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domingo, 26 de julio de 2015

La Guarda del Reino de Aragón

Guarda del Reino
La Guarda del Reino era el organismo dependiente de los diputados aragoneses cuya misión esencial consistía en preservar la paz y el orden público. El incremento de la delincuencia, robos, homicidios y de todo tipo de delitos observado a mediados del siglo XVI movió a las autoridades a crear este cuerpo de vigilancia. Fundado en 1568, será a partir de 1572 cuando alcance su conformación definitiva.

El excesivo costo de su mantenimiento y la incapacidad para hacer frente a todos los objetivos inicialmente propuestos llevaron a los diputados a limitar su acción, reducida en esencia a mantener expeditas las más importantes rutas comerciales del reino. Atención especial merecieron los caminos que conducían a Francia por Canfranc y al Principado de Cataluña por los Monegros. La vigilancia se ejercía de manera más intensa en aquellos lugares que ofrecían mayor peligro. Los miembros de la Guarda, formada por infantes y jinetes, residían en presidios, teniendo en teoría limitados sus contactos con la población civil. Desde los presidios, las distintas escuadras se encargaban de reconocer los espacios adjudicados. En la ruta entre Zaragoza y Canfranc se establecieron dos guarniciones, correspondientes a los presidios de Jaca y Zuera; dos más ocupaban los de Bujaraloz y Fraga, en el trayecto real entre Zaragoza y Lérida: También se localizaron guarniciones en Tamarite de Litera y la sierra del Presn, entre Naval y Monzón; en el Serrablo y en la sierra de Guara, entre Sabiñánigo y Nueno. También fue importante el itinerario que, partiendo de Zaragoza, atravesaba la sierra de Alcubierre y, por Sariñena, se encaminaba a Barbastro y Monzón. Además, hubo lugares con guarniciones eventuales como los de Candasnos y Peñalba, Peralta de Alfocea, Ontiñena, San Esteban de Litera; y, con carácter excepcional, los de Ariza y Calatayud.

En 1572 la Diputación del Reino organizaba una operación militar contra aquellas zonas de Aragón más castigadas por el bandolerismo. Para ello los diputados contaron con la colaboración de los municipios, muy primordialmente con el de aquéllos más afectados por el mismo, solicitándoles gente de calidad en el uso de las armas y advirtiéndoles que debían de encontrarse dispuestos, si la situación lo requería.

El contingente quedó estructurado en 60 jinetes, distribuidos en tres escuadras a razón de 20 hombres cada una, y 200 arcabuceros en unidades de 25 infantes a cargo de un cabo de escuadra cada una. Como jefe efectivo del conjunto de la tropa, los diputados nombraron al capitán Marco Lop.

Fueros de Aragón de las Cortes de
Tarazona de 1592 
Se completaba el «pequeño ejército» con un trompeta, un herrero y un intendente, todos ellos ocupando una plaza de a caballo; un acemilero, encargado de transportar la munición; un aposentador, encargado de alojar a la tropa en las localidades; un notario con su correspondiente secretario, y el pagador de la gente, a quien competía realizar la «muestra» y la entrega del salario a los soldados. Cualquier otro tipo de compañía, frecuente en el acompañamiento de la gente de guerra, quedaba al arbitrio del diputado que marchara con la tropa y, en su caso, del gobernador.

Los soldados voluntarios acudirían pertrechados, percibiendo el sueldo de la Diputación una vez que pasaran a formar parte del contingente. El salario, a percibir por los integrantes del contingente se elevaba a 1.790 libras mensuales, distribuidas de la siguiente manera: El capitán, 50 libras jaquesas al mes; 40 jinetes a razón de 15 libras cada uno, 600 libras al mes; 20 jinetes, incluidos el herrero y el trompeta, a 10 libras jaquesas, 200 al mes; 8 cabos de escuadra a 7 libras jaquesas, 56 al mes; 200 infantes a 4 libras jaquesas cada uno, 800 libras al mes; el pagador de la tropa 15 libras jaquesas al mes; el intendente 5; un acemilero 24; el notario 24 y un portero a 20 libras al mes. Terminada la campaña del verano de 1572, la Guarda volvió a las actividades cotidianas a ella encomendadas, adquiriendo desde entonces una estructura más definitiva.

La tropa tuvo en ocasiones graves faltas de disciplina: connivencias con bandoleros, conflictos con la población civil, progresivo abandono de sus cometidos, etc.; sin embargo, el mayor defecto residía en el absentismo. Era muy frecuente que oficiales y soldados estuvieran beneficiándose de una plaza en una de las guarniciones y residieran en la capital del reino, ejerciendo otra profesión. Ello movió a los diputados a arbitrar unas normas disciplinarias mucho más rígidas, a fin de lograr una mayor eficacia en las acciones de la Guardia.

Además de la vigilancia de los caminos, la Guarda del Reino tenía encomendadas en ocasiones misiones de carácter especial: acompañar al gobernador de Aragón en las salidas que éste hacía por el reino en persecución de bandas de delincuentes; proporcionar escolta al monarca o a personajes importantes a su paso por territorio aragonés; proteger el tránsito de las remesas de moneda enviadas a Cataluña, etc. A pesar de los problemas de indisciplina, en líneas generales la Guarda del Reino permitió con su actuación que los intercambios comerciales, amenazados por el incremento de la delincuencia, pudieran continuar realizándose.

Durante el verano del año 1587 la Corte nombró a Alonso Celdrán como ayudante del anciano Juan de Gurrea, gobernador del Reino, importante paso en el giro que la Corona estaba dando en Aragón en su lucha contra la delincuencia y en persecución del más famoso de los bandidos aragoneses, Lupercio Latrás.

En busca del bandolero aragonés Lupercio Latrás
Sólo algunos meses más tarde la Diputación del Reino, como ya hiciera el año 1572, decidía levantar un cuerpo militar, para evitar los insultos, muertes, robos, fuerzas y daños que cada día se cometen por gentes estrangeras y naturales de mala vida que por él andan en cuadrillas y desmandados, por lo que en la primavera del año 1588 pedía licencia al monarca.

El nuevo contingente, gobernado por Juan de Lanuza el Viejo, Justicia de Aragón, se componía de 120 jinetes distribuidos en cuatro escuadras, a razón de 30 hombres cada una, con su respectivo capitán, y 1.000 infantes, en otras cuatro unidades, de 250 hombres cada una gobernadas por sus respectivos capitanes, a quienes se les había asignado como zona de reclutamiento de la gente de guerra: las Cinco villas, Daroca y su Comunidad, Calatayud y sus aldeas, así como las comarcas de Tarazona y Borja, respectivamente. Además, cada una de estas unidades incluía un sargento y diez cabos, también elegidos por sus capitanes, quienes dispondrían de 15 mosqueteros en calidad de guardia personal permanente. Para todos los conceptos tocantes al mantenimiento de la tropa, los diputados habían previsto un montante total de 10.000 libras jaquesas.

A partir de las Cortes de 1592, celebradas en Tarazona, la Guarda del Reino, que continuaría siendo sufragada por los diputados, pasó a depender directamente del monarca, a través del su representante en el reino, quien se encargaría de nombrar las personas que debían formar parte del organismo. En 1598 contaba con cincuenta infantes y treinta jinetes.

En el siglo XVII, aunque en teoría la misión de la Guarda no sufrió modificación alguna, el sentido del cargo decayó. Sus integrantes, más que ejercer una función, lo eran en pago de servicios prestados a la monarquía. Según las referencias, iban armados de pistola en el arzón y carabina, con una lanza en la mano de punta guarnecida de hierro, bajo la cual ondeaba una banderola de tafetán azul y anaranjado.
                                                                             
-         Enciclopedia Aragonesa.
-         Martínez Ruiz, E. (2008). Los Soldados del Rey. Madrid. Editorial Actas.
-         Salas Auséns, J. A. (1989).  “Bandolerismo en Aragón en el siglo XVI”. Historia de Aragón II , 405-416.
-         Solano Camón, E. (1981). “La Guarda del Reino: Datos para su estudio”. Revista Estudios, 85
-        Solano Camón, E. (2005). “Milicia, fueros y acción del poder real sobre Aragón entre 1562 y 1642”. Revista  
       Pedralbes, 25, 191-230.

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