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lunes, 1 de noviembre de 2010

Las reinas de Enrique VIII (II)

Ana Bolena

Ana Bolena nació hacia 1507, en Rochford Hall, condado de Essex. Era hija de sir Thomas Bolena, posteriormente vizconde de Rochford y conde de Wiltshire y Ormonde, y de Isabel Howard, hija del conde de Norfolk. Pertenecía, pues, a una de las familias más influyentes de la nobleza inglesa. La mayor parte de su infancia la pasó en Francia, en la refinada corte del rey Francisco I, al servicio de Margarita de Austria, donde recibió una esmerada educación.

Enrique VIII conoció a Ana cuando frecuentaba la casa de los Bolena, como amante de su hermana mayor María y se enamoró perdidamente de ella.

Ana a su regreso a Inglaterra en 1522, entró en la corte como dama de la reina Catalina de Aragón, esposa de Enrique VIII. Su porte y atractivo impresionó tanto a la corte que pronto se vio rodeada de multitud de admiradores. Los principales fueron Lord Henry Percy, heredero del condado de Northumberland, y el propio rey quien, para evitar que Ana contrajese matrimonio con Percy, cubrió de títulos y posesiones al padre de Ana. Finalmente, Enrique ordenó la intervención del cardenal Wolsey para impedir su boda.

Enrique VIII, aunque ya no era el joven y esbelto que se casó con Catalina sino que era un hombre robusto y obeso, estaba prendado de Ana y la cortejó sin conseguir que ella accediera a sus requerimientos aduciendo que solo se le entregaría como esposa no como amante. Enrique decidido a conseguirla a cualquier precio, pidió el divorcio a su mujer, que se negó a concedérselo. Catalina de Aragón había tenido dos hijos varones, que nacieron muertos, y una niña, María. La edad de la reina hacía prever que no podría darle a Enrique el deseado hijo varón que necesitaba para dar continuidad a la dinastía Tudor y el heredero varón se convirtió en una auténtica obsesión para él.

Con esa obsesión y habiendo puesto sus ojos en Ana Bolena para que le diese el ansiado heredero varón, en 1527, Enrique solicitó a la Santa Sede la anulación de su matrimonio con el pretexto de que Catalina había sido la viuda de su hermano Arturo y que según la Santa Biblia no debiera haberse realizado. Pero la posición del Papa Clemente VII que no quería disgustar al Emperador Carlos V, sobrino de la reina Catalina, tras dos años de demora, no cedió ante las presiones del rey inglés.

Esto trajo consigo la crisis política entre Inglaterra y Roma con la ruptura de las relaciones con el Papado y la creación de la Iglesia Anglicana, influido por la Reforma luterana, a la cabeza de la cual se encontraba en propio rey, a pesar de que poco tiempo antes Enrique había proclamado su adhesión inquebrantable al catolicismo. Enrique necesitaba casarse con Ana, que estaba embarazada, para lo cual Thomas Cranmer, primer Arzobispo de Canterbury de la nueva Iglesia Anglicana, legitimó el matrimonio con Ana Bolena, el 25 de enero de 1533, al tiempo que declaró nulo el contraído con Catalina. Así, Ana Bolena fue coronada reina de Inglaterra el 1 de junio de 1533 y Catalina formalmente despojada de su título como reina. Para el pueblo inglés Ana Bolena había usurpado el trono a Catalina a la que habían recluido en un castillo y era a la que querían como reina legítima.

El día del esperado alumbramiento de Ana Bolena fue, para desilusión del rey y congoja de la reina, una robusta niña a la que se dio el nombre de Isabel. Tras este nacimiento, la relación entre ambos se deterioró notablemente y el final vino cuando Ana, tras un nuevo embarazo dio a luz un niño muerto. Enrique pensaba que era castigado por Dios ya al tiempo se produjo la muerte de Catalina y la excomunión de Enrique y Ana.

Enrique comenzó a fijarse en una joven dama de honor de su esposa, Juana Seymour, al tiempo que se convencía de que se había casado con Ana debido a las brujerías a las que le había sometido, así el 2 de mayo de 1536, Ana fue detenida durante el almuerzo y llevada a la Torre de Londres. Tras su reclusión, comenzó el proceso judicial con la intención de librarse de ella a cualquier precio, basándose en circunstancias reales o ficticias de difícil justificación, ya que los documentos sobre el proceso desaparecieron y los acusados declararon su culpabilidad tras terribles torturas. Ana se mantuvo firme todo el tiempo en su declaración de inocencia.

El tribunal que la juzgaba estaba presidido por el tío de Ana, el Duque de Norfolk, y ante él fue acusada de adúltera por tener como amantes a cuatro cortesanos y de incesto, por supuesta relación carnal con su hermano George Bolena y de alta traición a la Corona.

El tribunal condenó a los cuatro supuestos amantes, Sir Francis Weston, sir Henry Norris y William Brereton mantuvieron públicamente su inocencia y sólo el torturado Mark Smeaton se declaró culpable. El 17 de mayo, George Bolena y los otros cuatro acusados fueron decapitados.

El 19 de mayo de 1536, tras diecisiete días encarcelada, lord Kingston, el encargado de la Torre de Londres, condujo a Ana a la «Torre verde» donde se realizaría la ejecución para la que se había contratado a un verdugo de Calais que lo haría con una espada de doble filo, en lugar de decapitar a una reina con el hacha común.

Se dice que al enterarse, Ana le comentó a Lord Kingston: «No tendrá mucho problema, ya que tengo un cuello pequeño. ¡Seré conocida como La Reine sans tête —La reina sin cabeza—!»

El 30 de mayo de 1536, Enrique VIII contrajo matrimonio con Jane Seymour, su tercera esposa, que moriría dos años después al dar a luz al príncipe Eduardo.

La reina inmolada fue llamada "Ana de los mil días” por el tiempo que duró su reinado. Aún hoy corre la leyenda de que el fantasma decapitado de la reina se aparece en la capilla de San Pedro, situada en la Torre londinense. Se dice que es el fantasma que más apariciones ha tenido, unas 30.000 en 120 lugares. Fue visto por última vez en 1933.

Nunca se ha probado documentalmente la culpabilidad de Ana Bolena en los cargos que la llevaron a la muerte. Lo más seguro es que fuese víctima de un complot para eliminarla del trono al no poder tener hijos varones. El secretario del rey, Thomas Cromwell, enemigo declarado de los Bolena, y el deseo del propio Enrique de casarse con su nueva amante, lady Jane Seymour, fueron factores decisivos en el triste final de la reina Ana Bolena.

Foto: Retrato de Ana Bolena pintado después de su muerte. Castillo de Hever, Kent.

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