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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Las Colonias Militares Marroquíes: Los Guich

Una Cabila Guich
El Marruecos de finales del diecinueve era un territorio convulso donde reinaba la anarquía y que constituía un constante peligro para las potencias que tenían intereses o posiciones en el norte de África. La administración del país era un tanto peculiar ya que estaba dividido en dos tipos de territorios: los Guich y los Naiba.

Dice el Corán que: «… sólo a Allah pertenece lo que hay en los cielos y en la tierra, y que siendo de Dios, El la da, a quien quiere de sus servidores…», explicándose así que los musulmanes no considerasen más que dos clases de tierras: las tierras del Islam y las tierras de infieles. Las tierras del Islam se las consideraba de dos procedencias, las que hubiesen sido conquistadas por las armas o las conseguidas por medio de capitulaciones.

Según esto en el Marruecos del Protectorado, las dos verdaderas clases de terrenos eran: las tierras de gobierno marroquí o «Blad el Majzén», las que estaban verdaderamente sometidas al dominio y gobierno del Imán de los Creyentes —Sultán—, de extensión muy considerable; y las tierras en rebeldía o «Blad es Siba», las que se consideraban insumisas por no reconocer la autoridad del Sultán, aparte de la meramente religiosa.
Moulay Youssef Ben el Hassan
Sultán de Marruecos de 1912 a 1927

Así las cabilas del territorio sometido del Majzén se encontraban divididas a su vez en dos grupos llamadas tierras o cabilas Guich y tierras o cabilas Naiba. Las tierras Guich eran las que los sultanes concedían, desde tiempos antiguos, en usufructo a sus soldados y se constituían en colonias militares nutriendo al Ejército permanente según un sistema de recluta que estaba en vigor desde hacía más de un siglo, a cambio de ello recibían tierras y se les eximía del pago de impuestos. Por otra parte las tierras Naiba eran las cedidas a las tribus o cabilas en uso mediante el pago de un impuesto llamado «Naiba» y solo aportaban harkas, formaciones militares irregulares y temporales, en caso de guerra.

La falta de un ideal común en Marruecos, debido a estar constituido por distintas cabilas que se consideraban independientes y enemigas las unas de las otras determinó un estado de anarquía tan grande, que produjo como consecuencia el atraso enorme que, en todos los órdenes, atravesaba Marruecos, llegando a tal extremo, que incluso la agricultura y ganadería apenas si daban lo necesario para el sostenimiento de la población.

Este estado de cosas dio lugar a la creación de las Cabilas Guix o Guich, cuyo número no pasó de seis, pero que fueron las suficientes para sostener en Marruecos una relativa tranquilidad; que tomase algún incremento la agricultura y por último que al mismo tiempo fuese reconocida en más de una ocasión la autoridad del Sultán.

Tierras del Bled el Majzén en el Marruecos Español

En aquellos territorios, cuyos habitantes aparecían con caracteres más indómitos, se establecía una Cabila Guich a cuyos individuos, además de los elementos indispensables de combate, se les daba una parcela de terreno de extensión suficiente para que, cultivada, produjese lo necesario para el mantenimiento, no sólo del individuo a quien se concedía, sino también de su familia. Se trataba, por tanto, de un ejército compuesto de voluntarios que no costaba un solo céntimo al Tesoro del Sultán, puesto que éste pagaba concediendo parcelas de terreno comprendidas dentro del territorio de las cabilas más insumisas.

Tropas marroquíes en una Cabila
Por este medio consiguió el Sultán tener una fuerza militar permanente, extremo muy difícil de conseguir en Marruecos, así tenía siempre personal necesario para formar una harca ya que la pertenencia a ésta llevaba consigo la razzia del enemigo lo que atraía al marroquí ya que debido a su carácter voluble le hace prácticamente incompatible con una larga permanencia en filas. Así una vez conseguido el objetivo de la expedición, el Sultán no se preocupaba de licenciar sus harcas, pues esto tenía lugar sin que para ello fuesen precisas ordenes emanadas de su autoridad.

Con este sistema no faltaban voluntarios para formar parte de los Guich y además, los Sultanes, conociendo muy bien el modo de ser de sus súbditos, les concedían todo aquello que más apetece un marroquí: armas, una parcela de terreno, que era heredada por sus hijos si seguían formando parte del Guich y les declaraban libres de pagar los impuestos que no fuesen los coránicos.

Estos Guich llegaron a constituir grandes contingentes, pues solo el denominado Abi el Bojari o simplemente Buajaras, que significa «Servidores del libro de Bojarí», tenía en filas 150.000 negros. Con el tiempo se relajó la verdadera misión de estas fuerzas, en las cuales era frecuente que se apoyasen los agitadores que aspiraban al Sultanato y esto dio lugar a que se convirtiesen en una especie de guardia pretoriana, constituyendo con ello un elemento más de desorden, por lo que fue preciso dividirlos y aún trasladarlos de territorio.

Cabila de Yebala
Con esta medida no se consiguió otra cosa, que aumentar la perturbación que en el orden jurídico representaba  la propiedad rústica y la concesión de parcelas, en la forma que lo el Sultán.  Por todo lo dicho disminuyó la eficiencia militar de los Guich y quedo latente la dificultad que en la transmisión de la propiedad rústica constituye las concesiones hechas a las Cabilas Guich. 

De los seis Guich, el Guich el Riffi se estableció en la región del Fahs después de haber contribuido a tomar a los ingleses la plaza de Tánger, y que si bien los Buajaras los estableció el Sultán Muley Ismail en gran número por el territorio del Ríf, pero que una vez muerto el Sultán la región recobró su independencia y los rífenos, aprovechándose de la debilidad de los Sultanes sucesores de aquél, dieron buena cuenta de los Buajaras.

Como dato curioso el documento especial que otorgaba el Sultán para la concesión de tierras a los Guich decía:

«Loor a Dios único.
Que Dios reparta sus bendiciones entre nuestro señor y amo Mahoma, su familia y sus compañeros y que le conceda la salud.
Por la gracia de Dios y la liberalidad de nuestro amo Mahoma, asistido de Dios, otorgamos por esta nuestra carta a…… el disfrute de la parcela situada en...... y limitada…… que antes se encontraba en poder de quien no la merece, a fin de que aquél la disfrute en las mismas condiciones que sus compañeros del Guich el Ríffi.
Todo el que conozca esta carta dará cumplimiento a lo en ella mandado.
Y la paz».


Por último, hay que decir que de todas estas concesiones se llevaba un registro especial que estaba en poder del jefe de la Cabila Guich correspondiente.

Paseo del Jalifa con su escolta


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