martín I el Humano, y otros lo abandonaban incapaces de seguir con firmeza.

El rey francés Carlos VI, apoyado por el clero y la Universidad de París, volvió a retirarle el apoyo y le conminó a renunciar al Papado. La respuesta de Benedicto XIII fue lanzar la excomunión a todo aquel que se opusiera a su causa.

Benedicto XIII, nunca se dio por vencido y nunca reconoció ser un antipapa sino un papa legítimo. Sus razones parecen ser muy lógicas: sostenía que si el Concilio de Pisa había condenado sin distinción a todos los papas elegidos desde el origen del cisma, entonces, había anulado todos sus actos y decretos, entre ellos, el nombramiento de cardenales, por lo que el único cardenal legítimo y con derecho a elegir papa era él, pues no había más supervivientes entre los cardenales anteriores a Urbano VI.
Castillo de Peñíscola donde murió Benedicto XIII
Así se defendió el Papa Luna al ser instado a renunciar, aunque su propuesta no fue aceptada:

“Renunciaré si lo deseáis. Mas en tal caso, renunciad ambos conmigo y, reunidos en cónclave, votemos nuevo papa. Mas sucede que yo soy el pontífice más antiguo y que soy el único cardenal vivo elevado a tal dignidad por el único papa cuya legalidad no es discutida: nuestro antecesor. Por tanto, siendo como soy el único cardenal ajeno a nuestros pontificados, sólo yo puedo salir elegido nuevo papa”.

Placa del Concilio de Constanza
Benedicto XIII propició la elección de un rey para Aragón en el Compromiso de Caspe, a favor de la candidatura de Fernando I de Antequera.

En 1417 el Concilio de Constanza puso fin y resolvió la sentencia contra él y lo depuso como Papa. Benedicto XIII se refugió en Peñíscola y ya ni siquiera Fernando I le apoyaría. Aislado en el castillo de Peñíscola, el Papa Luna permanecerá fiel a sus convicciones mientras se elige como nuevo Papa en Roma a Martín V quien le declara hereje y lo excomulga.

Pedro de Luna muere creyéndose el legítimo ocupante del solio pontificio, el 23 de noviembre de 1422. Su muerte no se hizo pública hasta mucho después cuando los cardenales que él había nombrado se repartieron el tensor pontificio. Para la historia eclesiástica romana, sencillamente fue un antipapa. En sus veintisiete años de pontificado, vio pasar a siete rivales por la silla pontificia. La prueba de su ilegitimidad nunca estuvo muy clara ya que el siguiente papa que eligió el nombre de Benedicto, fue en el 172 y optó por el número XIV, y sólo por la presión de los romanos, que nunca quisieron reconocer al Papa Luna, se vio forzado a tomar el nombre de Benedicto XIII.
Reproducción del Cráneo del Papa Luna

Su cadáver fue enterrado en un salón del castillo de Peñíscola, desde donde su sobrino, el capitán don Rodrigo, lo trasladó a la casa familiar de Illueca donde permaneció hasta la Guerra de Sucesión. A principios del siglo XVIII fue desenterrado y su cadáver arrojado a río Aranda, de dónde se rescató el cráneo y que fue a parar al palacio de Sabiñán.

En el año 2002 se recuperó el cráneo del Papa luna en un suceso rocambolesco que tuvo un buen final: la calavera del Papa Luna fue robada del palacio de los condes de Arguillo, en Sabiñán, por unos delincuentes que pretendían cobrar un rescate. Este fue el último capítulo de un hombre que tuvo una vida conflictiva y rodeada de altercados incluso en la tumba.


Castillo-Palacio del Papa Luna en Illueca. Zaragoza

Castillo-Palacio del Papa Luna
El Castillo-Palacio del Papa Luna se alza sobre un espolón rocoso que domina la población de Illueca y es aquí donde nació don Pedro Martínez de Luna, el único Papa aragonés, que ejerció con el nombre de Benedicto XIII y fue vulgarmente conocido como el Papa Luna.

La fortaleza, de planta rectangular alargada de 65x20 m, debió seguir una tipología muy similar a la del Castillo de Mesones. A lo largo de los siglos ha sido objeto de numerosas ampliaciones y reformas que han desfigurado su fisonomía medieval, el edificio mantiene esencialmente se volumen y estructura. En 1931 se declaró Monumento Nacional.
Plantas I y II del Castillo

En el monumento se diferencian tres grandes momentos constructivos:

1. Mudéjar.-  Hacia 1390 (siglo XIV).- Obras realizadas por Mahoma Ramí (artesonado de la sala Dorada y de la Alcoba). Muy vinculado al Papa Luna, trabajó en el Cimborrio de la Seo de Zaragoza, San Pedro Mártir de Calatayud y en otras iglesias de la comarca de Calatayud.
2. Renacentista.- Hacia 1550 (siglo XVI).- Pedro Martínez de Luna, Virrey de Aragón y primer Conde de Morata, que a imitación de las casas señoriales renacentistas del Coso zaragozano, le otorgó un aspecto más palaciego y modificó su aspecto exterior incorporando la galería de arquillos. En la portada, dispuesta entre dos columnas a modo de torrecillas que sobresalen por encima del edificio, encierra dos bases elevadas en las que se creyó que estuvieron los maceros de la Audiencia de Zaragoza. También posee decoración en relieve de grifos, cornucopias y guirnaldas, y dos balconadas superpuestas. Es una reminiscencia del Palacio Ducal de Urbino de Italia que sigue las líneas generales de espectacular portada del castillo-palacio de Castelnuovo de Nápoles erigida bajo la monarquía de Alfonso V el Magnánimo.
Portada

3. Barroco.-  A partir de 1665 (siglo XVII).- Francisco Sanz de Cortes, Marqués de Villaverde adquirió de Ana Polonia Martínez de Luna, todos sus señoríos iniciando unas reformas muy criticadas en su época por fastuosas; cubre la luna abierta con una cúpula sobre pechinas y dispone en ella una espectacular escalinata. Esta remodelación de dignificación del edificio le confirió su aspecto actual.

Escalera de acceso a la Planta Superior
Al principio el castillo-palacio perteneció a la baronía de Gotor, después a los Luna, una de las ocho grandes casas nobiliarias de Aragón, que disfrutaban del condado desde Pedro IV. En el siglo XVII pasó al Marquesado de Villaverde y, más tarde,  a los Bordiú Nava por línea de herencia, quienes lo cedieron al ayuntamiento con la condición de que fuera restaurado. En 1981 el Ayuntamiento de Illueca asume la propiedad del castillo y, un año después, comienza la labor de restauración y rehabilitación del edificio.

Sala Dorada
En el interior, una prolongada escalinata desemboca en lo que fuera en el siglo XIV un patio del castillo medieval descubierto a modo de luna que articulaba todas las salas del castillo. Entre las estancias mudéjares conservadas, construidas en la época de Benedicto XII destacan la gran Sala Dorada, que era el salón de protocolo y debe su nombre al color dorado de su techumbre, y la Sala de la Alcoba, lugar de nacimiento del Papa Luna, ambas cubiertas con  magníficos alfarjes o techumbres planas de madera policromada, con las armas de Benedicto XIII y decoradas en su parte alta con un friso gótico-mudéjar de círculos decorativos y arcos apuntados con tracerías en yeso policromado.
Biblioteca del Papa Luna
Otras salas que se destacan en el interior del palacio son: la Sala de la Corona de Aragón (Siglo XVII), recorrida con un friso de madera tallada, ornado con motivos vegetales y columnas barrocas torneadas, y la Sala del Mausoleo, con trabajos realizados en yeso policromado de gran esmero en los que sobresalen los símbolos heráldicos de los Luna, fechados entre los siglos XVI y XVII, en la que reposaron los restos del Papa Luna.


Fachada del Castillo de Illueca