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jueves, 14 de abril de 2011

¡Vete a la porra!

Esta famosa expresión, muy nuestra y muy utilizada cuando queremos mandar a alguien lejos de nosotros de una manera “fina”, tiene un origen basado en los famosos Tercios Españoles de Flandes, en pleno apogeo de nuestros ejércitos en Europa durante los tiempos de los Austrias. Vamos a ver cómo se creó la famosa expresión.

Pues bien, en los Tercios el Tambor Mayor de cada uno de ellos portaba un gran bastón o garrote, que recibía el nombre de “porra”. Cuando la guarnición se hallaba fuera de su cuartel de marcha y se realizaba un alto prolongado, el Sargento Mayor ordenaba al Tambor hincar en el suelo el extremo inferior de la porra para señalizar el alto.

Hay que recordar que en los Tercios el Sargento Mayor era el ayudante principal del Maestre de Campo, era el segundo al mando en el Tercio, lo que hoy sería el Jefe de Estado Mayor y aunque no tenía compañía propia, tenía la potestad sobre todos los capitanes. Daba las órdenes verbales del Maestre de Campo del Tercio a los capitanes, decía cómo debía formar el Tercio en el campo de batalla y dónde se alojarían las compañías en los campamentos. El suyo era el trabajo de mayor responsabilidad. Tenía un ayudante que solía ser un alférez de su antigua compañía.

La evolución de estos dos cargos es lo que en la actualidad son los empleos de Teniente Coronel y Comandante de un regimiento o unidad militar.

Por su parte los Tambores y Pífanos eran los encargados de llevar las órdenes del capitán en el combate a base de los toques de sus instrumentos y, por tanto, el Tambor Mayor y el Pífano Mayor llevaban las órdenes del Sargento Mayor a todo el tercio. También tenían la finalidad, subir la moral de los hombres en el combate.

Cuando se realizaba el alto, inmediatamente se establecía alrededor de la “porra” la guardia encargada de custodiar los símbolos más preciados del Tercio: la bandera y el carro de los caudales. También quedaban bajo su vigilancia y custodia los soldados arrestados, que durante el alto debían permanecer sentados en torno a la “porra” que el Tambor mayor había clavado en el suelo.

En los campamentos, la “porra” se colocaba en la puerta de las dependencias principales, que estaban junto a la prevención donde los soldados cumplían el arresto por faltas leves, así que cuando el sargento o cualquier oficial mandaba a alguien a la porra ya sabía que estaba arrestado y debía cumplir el arresto en la prevención, por tanto la expresión de “enviar a alguien a la porra” era sinónimo de arrestarle. El oficial ordenaba al arrestado lo siguiente:

"¡Vaya usarced a la porra, seor soldado!".

Esta irónica pero curiosa locución se popularizó tanto entre los soldados que la utilizaban para “mandar a paseo” a todo aquel que les incordiara, que pasó a engrosar la riqueza léxica del español originando el actual y despectivo «¡vete a la porra!» que perdura hasta nuestros días y la utilizamos para alejar de nuestro lado a quien nos está importunando.

Aún hoy es posible ver el famoso bastón o “porra” en los desfiles militares en los que participa una banda de música militar.

Foto: Tambor Mayor de los Tercios portando el famoso bastón o “porra”.

4 comentarios:

  1. ¡Vaya!..no tenía ni idea. ¿Sirve para que se quede allí el susodicho y no vuelva?. Encerrado, me refiero.....
    ;DD

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  2. No estaría mal que alguno se quedase allí y no saliese mas.....jajaja

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  3. ¡Qué curioso! Lo cierto es que, al analizar nuestro lenguaje, nos encontramos con decenas de expresiones como esta cuyo significado nos puede llegar a sorprender más de lo que pensamos.

    Un saludo!

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  4. La verdad es que hay muchos más de los que pensamos, ya iré poniendo alguno más. Saludos

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