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jueves, 23 de septiembre de 2010

El Maníaco de la Luna

La historia de Albert Fish es realmente curiosa por lo extremo de sus excentricidades y aberraciones, a parte de ser considerado como uno de los mayores asesinos en serie de la historia de los Estados Unidos.

Este personaje que, cuando fue detenido, tenía la pinta de un apacible abuelo, ocultaba tras esa máscara una historia terrible.

Albert Hamilton Fish nació en Washington en mayo de 1870, en el seno de una familia con antecedentes de perturbaciones mentales, su madre oía voces y tenía alucinaciones, dos de sus tíos fueron internados en centros mentales, tuvo una hermana demente y un hermano alcohólico. Su padre era 43 años mayor que su madre. Fish era el hijo más joven y tuvo diez hermanos de los cuales sólo tres vivieron.

Parece que estos antecedentes familiares se reunieron todos en su figura ya que en su informe psiquiátrico se define que padecía: masoquismo, sadismo, castración y autocastración, exhibicionismo, voyeurismo, pedofilia, homosexualidad, coprofagía, fetichismo, canibalismo, etc. Toda una serie de virtudes.

A los 20 años mantiene relaciones homosexuales y ejerce la prostitución homosexual en Washington, en dónde viola a un niño y asesina a su primera víctima.

A los 26 años se casa con una joven de 19 años, con la que tiene seis hijos y lleva una vida normal, siendo considerado como un hombre apacible, religioso, abstemio y amable, amante de sus hijos, de quienes debe hacerse cargo cuando su esposa finalmente lo abandona. A pesar de esta situación siempre trató de mantener un hogar saludable. Su personalidad se manifiesta sadomasoquista, ya que se autoflagelaba, en castigo por sus perversiones, incrustándose astillas bajo las uñas, clavándose agujas en los escrotos, masturbándose con cabos de rosas introduciéndose palillos en la uretra, así como también bolas de algodón con alcohol en su ano que luego encendía, además de beber su propia orina y comer sus heces. Tenía como hobby coleccionar artículos periodísticos de asesinos en serie, sobre todo de canibalismo, ya que era un tema que lo atraía particularmente.

Fue detenido ocho veces, por tentativa de estafa, luego por robo, por pago con cheques sin fondos, por cartas obscenas a los anuncios de agencias matrimoniales de los periódicos.

A los 55 años, dentro de sus alucinaciones, ve a Cristo y éste le dice que tiene que lavar sus culpas a través del sufrimiento físico, la tortura y los sacrificios humanos. A partir de entonces ya no frenaría su impulso asesino y atormentaría a jóvenes varones, el abuso y asesinato de niños lo llevaría a mudarse a 25 estados diferentes.

Sus víctimas eran fundamentalmente niños afroamericanos o de clase social baja. Amparado en su aspecto de abuelo seducía con dinero y golosinas, golpeaba a los desafortunados hasta matarlos o los mutilaba hasta que morían, bebía su sangre y cocinaba las partes. Es arrestado por la policía, el 13 diciembre de 1935, cuando envía una carta anónima a la madre de una de sus víctimas:

«... La conduje a una casa vacía que había elegido con anterioridad en Westchester. Cuando llegamos, le pedí que permaneciera afuera. Mientras ella recogía flores subí las escaleras y me quite todas mis ropas. Sabía que si no lo hacía de ese modo, podría mancharlas de sangre. Cuando todo estuvo listo fui a la ventana y la llamé. Me escondí en el closet hasta que estuvo en el cuarto. Al verme desnudo comenzó a llorar y trató de escapar por las escaleras. La sujeté y ella dijo que le diría su mama. Primero la desnudé ¡cómo pataleó, araño y me mordió! pero la asfixie hasta matarla. Luego la corté en pequeños pedazos para poder llevar la carne a mi lugar. Guise su rico y delicioso trasero. Me tardé 9 días en consumir todo su cuerpo. De haber querido hubiera tenido sexo con ella, pero no quise. Murió siendo virgen.».

Delante del Tribunal confiesa, sin ningún pudor ni arrepentimiento, la autoría de los crímenes y aberraciones que había cometido. Su deseo de comer carne cruda las noches de luna llena le valió el apodo de «Maníaco de la Luna». El Tribunal lo declara culpable, tras diagnosticarlo psicótico pero cuerdo. También confesó las emociones que experimentaba al comerse sus propios excrementos, y el obsceno placer que le producía introducirse trozos de algodón empapado en alcohol dentro del recto y prenderles fuego. Los hijos de Fish contaron cómo habían visto a su padre golpeándose el cuerpo desnudo con tablones claveteados hasta hacer brotar la sangre.

El doctor Fredric Wertham estableció que la perversidad mostrada por Albert Fish no tenía parangón alguno en los anales de la siquiatría, y sugiere que el autocastigo que Fish se imponía, era fruto de la paranoia psicopática que sufría en sus propósitos de perversión sexual.

Fue sentenciado morir en la silla eléctrica, y fue electrocutado el 16 de enero de 1936 en la prisión de Sing Sing. Tuvo que ser electrocutado dos veces porque en la primera se produjo un cortocircuito debido a las agujas que tenía incrustadas en los escrotos.

Albert al conocer el veredicto del Jurado, dijo: «Que alegría morir en la silla eléctrica! Será el último escalofrío, uno de los pocos todavía no he experimentado».

Un personaje terrible, que ha tenido diferentes denominaciones: el Maníaco de la Luna, el abuelo asesino, el verdadero Hannibal Lecter, el abuelo caníbal, el Ogro de Nueva York, el vampiro de Brooklyn, etc., y que llena una de las páginas más negras y oscuras de la sinrazón humana.

Foto: Albert Fush cuando fue detenido en 1935.

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