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miércoles, 22 de julio de 2015

El Anfiteatro Flavio de Pozzuoli. Nápoles. Italia

Anfiteatro Flavio de Pozzuoli
El Anfiteatro Flavio de Pozzuoli (Puteoli romana) nos recuerda al mundialmente famoso Coliseo de Roma ya que comparten los mismos arquitectos y los mismos materiales utilizados en su construcción. Llamado Anfiteatro e Flavio, fue construido a finales del siglo I, en tiempos del emperador Vespasiano, de la familia de los Flavios.

Localización del Anfiteatro
La simplicidad y la funcionalidad de su estructura, combinada con elementos decorativos y objetos expuestos, bien conservados gracias a la lluvia de cenizas de las erupciones volcánicas, dan testimonio de la capacidad de organización y habilidad en la toma de escenas sensacionales dan muestra una viva creatividad e imaginación para su época.

Por su número de habitantes por su gran importancia comercial, Puteoli era, la única ciudad de la Italia Antigua, exceptuando a Roma, en tener dos anfiteatros.

El Anfiteatro de Augusta Menor

Antes de la construcción del gran Anfiteatro Flavio Puteoli tenía un anfiteatro de menores proporciones que se quedó anticuado ante el gran desarrollo que experimentaron  los ludi gladiatori a mediados del primer siglo del Imperio. Suetonio dijo referente al ludi de Puteoli que, en uno de los espectáculos, la multitud era tanta y el espacio tan reducido que hasta un senador romano sufrió graves lesiones. Augusto se propuso arreglar esto mediante el establecimiento de reglamentos y normas para la admisión y asignación de asientos para el público.

Los ejes de la elipse de este anfiteatro serían de 130 x 95 m. y los detalles de su construcción  son bastante oscuros aunque se sabe que fue construido al modelo pompeyano sin canalización de agua subterránea lo que motivó que se estimase como inadecuado para las venationes (nombre que recibían los espectáculos que se celebraban en el circo o en el anfiteatro y en el que intervenían animales exóticos y salvajes, dentro de la celebración de los ludi romani).

Puteoli, rico y célebre por sus ludi no dudó en construir, a expensas de su tesoro, un segundo, más grande y más monumental anfiteatro con espectacular construcción subterránea y  una más racional disposición de las escaleras dentro del auditorio.
 
Escaletas de acceso a las plantas superiores

El Anfiteatro Flavio

Este nuevo Anfiteatro tiene una elipse de  149 x 116 m. (72,22 x 42,33 en arena), podía albergar a unos 40.000 espectadores, siendo el tercer anfiteatro más grande tras el Coliseo de Roma y el de Capua.

Planta
Las características de su estructura muestran la habilidad que poseían los romanos en la construcción de edificios. Fue diseñado con 16 entradas para garantizar una accesibilidad cómoda y eficiente. Los espectadores tenían tres plantas para ver el espectáculo, las dos primeras directamente conectadas a las entradas, la tercera se alcanzada por los distintos grupos de escaleras construidas a los lados de la estructura. Las comunicaciones entre las distintas secciones también estaba garantizada, así como la de las rampas de los pasillos interiores. La tercera planta se culminaba con una fila de columnas de mármol decoradas que rodeaban todo el anfiteatro. Esculturas y ricas decoraciones estaban presentes en otros puntos del anfiteatro. Era grande la actividad que tuvieron que aguantar, no sólo las cuatro entradas principales sino también las entradas menores, ya que tan grandioso edificio era muestra del orgullo de la ciudad que ostentaba el título de colonia Flavia.

Exteriores del Anfiteatro
La arena se dividió en cuatro zonas, todas conectados y comunicadas entre sí. Muy bien conservado, fue posible estudiar el funcionamiento del complejo sistema de elevación de las jaulas con las fieras. Ninguno de los anfiteatros de la antigüedad ha conservado tan bien el dispositivo de la arena, como el anfiteatro puteolano que proporcionó un claro conocimiento del complicado mecanismo para el movimiento de las fieras y prepararlas para el combate.

Vista de la arena y trampillas laterales por donde salían las fieras
Una de sus principales características es la grandeza de la gigantesca construcción subterránea junto a la  perfecta conservación de las paredes de cortina de mampostería, las bóvedas, el juego de sombras y de luces creadas por los pozos que abren el piso de la arena.

Escaleras interiores
Dos rampas empinadas en el extremo del eje mayor, superando una diferencia de altitud de 6,70 m, llevan desde el piso del vestíbulo a la entrada de la planta de las mazmorras. Fueron estas las entradas a través de las cuales, en los días antes del espectáculo, tenían que mover las jaulas de las ferias, transportar las máquinas y todos los materiales necesarios para los juegos. En estos pasos (grandes aberturas en el suelo) se colocaban unos grandes tablones de roble que facilitaban desde abajo el acceso a la arena.

El terraplén de acceso que durante el período Borbónico había estado funcionando poco más de la mitad de los pasillos y celdas, se llevó a cabo en 1946-47 y en él se fueron depositando columnas, capiteles y diversos materiales arquitectónicos desde las primeras excavaciones y que pertenecen a la decoración externa y la Logia superior de la Cavea.

La abertura central vista desde el interior y rampa de acceso  lateral donde se acumulan
los restos encontrados durante las excavaciones
Además de estos dos pasos principales, hay dos pasos adicionales en los extremos del eje menor y cuatro pares de escaleras que conducen desde el pasillo al podio, descienden por un estrecho corredor a una hilera de celdas en la parte superior y luego al piso de los calabozos.

Corte tranversal y planta subterránea donde se ven los tres pasillos
La planta del anfiteatro está formada por tres pasillos: dos rectos, a lo largo del eje mayor y menor, que forman las arterias principales de la construcción subterránea; y un tercero en  curva, que sigue la línea de la elipse por debajo de la pared del podio de la arena. Entre uno y otro pasillo, el espacio resultante fue dividido en muchos compartimientos conectados entre sí y simétricamente opuestos. En el eje mayor se realizó una abertura 43 metros en el centro de la arena que se tapaba en el momento del espectáculo y que se reabría sólo para subir al centro de la arena lo necesario para el desarrollo del mismo.

Sala elíptica bajo la arena donde se aprecian las celdas
laterales y los apoyos donde se apoyaba el suelo de madera
El salón elíptico situado por debajo de la arena, estaba dispuesto en dos pisos por debajo del podio de la cavea, con cuarenta las celdas en la planta baja (diez para cada uno de los cuatro sectores), y dos encima a las que se accedía por un estrecho pasillo de servicio, de apenas un metro de ancho, que rodeaba todo la pared del salón elíptico. También recorría todo el perímetro un piso de madera donde se aprecian los puntos donde se apoyaba. Por último, unas celdas junto a las escotillas que accedían a la arena estaban destinadas a contener las jaulas especiales de las fieras destinadas a los espectáculos y que accedían a la arena por las escotillas mediante un sistema de ruedas de poleas con contrapesos que alzaban la pared de la jaula y las fieras accedían a la arena a través de unas rampas de madera al final de las cuales se encontraba una trampilla que se abría mediante un dispositivo de palancas.

Vista de los pasillos laterales subterráneos
En la  arena del anfiteatro se escenificaban todo tipo de representaciones pudiendo reproducirse desde un paisaje de un oasis del desierto repleto de palmeras hasta la representación de las famosas batallas navales (naumaquias) llenando de agua el recinto destinado al espectáculo mediante un sofisticado sistema que traía el agua desde el acueducto que se encontraba situado a la izquierda de la entrada principal.

San Genaro en el Anfiteatro de Pozzuoli en el 305.


Según cuenta la tradición, durante la persecución de Diocleciano los siete mártires cristianos: el obispo Genaro (Patrono de Nápoles), los diáconos Sosio, Próculo (Patrono de Pozzuoli) y Festo; el lector Desiderio y los cristianos Eutiquio y Acucio fueron arrojados a un horno encendido del que salieron ilesos, a continuación fueron llevados a la arena del anfiteatro  de Puteoli y condenados a ser devorados por las fieras pero San Genaro las bendijo y éstas se arrodillaron frente a los mártires sin causarles ningún daño. Finalmente el gobernador de Campania ordenó que fueran decapitados junto a la Solfatara (cráter volcánico situado en las proximidades de la ciudad que los romanos creían que era la entrada a los infiernos), a causa del contratiempo que impidió a las autoridades llegar al anfiteatro para presenciar el espectáculo convenido.

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