¡¡¡Bienvenido a mi Blog de Historia, espero que disfrutes en él!!! Puedes acceder al resto de mis blogs que seguro que serán de tu interés. ¡¡¡Muchas gracias por tu visita y espero seguir contando contigo!!!

domingo, 3 de febrero de 2019

El trágico final de Luis II de Baviera, el rey loco. Accidente, suicidio o asesinato.



Luis II de Baviera es un rey muy conocido por distintos motivos: por los fabulosos castillos construyó; por su carácter soñador y romántico que lo encerró en un mundo irreal de fantasía, se le conoce como “el rey loco”;  por su frustrada homosexualidad; por su mecenazgo a Richard Wagner del que se decía que era su amante; pero sobre todo por su trágico final, hoy todavía sin aclarar, ya que según la versión oficial se suicidó y según otras versiones fue asesinado. Os voy a contar la historia del “Rey Loco”.

Vida y reinado
Luis Otón Federico Guillermo de Baviera, nació el 25 de agosto de 1845, en el castillo de Nymphenburg en Munich, hijo del rey Maximiliano II de Baviera y de María, hija del rey de Prusia que más tarde sería Kaiser alemán, Federico Guillermo I.

Su educación fue esmerada, como correspondía al futuro rey, predominando las artes artísticas de las que su padre y su abuelo, Luis I, fueron grandes defensores. La vida del joven príncipe dio un cambio radical cuando el 25 de agosto de 1861 presenció, por primera vez, la obra de Wagner “Lohengrin” de la quedó completamente absorto y desde ese momento su pasión por la obra wagneriana y su espíritu romántico y artístico le cautivaron. Su carácter enfermizo y romántico le valdría el apodo del “Rey Loco”.

Escudo de Armas de Luis II
De muy pequeño ya dio muestras de un temperamento inestable, protagonizando una monumental pelea con su hermano menor, al cual estuvo a punto de estrangular, y ese carácter soñador y rebelde le condujo a mantener una constante batalla personal entre la realidad y la fantasía.

Cuando contaba con 18 años fallece inesperadamente su padre Maximiliano II y el 10 de marzo de 1864 es proclamado rey de Baviera. Su reinado pasó a ser tormentoso para él, aunque su actividad política fue más importante de lo que en general se cree. Profundamente antibelicista, no tuvo más remedio que enfrentar a Baviera contra Prusia en la "Guerra Alemana" y pesar de su derrota, el pueblo le adoraba ya que veía representado en él al príncipe romántico, sensible, preocupado por sus súbditos, justo y amante de las artes. Desde entonces Baviera dependería de Prusia en política exterior y su rey se convirtió en un "vasallo" de su tío prusiano.

Al poco de subir al trono hizo llamar al artista que tanto le había impresionado unos años atrás, así el 6 de mayo de 1861 recibe en Munich a Richard Wagner con estas palabras: «Sin que vos lo supierais, erais la cuenta de todas mis alegrías. Vos habéis sido mi mejor maestro, mi educador y un amigo que, como ningún otro, ha sabido hablar a mi corazón. Haré cuanto esté en mi mano para haceros olvidar vuestros sufrimientos, disiparé todas vuestras preocupaciones, os proporcionaré el reposo a que aspirais a fin de que desplegueis sin traba alguna, vuestro genio maravilloso. Ahora que visto la púrpura, emplearé mi poder en endulzar vuestra vida».

El compositor Richard Wagnera
El compositor escribió, tras su primer encuentro con el rey: «Hoy he sido llevado ante él. Por desgracia es tan bello y genial, inspirado y magnífico, que temo que su vida se desvanezca como un fugaz sueño divino en este mundo malvado. De la magia de sus ojos no puede Vd. hacerse ni idea: ¡si pudiera sobrevivir; es un milagro demasiado inaudito!».

De Munich se traslada al castillo de Berg, a orillas del lago Stamberg en la isla de las rosas, donde proporciona a Wagner una villa cercana para que trabaje con tranquilidad, le dona una casa en Munich, en la Briennerstrasse y paga todas las deudas del artista. Múnich se convirtió en capital musical europea con los estrenos de "Tristán e Isolda" (1865), "Los maestros cantores de Núremberg" (1868), "El oro del Rin" (1869) y "La Walkiria" (1870). Con ello Luis II continuaba la tradición de mecenazgo de la casa de Wittelsbach.

Pero, la presión que le genera la corte al rey por su relación con Wagner le obliga a tomar la decisión de acompañarlo a la frontera de Baviera, el 10 de diciembre de 1865 y despedirse de él, aunque siguió contribuyendo a su sustento.

Luis II de Baviera
La expectativa de engendrar un heredero y la presión ejercida por la corte le lleva a anunciar, a comienzos de 1867, el compromiso con su prima Sofía de Wittelsbach, hermana menor de Sissi, pero el compromiso se fue posponiendo hasta que se anuló definitivamente. A lo largo de su reinado se le relacionó con varios hombres, principalmente con Richard Hornig un apuesto caballerizo. Su formación estrictamente católica le hizo llevar su homosexualidad como una verdadera carga difícil de sobrellevar.

Luis II construyó tres grandiosos castillos perpetuando de este modo la tradición familiar. El palacio de Linderhof construido en uno de los cotos de caza de su padre y con una clara inspiración en el Palacio de Versalles, el Palacio Linderhof es el más pequeño de los tres y el único palacio que llegó a ver terminado. En 1869 manada construir su mayor obra, el castillo de Neuschwanstein, conocido a nivel mundial como símbolo de la arquitectura romántica idealizada, es uno de los lugares más fotografiados de Alemania y uno de los castillos más visitados de Europa. El sueño del rey loco fue la fuente de inspiración de Walt Disney para comenzar a construir su propio sueño. Finalmente construyó el palacio de Herrenchiemsee erigido a orillas del en el lago Chiemsee, entre 1878 y 1886, es una construcción monumental realizada para cumplir su sueño desde que visitó Versalles por primera vez de tener un palacio igual y encargó su construcción y, aunque no llegó a verlo acabado, el parecido entre ambas construcciones y sus jardines es asombroso.

Castillo de Neuschwanstein

Reclusión y muerte
Su personalidad melancólica lo fue encerrando cada vez más en su propio mundo, un mundo diferente gobernado por su espíritu romántico y atormentado en la soledad del castillo de Neuschwanstein. Esta situación llevo finalmente a su familia y a los altos estamentos bávaros a publicar, a primeros de junio de 1866, un informe médico que lo declaró incapacitado para gobernar. Hoy se considera una estratagema, auspiciada por su familia, para apartarlo del gobierno ya que no se le hizo ninguna exploración personal al monarca. Lo trasladaron al castillo de Berg y lo pusieron bajo custodia psiquiátrica. El día 10 de junio de 1886, su primo el Príncipe Leopoldo, dada la evidente discapacidad del hermano menor del rey, asumió la regencia del reino.

Tres días después, el 13 de junio de 1866, el rey estaba dando un paseo por los jardines de palacio que bordeaban el lago Starnberg junto con su médico personal el doctor Bernhart von Gudden. Ante la tardanza en regresar al palacio se organizó una partida de búsqueda que encontraron ambos cadáveres flotando en el lago.
La versión oficial con relación a su muerte es la del suicidio, por la que habría puesto fin a su atormentada existencia de soledad y compañía, a su vida de continua contradicción romántica, llevando consigo a su guardián y médico. Decía, así mismo, que el monarca había sufrido un ataque de locura y se había suicidado no sin antes matar al doctor cuando éste trato de impedir que se arrojara al lago.

Sin embargo, hay circunstancias que desmienten esta versión del ahogamiento en el lago ya que en su autopsia no se encontraron restos de agua en los pulmones y nunca había mostrado tendencias suicidas. Además, las sospechas de que no se tratase de un suicidio se agravaron con los testimonios de un pescador y algunas personas que se encontraban por la zona de haber oído unos disparos. Este rumor fue en aumento y tomó cuerpo la posibilidad de que rey fuese asesinado, en un regicidio planeado por la propia familia real y por los poderes bávaros y/o alemanes para los que resultaba muy incómoda la existencia del rey.

Lugar donde fue encontrado el cuerpo de Luis II
en el Lago Starnberg
En la década de 1960 se reavivó la controversia sobre la muerte del “Rey Loco” cuando el banquero muniqués Detlev Utermöhle declaró bajo juramento que, siendo niño, la condesa bávara Josephine von Wrba‑Kaunitz había mostrado a sus padres algunas prendas de los Wittelsbach entre los que se encontraba el gabán que llevaba Luis II el día de su muerte y que es su parte trasera tenía dos agujeros de bala. En 1973 un incendio quemó todas las propiedades de la condesa y desapareció la única prueba que podría haber cambiado la versión oficial de la muerte del rey.

Quedan pues sin resolver las circunstancias exactas de la muerte de Luis II: intentaba escapar y encontró la muerte por accidente o como consecuencia de la acción su cuidador para impedirlo ya que, según parece, era un buen nadador; mató el rey al doctor o éste iba a huir con él y por tanto ambos fueron asesinados. Hay queda la duda ya que la familia Wittelsbach se ha negado a reabrir el asunto de la muerte del “Rey Loco”.

Pese a las misteriosas circunstancias que propiciaron su muerte y su destronamiento, Luis II tuvo un funeral enormemente lujoso. La Iglesia no presentó demasiadas pegas para permitir su entierro en lugar sagrado, que en aquella época estaba prohibido a los suicidas, ya que se consideró que la locura de Luis II le eximía de cualquier responsabilidad en su suicidio desde el punto de vista eclesiástico, por lo que se le permitió tener un entierro real completo. Su cadáver fue ataviado con el rico traje de la orden de San Humberto y fue enterrado en la cripta real de la iglesia de San Miguel en Múnich, donde puede visitarse su tumba.

En 1973 Luchino Visconti llevo a la gran pantalla su vida en la película “Luis II de Baviera, el rey loco”.

La Guerra Civil en el valle del Bernesga (León)

Al comenzar la Guerra Civil, la parte Norte de la provincia de León y, en particular, sus cuencas mineras se mantuvieron leal al Gobierno de Madrid, constituyéndose en las diferentes localidades los comités del Frente Popular que se convirtieron en el poder de facto de la zona. De forma inmediata recibió el apoyo de sus correligionarios asturianos cuya influencia desbordó desde el primer momento la Cordillera Cantábrica, permaneciendo en ella buen número de los componentes de la expedición minera enviada desde Oviedo a Madrid el mismo 18 de julio que había frustrado la sublevación de la guarnición militar de León.

Por su parte, dicha guarnición de León tuvo que dedicarse por entero a contener la expansión de los partidarios del Gobierno que controlaban el Norte de la provincia, frenándoles en algunos puntos y haciéndoles retroceder en otros hasta constituir un frente defensivo que, en la zona central, por la que cruzaba la carretera nacional Adanero‑Gijón, quedó establecido en Puente de Alba, a vanguardia de La Robla, localidad que las tropas de León ocupaban el 1 de agosto.
Gráfico del avance de las tropas franquistas 
La línea nacional se apoyaba así en la carretera de La Magdalena a La Robla, mientras la republicana se afirmaba en las alturas de Maresma‑Amargones‑EI Altlco‑La Muezca‑Fontañán‑Nocedo de Gordón. A lo largo de trece meses de guerra fue este un frente estabilizado, muy endurecido, en el que no se efectuaron operaciones de importancia por ninguno de los dos bandos, aunque tuvieron lugar, no obstante, por una y otra parte, frecuentes golpes de mano como el realizado por los republicanos contra La Robla el 19 de febrero de 1937 y continuos hostigamientos con armas automáticas, morteros y artillería.
Soldados republicanos en Gordón
En agosto de 1937 el Ejército del Norte, nacional, ocupaba toda la provincia de Santander en una campaña relámpago, quedando la parte centro‑oriental de Asturias como único bastión de la República en la cornisa cantábrica. Las tropas que ocuparon Santander, las Brigadas de Navarra, entraban el 31 de agosto en Unquera y al día siguiente proseguían su avance por el Oriente de Asturias sin solución de continuidad. Este ataque, protagonizado por dichas Brigadas Navarras desde el Este, debía combinarse con otro efectuado por el Sur, desde León, sobre los puertos de la cordillera Cantábrica por las fuerzas del VIII Cuerpo de Ejército, reforzadas con dos Brigadas de Castilla, al mando conjunto del general Aranda.
Puente de Alba. Soldados franquistas


El 9 de septiembre de 1937, las fuerzas al mando del general Aranda iniciaban desde el frente leonés la ofensiva sobre la Asturias republicana en dirección a los puertos de Pajares y Piedrafita. Como quiera que la ruptura por el valle de Bernesga, siguiendo la carretera general, resultaba muy problemática por las abundantes fortificaciones que la controlaban, Aranda decidió que la 1ª Brigada de Castilla, al mando del coronel Gistau, que se dividía en dos medias Brigadas, la 1ª mandada por el teniente coronel Sagardía y la 2ª por el teniente coronel García Polo, atacara más al Oeste entre Otero de las Dueñas y Olleros del Alba. El coronel Gistau partiendo de Olleros de Alba y Santiago de las Villas, debía ocupar como primeros objetivos las alturas de Amargones‑El Ático‑La Muezca, defendidas por la 186ª Brigada Republicana, al mando del mayor José Recalde, para proseguir a continuación hacia Los Barrios de Gordón y envolver por el norte La Pola de Gordón.

Comienza el ataque la 2ª Media Brigada de Castilla del teniente coronel García Polo que, partiendo desde Otero de las Dueñas, ocupa en esa primera jornada de la ofensiva las alturas de Santas Martas, Peña Rueda y los vértices Violares y Amargones. Desde este último asaltaba y ocupaba al día siguiente, el 10 de septiembre, en medio de un temporal de lluvias, la posición del Altico.

En la primera jornada de la ofensiva la 1ª Media Brigada del teniente coronel Sagardía, no pudo prácticamente avanzar pues la ocupación de sus objetivos estaba condicionada a la previa del vértice Violares, que correspondía a la 2ª Media Brigada. Cuando ésta tomó Violares el día 10, entonces las tropas de Sagardía pudieron hacerse con La Cierva y, en una marcha nocturna, ascender hasta el vértice Rebolleras para desde él asaltar La Muezca por su espalda
Avance de la 1ª Media Brigada de Castilla

Tras ocupar las cumbres, las tropas de Gistau descendieron por la vertiente contraria, haciendo retroceder al 232 Batallón, al mando del mayor Campos Dutor, de la 186ª Brigada Republicana y a las fuerzas de la 1ª Brigada Montañesa que mandaba el mayor Antonio Cuadra, y que habían acudido en su refuerzo, llegando el día 11 a Los Barrios de Gordón, Paradilla y Carbonera. Alcanzaban así la carretera de San Pedro de Luna a La Pola de Gordón a la que orientaron su avance hacia el Este, hacia vega de Gordón, envolviendo todo el sistema defensivo de Fontañán, Nocedo y La Pola de Gordón, lo que obligó a las fuerzas republicanas a abandonarlo sin lucha, el día 12, ante la amenaza de resultar ocupadas. Las unidades republicanas que estaban dispuestas a defender Fontañán, al encontrarse con el enemigo a su espalda, debieron retirarse apresuradamente, librándose por muy poco de ser copadas.

Las tropas de la 1ª Media Brigada se apoderaron de la Collada Urdiales y, desde ella, iniciaron el descenso hacia Los Barrios de Gordón, quedando al finalizar la jornada en la cota 1250, 800 metros al Sur de dicha población, dominando la carretera y pueblo de La Pola de Cordón, que había sido incendiado antes de ser abandonado, así como lo fueron también Los Barrios y Beberino. El día 12, envolvían por el Norte La Pola de Gordón, ocupándola seguidamente.
Tropas del coronel Gistau descenciendo hacia Los Barrios de Gordón

El frente republicano estaba roto. Sus adversarios lo habían atacado combinando los movimientos sincronizados de varias unidades que procuraban siempre maniobrar las posiciones más fuertes, para poder atacarlas por la espalda, una vez desbordadas. Táctica esta innovadora, muy diferente a los brutales choques frontales de la Primera Guerra Mundial, que los alemanes perfeccionarían y aplicarían, a una escala mucho mayor, en la Segunda.
Al abandonar La Pola de Gordón las tropas republicanas provocaron numerosos incendios

martes, 23 de mayo de 2017

La leyenda del moro «Valiente»

El Arbi A-Bulaix, el moro «Valiente».
 El menor de los tres hermanos y
el único superviviente
Durante años, a comienzos del siglo pasado, en el Marruecos español, una familia de feroces criminales asoló en campo fronterizo dejando gran intranquilidad y desasosiego entre los habitantes de la zona entre Ceuta y Tetuán. Esta es la historia de un sangriento asesino, es la leyenda del “moro valiente”.

La muerte del primitivo Valiente, un criminal sin escrúpulos que tuvo un final acorde con su azarosa existencia, dejó el embrión de su maldad en sus tres hijos, más criminales y cobardes que su padre y que durante años se encargaron de mantener y acrecentar esa reputación y mantener un estado continuo de alarma ya que ni moros ni hebreos podían circular con tranquilidad entre Ceuta y Tetuán sin exponerse a ser saqueados y asesinados brutalmente. Incluso el moro que se encargaba de llevar la correspondencia entre las dos localidades era también objeto de sus atropellos, siendo el segundo de los hermanos el encargado de mantener incomunicadas ambas plazas, quien a la muerte de su padre había tomado las riendas del clan.

El ganado que pastaba en zona neutral, los pescadores que se acercaban a las costas, todo era objeto de asalto sin que la política pasiva de nuestros gobiernos pusiese coto a sus desmanes. La débil conducta del gobierno español dio alas a las actuaciones de este clan y sus seguidores que pronto se les quedo pequeña su zona de actividad y decidieron probar hasta dónde eran capaces de poner en jaque a las autoridades españolas y a la guarnición de la plaza sin que les inquietase en absoluto la figura del representante de su gobierno en el campo fronterizo, Sidy Abraham Ben Said, quien carecía de las fuerzas que, según el Tratado de Wad-Ras, debía mantener el Sultán para mantener el orden en la frontera.

Una demostración del poder que ejercía el moro Valiente en el territorio era el hecho de que llegó a imponer tributos a los habitantes de la zona, a los que pastaban sus ganados, cortaban leña o pescaban en la costa del campo marroquí. Estas acciones resultaban vejatorias a la autoridad local de la plaza que le llegó a prohibir la entrada a la misma junto a todos sus seguidores. Esta medida le sirvió para incrementar sus tropelías y abusos e incluso hacer fuego sobre las parejas de la Guardia Civil que vigilaban los límites del territorio español.

Con el transcurso del tiempo las autoridades de la plaza hicieron borrón y cuenta nueva y volvieron a admitir al moro Jameido, que así se llamaba el moro Valiente, en el recinto de Ceuta, rodeándole de atenciones y considerando que en su reputación, cimentada en crímenes y robos, podía inspirarse la política que España quería desarrollar en la zona.

Jameido A-Bulaix, segundo hermano de los moros «Valientes», muerto por El Hach Mohamed
en el sitio del territorio moro de Fuente del Conejo en 1907, con sus principales partidariois

Pero las “hazañas” de este tipo de personajes no caen en el olvido, como se pretendía, sino que enseguida aparecen otros osados sin escrúpulos capaces de derrocar al primitivo tirano y ocupar su puesto. Así que no tardó en aparecer otro moro, tan osado y tan valiente como el Jameido, decidido a disputarle el poder de la misma manera que en su tiempo  había utilizado él. El Jameido cayó en una emboscada de su oponente y fue brutalmente asesinado por el mismo procedimiento que utilizó en la forja de su reputación como valiente.

El Hach Mohamed, se convirtió en el nuevo cabecilla y cumplió mejor con las promesas que le hizo al general Aldave, así el camino entre Ceuta y Tetuán dejó de ser el objeto de ataque de los moros y se restableció el tráfico de personas y ganado en la frontera del campo marroquí.

Pero quedaba El Arbi, el último de la familia, que temeroso de ser víctima de El Hach, huyó de Beni-Msala y se refugió en Ceuta, instalándose en la Almadraba, barrio de pescadores muy próximo a los límites. El general Aldabe le concedió el asilo y protección que había solicitado a condición de que territorio español fuera para ellos neutral y sagrado. El Arbí pronto pagaría la generosidad española con  deslealtad.

Kad-dur ben Alí Saide, primer teniente retirado de la compañía de moros tiradores; el xerif de Wazan,
Mohamed A-Bulaix, hermano mayor de los tres moros «Valientes», fallecido de muerte natural
 y dos periodistas de Ceuta

Una mañana, El Arbi, agazapado en el campo español tras un desmonte, cerca de los límites, esperó a su rival y por la espalda le pegó un balazo. Como era conocedor de la reacción del general Aldave huyó a Beni-Msala donde reunió a sus antiguos seguidores para continuar con la “herencia” familiar. Pide al general Aldave la entrega de los miembros de su familia retenidos en la plaza a lo que éste se niega enérgicamente instando a los Beni-Msala a la entrega inmediata del asesino para que responda ante las autoridades españolas del crimen cometido cuando gozaba de su protección. Los moros dieron un sinfín de pretextos alegando que no podían cogerle, pero el general, que conocía bien a los moros, no admitió sus excusas y les prohibió la entrada en la plaza considerándolos cómplices del criminal.

El moro Valiente, encerrado en su casa, que había fortificado, durante el día, salía por la noche a hostigar a las parejas de la Guardia Civil que vigilaban la frontera y a robar ganado a los colonos. El general Aldabe estaba dispuesto a terminar con esta situación pero la prudencia le aconsejó a que esperase el momento propicio para ello. Pronto se presentó la oportunidad esperada cuando los habitantes de Ceuta están tranquilos ajenos a lo que ocurría en el campo exterior, se recibe en el Gobierno Militar la noticia de la brutal agresión al oficial de la Guardia Civil Sr. Blanco, cuando se encontraba de servicio recorriendo el arroya de las Bombas. Ocultos y amparados por la oscuridad los secuaces del Valiente dispararon sobre el oficial sin que, afortunadamente, le alcanzaran con sus proyectiles pero no pudiendo repeler el ataque al caer del caballo que montaba y salir éste huyendo.

Dos horas más tarde del atentado, el general Aldabe había trasmitido las órdenes oportunas y las fuerzas se encontraban armadas y preparadas. Todo estaba preparado y decidido con una rapidez admirable. El plan del general consistía en cercar el aduar de Beni-Msala y destruir el refugio del moro Valiente, acabando de una vez por todas con los crímenes que asolaban el  territorio.

El aduar de Beni-Msala, feudo de la familia, está formado por unas doscientas chozas en la parte alta de un estrecho valle en la zona montañosa que rodea la playa de los Castillejos. No era posible llegar a Beni-Msala por este desfiladero, había que hacerlo por las alturas por un terreno sinuoso, quebrado y montañoso.

Las fuerzas se dividieron en dos columnas. La primera, por la derecha al mando del coronel don Luis Serreta, estaba formada por el regimiento de Infantería del Serrallo con su sección de ametralladoras, la batería de montaña y una sección de zapadores minadores. La segunda, al mando del coronel don José Borredá, estaba formada por el regimiento de Ceuta con su sección de ametralladoras y que debía recorrer la zona comprendida entre Ceuta y la playa de los Castillejos, ascendiendo posteriormente hasta Beni-Msala para envolver el terreno del aduar.

Croquiis de la expedición de castigo de Beni-Msala

El mando de todas la fuerzas, unos dos mil hombres, le fue encomendado al bizarro general Zubia que gozaba de un merecido prestigio, y como ayudantes, al comandante don José Priego y al capitán don Juan Molina, ambos de Estado Mayor, y al capitán de Infantería don José Ruiz. La vanguardia la mandaba el teniente coronel jefe de las milicias don José Nofuentes y estaba compuesta por los tiradores moros del Rif y 50 hombres del regimiento del Serrallo.

Antes de amanecer, los tiradores moros del Rif escalan las alturas para tomar posiciones y proteger el avance de las columnas impidiendo la posibilidad de emboscadas. A las cinco de la mañana salió la primera columna de la Almadraba y a continuación la segunda hasta el arroyo de las Bombas, dejando entre las dos columnas un batallón de reserva y continuando hasta los Castillejos. La primera continúo su ruta hasta el Boquete de Anyera. A las ocho de la mañana se establecían los soldados en las cimas dominantes del aduar. Se ordenó al coronel Barredá subir desde los Castillejos a cubrir el flanco izquierdo de las posiciones. La batería de montaña se situó en una altura desde la que dominaba la casa del moro Valiente. Las ametralladoras se situaron en un cerro desde el que batían las avenidas del poblado. Las fuerzas de Infantería y la compañía de moros flanqueaban las avenidas de la Almarza. El general Aldave se situó con su Cuartel General en el fuerte Príncipe Alfonso desde el que se comunicaba directamente con el Gobierno Militar y con el general Zubia.

Vivienda del moro «Valiente»
Un numeroso grupo de moros, viendo la situación de las fuerzas españolas, se presentó al general Zubia implorando clemencia y alegando ser ajeno a las fechorías del Valiente. Les concedió dos horas para desalojar sus viviendas. En una loma cercana se divisó a un grupo de moros entre los que se encontraba el Valiente, allí se dirigieron las granadas y el feroz bandido incapaz de sostener su valentía ante nuestros cañones, huyó aterrorizado llevándose consigo su terrorífica leyenda.

La artillería centro ahora el fuego sobre la casa del Valiente, que fue alcanzada de lleno. El general ordenó el avance de la sección de Ingenieros que, al mando del teniente Orsinaga, protegida por una compañía del regimiento del Serrallo, al mando del capitán Cañamaque, reconoció la casa y forzó la entrada. En las habitaciones no se encontraron ni muebles ni objetos de ningún tipo. El teniente Orsinaga mandó colocar ocho cargas de dinamita que hicieron volar el edificio. Las tropas se reunieron en una sola columna y regresaron a sus cuarteles sin haber sufrido ni una sola baja.

Plano de la casa del moro «Valiente»


Con esta operación el general Aldave puso fin a la leyenda del moro Valiente y acabó con las intenciones de que algún otro “Valiente” intentara de nuevo continuar el reguero de crímenes que había dejado esta brutal familia en la zona fronteriza del campo marroquí. 

Fuente: La Ilustración Militar

miércoles, 12 de abril de 2017

Un caso de Regulares

Regulares ocupando una posición
Hoy voy a contar un caso que contaba el capitán Juan Valdés Martel cuando estaba destinado en como 2º Teniente en el Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Larache nº 4, al mando de la 3ª Sección de la 1ª Compañía del primer Tabor, durante las clases de preparación que recibían los nuevos oficiales recién llegados a Marruecos, antes de incorporarse a los distintos cuerpos de destino, a modo de enseñanza práctica a tener presente.

En mayo de 1916 todas las columnas de operaciones del territorio de Larache se encontraban en Regaia con objeto de realizar una acción combinada con las fuerzas de Ceuta y Tetuán sobre las Kabilas de Wad-Ras y Anyera en apoyo a la labor político-guerrera del Raisuni, que por aquel entonces era aliado nuestro, para unir al territorio.

El teniente Valdés tenía en su sección a dos indígenas de la Kabila de  Beni‑Mestara, de la zona montañesa bajo control francés, una de las más indómitas de Marruecos, que se había unido a las tropas españolas unos días de su partida a Regaia. Estos indígenas eran fuertes, serios y obedientes, tenían unos 25 años y planta de buenos soldados.
Cabileños

El teniente recelaba de ellos, conociendo su procedencia y su carencia de toda garantía personal y económica, suponía que su alistamiento se debía a la intención de desertar con el armamento. Los nombró camilleros de la sección y ordenó a sus hombres que los vigilasen constantemente, supervisando el mismo la vigilancia sobre ellos.

Participa su compañía en la operación del Azib del Hach el‑Arbi, sobre Wad‑Ras y la de Sidi Talha sobre Anyera. En Sidi Talha murieron un cabo y seis soldados de la compañía que salieron a hacer la descubierta de la avanzadilla El Borch, guarnecida por la 1ª sección. Durante toda la operación los susodichos cabileños no dieron ningún motivo de sospecha. Al tener bajas en la unidad, ambos dejaron de ser camilleros para coger un fisil y se incrementó la vigilancia sobre ellos.

El 29 de junio los regulares de Larache tomaban el Zoco del Tzein de Melusa, mientras las fuerzas de Ceuta ocupaban el Biutz y  la compañía del teniente Valdés quedó en aquella posición de guarnición. Al día siguiente se dispuso que una avanzadilla de la sección de Valdés ocupara una altura que dominaba la zona y la guarneciera con un sargento y veinte hombres. Para el cometido eligió a los veinte soldados más bravos y aguerridos, ya que tras los sucesos de Sidi Talha en la sufrieron bajas sin hacer ninguna al enemigo, la moral estaba un poco decaía, y con ellos era consciente de que tales acontecimientos no les habrían dejado ningún tipo de huella.
Regulares de avanzadilla

El teniente con los otros 18 hombres, entre los que se encontraban los dos Beni‑Mestara, salió a realizar la descubierta dejando en el recinto al sargento con el resto de hombres. Ahora es cuando viene el caso:

“La avanzadilla, por la disposición topográfica de su emplazamiento, había de mantener durante el día tres centinelas en el exterior, los cuales, por tratarse de lugar tan avanzado y próximo al enemigo, eran dobles y Valdés dio la orden de que aquellos dos individuos no formaran nunca un puesto ellos solos.
Al quinto día y cuando faltaba poco para anochecer y por consiguiente para retirar el servicio exterior, se encontraba el teniente dando unos anticipos de su dinero particular a los soldados libres de servicio porque llevaban varios días sin cobrar la «muña», ya que no había llegado de Larache el dinero de la compañía, cuando las voces del cabo de guardia le hicieron salir rápidamente al exterior. Os podéis imaginar lo que había ocurrido. El cabo, por un olvido, había puesto juntos de centinela a los dos cabileños, en contra de la orden del teniente Valdés, y éstos se habían escapado.
Salió Valdés con varios hombres a buscarlos, dispuesto a cazarlos a tiros si lograba darles alcance. Fue inútil, como buenos montañeses y con los minutos de ventaja que les llevaban, en aquel terreno quebrado y cubierto de bosque, fueron más que suficientes para que escaparan. Como era de noche y tenía que mantener el puesto en la línea avanzada, tuvo regresar a  él y dar parte a  de la deserción a sus superiores.”

Cabileños en la defensa de una posición avanzada
La lección que les quería dar a los nuevos oficiales es que a pesar del cariño o aprecio que les había cogido a los cabileños, que habían sufrido peligros y penurias a su lado, toda precaución sobre el indígena de tierras lejanas y guerreras que no ofrece garantías materiales, es poca. A pesar de las precauciones que había tomado, sufrió el fracaso de la deserción por culpa de una clase descuidada en sus cometidos. La enseñanza es que las clases tienen que ser buenas y hay que exigirles mucho sin lo cual, por grande que sea el celo que pongamos de nuestro lado, siempre estaremos vendidos.


Y como moraleja final: “El oficial no puede hacer, en ocasiones, de sargento y de cabo, pero si que tiene que conseguir que sus sargentos y cabos sean excelentes”.
Regulares de Larache nº 4

martes, 7 de febrero de 2017

Los Voluntarios Catalanes. Marruecos 1860

don Victoriano Segrañés, Comandante en Jefe
de los Voluntarios Catalanes
Al igual que los vascos, los catalanes también contribuyeron en la Guerra de África de 1860 con la Unidad de Voluntarios Catalanes.

La unidad se creó el 24 de diciembre de 1859 constaba de cuatro compañías y estaba mandada por don Victoriano Sugrañés y Hernández, teniente coronel graduado y capitán de infantería retirado. La Plana Mayor la completaban el teniente ayudante don Manuel Vacaro y Vázquez y el subteniente don Federico Martínez Aranzana. Las Compañías eran mandadas por los capitanes de infantería retirados: don Manuel Rodríguez López Guars, la 1ª; don Antonio Giménez y Bouder, la 2ª; don Martín de Rochenflué y Ortiz, la 3ª y don Antonio Menéndez y Moron, la 4ª.  Cada compañía tenía además dos tenientes y un subteniente. Todos los oficiales estaban en situación de retirados en el Ejército.

Voluntario Catalán
Como sucedió en el resto de regiones, fue la Diputación de Barcelona la encargada de gestionar todo lo relativo a la Unidad de Voluntarios. En un principio cada población que aportaba voluntarios debía costear la confección de los uniformes pero, finalmente, el coste fue asumido por la Diputación de Barcelona y alcanzó la cantidad de 10 000 duros. Este detalle fue correspondido por la reina Isabel II quien envió a la Diputación una carta de agradecimiento. La uniformidad constaba de un «gorro del país o barretina», 3 camisas de algodón, 2 pares de calzoncillos, 2 camisetas de algodón, una túnica y un pantalón de pana, un par de botines de cuero, 2 pares de alpargatas con peales, un morral‑mochila, una manta y una bolsa de aseo. Los oficiales lo mismo pero el poncho como el de los oficiales de Infantería.

Las divisas eran para los capitanes tres galones de panecillo de plata que llevarán en la manga de la túnica entre el codo y el hombro, en forma de ángulo cuyo vértice se colocará dos pulgadas debajo de la costura. Los tenientes usarán dos galones de la misma clase y forma y uno los subtenientes. Los sargentos usarán dos galones y uno los sargentos segundos colocados como los de infantería del Ejército y los cabos dos galones de estambre encarnado como los de los regimientos de infantería. El armamento era una carabina rayada como la de los Cazadores que se las entregó el Parque de Artillería de las existencias de los almacenes.

Divisas de los
Voluntarios
Para el reclutamiento se admitieron voluntarios entre los 17 y los 36 años con buena resistencia física y sin estar sujetos a la próxima quinta. Mientras dure la guerra quedarán acogidos a las leyes y ordenanzas militares. Cada compañía la compondrán 125 hombres y entre ellos se elegirán a 8 cabos, 3 sargentos segundos y un sargento primero, teniendo preferencia los que hubiesen pertenecido a esas clases en el ejército o en los cuerpos francos. Su hubiese voluntarios bastantes se formaría un segundo batallón con las mismas características. Finalmente, la Unidad estuvo compuesta por 466 hombres, 312 del partido judicial de Barcelona y el resto distribuidos por toda Cataluña.

La Unidad partió del puerto de Barcelona a bordo del buque “San Francisco de Borja” con destino a Tarifa. Su comandante al embarcar dio el grito: «Adeusiau barcelonins» (adiós barceloneses). El día 3 de febrero de 1860 la Unidad llegó a Ceuta a bordo del buque “El Piles”, justo antes de la batalla de Tetuán, siendo recibidos en la misma playa por el general O’Donnell y toda su plana mayor. Fue el general Joan Prim, conde de Reus y marqués de Los Castillejos, quien  les dio la bienvenida y tras recordarles que debían corresponder con su valor a los honores recibidos por el ejército “del bravo O'Donnell, que ha resucitado a España y reverdecido los laureles patrios”, les dijo la siguiente arenga en catalán:

Bandera de los Voluntarios Catalanes en la Guerra de áfrica de 1860

«Catalanes: Acabáis de ingresar en un ejército bravo y aguerrido, en el ejército de África, cuyo renombre llena ya el universo. Vuestra fortuna es grande, pues habéis llegado a tiempo de combatir al lado de estos valientes. Mañana mismo marchareis con ellos sobre Tetuán.
Catalanes: Vuestra responsabilidad es inmensa; estos bravos que os rodean y que os han recibido con tanto entusiasmo, son los vencedores en veinte combates, han sufrido todo género de fatigas y privaciones; han luchado contra el hombre y contra los elementos; han hecho penosas marchas, con el agua hasta la cintura; han dormido meses eternos sobre el fango y bajo la lluvia: han arrostrado la tremenda plaga del cólera; y todo lo han sufrido sin murmurar, con soberano valor, con intachable disciplina. Así lo habéis de soportar vosotros. No basta ser valientes: es menester ser humildes, pacientes, subordinados. Es menester sufrir y obedecer sin murmurar. Es necesario que correspondáis con vuestras virtudes al amor que yo os profeso, y que os hagáis dignos con vuestra conducta de los honores con que os ha recibido este glorioso ejército, de los himnos que  han entonado las músicas en vuestro loor, del general en jefe a cuyas órdenes vais a tener la honra de combatir; del bravo general O´Donnel, que ha resucitado a España y reverdecido los laureles patrios…
Pensad en la tierra que os ha equipado y os ha enviado a esta campaña; pensad en que aquí representáis el honor y gloria de Cataluña; pensad en que sois depositarios de la bandera de vuestro país…y que todos vuestros paisanos tiene los ojos fijos en vosotros para ver como dais cuenta de la misión que os han confiado. Uno solo de vosotros que sea cobarde, labrará la deshonra de Cataluña…
Y si así no lo hacéis; si alguno de vosotros olvidase sus sagrados deberes y diese un día de luto a la tierra en que nacimos, yo os lo juro por el sol que nos está alumbrando: ni uno solo de vosotros volvería vivo a Cataluña…”
Si correspondéis a mis esperanzas y a las de todos vuestros paisanos pronto tendréis la dicha de abrazar a vuestras familias  y  dirán llenos de orgullo: “Tu eres un bravo catalán”».
¡Adelante, catalanes! ¡Acordaos de lo que me habéis prometido! ¡Adelante!».

Víctor Balaguer, cronista de la guerra, comentaba: «Después de la arenga, los voluntarios catalanes desfilaron delante de O´Donnell y al verlos desfilar, este se dirigió a Prim: “Me parecen algo faltos de instrucción”, a lo que éste, contestó: “Mi general, mañana la completaran en el combate”».
Batalla de Wad-Ras. Cuadro de Mariano Fortuny. Museo Nacional de Arte de Cataluña
La Unidad de Voluntarios Catalanes tuvo su bautismo de fuego nada más llegar, tomando parte destacada en la batalla de Tetuán donde murió su comandante Victoriano Sugrañes. Los hechos de esta batalla se narraron así en el Diario de un testigo de la Guerra de África:

«Los voluntarios catalanes han levantado su nombre con una singular hazaña. Los nobles hijos del Principado iban de vanguardia mandados por el General Prim, pero en el instante crítico al llegar a la artillada trinchera, los moros se ponen de pie sobre sus parapetos y fusilan sin piedad a nuestros hermanos. Pero los catalanes no retroceden. […] aunque la franja está llena de muertos y heridos unos 100 catalanes consiguen pasar.
El General Prim se pone a su frente y con voz tremenda les grita en su lengua: “Adelante catalanes no hay tiempo que perder” […] los voluntarios acometen como toros la formidable trinchera. Prim va por delante el primero de todos. Ensangrientan sus bayonetas y vengan a sus compañeros. Vítores sin cuento a la madre España».

Víctor Balaguer en Los Españoles en África, comenta sobre la muerte de su comandante:

El general Prim arengando a los voluntarios
en la batalla de Wad-Rás. Cuadro de 
«Tan brillantes resultados, Excmo. señor, no se consiguen sino con pérdidas sensibles, doblemente cuando recaen en personas tan dignas y beneméritas como las que tenemos que lamentar. Por el estado adjunto, verá V.E cuan cara nos ha costado la victoria; solo llamaremos la atención de V.E sobre las nunca bien lloradas del comandante don Victoriano Sugrañés y Hernández y don Mariano de Moxó, muertos gloriosamente en su puesto, al conducir sus soldados a la victoria».

Los catalanes sufrieron cuantiosas bajas en la toma de Tetuán, pero no fue esa su única hazaña. Cuando los rifeños cortaron el paso a los españoles en Wad-Ras, en su marcha hacia Tánger, se produjo la batalla más dura y sangrienta de toda la guerra. En un momento determinado del combate los batallones españoles fueron rodeados por los rifeños, en ese momento el general Prim, a bayoneta calada, lanza a los 250 voluntarios catalanes que quedaban a romper el cerco. Estos heroicos hechos fueron inmortalizados por los cuadros de Mariano Fortuny y Frances Sans i Cabot.

La Diputación de Barcelona encargó el diseño de la medalla conmemorativa a Josep Pomar i Lladó, se acuñó en los talleres de Bernat Castells, y constó de tres categorías:

¾     Categoría Oro: Fueron dos, una para el general Prim y la otra para el coronel Francesc Fort Segura, quien comandó a los Voluntarios tras la muerte de Sugrañés.
¾     Categoría plata: 492 unidades, medalla de pecho para los soldados que regresaron.
¾     Categoría bronce: 140 unidades, medallas de mano para los familiares de los muertos en combate.

Madallas de plata y bronce (de mano)
Según el historiador Alfredo Redondo, regresaron a casa 237 de los 466 voluntarios, con pensiones garantizadas en función de la condecoración recibida y un ofrecimiento por parte de la Diputación de Barcelona de trabajo en alguna de sus obras.

También se conoce a los Voluntarios Catalanes en la Guerra de África como «Los Voluntarios de Prim»


Cartel conmemorativo del regreso de los Voluntarios Catalanes