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domingo, 9 de febrero de 2014

Los Orígenes de la Inquisición en España

Tribunal de la Inquisición Española
La Inquisición no fue un invento español. Fue creada por el papado, en 1233, contra la herejía albigense en el sur de Francia, de donde pasó luego a España. Esta primitiva Inquisición dependía del Papa y de los obispos y ya a fines del siglo XV estaba prácticamente extinguida.

La Inquisición española difería de la Inquisición papal tanto por sus orígenes como por su organización. En el siglo XV ninguna herejía se había difundido con fuerza en España y nadie intentaba establecer un nuevo credo. La Inquisición española fue creada para ocuparse de los judíos conversos, algunos de los cuales se distinguieron por su encarnizamiento contra sus antiguos correligionarios, como el franciscano Alonso de Espina y el jerónimo Alonso de Oropesa. El propio fray Tomás de Torquemada, primer inquisidor general de Castilla y Aragón, era probablemente de estirpe conversa, aunque no está del todo claro.

Fray Tomás de Torquemada,
primer inquisidor general
de Castilla y Aragón
Durante la Edad Media los judíos habían conseguido un extraordinario progreso, situándose en posiciones clave tanto de la vida política como económica del país, llegando incluso a ocupar cargos en el Consejo Real. Sus relaciones con los cristianos, amistosas durante mucho tiempo, se deterioraron en la segunda mitad del siglo XIV, pues en un período de fuerte depresión económica, su excepcional buena fortuna engendró resentimientos que dejaron paso al odio y que estallaron en actos de violencia, como las masacres de 1391. Para salvar sus vidas y sus fortunas, muchos judíos, sobre todo en Andalucía, aceptaron el cristianismo.

Estos judíos conversos, con la protección de su nueva religión realizaron aún mayores progresos, pues podían acceder tanto a la Iglesia como al Estado, y en los ámbitos llegaron a ocupar puestos de responsabilidad. Sin embargo, dado que la conversión al cristianismo había sido fingida en muchos casos, se sabía o se sospechaba que continuaban practicando en secreto la religión judía. Así pues, las razones decisivas de la creación de la Inquisición en España fueron el temor a la apostasía de los judaizantes y la convicción de que la Iglesia y el Estado estaban siendo socavados desde dentro. Los Reyes Católicos estaban dispuestos a utilizar la fuerza para conseguir la unidad religiosa y se veían presionados para ello por grupos poderosos de cristianos viejos, especialmente el clero y la aristocracia.
Sixto IV. El papa que otorgó la
bula para  creación de la
Inquisición en España

El máximo inspirador de la Inquisición en España fue el prior de la comunidad dominica de Sevilla, Alonso de Hojeda, quien denunció la existencia de numerosos grupos de conversos que, supuestamente, judaizaban. Pero la ofensiva de los dominicos se alimentaba del antisemitismo de las masas. Artesanos, comerciantes, trabajadores, numerosos cristianos viejos de las clases menos favorecidas envidiaban el éxito material y social de los judíos y conversos, su posición como financieros de la Corona, su talento como científicos y hombres de profesiones liberales y sus vínculos matrimoniales con la nobleza, y los acusaban de falsos conversos. Tanto es así, que la primera generación de familiares de la Inquisición se reclutó entre los sectores populares más que entre las clases sociales más elevadas.

Bula papal de Sixto IV
Pero la Corona tenía otros motivos además del religioso. Si bien es cierto que la Inquisición no se creó con el único motivo de despojar a los conversos de sus bienes, este motivo no estuvo ausente en los cálculos oficiales. Las finanzas de la corona estaban en situación de crisis en ese momento, por tanto, quienes aconsejaron la confiscación de las propiedades de los conversos fueron convenientemente escuchados, si bien los reyes no actuaron durante un tiempo, pues estaban totalmente ocupados en la tarea de asentar su autoridad y sólo podía intervenir esporádicamente. Durante ese período, el papa Sixto IV trató de introducir la Inquisición papal, pero sin éxito, pues Fernando e Isabel estaban firmemente decididos a limitar, más que a ampliar, las oportunidades para la intervención de Roma.


La bula de Sixto IV autorizando el establecimiento de la Inquisición se expidió el 1 de noviembre de 1478; dos años después llegaron a Sevilla los primeros inquisidores y en 1481 se celebró en dicha ciudad el primer auto de fe.

Escudo de la Inquisición
La Inquisición española fue creada con el rango de un Consejo de Estado, el Consejo de la Suprema y General Inquisición, con jurisdicción sobre todos los asuntos relacionados con la herejía. Para asegurar el control real sobre la nueva institución y excluir el del Papa, los RR.CC. crearon un nuevo cargo, inexistente en la Inquisición medieval, el inquisidor general, máxima figura de la institución y cuyo nombramiento correspondía exclusivamente a la Corona, al igual que el de los funcionarios subordinados, aunque en la práctica estos últimos eran designados por el inquisidor general y por la Suprema. Ésta, nombrada también por la Corona, estaba formada por seis miembros, entre los que se incluían representantes de la orden de los dominicos y del Consejo de Castilla. La Suprema conocía las apelaciones de los tribunales locales y controlaba la administración financiera de la Inquisición, sus propiedades y los procedimientos de sus confiscaciones, cuyos beneficios iban a parar al tesoro real. Los tribunales provinciales estaban formados por dos o tres inquisidores, asistidos por numerosos personal auxiliar, administrativo y subalterno.

Sobre la Inquisición hay una leyenda negra sobre sus métodos
de actuación y las torturas a que sometían a los detenidos
En los asuntos de herejía, la Inquisición tenía jurisdicción sobre toda la población secular y sobre todo el clero –aunque no sobre los obispos-, quedando excluidos todos los demás tribunales. Sus sentencias eran inapelables, incluso ante el Papa, pues estaba subordinada a la autoridad real. Uno de los rasgos más peculiares, pues, de la Inquisición española era la combinación de la autoridad espiritual de la Iglesia con el poder temporal de la Corona.

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