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domingo, 11 de diciembre de 2022

CAMPAÑAS DE NAPOLEÓN BONAPARTE. ITALIA

Campaña de Marengo (14 de junio de 1800)

Antecedentes

Napoleón como Primer Cónsul
Antoine-Jean Gros (1802)
A su regreso de Egipto, Napoleón Bonaparte fue proclamado primer cónsul de la República, en diciembre de 1799, y rechazada la paz que ofreció a Inglaterra y Austria, tuvo que hacer frente a la coalición que formaron estas dos naciones en su contra.

Un ejército de cien mil hombres, a las órdenes de Morcau, cubría la Alsacia y Suiza, y otro de treinta y cinco mil, mandados por Massena, formaba una extensa línea curva y cóncava en Italia, en el que las tropas de la derecha y centro, entre los Apeninos y el golfo de Génova, hasta Tenda, se mantenía a la defensiva, y las de la izquierda, que no eran más de cinco mil hombres, guardaban los Alpes. Los ejércitos franceses tenían enfrente a otros dos austríacos.

Por otro lado Melas, mandaba el ejército austríaco de Italia compuesto por unos cien mil hombres. Había dejado veinticinco mil hombres en Lombardía y con el resto se había dirigido a los Apeninos a para hacer frente a Massena, a principios de abril.

Los austríacos fueron los que rompieron por el centro la línea enemiga, avanzando por Montennotte y por el camino de Savona, arrojaron a la mitad de la izquierda, mandada por Suchet, a las orillas del Var y a la mitad de la derecha hacia Génova y sitiando la ciudad mediante un cuerpo de tropas austríacas llegadas de Gavi. Así estaba la guerra en Italia cuando intervino en ella Napoleón Bonaparte.

Había dos teatros de guerra: la Alemania del sur y la Italia del Norte, separados por los Alpes. En ambos los franceses tenían que operar por líneas internas apoyando una de sus alas en la cordillera y alejar de ésta a las dos austríacas para efectuar sobre ellas maniobras envolventes con el fin de que se separasen lo máximo posible y cortar sus comunicaciones con Viena.

Michael Von Melas
Napoleón confió a Morceau la dirección de la campaña en Alemania y se encargó él de la de Italia enfrentándose a Melas. Su propósito era concentrar a retaguardia del austríaco dos divisiones destacadas del ejército de Morceau que descendiendo del monte San Gotardo se colocarían a retaguardia de la línea del Tessino,  guardada por diez mil austríacos; otra que salvaría los Alpes por el monte Simplón y el ejército de reserva que desde el lago Ginebra atravesaría el gran San Bernardo para bajar al valle del Doria Baltea, mientras que cuatro mil hombres salvarían el pequeño San Bernardo y que junto con el ala izquierda del del ejército de Massena pasaría a ser la derecha del de Napoleón que avanzaría hacia Turín para desorientar al enemigo.

A Melas le sorprendió tan audaz concentración de fuerzas en Italia, teniendo en cuenta que el paso de los Alpes se consideraba insuperable para un ejército.

Prolegómenos

Napoleón cruzando los Alpes
Jacques-Louis David (1801)
Del 17 al 25 de mayo, el ejército de reserva, con Napoleón a su frente, pasó el gran San Bernardo, se apoderó de Aosta, arrolló a un destacamento austríaco por el camino y se vio frenado por la tenaz resistencia del fuerte de Bard que dominaba el sendero por el marchaban los franceses. No fue posible rendirlo por asalto, así que por la noche cubriendo de estiércol el camino y forrando de paja la ruedas pasó la artillería sin que los defensores del fuerte lo advirtieran; la infantería y la caballería siguió adelante dando un difícil rodeo. Continuó todo el ejército a Ivrea y desde allí la vanguardia avanzó sobre Turín hasta Chivaso para cubrir la marcha de aquél a cruzar el Tessino de donde se registraron los austríacos que lo guardaban, replegándose a Mincio. El ejército francés, reunido ya, entró en Milán el 2 de junio, excepto la vanguardia que por Casale se apoderó de Pavía.

Cuando Melas tuvo noticias de la entrada de ese ejército en Italia, creyó que las tropas que habían avanzado hasta Suze era la vanguardia y los que habían atravesado el San Bernardo un cuerpo de diversión, y acudió a loa Apeninos a cubrir Turín. Al verse con el enemigo a su retaguardia, interceptando sus comunicaciones y separándolas de su base de operaciones, se dirigió a Alejandría dispuesto a dar una batalla para salir de la situación en la que se encontraba. Había llamado a las tropas que bloqueaban Génova y a las que había seguido a Suchet. Éste las acometió en cuanto Melas se retiró de los Apeninos y solamente unos cinco mil hombres llegaron a Alejandría. Las tropas que habían conquistado Génova a los franceses se incorporaron a Melas por el camino de Tortona.

Batalla de Marengo. Louis François Lejeune (1801)

Batalla de Marengo
(14 de junio de 1800)

Situación inicial

Napoleón había destacado una parte considerable de sus fuerzas para ocupar ciudades importantes de Lombardía y vigilar la línea del Mincio; así que al enfrentarse a los austríacos, su ejército debilitado por la gran cantidad de destacamentos era muy inferior en número, no llegada a los treinta mil hombres, mientras que los austríacos eran unos cincuenta mil.

Creyendo que el enemigo trataba de retirarse hacia Génova, Napoleón cometió el error de destacar, antes de la batalla una división, al mando de Desaix, hacia Novi para interceptar la retirada austríaca y acercarse a las tropas de Suchet, que debían ir hacia Alejandría por el camino de Acqui.

Cuando supo que no era cierta la retirada del enemigo, avanzó hacia Marengo con su ejército por el camino de Tortona a Alejandría y se encontraron con los austríacos que habían cruzado el río Bórmida por el puente de Alejandría. Éstos dirigieron su esfuerzo contra la derecha francesa, con ánimo de romper la línea en Marengo y envolverla por Castell-Ceriolo. La derecha austríaca, que había iniciado el combate, la sostenía con la vanguardia francesa que, al desplegar el ejército de Napoleón, constituyó el ala izquierda.


Desarrollo de la Batalla

Rebasada y envuelta la derecha del ejército francés, tuvo que dar frente a Castell-Ceriolo, Napoleón envió a prolongar una división de la que una brigada se apoderó de dicho punto y sostuvo la acometida de las fuerzas austríacas. Por otro lado, la izquierda empezó a retirarse por el camino de Tortona hasta San Giuliano, y el resto del ejército inició también el movimiento de retirada.

Los austríacos dieron por suya la victoria y su vanguardia, en columna de marcha, avanzó hacia San Giuliano, pero en ese momento la división del general Desaix llegó al campo de batalla para restablecer el combate. Desaix desplegó sus tropas, parte en columna y parte en línea, perpendicularmente al camino, colocando en segunda línea a su caballería.

A la derecha, enfilando el camino, situó una batería de dieciocho cañones que hizo fuego sobre las tropas austríacas. Al abrigo de la división, Desaix constituyó en tercera línea la izquierda francesa, y a la derecha del camino, en línea oblicua, reforzó a las tropas que se habían batido entra Marengo y Castell-Ceriolo.

El general Desaix cayó muerto en el primer encuentro con la columna austríaca, pero ya las tropas francesas se había repuesto gracias al refuerzo. La artillería, en combinación con la caballería, decidió el triunfo en favor de los franceses; ametralló a la columna austríaca y la caballería cargó por el flanco derecho. Tres mil granaderos austriacos fueron hechos prisioneros y fue muerto el general que los mandaba. La retaguardia austríaca cubrió la retirada del ejército de Melas que se replegó tras el Bórmida.

Después de la batalla, la incorporación de Suchet a Napoleón hizo imposible el mantenimiento del ejército vencido en el teatro de la guerra con lo que Melas se vio obligado a firmar una convención por la que se obligaba a cruzar a la orilla izquierda del Mincio y abandonar todas las plazas que ocupaba en la orilla de este río.


Consideraciones militares

Louis Charles Antoine
Desaix de Vevgoux
Esta campaña es digna de estudio por muchos conceptos. Desde el principio se puso de manifiesto el genio militar de Napoleón y puede considerarse como como modelo entre las acertadas concepciones estratégicas. Sin embargo, el propósito de Napoleón de alcanzar un gran éxito estratégico, le puso delante un terrible fracaso táctico considerando que de los setenta mil hombres que tenía en Italia solo llevó a Marengo  poco menos de treinta mil, hay que convenir que la victoria fue hasta cierto punto inmerecida ya que se debió a la casualidad de la oportuna llegada de Desaix y a la no menos fortuita e inexplicable falta de acometividad de los austríacos al emprender la persecución de las columnas de armas, separadas, como si se tratase de un cambio de guarnición en tiempo de paz.

Fin de la guerra

No fue en Italia donde consiguió la victoria definitiva, sino en Alemania donde el general Morceau, con la victoria de Hohenlinden, a finales de 1800, conquistó la paz al despejar el camino de Viena, que quedó abierto a los franceses, por lo que el emperador solicitó la paz que se firmó en Luneville en febrero de 1801.

Por la Paz de Luneville se estipuló el restablecimiento de la República Cisalpina; y por la Paz de Amiens, Inglaterra, incapaz de vencer a Napoleón, se vio obligada a firmarla el 25 de marzo de 1802, por la que devolvía a Francia y a sus aliados las colonias que les había tomado con la excepción de la Isla de Ceilán, en Asia, y de la colonia española de Trinidad.

Al día siguiente de la firma de la Paz de Amiens Napoleón Bonaparte se hizo otorgar, por plebiscito, Cónsul vitalicio.

lunes, 6 de febrero de 2017

Cambray. 2 de octubre de 1595

don Pedro Enríquesz de Acevedo,
conde de Fuentes
Estando en guerra con Francia, convenía a las armas españolas la toma de Cambray, plaza fuerte y populosa de los Países Bajos, gobernada, en nombre del Rey Enrique IV de Francia, por el Mariscal Juan de Montluc de Balagny, con el título de príncipe de Cambray, al mando de unos 3 000 soldados entre franceses, suizos y valones; unos 7 000 milicianos de la población, casi todos calvinistas.

El conde de Fuentes, don Pedro Enríquez de Acevedo, se propuso tomar la plaza, contando con espías dentro de la ciudad, cuyos habitantes estaban cansados del carácter despótico de Montluc, y reuniendo un fuerte ejército de 25 000 hombres, entre españoles, alemanes y walones, se presentó ante sus muros el 14 de agosto, empezando el 16 los primeros trabajos de circunvalación y contravalación. Levantó cuatro fuertes: el de San Olano, al Norte; el de Nierny, al Sur; el de Evandure, al Este, y el de Premy, al Oeste. El conde se situó en el de Evandure, y de él partieron los primeros ramales de trinchera hacia la plaza.

Por el lado del Mediodía era por donde la ciudad tenía sus puntos más débiles, y por lo tanto los franceses lo habían fortificado con más ahínco, estando juntos el muro de circunvalación con la ciudadela por medio de un baluarte con un gran orejón que protegía la muralla, entre el baluarte de Roberto y la puerta de Malle.

Jean Montluc de Baligny,
príncipe de Cambray
El maestre de campo don Agustín Mejía se encargó con su Tercio de construir el ramal de trinchera contra el primero, y el mariscal Varlotta, con los valones, hizo lo propio contra la puerta de malle, pudiéndose llegar, aunque con gran dificultad y en medio de fuertes combates, hasta el foso, que era seco pero muy hondo. Mientras tanto, los defensores realizaban salidas que estorbaban los trabajos de los Tercios y que conseguían que algunos pequeños refuerzos entraran en la ciudad, entre ellos el de 300 Dragones al mando de Mr. Vich.

El 24 de septiembre, la artillería española, que había sido emplazada por el hábil artillero Cristóbal Lechuga, rompió el fuego, con tres baterías de 14, 9 y 10 cañones dirigido al frente atacado, además de otros 30 situados en otras partes. El ataque fue contestando por los sitiados con tal energía, que al llegar la noche habían desmontado 9 piezas, muerto más de 100 artilleros y volado la segunda batería, que quedó inutilizada por completo.

Se realizó de nuevo la construcción de mejores emplazamientos para destruir el orejón defensivo, pues sólo así quedarían al descubierto las casamatas de las piezas de la plaza. El 2 de octubre se rompió de nuevo el fuego sobre la muralla y tras ocho horas de continuo castigo de las defensas se abrió una brecha de 30 varas, se destruyó una batería de 15 piezas y quedó al descubierto la puerta de Nuestra Señora, preparándose todo para el asalto.

Cuando se preparaban los españoles para el asalto  y los defensores para resistirlo  se produjo la sublevación de los ciudadanos católicos de Cambray, que secundados por suizos y valones, arrojaron las banderas blancas, enarbolando las rojas de España, para pedir a los sitiadores un trato. Abiertas las puertas se apresuró a entrar en la plaza don Agustín Mejía con 1 000 hombres de su Tercio, obligando a evacuar la población a franceses y calvinistas, que se refugiaron en la ciudadela. La esposa de Montluc, Renata de Clermont,  se distinguió por su valentía quien con una pica en la mano, y seguida de sus criados con sacos de monedas, se metió entre los amotinados para comprarlos; pero sus esfuerzos por conservar el Principado de Cambray fueron inútiles, se auto envenenó ese mismo día por miedo a ser capturada por los españoles.

Tercios españoles preparados para entrar en combate

Intimada la rendición a los guarecidos en la ciudadela, contestó Montluc que si no le recibía refuerzos en seis días por parte de su rey, rendiría la fortaleza; contestándole el conde de Fuentes: «Si me aseguráis que Enrique va a acudir en vuestro auxilio, no digo seis días, muchos más os concederé gustoso para darle lugar a que venga y le veamos».

Como era de suponer Enrique IV no fue a socorrer la plaza, y el día 8 de octubre, Montluc de Balagny, esclavo de sus propias palabras, rindió la ciudadela, saliendo con todos los honores de guerra y siendo agasajados por el conde de Fuentes, que sentó a su mesa a los Jefes principales, y les dio caballos para que se unieran al ejército francés.

Las bajas enemigas fueron menores que las españolas, quienes hallaron, al entrar en la ciudad, gran material de guerra, provisiones, víveres y efectos de todas clases. En este sitio fue herido el insigne artillero Cristóbal Lechuga.

El rey don Felipe felicitó al conde de Fuentes otorgándole el título de Capitán General de España y lugarteniente real para los asuntos de guerra. Tras la muerte de Felipe II, Felipe III le hizo grande España y el duque de Lerma, valido del rey, consiguió alejarlo de la Corte, encomendándole el gobierno de Milán.


Don Pedro Enríquez de Acevedo murió el 25 de julio de 1610 a los ochenta y cinco años reconocido por todos como uno de los mejores políticos y militares de su tiempo.

martes, 13 de diciembre de 2016

Una acción heroica de los Tercios Españoles: Gembloux. 31 de enero de 1578

Batalla de Gembloux de Frans Hogemberg
Muy mal estaban las cosas para españoles en Flandes a comienzos del año 1578. Los tercios españoles estaban evacuando las provincias en virtud del famoso Edicto Perpetuo. El virrey don Juan de Austria se encontraba recluido en la pequeña localidad de Namur, rodeado de rebeldes y con grave peligro de caer en sus manos, tomó la decisión de escribir aquella famosa carta que empezaba así: ¡¡¡A los magníficos señores soldados de la Infantería española…, llamándolos en su auxilio. La misiva recorrió todos rincones de Flandes, y dio como resultado que todos los bravos soldados que se encontraban licenciados y diseminados por aquellas tierras acudiesen a la llamada del virrey, reuniéndose en pocos días unos cuantos miles al mando de los capitanes Alejandro Farnesio, Mendoza, del Monte, Fernando de Toledo, el de Parma, el conde Mansfeld, Verdugo y otros no menos renombrados, acudiendo muchos desde Italia.

don Juan de Austria
Con ellos salió don Juan de Austria de Namur en busca de un ejército enemigo que se acercaba a la plaza, al mando de Grigny, formado por 12.000 hombres entre franceses, ingleses, valones y alemanes. La vanguardia española estaba compuesta de unos 1.200 jinetes al mando de Octavio de Gonzaga, a la que seguía el resto de la tropa, apenas 2.500 infantes. Aunque eran muy pocos esta acción decidida de los españoles hizo que Grigny, quien no confiaba mucho en la eficacia de sus fuerzas debido a los elementos tan heterogéneos que la componían, emprendió la retirada hacía Gembloux, guardando su retaguardia con tropas escogidas de infantería y caballería. Avistado el enemigo, don Juan ordenó a Octavio de Gonzaga que lo entretuviese con la caballería ligera hasta llegar él con el resto del ejército.

Alejandro Farnesio preparando la carga de la caballería.
 Grabado del siglo XVI
El camino por el que se movía el enemigo estaba dominado en el flanco derecho por pendientes abruptas y varios pantanos, y esperando ser atacado por el otro, al ser más favorable, había descuidado la protección de éste. Pero Alejandro Farnesio que había reconocido el terreno y visto la posibilidad de atacar por este flanco derecho, se lanzó al frente de 700 jinetes sobre el enemigo y sorprendiendo a la caballería contraria que sin ofrecer resistencia se echó sobre su infantería, al mismo tiempo que Octavio de Gonzaga les atacaba por retaguardia con los 500 jinetes restantes, provocando el caos total en las filas enemigas que fueron masacradas sin piedad.

Alejandro Farnesio, artífice de
 la victoria de Gembloux
El resultado fue una espantosa carnicería en la que el ejército de los Estados Generales de los Países Bajos perdió más de7.000 hombres entre muertos, heridos, y prisioneros, entre ellos el propio Grigny, además de perder 34 banderas, la artillería al completo y casi todos sus bagajes. Las bajas españolas fueron insignificantes, pues apenas se hallaron 10 muertos españoles en el campo de batalla. Esta victoria fue debida a la decisión de Alejandro Farnesio y solo con sus 1.200 jinetes acabó con el ejército enemigo ya que la infantería española no llegó a tomar parte en la acción.


A consecuencia de esta victoria, a los pocos días, retornaron a poder de los españoles las plazas de Gembloux, Lovaina, Tirlemont y otras casi sin resistencia, a excepción de Sichem, que tuvo que tomarse por asalto, encontrándose con que la mayoría de su guarnición estaba compuesta de soldados prisioneros en Gembloux, puestos en libertad bajo promesa de no combatir contra España, por lo cual fueron pasados a cuchillo, ahorcados y ahogados cuantos se hallaban en este caso.

sábado, 12 de noviembre de 2016

14 de julio de 1535: la conquista del fuerte La Goleta

El Emperador Carlos I
En julio de 1535 el Emperador Carlos I, en vista de los daños que causaba en las costas e islas del Mediterráneo, pertenecientes a los reinos cristianos el famoso corsario tunecino Haradin Barbarroja, determinó realizar una expedición a Túnez y arrasar aquellos nidos de piratas.

Para ello invitó a los monarcas interesados a formar parte en la expedición. A ella se adhirieron todos los reinos de Europa, excepto Francia, cuyo Rey, a pesar de titularse cristianísimo y en cuyas costas mediterráneas hacían estragos los piratas africanos, se dice que avisó al Rey de Túnez del peligro que le amenazaba. Conocida era su rivalidad con el Emperador.

Haradin Barbarroja
En breve espacio de tiempo se reunió, en Barcelona, una potente Armada que constaba de 12 galeras pontificias a las órdenes de Virginio Morisco; 27 galeras de la orden de Malta; y hasta 400 más de Portugal, Cerdeña, Nápoles, Génova y Flandes, llamando la atención por su magnificencia los barcos españoles, cuya capitana, mandada por Andrea Doria, ostentaba 24 banderas de brocado de oro con las armas imperiales.

La expedición iba regida por el propio Emperador, asistido de sus célebres capitanes: don Álvaro de Bazán, marqués del Vasto; don Hernando de Alarcón, duque de Alba; don Antonio Doria; don Antonio de Saldanha; don García de Toledo; don Berenguer de Requesens; don Bernardino Mendoza, duque de Nájera; y otros ilustres próceres y caudillos. La tripulación estaba compuesta por 17.000 españoles, 8.000 alemanes, 5.000 italianos y muchos aventureros de otros países.

La Escuadra partió de la capital del Principado, el 30 de mayo de 1535, con rumbo a Cerdeña, donde se le unieron otras naves y desde donde pusieron rumbo a las costas tunecinas, yendo en vanguardia los portugueses, en el centro el grueso de la flota con el Emperador al mando y a retaguardia el resto de la Escuadra con don Álvaro de Bazán, llegando el 14 de junio a la costa de La Goleta, donde ya eran esperados por los tunecinos.

La Goleta se hallaba situada en la costa, en la boca de un canal que une a Túnez con el mar, y sus fortificaciones eran robustísimas, resguardadas por un ancho foso y cuya guarnición estaba al mando del famoso pirata de Esmirna, Sinan el judío.

Ataque a La Goeta. Tapiz del Palacio Real de Madrid
El Emperador empezó por atacar la fortaleza, las trincheras y las baterías, comenzando el bombardeo el día 15 con 80 cañones. El fallo estuvo en no haber arrasado unos olivares próximos a su campamento, lo que dio lugar a que Barbarroja emboscase en ellos varios escuadrones que, atacando de improviso y ayudados por una salida vigorosa que hizo la infantería de la guarnición en la mañana del 24, día de San Juan, causaron gran alarma en el campo y muchas bajas entre las tropas cristianas, pereciendo entre otros don Luis de Mendoza y los alféreces Lara y Liñán, pero se les pudo rechazar y obligarlos a regresar a la fortaleza.

Salida de los sitiados del fuerte La Goleta
los tunecinos hicieron una nueva salida el día 26, en la que el Emperador corrió grave peligro y estuvo a punto de caer prisionero pues cargó, lanza en ristre, al frente de su escolta sin mirar por su propia seguridad, consiguiendo con su ejemplo rechazar las tropas auxiliares de Barbarroja que pretendía hacerle levantar el sitio.

En estos días se presentó en el campamento cristiano ante el Emperador el rey de Túnez, Muley Hassan, destronado por Barbarroja, pidiéndole protección para recobrar su trono, y ofreciéndole su ayuda, a lo que accedió el Emperador.

El bombardeo continuaba sin causar gran daño a la fortaleza, por lo cual, y por consejo de don Hernando de Alarcón, se establecieron nuevas baterías que consiguieron derribar la torre principal, ordenándose el asalto por la brecha resultante. Al no estar del todo libre el paso se hubo que sostener un largo y sangriento combate cuerpo a cuerpo hasta que, animados por el Emperador, entraron en la fortificación arrasándolo todo y acuchillando a los 1.500 veteranos que quedaban dentro, de los 6.000 que formaban la guarnición al mando de Sinan.  Quedaron en poder de las tropas imperiales los 40 cañones que se encontraban en La Goleta además de los víveres, municiones y los 42 buques de la escuadra de Barbarroja, que estaba anclada en el lago, y que se rindió sin ofrecer resistencia. Se tomó la fortaleza el 14 de Julio, tras un mes de asedio.

Asedio a La Goleta
En el primer asalto se distinguió el alférez Marmolejo, que llegó a plantar la bandera de su compañía en el muro, pero herido en el brazo derecho, cogió la bandera con los dientes y la espada en la izquierda, salvándose desangrado, pero con su enseña.

En el segundo, el alférez Diego Ávila fue el primero que clavó su bandera en el muro, cayendo muerto al pie de ella, animando a su gente y, según documentos de la época, los primeros en asaltar el muro fueron los soldados Miguel de Salas y Andrés Toro, ambos naturales de Toledo, distinguiéndose además don Álvaro de Bazán y el Príncipe de Salerno.

don Andrea Doria
Tomada La Goleta, la decisión del Emperador fue la de continuar a Túnez para reponer a Muley Hassan en eltrono, y dejando a Andrea Doria al mando de la plaza, partió a la conquista de aquella ciudad. Las bajas españolas no llegaron a 1.500.

El resultado de la expedición fue un gran éxito para el Emperador Carlos ya que la flota del corsario Barbarroja fue destruida y en Túnez quedó establecido un protectorado español, mientras se iniciaban una serie de obras de fortificación en La Goleta.

Esta fortaleza era un punto estratégico de gran importancia. El fuerte de La Goleta constaba de un cuerpo central cuadrado y cuatro bastiones (Goleta la Vieja), pero este primitivo recinto de tiempos de Carlos i quedó luego incluido dentro de la nueva fortificación que Felipe II encargó al ingeniero italiano II Fratino, en 1565, para reforzar las defensas de la plaza, y que estaba provista de seis bastiones (Goleta la Nueva).

domingo, 6 de diciembre de 2015

El Saco de Roma

Saco de Roma, 1888. Francisco Javier Amérigo Aparicio.
 Pequeño formato. Biblioteca Museo Víctor Balaguer
El Saco de Roma se enmarca dentro de la lucha entre Francisco I de Francia y Carlos V, por el dominio de Italia.

Tras la muerte del papa Adriano VI, el deseo del nuevo papa Clemente VII, era el de mantener el equilibrio entre ambas potencias. Pero, mientras, Carlos V había concluido, el 16 de junio de 1522, una alianza en Windsor con Enrique VIII, a la que siguió un tratado secreto. No obstante, por una parte, Inglaterra era un aliado diplomático más que militar; por otra, el Papa se desinteresaba por la coalición formada en tiempos de su antecesor. Es más, Francisco I reconquistó Milán en octubre de 1524, y en diciembre Clemente VII concluía una alianza con Francia y Venecia. Mientras tanto, las tropas imperiales fracasaban en Champaña y Marsella, y Francisco I, persiguiendo a los españoles en su retirada, volvió a invadir Italia, llegando hasta la plaza de Pavía, que fue sitiada durante cuatro meses. Para socorrerla, acudió un ejército improvisado que se midió con los franceses ante los muros de la ciudad.

Francisco I y Carlos V
El 25 de febrero de 1525, la batalla de Pavía daba la victoria a los imperiales, que, además, capturaban a Francisco I. Carlos V estaba en situación de establecer las condiciones de paz sin tener en cuenta a Inglaterra. Por el tratado de Madrid, firmado el 15 de enero de 1526, Francisco I se comprometió, a cambio de su libertad, a renunciar a sus derechos sobre Italia y Flandes, y a entregar Borgoña al emperador.

Clemente VII
Lejos de cumplir las cláusulas del tratado, Francisco I organizó la Liga de Cognac contra el emperador, el 22 de mayo de 1526. El papa Clemente VII, Francisco Sforza, duque de Milán, que había sido repuesto en sus posesiones por el emperador, Venecia y Florencia, se unieron a Francisco I, bajo la neutralidad de Enrique VIII, que había abandonado momentáneamente la alianza española. Carlos V decidió dirigir sus fuerzas contra el eslabón más débil, el Papa; pero era difícil controlar unos ejércitos que no habían recibido su paga, y el asalto de Roma —saco de Roma—, realizado el 5 de  mayo de 1527 por las tropas españolas y alemanas, fue seguido del pillaje y profanaciones sacrílegas durante una semana. Clemente VII, sitiado en el castillo de San Angelo, tuvo que capitular en noviembre.

Plano del Saco de Roma
La situación de impasse que se produjo en 1527, entre Francisco I y Carlos V, fue porque ninguno de los dos monarcas tenía dinero para salir adelante. Desde 1526, los administradores españoles de Carlos le aconsejaban evitar cualquier plan que implicara una mayor participación en Italia. 

Pero, al mejorar las perspectivas económicas de Carlos V, éste comenzó a tener una posición ventajosa frente a su rival. Comenzaban a llegar cantidades importantes de metales preciosos desde las Indias y, por otra parte, en julio de 1528, Andrea Doria desertó de Francia para entrar, junto con su flota, al servicio del emperador, al parecer fueron motivos patrióticos los causantes de esta decisión, ya que Génova sólo podía ser independiente con un Milanesado dependiente de los Habsburgo.

Andrea Doria
El ejército francés, que había invadido Milán y Nápoles, fue derrotado y, en julio de 1529, el papa y el emperador se reconciliaron mediante la firma del tratado de Barcelona, aceptando el primero recibir a Carlos V en Italia. Francisco I se vio obligado a ceder y, por la Paz de Cambrai, el 3 de agosto de 1529, conocida también como la Paz de las Damas, pues había sido negociada por Luisa de Saboya, madre de Francisco I, y Margarita de Austria, tía del emperador, reconoció la soberanía de Carlos V sobre Artois y Flandes y renunció a sus derechos sobre Milán, Génova y Nápoles; a su vez, Carlos V renunciaba momentáneamente a Borgoña, y reconocía al duque de Milán, Francisco Sforza, como vasallo imperial.

Carlos V completó su victoria política en Italia con su coronación imperial en Bolonia por Clemente VII, el 24 de febrero de 1530.

domingo, 29 de abril de 2012

La Batalla de Bosworth


Antecedentes
La Batalla de Bosworth fue la batalla decisiva de la larga guerra conocida como la Guerra de las dos Rosas, una larga disputa por el trono de Inglaterra entre las casas de York y de Lancaster. Tuvo lugar el 22 de agosto de 1485, entre Ricardo III de York, último rey de la dinastía Plantagenet y el aspirante de la Casa de Lancaster a la corona, Enrique Tudor, conde de Richmond, quien más tarde sería proclamado como Enrique VII.
Enrique había desembarcado en Pembrokeshire con un pequeño ejército para enfrentarse a Ricardo. Contaba con la inestimable experiencia de su tío, Jasper  Tudor, duque de Bedford y de John de Vere, conde de Oxford. Cuando estuvo preparado, su ejército estaba compuesto por unos 5000 hombres, que incluían unos 2000 mercenarios procedentes de Francia, y por otros efectivos reunidos durante un viaje de reclutamiento por Gales.
Por su parte Ricardo contaba con unos 8000 hombres, mediante sobornos y coerción política. El factor decisivo del combate fueron los hermanos Stanley, Sir William Stanley y Lord Thomas Stanley, este último padrastro de Enrique. Ricardo tenía motivos para desconfiar de ellos, pero dependía de su lealtad. John Talbot, Conde de Shrewsbury y Lord Thomas Stanley actuaron con mucha cautela, evitando comprometerse con ningún bando y conservando siempre buen trato con los vencedores. Ricardo había tomado rehenes para asegurar que, incluso si Talbot y Stanley no se unían a él, al menos permanecerían neutrales durante el combate. Ricardo contaba con ventaja, al menos aparentemente.

Desarrollo de la Batalla
La batalla se libró cerca de Suton Cheney y Market Bosworth en Leicestershire, duró unas dos horas y comenzó favorablemente para el rey. Ricardo alineó sus fuerzas en tres "batallones" cerca de la colina de Ambien Hill llegando descansadas al combate mientras que los hombres de Enrique tuvieron problemas formando en terreno desigual a los pies de la colina.
Cuando Enrique estuvo preparado obligó a Ricardo a bajar de la colina mediante el empleo de cañones y flechas. Llamó a Henry Percy, Conde de Northumberland para que se uniese a la batalla con sus fuerzas frescas, pero éste rehusó tomar parte y se mantuvo atrás. Puede ser que se debiese al impedimento del terreno  el llegar a tiempo en ayuda de Enrique o simplemente lo hizo premeditadamente.
Ricardo cargó contra ellos mediante una carga de la caballería del duque de Norfolk contra el flanco derecho de Enrique, comandado por el conde de Oxford. En el caos que siguió, Ricardo ubicó a Enrique, desconcertado, y a su guardaespaldas, separados de su fuerza militar principal.  Ricardo cargó, y comenzó a abrirse paso hacia su enemigo respaldado por unos 1500 caballeros.
Pero sería la decisión de los Stanley, que esperaban cerca, la que desequilibró la balanza en favor de Enrique. En el ataque, Ricardo y los suyos acabaron con el grupo de guardaespaldas de Enrique e incluso mataron al portador del estandarte de Enrique, William Brandon, pero en el momento en que Ricardo tenía a la vista a Enrique, Sir William Stanley decidió acudir al rescate de Enrique y cargó contra la fuerza de Ricardo, rodeándolo por el flanco y dándole muerte. En el combate, el portaestandarte de Ricardo, Sir Percival Thirwall, perdió sus dos piernas pero no dejó que el estandarte cayera, sosteniéndolo hasta que le mataron. El ejército de Ricardo quedó destruido. La causa del desastre militar de Ricardo en Bosworth fue sobre todo un error político y no un problema de ineptitud militar. Irónicamente, fue la amenaza política de Ricardo lo que causó su destrucción militar, cuando, en realidad, hubiese podido obtener una victoria sencilla.
Ricardo III fue el último rey de Inglaterra que murió en combate y el último Plantagenet. Su cuerpo fue llevado hasta Leicester por los vencedores, donde se lo exhibió, desnudo y apaleado, por las calles, y acabó siendo aplastado accidentalmente contra el parapeto de un puente sobre el Río Soar. Sus restos fueron finalmente enterrados en la iglesia que más tarde sería la Catedral de Leicester, aunque hay una leyenda que dice que fueron exhumados y lanzados al Soar. Se cree que su tumba se encuentra bajo un aparcamiento cerca del antiguo emplazamiento de la iglesia de Greyfriars.
  
Consecuencias
Esta batalla fue decisiva en la Guerra de las Dos Rosas y Enrique Tudor fue coronado como Enrique VII, dando comienzo al reinado de 118 años de la dinastía Tudor. Enrique VII estaba proscrito y se le había despojado de su herencia y estaba bajo muerte civil cuando tomó el trono en 1485. Su coronación anuló la muerte civil. A continuación, el parlamento declaró que cualquiera que se opuso a Enrique en Bosworth era un traidor.

Fotos: Formación de las tropas de Enrique Tudor y Ricardo III. Mapas del desarrollo de la batalla. Pintura de Edmund Bleigh, Leighton (1909) "Richard III at the Battle of Bosworth".

miércoles, 11 de abril de 2012

La Batalla de Bannockburn


En 1314, la prolongada guerra entre ingleses y escoceses culminó con el sitio del Castillo de Stirling, a manos de las fuerzas de Roberto I Bruce de Escocia.
El rey inglés Eduardo II conformó una fuerza de ayuda de 2500 hombres armados de caballería y 14000 de infantería para llevarlos al norte de la frontera y enfrentarse allí a los 10 000 efectivos de infantería y 300 de caballería ligera de Roberto I.
               
La encerrona

Los ingleses deben haber recordado su victoria frente a los escoceses en Falkirk, en 1298, cuando las tropas de Eduardo I rompieron los shiltrons escoceses (formaciones muy compactas de infantería con una formación de lanza) con arqueros y caballería. El 23 de junio, las tropas de Eduardo se aproximaron a Stirling, desde el sur, por un terreno pantanoso conocido como "Carse". A lo largo cruzaba el Bannockburn, una corriente de más o menos 5 km de longitud, y un punto que habría servido para que cruzaran las tropas inglesas. Conforme se acercaban al claro, los soldados ingleses descubrieron que, a los lados de la corriente y en los campos circundantes, los escoceses habían cavado agujeros de poca profundidad con palos afilados en el fondo. Numerosos hombres y caballos resultaron heridos al caer en estos hoyos, pero los ingleses persistieron. El primer choque real de armas ocurrió cuando el guerrero inglés Henry de Bohun se enfrentó a Roberto Bruce en un combate cuerpo a cuerpo. En un instante, Bruce abatió al caballero inglés con un hacha de guerra. Esto causó un gran desánimo en las tropas inglesas. Además, una unidad de 300 hombres de caballería, no logró penetrar un bloqueo defensivo de 300 escoceses armados con picas y organizados en shiltrons. Se descartó el cruce del claro, y los ingleses acamparon para pasar la noche. El ejército inglés fue llegando a cuentagotas durante el día.

El Ataque

Para sacar partido de la confusión que reinaba entre los ingleses, Roberto efectuó un ataque contundente al amanecer del 24 de junio. Los escoceses salieron por sorpresa de los bosques circundantes a las 3:00 a.m. y se abalanzaron hacia el campamento británico. El ataque impidió que los arqueros y la caballería ingleses tuvieran tiempo de disponerse en formación. Además, la caballería tuvo que combatir a pie, desplazándose con dificultad sobre el suelo fangoso. Eso dio ventaja a los shiltrons. Los ingleses se dejaron llevar por el pánico, y el único momento de lucidez fue cuando un grupo de arqueros comenzó a diezmar escoceses. Sin embargo, cerca de 350 jinetes escoceses acabaron con ellos. La derrota inglesa era inevitable. Eduardo II huyó,y la tropa inglesa se desmoronó por completo.

Fotos: Roberto I Bruce se consolida, tras esta victoria como rey de Escocia. Desarrollo de la Batalla.

miércoles, 4 de abril de 2012

La Batalla del Puente de Stirling


La Batalla del Puente de Stirling tuvo lugar el 11 de septiembre de 1297 entre los Ingleses, que habían ocupado Escocia, y los escoceses, que se rebelaron al dominio inglés de la mano de  William Wallace y Andrew Moray.  El  desastre inglés en el Puente Stirling, , fue resultado de otro intento fallido de sofocar las rebeliones escocesas.
La expedición inglesa estaba a cargo de John de Warrenne, conde de Surrey, quien había sido nombrado gobernador de Escocia por el rey Eduardo I que se encontraba en plena guerra contra Francia. Al conde de Surrey le acompañaba Hugh de Cressingham nombrado tesorero de Escocia.
Los ingleses se quedaron bloqueados por el río Forth sin saber que los escoceses ya estaban en las proximidades de Cambuskenneth Abbey, un lugar elevado y que dominaba el curso del río. Estos guiados por William Wallace y sir Andrew Murray, formaron un ejército integrado en gran parte por campesinos, con un armamento muy rudimentario pero contaba con la inestimable ventaja del perfecto conocimiento del terreno, lo que no les ocurría a los ingleses, quienes pensaron en cruzar el río de la manera más favorable, siendo la ruta más fácil el angosto puente de madera de Stirling y es por aquí por donde el inexperto conde de Surray decidió cruzar haciendo caso omiso a las indicaciones de soldados más veteranos y experimentados, como sir Ralph Lundy, que indicaron que más al norte había un paso más seguro para la caballería, ya que por el puente de Stirling sólo podía cruzarse en una columna de dos.
Warrenne dio la orden de cruzar por el puente de madera. A la cabeza de la formación iban sir Marmaduke Twenge y Hugh de Cressingham, estaban cayendo en su propia trampa. El terreno al otro lado del río era un terreno pantanoso e inadecuado para el movimiento de la caballería. Además, el meandro del río impedía a los ingleses desplegar en las condiciones adecuadas para presentar batalla. Mientras Wallace esperó a que hubiese pasado el río la mitad del ejército inglés para atacar, lo que hizo que los ingleses no estuviesen preparados para repeler el ataque escocés ni que pudiesen recibir refuerzos del resto del ejército que todavía no había cruzado el río. Se produjo una tremenda escabechina, los escoceses aniquilaban a la caballería inglesa que no podía moverse adecuadamente en el terreno pantanoso. En pocas horas el ejército inglés había sido completamente aniquilado. Hugh de Cressingham fue desollado y exhibido como trofeo.
Los ingleses perdieron  cerca de 6.000 hombres por 1.000 de los escoceses. Tras esta victoria, Wallace y Moray fueron nombrados "Lores Protectores de Escocia" y se adentraron en territorio inglés hasta Newcastle hasta que fueron derrotados, al año siguiente, por Eduardo I en la batalla de Falkrik, en la que los nobles escoceses traicionaron a Wallace.
En esta batalla se forjó la leyenda de William Wallace considerado como héroe nacional de Escocia y que fue llevada al cine de la mano de Mel Gibson en "Braveheart".

Fotos: Cuadro del paso de los ingleses por el puente de Stirling. Desarrollo de la batalla y estatua de William Wallace en Stirling.

domingo, 25 de marzo de 2012

La Batalla de Megido


Megido es una de las primeras batallas históricamente bien documentadas. En los templos egipcios están registrados los detalles de cómo se desarrolló.
El combate tuvo lugar hacia el año 1479 a.C. en las proximidades de la ciudad de Tel Megido, en Palestina. Se enfrentaron el ejército egipcio de Tutmosis III y las ciudades cananeas rebeldes, comandadas por los reyes de Kadesh y Megido. El área era una zona políticamente muy inestable ya que controlaba las rutas comerciales entre Mesopotamia y Egipto. Así, cuando los cananeos se rebelaron, Tutmosis marchó con 10.000 hombres, desde Sileh, en la frontera de Egipto, hasta Yaham, en los límites de la zona rebelde.
Megido fue un desastre para los rebeldes, aunque al principio dieron una imagen distinta, bien desplegados y con una entidad militar suficiente para enfrentarse al Faraón. Dos bloques de infantería rebelde se apostaron cerca de Yokneam y Taanakh, situadas al este y al oeste de Megido, mientras que los carros cananeos se escondían en la llanura de Esdralón, alrededor de la ciudad. El plan de los rebeldes era permitir que los egipcios atacasen a su infantería, para fingir así una retirada y obligar a los egipcios a romper sus filas y exponer sus flancos a un ataque por sorpresa de los carros de guerra.
Sin embargo, Tutmosis decidió que su ejército avanzara hacia el campo de batalla por una difícil ruta central, a través de las tierras altas por un estrecho sendero, en lugar de ir por la ruta, prevista por los rebeldes, de Yokneam y Taanakh, más cómodas para avanzar, pero menos seguras.
Esta decisión del Faraón desorganizó a los cananeos que se tuvieron que replegar a toda prisa para defender Megido. El repliegue falló y, al día siguiente, los cananeos tuvieron que enfrentarse a los egipcios, cuyo ejército, que se había dividido en tres flancos, los había rodeado. A pesar de contar con unas fuerzas muy numerosas los cananeos se desmoronaron.

La información histórica sobre la batalla da la impresión de una derrota absurda ya que los carros, la infantería y los arqueros de Tutmosis masacraron a las tropas rebeldes que huían en desbandada. Por su parte, los habitantes de la ciudad temían tanto a los egipcios que se negaron a abrir las puertas a los que se retiraban y en su desesperación, los soldados cananeos se vieron obligados a trepar por los muros como pudieron.
Tutmosis sitió Megido y la ciudad cayó tras siete meses de asedio. Los cananeos había pagado un precio muy alto por su rebelión. Siguiendo la costumbre de la época, Tutmosis III tomó como rehenes a los hijos de cada uno de los reyes derrotados. Después de ser educados en la corte egipcia, fueron devueltos a sus lugares de origen, donde gobernaron con el consentimiento de Egipto.
La victoria de Megido fue sólo el comienzo de la pacificación de Canaán y Siria. A esta batalla seguirían una serie de campañas, con periodicidad casi anual, que supondrían la expansión del poder de Egipto hasta el norte de Mesopotamia.

Foto: Lucha entre carros de guerra egipcios y cananeos en Megido
Mapa: Despliegue de la Batalla de Megido.

sábado, 19 de noviembre de 2011

El Asedio de Acre


El Asedio de Acre fue un frustrado intento del Ejército de Oriente Francés al mando de Napoleón Bonaparte de tomar esta fortaleza otomana en su fallida expedición a Siria.
El 19 de marzo de 1799 el ejército francés de Oriente llega ante la fortaleza de Acre, defendida por 35.000 turcos al mando de Djezzar el Carnicero, Bajá de Damasco, a los que se han sumado cuatro días antes dos barcos ingleses al mando del comodoro Sidney Smith, que impiden a Napoleón desplegar todo su ejército contra la ciudad, al estar al alcance de sus cañones. Los 13.000 soldados franceses, que venían con pocos suministros, estaban  agotados de una larga  marcha de 250 km por el litoral costero sirio. Desde Gaza, además habían sufrido muchísimas bajas por enfermedad; el general Desaix informa que por entonces unos 1.400 soldados están afectados, padeciendo un centenar de ellos de ceguera.
El 28 de marzo, los franceses lanzan un primer asalto contra los muros de la ciudad, que fracasa. En abril, Bonaparte es informado de que un gran ejército turco se podría estar concentrando en torno al Jordán para atacarle por su retaguardia y socorrer a los sitiados. Napoleón encomienda una parte de sus tropas al general Kléber para realizar un reconocimiento del río Jordán.
Mientras continúa el sitio francés de Acre, el general Kléber llega al Monte Tabor a realizar el reconocimiento de la zona encomendado por Napoleón, siendo atacado por las fuerzas de Ahmed. Kléber organiza su defensa con tan sólo 1.500 hombres, formados en cuadros, que logran repeler al enemigo durante unas ocho horas. Cuando estaban a punto de quedarse sin munición, Napoleón llega desde Acre con 2.500 hombres y 2 cañones de refuerzo, sorprendiendo por completo a los turcos, que huyen, fracasando su intento de socorrer a la guarnición cercada; pero los sitiadores no consiguen con esta victoria ninguna ventaja estratégica ante ella o el resto de Siria. Los franceses sólo tienen 2 muertos y 60 heridos; las bajas otomanas se desconocen.
Del 1 al 10 de mayo se reanudan los bombardeos franceses contra la plaza y se realizan varios asaltos más, que resultan infructuosos. La moral de la tropa invasora se reduce al mínimo tanto por sus fracasos como por las enfermedades, hasta que finalmente comienzan a carecer de alimentos. Poco después, Napoleón se entera de que barcos británicos han salido de Rodas hacia Egipto transportando tropas turcas.
Bonaparte achaca la victoria otomana en Acre a la presencia del comodoro Smith. Además le informan de que los turcos ya desembarcaron en marzo otro contingente en Egipto, en la retaguardia francesa, por lo que debe volver inmediatamente. Los franceses han perdido más de 2.000 hombres en el sitio de Acre, casi todos por enfermedad, y varios miles más están aún convalecientes.
El 20 de mayo, Napoleón levanta el sitio del Acre y al día siguiente el contingente francés se retira hacia Egipto, a donde sólo retornarán unos 7.000 soldados. La expedición francesa a Oriente Próximo se revela como un desastre, y Bonaparte comienza a pensar otra forma de burlar el bloqueo naval británico y volver a Francia, aunque sea en solitario.
Finalmente, el 14 de junio de 1799, Napoleón se retira de Siria y regresa a El Cairo.

Foto: Asedio de Acre por Napoleón en 1799. Tipografía original de Boussod & Valadon. 1890

lunes, 21 de febrero de 2011

La Batalla de Salas


Muchos son los hechos heroicos que en España han protagonizado sus gentes a lo largo de la Historia que llenan de orgullo a sus descendientes, paisanos y convecinos. Por el hecho de ser acciones prácticamente desconocidas no dejaron de tener en su momento su importancia, este el caso ocurrido en la localidad altoaragonesa de Salas Altas durante la Guerra de la Independencia, que os cuento a continuación.
El 22 de enero de 1812, durante la Guerra de la Independencia española, los guerrilleros aragoneses Sarasa, Tris y Alegre prepararon una emboscada a un convoy francés que discurría por la ruta entre Bielsa y Barbastro. Los rebeldes aragoneses cortaron el paso a un convoy francés de 120 bueyes de carga con víveres en el camino entre Salas Altas y Hoz de Barbastro dando lugar a una auténtica y cruenta batalla que terminó con grandes bajas entre los franceses y con la conquista de un importante botín por parte de los guerrilleros.
La batalla fue pionera en lo que se ha calificado como «guerra asimétrica», entendiendo por guerra asimétrica cuando la diferencia entre las tropas enfrentadas es muy diferente entre los contendientes y uno de ellos no dispone de fuerzas organizadas equiparables a las de su adversario. En este caso se enfrentaron a unos 50 o 60 soldados franceses, gendarmes de la guardia republicana, el cuerpo de elite del ejército napoleónico, el mejor preparado y más moderno de Europa, pertenecientes al XII Escuadrón Napoleónico de guarnición en Barbastro al mando del teniente Pelantier, aproximadamente unos 400 guerrilleros reclutados de los pueblos del Somontano cuando el convoy regresaba de Naval donde había realizado un aprovisionamiento de víveres.
El asalto sorpresa dejó numerosas bajas de uno y otro bando y el enfrentamiento fue tan brutal según narran las crónicas que se saldó con el aniquilamiento de las tropas de elite francesas. Sólo sobrevivieron un gendarme y el teniente Pelantier, que malherido, dejó testimonio de esta cruenta batalla. La denominada Batalla de Salas Altas tuvo lugar el 22 de enero de 1812 y está recogida en los anales de la Gendarmería francesa.
Este año los vecinos de Salas Altas han conmemorado el X Aniversario de la “Batalla de Salas” en un acto de hermanamiento con la localidad francesa de Lau Balagnas y al que asistieron, además de las autoridades de ambos municipios, representantes de la Real Hermandad de Veteranos de la Fuerzas Armadas de Huesca, de veteranos franceses con insignias, banderas y guiones, gendarmes franceses en activo y representantes del puesto de la Guardia Civil de Barbastro.
Foto: Litografía titulada "Lo mismo" de Los desastres de la guerra de Goya

martes, 18 de enero de 2011

La Batalla de Lepanto


Liberado por el momento de Francia y pacificada Italia tras la Paz de Cateau-Cambrésis, Felipe II concentra sus esfuerzos en precaver la amenaza turca, muy poderosa desde los últimos éxitos alcanzados por los sultanes con ocasión de la guerra contra Enrique II de Francia, así como de la conquista de Trípoli por Dragut, en 1551. Ante la hegemonía naval del imperio turco en el Mediterráneo, la monarquía hispana permanecía a la defensiva, confiando en los importantes trabajos de fortificación del litoral en Valencia y en Ibiza.
Los triunfos de turcos y berberiscos hacían entrever un probable dominio del Mediterráneo central por el Islam. En 1560, una tentativa del virrey de Nápoles, a cargo de Andrea Doria, para reconquistar Trípoli, fracasa en las Gelves; en 1563, el bey de Argel atacaba asimismo las fortalezas españolas de Orán y Mazalquivir. Sólo la conciencia del peligro hizo reaccionar a españoles e italianos: la espléndida defensa de Malta durante el verano de 1565 fue el primer síntoma de esta reacción, y dejó claro que el poderío otomano tenía que ser frenado directamente en el Mediterráneo oriental.
Un problema fundamental de la monarquía hispana era la imposibilidad de aplicar todos sus recursos a un solo campo de acción. Así, desde 1566, Felipe II se vio obligado a dividir su intervención entre el Mediterráneo y los Países Bajos. En este contexto, estalló, en 1568, la sublevación morisca de las Alpujarras; poco después, en 1570, Túnez caía en manos de los argelinos, a la vez que en el Mediterráneo Oriental los turcos conquistaban a los venecianos la isla de Chipre.
Este último acontecimiento motivó la formación de una Liga Santa entre Felipe II, el papa Pío V y la república de Venecia. La flota conjunta aliada, bajo el mando de don Juan de Austria, obtuvo el triunfo en la Batalla Naval de Lepanto, el 7 de octubre de 1571.
Pero el triunfo no llegó a ser decisivo ni completo. Venecia, arruinada por la guerra, se separó de la Liga y concertó una paz humillante con Turquía, en abril de 1573: cesión de Chipre y de los puertos dálmatas, devolución de las conquistas y pago de alta indemnización de guerra. Sin embargo, la defección de Venecia, no impidió que don Juan se apoderase, en octubre de 1573, de Túnez y Bizerta, aunque fue una victoria sin consecuencias, pues la flota turca reconquistó sin esfuerzo La Goleta y el mismo Túnez en 1574.
Sin embargo, todo indicaba que se había llegado a un cierto equilibrio entre Turquía y España, como potencias hegemónicas en las cuencas del Mediterráneo oriental y occidental, respectivamente. Quizá, el resultado más concreto de Lepanto fue evitar las anuales intervenciones de la flota turca en el Mediterráneo occidental. A medio plazo, se produjo la firma de una serie de treguas hispano-turcas (1581) que, más o menos prorrogadas formalmente, duraron hasta convertirse en un tratado de paz doscientos años después. No obstante, no hubo tregua con el corso argelino hasta 1580, continuando las relaciones entre las comunidades moriscas y los poderes políticos del norte de África y de Turquía.
Foto: Batalla de Lepanto de Andrea Michieli. 1605. Óleo sobre lienzo. Palacio Ducal de Venecia.