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domingo, 26 de septiembre de 2010

Atila, el huno (I)

La figura de Atila, el huno, es una de las más controvertidas de la Historia. Se ha escrito tanto y, generalmente, tan mal de él que ahora mismo sería imposible definirlo en un modelo de gobernante o líder determinado. Fue uno de los grandes enemigos que tuvo el Imperio Romano a lo largo de su existencia. Conocido como el “azote de dios”, Atila sembrará el terror a lo largo de la frontera del Imperio y amenazando Roma ante la impotencia del emperador para hacerle frente.

Su origen es oscuro, debió nacer hacia el año 400 d.C. pero se desconoce el lugar exacto. El padre de Atila, el rey Munsurk, estuvo tiempo asentado en la zona del Volga y de ahí se cree que puede provenir el nombre de Atila, ya que los hunos denominaban “Atil” al río Volga, pero existen diversas hipótesis entre los historiadores acerca del origen del nombre de Atila.

En tiempo de Munsuk, los hunos se habían expandido, desde las estepas rusas hacia el sur y el oeste, cruzando los Cárpatos y estableciendo su naciente imperio en las llanuras húngaras.

Poco tiempo después del nacimiento de Atila, murió su padre quedando tanto él como su hermano mayor, Bleda, al cuidado de sus tíos. Ruga era más poderoso de sus tíos y Atila era su sobrino favorito al que instruyó desde muy joven en el arte del combate huno.

Durante la infancia de Atila, los hunos siguieron conquistando los territorios de las tribus bárbaras vecinas y efectuaron distintos ataques a las provincias limítrofes del Imperio, ya que éste estaba en franca decadencia y no tenía el poder de antaño. Estaba dividido en dos partes: el Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla; y el Imperio Romano de Occidente, cuya capital se había trasladado a Milán y posteriormente a Rávena, ante la amenaza bárbara.

Hacia el año 410 d.C., el Imperio Romano de Occidente buscó la paz con los hunos y envió al joven Flavio Aecio a vivir en la corte huna, donde aprendió su lengua, su cultura, sus costumbres y tácticas, además de entablar una gran amistad con el joven Atila.

Años más tarde fue el propio Atila quien fue enviado a vivir a la corte romana. En estos años Atila aprendió la lengua, las costumbres, las tácticas militares y la cultura romana. Este sistema de vida romano no era el ideal de Atila, que despreciaba la corrupción y la decadencia romana. El conocer Roma fue el motivo de su odio hacia ella.

Tras regresar a su pueblo, al tiempo que Aecio lo hacía a Roma, éste era partidario de tener a los hunos como aliados antes que como enemigos, sin embargo Atila dijo: «Algún día regresaré a Roma, pero no como prenda sino como conquistador».

Atila desde muy joven había guiado a los hunos en sus conquistas, a los 32 años había invadido ya dos veces Italia para ayudar a su amigo Aecio quien, gracias al apoyo de Atila, se convirtió en el hombre más poderoso del imperio de Occidente. Atila, en este tiempo de apoyo a Roma, masacró a los borgoñeses, a los godos y a los visigodos.

A la muerte de su tío, el rey Ruga, que en sus últimos años estaba en guerra con el Imperio de Oriente, Atila se convierte en el líder supremo e indiscutible de los hunos “negros”, y los romanos orientales tienen que negociar con él. Atila recibiría 700 libras de oro cada año, el doble que recibía Ruga, y un dinero por el rescate de cada prisionero romano y les prohibió firmar cualquier tratado con pueblos enemigos de los hunos. Era el año 435.

El emperador de Oriente, Teodosio, tuvo que aceptar un paz humillante, pero sabía que no podía ganar la guerra contra Atila. Este recibía tributo de los dos Imperios y cada vez se hacía más rico, poderoso y temido.

En el año 440 se rompe la paz, los hunos capturan un obispo romano a su lado del Danubio y que había profanado sus tumbas. Atila montó en cólera y atravesó con su ejército el Danubio y masacraron brutalmente a los romanos en un avance imparable, aprovechando el hábil uso que dio a las máquinas de asalto romanas como gran estratega que era. En dos años había conquistado toda la región balcánica, Dalmacia, Bulgaria y Grecia.

Teodosio tuvo que negociar nuevamente con él y esta vez los impuestos a pagar fueron terribles para sus arcas, no tenía otra alternativa que claudicar ante Atila.

A pasar de sus conquistas y su fama de sanguinario, Atila fue un gran dirigente para su pueblo. Atila se casó con Arika con quien tuvo cuatro hijos, siendo su favorito Irnak, el más joven. Conservaba su modesto estilo de vida, de tipo espartano, lo que llamó la atención del historiador Pisco cuando comió en la corte de Atila.

En el año 444, murió su hermano Bleda, Atila a partir de ese momento era el gobernante supremo del pueblo huno. Un pastor le entregó una espada que encontró donde pastaba su ganado y según la leyenda huna, esta espada perdida en tiempos antiguos, era la espada sagrada de Dios, poseedora de grandes poderes y clave en el destino del pueblo huno.

Ahora que Atila, era el gobernante supremo de los hunos y poseía la espada de Dios, su destino era conquistar el mundo.

Foto: Atila guiando a los hunos en combate.

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