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martes, 18 de enero de 2011

La Batalla de Lepanto


Liberado por el momento de Francia y pacificada Italia tras la Paz de Cateau-Cambrésis, Felipe II concentra sus esfuerzos en precaver la amenaza turca, muy poderosa desde los últimos éxitos alcanzados por los sultanes con ocasión de la guerra contra Enrique II de Francia, así como de la conquista de Trípoli por Dragut, en 1551. Ante la hegemonía naval del imperio turco en el Mediterráneo, la monarquía hispana permanecía a la defensiva, confiando en los importantes trabajos de fortificación del litoral en Valencia y en Ibiza.
Los triunfos de turcos y berberiscos hacían entrever un probable dominio del Mediterráneo central por el Islam. En 1560, una tentativa del virrey de Nápoles, a cargo de Andrea Doria, para reconquistar Trípoli, fracasa en las Gelves; en 1563, el bey de Argel atacaba asimismo las fortalezas españolas de Orán y Mazalquivir. Sólo la conciencia del peligro hizo reaccionar a españoles e italianos: la espléndida defensa de Malta durante el verano de 1565 fue el primer síntoma de esta reacción, y dejó claro que el poderío otomano tenía que ser frenado directamente en el Mediterráneo oriental.
Un problema fundamental de la monarquía hispana era la imposibilidad de aplicar todos sus recursos a un solo campo de acción. Así, desde 1566, Felipe II se vio obligado a dividir su intervención entre el Mediterráneo y los Países Bajos. En este contexto, estalló, en 1568, la sublevación morisca de las Alpujarras; poco después, en 1570, Túnez caía en manos de los argelinos, a la vez que en el Mediterráneo Oriental los turcos conquistaban a los venecianos la isla de Chipre.
Este último acontecimiento motivó la formación de una Liga Santa entre Felipe II, el papa Pío V y la república de Venecia. La flota conjunta aliada, bajo el mando de don Juan de Austria, obtuvo el triunfo en la Batalla Naval de Lepanto, el 7 de octubre de 1571.
Pero el triunfo no llegó a ser decisivo ni completo. Venecia, arruinada por la guerra, se separó de la Liga y concertó una paz humillante con Turquía, en abril de 1573: cesión de Chipre y de los puertos dálmatas, devolución de las conquistas y pago de alta indemnización de guerra. Sin embargo, la defección de Venecia, no impidió que don Juan se apoderase, en octubre de 1573, de Túnez y Bizerta, aunque fue una victoria sin consecuencias, pues la flota turca reconquistó sin esfuerzo La Goleta y el mismo Túnez en 1574.
Sin embargo, todo indicaba que se había llegado a un cierto equilibrio entre Turquía y España, como potencias hegemónicas en las cuencas del Mediterráneo oriental y occidental, respectivamente. Quizá, el resultado más concreto de Lepanto fue evitar las anuales intervenciones de la flota turca en el Mediterráneo occidental. A medio plazo, se produjo la firma de una serie de treguas hispano-turcas (1581) que, más o menos prorrogadas formalmente, duraron hasta convertirse en un tratado de paz doscientos años después. No obstante, no hubo tregua con el corso argelino hasta 1580, continuando las relaciones entre las comunidades moriscas y los poderes políticos del norte de África y de Turquía.
Foto: Batalla de Lepanto de Andrea Michieli. 1605. Óleo sobre lienzo. Palacio Ducal de Venecia.

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