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martes, 23 de julio de 2013

El Castillo de Argüeso

Castillo de Argüeso
No fue Cantabria tierra pródiga en  castillos o, al menos, no se han conservado. Sólo las villas marineras se dotaron de castillos para proteger sus puertos como Castro Urdiales, San Vicente de la Barquera y Santander, que no se conserva.
Un caso singular es el Castillo de San Vicente de Argüeso, que situado en lo alto de un cerro custodiaba el acceso a Castilla desde la costa a través del valle del Saja. Pertenece al término municipal de Hermandad de Campoo de Suso.
Se trata de una fortaleza de carácter militar y de estilo gótico, siendo la más antigua y destacada muestra de castillo roqueño de Cantabria. La unidad del conjunto está compuesta por dos torres, ligeramente desviadas para adaptarse a la topografía del terreno, construidas en los siglos XIII y XIV que presentan puertas en altura y ventanas con arcos trilobulados.
Plano del castillo

Ambas torres se encuentran unidas por un cuerpo central de tres plantas, construido en el siglo XV, con arcos ojivales, ventanas conopiales y matacanes ―parapeto de madera apoyado sobre ménsulas de piedra― uno orientado al norte y otro al sur con el objeto de defender los puntos más débiles del recinto. Esta garita estuvo custodiada por el cuerpo de guardia del castillo que vigilaba entradas y salidas y defendía la fortaleza con armas arrojadizas a través de saeteras y trampillas.
La barbacana cierra el castillo como si se tratara de una muralla de gran espesor que se alza sobre los riscos del terreno.
Torre 
El castillo de Argüeso era la fortaleza de la casa de Mendoza en las tierras altas de Campoo y  guarda relación con las luchas entre señores de fines de la Edad Media. Doña Leonor de la Vega, “la leona de Castilla”, habitó temporalmente el castillo defendiendo contra los Manrique de Lara.
Du hijo,  don Íñigo López de Mendoza, noble y literato, que merecerá el título de Marqués  de Santillana, fue desde el principio un miembro de la alta nobleza castellana como heredero de los linajes de la Vega, radicado en Asturias de Santillana, y de los Mendoza, con extensas posesiones en el centro de Castilla.
Puerta de acceso.
Vista interior
A su muerte en 1455 las tierras de Argüeso, como las de Santillana, pasan a su primogénito, Diego Hurtado de Mendoza, que alcanzará el título de Duque del Infantado. A éste le sucederá su hijo primogénito llamado Iñigo que porta de nuevo los títulos de II Duque del Infantado y Marqués de Santillana, a los que añade ya el de Marqués de Argüeso y Campoo.
El castillo será en adelante residencia del alcaide de la fortaleza y Justicia Mayor del Marquesado.
Los siglos que preceden a la construcción del castillo fueron tiempos de reconquista y repoblación, siglos de arte prerrománico y románico y sobre todo, siglos de necrópolis. Los restos materiales que quedan de aquellos tiempos como memoria histórica son fundamentalmente los enterramientos.
El castillo ha sido restaurado por el Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento de la Hermandad de Campoo de Suso respetando su estructura original. Es digno de mención el trabajo artesanal realizado sobre madera noble.

Salón principal
En las labores de restauración se comprobó que antes del castillo hubo en el lugar una ermita dedicada, según documentos de la época, a San Vicente Mártir. Los muros de la ermita se han encontrado en el sótano de la torre del sur. Alrededor de la ermita se generó una necrópolis en torno al siglo IX. La presencia de tumbas con forma de cista realizadas a base de lajas de piedra, recuerda la primitiva condición de camposanto que tuvo el lugar durante la Edad Media, antes de que el castillo se erigiese. Esta garita estuvo custodiada por el cuerpo de guardia del castillo que vigilaba entradas y salidas y defendía la fortaleza con armas arrojadizas a través de saeteras y trampillas.
Litografía del castillo de Argüeso

jueves, 4 de julio de 2013

El Teniente de Infantería Jacinto Ruiz de Mendoza, héroe del 2 de mayo

Grabado del Teniente Ruiz realizado
por Mariano Benlliure en 1891.
Museo del Ejército. Madrid
El Teniente Ruiz es otro de los Infantes ilustres que llenan de gloria y heroísmo al Ejército Español que tantas vidas ha dado en defensa de su patria. Tomó parte activa en los acontecimientos madrileños del 2 de mayo de 1808 siendo reconocido su valor y heroísmo junto a los Capitanes de Artillería Daoiz y Velarde. Este es un pequeño homenaje a su figura.

Postrado en el lecho, presa de violenta fiebre, yacía el Teniente Ruiz Mendoza en las primeras horas de la mañana del 2 de Mayo de 1808, cuando sonaron las primeras descargas en las calles de Madrid. Sin que le detenga lo precario de su estado, se viste de uniforme y se traslada con paso vacilante al Regimiento de Voluntarios del Estado, donde estaba destinado, y cuyo acuartelamiento se encontraba en la Calle Ancha de San Bernardo, muy cerca del Parque de Artillería.
Llega al Regimiento en el momento en que su Coronel, cediendo a las instancias del Capitán de Artillería D. Pedro Velarde y al deseo popular, se decide a enviar a la 3ª Compañía del 2º Batallón, al mando del Capitán D. Rafael Goicochea, para que se hiciera respetar dicho Parque, donde los franceses tenían establecida una fuerte guardia, bajo pretexto de custodiar algunos efectos que intencionadamente habían depositado allí, con objeto de apoderarse del Centro Militar en el momento que más les conviniera.
En aquella Compañía era Subalterno el valeroso Teniente Ruiz, siendo sus reducidos efectivos de treinta y ocho hombres, entre Oficiales, Cadetes, Sargentos, Cabos y Soldados.

Encontraron cerrada la puerta del Cuartel de Artillería y sólo practicable un postigo, custodiado por un artillero español, el cual mandó hacer alto. Detiene el Capitán Goicochea su Compañía y penetra en el Parque, seguido del Teniente Ruiz para notificar su llegada al Jefe del Establecimiento, encontrando en el patio al Capitán D. Luis Daoiz, que era en aquellos momentos el más caracterizado de los oficiales allí presentes. El insigne artillero sostenía dentro de sí una terrible lucha entre el deber y el patriotismo. Al cabo de un momento fija su resolución y rompiendo en pedazos la orden que tenía, desnuda su espada y manda franquear las puertas a las masas populares y a las exiguas fuerzas del Capitán Goicochea.
Monumento al Teniente Ruiz en la
Plaza del  Rey de Madrid.
Mariano Benlliure. 1891
Una vez dentro del Parque y tras desarmar y arrestar a la guardia francesa, son entregadas las armas a los paisanos, saliendo éstos, acto seguido, en busca del enemigo; logrando el Capitán Velarde retener a unos ochenta para reforzar la defensa del Centro.
Organizada la defensa, primera resistencia militar que encontraron los franceses en España, aquel puñado de valientes se disponía a medirse con los veteranos soldados de la División Lefranc que acantonada en San Bernardo, se acercaba por la Calle Ancha dispuesta a apoderarse del Parque.
En el fragor de los choques, el Teniente Ruiz recibe un balazo en el brazo izquierdo, en el cual se le ata fuertemente un pañuelo, y con este improvisado apósito vuelve a su puesto más enardecido si cabe, no cesando de dar voces de ¡fuego artilleros!
Lápidas frontal y posterior del Monumento al
Teniente Ruiz en la  Plaza del Rey de Madrid
El Capitán Daoiz que dirige la defensa y que se encuentra gravemente herido en una pierna, en vista de la superioridad aplastante del enemigo y ante la gran cantidad de heridos entre los defensores, intenta la capitulación, para lo cual penetra en el Parque el Jefe de las fuerzas francesas, quien olvidando la jerarquía y el estado en que se encontraba el heroico Capitán, habló a éste en tono desconsiderado a la par que vejatorio, y sin atender a razones mandó cargar de nuevo contra las ya escasas fuerzas que aún resistían en el interior del acuartelamiento.
Daoiz cae mortalmente herido y Velarde al acudir en auxilio de su compañero cae también abatido por certero disparo. Solamente el Teniente Ruiz, aunque maltrecho, sigue combatiendo heroicamente, hasta que un segundo balazo le atraviesa el pecho, cayendo a tierra casi exánime, y con él, el último baluarte de tan épica defensa.
Busto de Teniente Ruiz en su localidad natal,
Ceuta, en la plaza que lleva su nombre.
Confundido entre los muertos permaneció largo rato medio desangrado, hasta ser rescatado por sus soldados. Curado de sus heridas, se traslada contra todo pronóstico dada la gravedad de las mismas, hasta Badajoz a ocupar destino de Oficial en el Regimiento de la Guardia Walona, donde por su heroísmo es premiado con el grado honorífico de Teniente Coronel del Ejército.
Desde Badajoz se traslada a Trujillo, donde llega con la herida del pecho abierta, lo que agravó su estado de modo alarmante, muriendo el 13 de marzo de 1809, a los veintinueve años de edad, después de grandes sufrimientos, que soportó con una entereza admirable. Fue enterrado en la iglesia de San Martín en una tumba sin lápida ni inscripción. La Gaceta de Madrid del 23 de marzo de 1815 reconoció, a petición de su padre y bajo la firma del rey, su sacrificio en la jornada del 2 de mayo.

Después su figura caería en un cierto olvido, en comparación a sus compañeros de Artillería, los Capitanes Daoíz y Velarde, hasta que en 1890 el gobierno de Sagasta promovió la construcción del bello monumento dedicado a su figura y realizado por Mariano Benlliure que se encuentra en la madrileña plaza del Rey. Finalmente, en el primer centenario, sus restos fueron trasladados a la plaza de la Lealtad, donde reposan hoy junto a los de las víctimas y los demás héroes con quienes combatió aquel 2 de mayo de 1808.

Su nombre figuraba en cabeza de los Tenientes de Infantería en la Escalilla del Arma, con el texto:
“Mártir de la Independencia Española. Murió en Trujillo el día 13 de Marzo de 1809, a consecuencia de las heridas que recibió peleando heroicamente el 2 de Mayo de 1808, en el Parque de Artillería de Madrid”.