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jueves, 16 de junio de 2011

La Torre de Belem

Debido al viaje que he realizado estos días a Portugal, iré poniendo algunas entradas referentes a la historia de Portugal y a algunos de sus lugares emblemáticos. El primero de ellos es la historia de la Torre de Belem en Lisboa. Un monumento impresionante que no debéis dejar de visitar si tenéis la oportunidad de ir a la capital lusa.

Lisboa, durante la Era de los Descubrimientos, fue adquiriendo cada vez más importancia y se convirtió en una ciudad cosmopolita donde se mezclaban las ideas y culturas propias de la época. Se convirtió en un puerto de escala obligada en las rutas del comercio marítimo y de ahí surgió la necesidad de protegerla de posibles ataques inesperados.

El rey Joao II concibió un sistema defensivo basado en tres fortificaciones: el Fuerte de San Sebastián de Caparica, la Torre de San Antonio en Cascais, y una Torre en Belém. A su muerte, fue su primo y sucesor Manuel I, quien terminó el proyecto defensivo ordenando construir la tercera torre.

Originariamente fue llamada Torre de San Vicente de Belém, en homenaje al santo patrono de Lisboa. El arquitecto encargado de su construcción fue Francisco de Arruda, que por entonces estaba a cargo de la construcción del Monasterio de los Jerónimos. Los trabajos comenzaron en 1514 y finalizaron en 1520.

La nueva fortaleza defensiva sustituyó a un antiguo navío artillado anclado allí, lugar desde donde partían las naves para las Indias. Originalmente fue erigida en una especie de isla cercana a la playa y según muestran dibujos de la época, el río la rodeaba completamente. La urbanización provocó el avance progresivo sobre las aguas del Tajo e hizo que la torre quedara prácticamente "amarrada" a la orilla.

La torre alcanza una altura de 35 metros, tiene cinco pisos y termina en una terraza. Las plantas se comunican únicamente por una pequeña escalera de caracol y son, de abajo a arriba: Sala del Gobernador, Sala de los Reyes, Sala de Audiencias, Capilla y Terraza.

Con el tiempo la estructura fue perdiendo su carácter defensivo original y fue utilizada sucesivamente como aduana, puesto telegráfico, faro y como prisión para presos políticos en el nivel inferior. Algunos historiadores sostienen que debido a su altura y a su ubicación, poco disimulada en el paisaje, la torre fue creada en realidad para funciones administrativas más que defensivas.

Comparada con las clásicas construcciones medievales, la Torre de Belem se diferencia de ellas por su abundante decoración, en un estilo que se conocerá como «manuelino» debido al gusto de Manuel I, con característicos elementos distintivos como esferas armilares, cuerdas retorcidas y cruces de la Orden de Cristo, a la cual pertenecía el rey.

En 1983 fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO junto con el Monasterio de los Jerónimos, el Palacio da Pena de Sintra, el Castillo de Guimarães, el Castillo de Óbidos, el Monasterio de Batalha y el Monasterio de Alcobaça.

La torre de Belem es todo un símbolo de la época de mayor esplendor de Portugal, cuando marinos y aventureros se lanzaban a la mar en busca de fortuna

Foto: La Torre de Belem. Lisboa 2011.

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