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domingo, 24 de abril de 2011

La leyenda de San Jorge

Hoy día en que se celebra la festividad de San Jorge patrón de Aragón, os voy a contar su historia y su leyenda. Primero decir que existen muchas leyendas sobre San Jorge y que es un santo muy venerado en Europa desde la Edad Media como abanderado de la lucha de la cristiandad contra los infieles.

San Jorge nació hacia el año 275 o 280 en Capadocia en tiempos del Imperio Romano. Era hijo de una familia noble romana de religión cristiana. Siendo niño perderá a su padre, Geroncio y viajará con su madre Policromía a Palestina, al pueblo de Lydda, de donde era su madre, y donde se criaría. En Palestina recibirá el tratamiento de caballero, llegando a ser tribuno y comes si haber alcanzado los 30 años, un hecho difícilmente alcanzable por aquel entonces. Pronto pasó a formar parte de la guardia personal del emperador Diocleciano. Éste emperador emitió un decreto autorizando la persecución de los cristianos por todo el imperio.

Jorge recibió órdenes de participar en la persecución y prefirió dar a conocer su condición de cristiano y criticar la decisión del emperador. Diocleciano enojado lo mandó torturar y posteriormente lo ejecutó. Tras diversas torturas fue decapitado frente a las murallas de Nicomedia el 23 de abril del 303. Su cuerpo fue enterrado en Lydda.

En el 494 Jorge de Capadocia fue canonizado por el papa Gelasio II. A partir de entonces se cuentan numerosas leyendas, hazañas y milagros sobre su figura. Su tumba todavía es venerada por los cristianos, principalmente por los ortodoxos griegos. En la inscripción de su tumba se lee: “San Jorge, portador del estandarte” en griego.

La leyenda del dragón

Una de las más famosas leyendas de San Jorge es la del dragón. Dicha leyenda dice así:

Siendo un joven oficial en tierras de Libia, estuvo en la ciudad de Silene, donde acudían dragones. Cuenta la leyenda que un dragón, estuvo atacando la ciudad durante un largo periodo de tiempo. El dragón era muy feroz y se llevaba niños, jóvenes y mujeres. Un buen día, el dragón exigió que le entregarán a la bella hija del Rey de Silene. El monarca horrorizado ofreció al dragón todas las pertenencias que tenía a cambio de la vida de su hija. El pueblo se indignó de aquellas palabras y exigió al rey que entregara a su hija ya que ellos habían perdido a sus hijos y seres queridos durante los ataques del dragón. Pero el rey no quería aquella muerte para su hija y para apaciguar los deseos del pueblo, aceptó entregarle a la princesa. La bendijo y la dejó a fuera de las murallas de su ciudad para que el dragón la recogiera.

San Jorge que en ese momento llegó a la ciudad se encontró con la bella joven a la que le preguntó que ocurría puesto que lloraba desconsolada. La doncella le respondió a sus preguntas como pudo y San Jorge le ofreció su ayuda y su protección. En ese momento, llegó el dragón enfurecido y San Jorge montó sobre su caballo, sacó su espada y se le enfrentó. Mientras luchaba se encomendó a Dios ofreciéndole aquella bestia del mal a cambio de la victoria. En su armadura el símbolo de la cruz en blanco lucía sobre su pecho y mientras luchaba seguía encomendándose al todopoderoso.

Una vez que venció al animal, pidió a la princesa que atara al cuello del dragón su cinturón. Las gentes del pueblo que siguieron el combate desde las murallas salieron a ver muerto al dragón, cargaron en carro a la bestia todavía viva y adormecida, a causa del impacto del caballero cristiano con su espada. Una vez en la ciudad, ante toda la población y del rey, San Jorge les dijo:

“El monstruo está dormido, no despertará, pero Dios quiere que le honréis recibiendo el sacramento del bautismo. Dejad vuestras creencias y entregaros al dios de los cristianos y a cambio yo mataré al dragón con mi espada”.

Enseguida que el dragón parecía que iba despertando la gente se horrorizó y se dejaron bautizar por el santo. En cuando el dragón despertó, San Jorge montó en su caballo y con un su espada atravesó al dragón, cayendo desplomado al suelo y entregando a Dios su victoria.

Su leyenda la trajeron los marineros y cruzados venidos de Siria en el siglo xi. Fue Grecia el primer país que introduce en su liturgia la vida de este santo. El emperador Constantino I construyó una iglesia en su honor convirtiéndolo en un beato para la iglesia ortodoxa griega. Los cruzados de la Tercera Cruzada (1189-1192) intentaron recuperar la iglesia destruida años atrás en el 1010 y posteriormente volvió a ser destruida por Saladino en el año 1191. No se pudo construir ninguna iglesia en aquel emplazamiento hasta el siglo XIX, en el año 1872.

La leyenda en Aragón

En Aragón la devoción a San Jorge, presentado como ideal del caballero cristiano, adquirió especial relevancia a partir del siglo xii, gracias a las órdenes militares, a los relatos de los cruzados y sobre todo, a la casa real aragonesa. Parece ser que San Jorge vino a Aragón de la mano del rey Pedro I, que parece ser, se le apareció durante la batalla de Alcóraz (Huesca) en el año 1096. Batalla rodeada de leyenda que relata cómo las tropas moras, situadas en Huesca buscaron el socorro del rey de Zaragoza Almozaben, que acudió al sitio con innumerables tropas. Al campamento cristiano acudió toda la nobleza montañesa con sus huestes, pero era inmensamente mayor el ejército musulmán.

Apareció entonces San Jorge luciendo cruz roja en pecho y escudo, y trayendo un caballo con él con las mismas cruces. Comenzada la batalla, todos quedaron admirados por su valor, siendo la victoria para los cristianos. En vano buscaron al caballero anónimo, San Jorge, para darle las gracias, pues había desaparecido como había llegado. Encontraron a su acompañante que contó que estando en Antioquía en la guerra de las cruzadas de Oriente, mataron a su caballo y al encontrarse en el suelo, lanzó el grito de guerra "¡San Jorge, a ellos!. Y cuenta la leyenda que inmediatamente vio a su lado a un joven caballero, que lo montó a la grupa de su caballo y volando por los aires lo transportó desde Tierra Santa a Aragón, a los llanos de Alcoraz en auxilio de los cristianos de Huesca, contribuyendo a su victoria sobre los moros.

Pedro II fue fundó en el año 1202 la orden militar de San Jorge en un castillo de Tarragona. Su hijo, Jaime I “El Conquistador” también habla de San Jorge en su libro de hechos, en la que relata que se le apareció el santo cuando estaba conquistando Mallorca y Valencia. Desde entonces, su leyenda está muy vinculada a la corona de Aragón.

San Jorge fue siempre el segundo patrón de Cataluña, después de Sant Jaume y el primero de Aragón, y adoptado como uno de los santos más venerados de la costa levantina española.

Fotos: San Jorge y el dragón y San Jorge matamoros en Alcoraz.

jueves, 21 de abril de 2011

Cantavieja, capital histórica del Maestrazgo

Cantavieja es la capital histórica del Alto Maestrazgo, y en ella se han encontrado vestigios de poblaciones paleolíticas y se ha constatado la presencia de Íberos y de romanos.

La población fue reconquistada al Islam en 1169 por Alfonso II y en 1197 ya estaba ocupada por los Caballeros del Temple (Templarios) que la convirtieron en cabeza de los siete municipios que formaron la Baylía de Cantavieja. En 1225 el maestre del Temple y el Concejo de vecinos suscriben la carta de población del lugar, contrato bilateral que estipulaba los cauces de relación entre señores y vasallos.

Tras la orden de extinción de la Orden del Temple y tras una larga resistencia de ocho meses, sus bienes pasan a manos de la Orden de San Juan de Jerusalén, que durante más de 500 años gobernó la villa. De estos importantes asentamientos datan gran parte de los monumentos que aún se conservan. Fue el siglo xviii uno de los de más apogeo de la villa. Enriquecida por la ganadería y el comercio de la lana, Cantavieja construye la Ermita del Loreto (1700), la Iglesia de la Asunción (1745), el hospital (1775), y sus prósperos habitantes edifican sus casas solariegas en la población.

Cantavieja vuelve a tener papel protagonista entre los años 1833 y 1840 durante la Primera Guerra Carlista, cuando el general carlista Ramón Cabrera convirtió la localidad durante unos años en capital de la Comandancia General del Maestrazgo, fijando en ella su residencia y estableciendo su Cuartel General. Tras fortificar la plaza instaló fábricas de armas, pólvora y cañones, un hospital, depósito de víveres y una imprenta. Todos estos aconteceres, hazañas y hechos de armas le valieron el calificativo de "Tigre del Maestrazgo". También en la Tercera Guerra Carlista Cantavieja volverá a alzarse en armas de manos del general carlista Marco de Bello.

Ya en el siglo xx Cantavieja y el Maestrazgo sufrieron los desmanes de la Guerra Civil y el posterior fenómeno del "maquis".

Debido a su posición estratégica, Cantavieja ha soportado a lo largo de su historia varios asedios y grandes y crueles destrozos.

Catavieja es la capital de la Comarca del Mestrazgo, fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1981 y es una localidad que merece mucho la pena visitar ya que es un enclave primordial para conocer la historia medieval y contemporánea del Maestrazgo Turolense. En ella se ha establecido el Museo de las Guerras Carlistas que muestra de una manera muy gráfica los acontecimientos sucedidos durante las tres guerras carlistas y el importante papel que tuvo en ellas la localidad turolense.

Foto: Lateral de la plaza Cristo Rey de Cantavieja, una de las plazas porticadas más bellas de Aragón.

martes, 19 de abril de 2011

La leyenda de la campana de Huesca


Hoy en día, cuando se realiza una visita guiada por la ciudad de Huesca, al visitante se le muestra un sótano de lo que fue el Palacio Real, actual Museo Provincial de Huesca, y que es donde se supone que acaecieron los hechos relatados en la leyenda de la Campana de Huesca. La leyenda dice así:
Siendo rey de Aragón Ramiro II “El Monje”, los nobles y potentados del reino no le eran del todo fieles y no tenían gran confianza en su gobierno.
El monarca preocupado ante esta situación decidió consultar al abad de San Ponce de Tomeras, su antiguo monasterio, pidiéndole consejo para ver cómo resolver este grave problema que tenía. El abad, prácticamente sin palabras, le mostró como cortaba en su huerto las coles que destacaban excesivamente sobre las demás.
Con esta acción que le mostró el abad Ramiro II sacó sus propias conclusiones y decidió actuar en consecuencia.
Convocó en 1136 a los nobles a Cortes en Huesca para comunicarles que iba a hacer una fabulosa campana que se oyera en todo el reino. Y ciertamente sonó en todos los sitios, ya que conforme los nobles llegaban a su palacio los fue decapitando uno a uno, para después colgar sus cabezas en un sótano de la residencia real, colocando al cabecilla de la revuelta, el obispo de Huesca, en el centro. A continuación hizo pasar a la sala al resto de nobles para que les sirviese de aviso y escarmiento. Con esto quedó zanjada la revuelta.
Esta estremecedora historia no fue considerada durante mucho tiempo como auténtica, pero no fue real según atestiguan los estudios de prestigiosos investigadores. Lo que sí está contrastado históricamente es que en una ocasión se sublevaron ante su poder siete aristócratas, y el rey Ramiro, por muy monje y cristiano que era, no dudó un instante en mandarlos ejecutar.
Foto: La campana de Huesca (1880), de José Casado del Alisal.

lunes, 18 de abril de 2011

La leyenda del milagro del gallo y la gallina

Una leyenda de las más famosas que se cuentan a lo largo del Camino de Santiago es la que se produjo en la localidad riojana de Santo Domingo de la Calzada donde gran cantidad de peregrinos se detienen para venerar al santo. Pues bien la leyenda dice así:

Cierto día llegó a la localidad un matrimonio alemán, procedente de Ad Sanctos (Xanten) con su hijo de dieciocho años llamado Hugonell. La familia se alojó en una hospedería y la muchacha del mesón se enamoró del joven chico alemán, pero ante la indiferencia hacia ella del muchacho, la joven decidió vengarse de él y para ello introdujo una copa de plata entre el equipaje del joven Hugonell cuando los peregrinos alemanes reanudaron el camino. En ese momento la muchacha denunció el robo al Corregidor.

Las leyes de aquél entonces (Fuero de Alfonso X el Sabio) castigaban con la pena de muerte el delito de hurto y así, una vez fue prendido, juzgado y condenado, el inocente peregrino fue ahorcado.

Al salir sus padres camino de Santiago de Compostela, fueron a ver a su hijo ahorcado y, cuando llegaron al lugar donde se encontraba, escucharon la voz del hijo que les anunciaba que Santo Domingo le había conservado la vida. Fueron inmediatamente a casa del Corregidor de la Ciudad y le contaron el prodigio.

El Corregidor, incrédulo, les contestó que su hijo estaba tan vivo como el gallo y la gallina que él se disponía a comer en ese momento. En ese preciso instante el gallo y la gallina saltando del plato se pusieron a cantar. El Juez ordenó inmediatamente que se descolgara al joven y se castigara a la muchacha. Y desde entonces se dicen los famosos versos:

“Santo Domingo de la Calzada

donde canto la gallina después de asada”

Desde ese día y en recuerdo de este hecho, se mantienen en el interior de la Catedral un gallo y una gallina vivos, de color blanco, que son cambiados mensualmente por el encargado del gallinero. Ambos animales proceden de las donaciones de los devotos del Santo. Frente a esta hornacina que se construyó hacia 1445 y debajo de una ventana románica se conserva un trozo de la madera de la horca del peregrino.

En el Archivo de la Catedral se conserva un documento de 1350 con indulgencias que 180 Obispos conceden a “la Catedral de La Calzada, donde hay un gallo y una gallina blancos, a quienes devotamente giren en torno al sepulcro del Santo, recitando el Padrenuestro, Avemaría y Gloria". Es el único templo del mundo que tiene animales vivos en su interior gracias a una Bula del papa Clemente VI concedida el 6 de octubre de 1350 y conservada en el Archivo Catedralicio.

Foto: Imagen de Santo Domingo de la Calzada con el gallo y la gallina.

jueves, 14 de abril de 2011

¡Vete a la porra!

Esta famosa expresión, muy nuestra y muy utilizada cuando queremos mandar a alguien lejos de nosotros de una manera “fina”, tiene un origen basado en los famosos Tercios Españoles de Flandes, en pleno apogeo de nuestros ejércitos en Europa durante los tiempos de los Austrias. Vamos a ver cómo se creó la famosa expresión.

Pues bien, en los Tercios el Tambor Mayor de cada uno de ellos portaba un gran bastón o garrote, que recibía el nombre de “porra”. Cuando la guarnición se hallaba fuera de su cuartel de marcha y se realizaba un alto prolongado, el Sargento Mayor ordenaba al Tambor hincar en el suelo el extremo inferior de la porra para señalizar el alto.

Hay que recordar que en los Tercios el Sargento Mayor era el ayudante principal del Maestre de Campo, era el segundo al mando en el Tercio, lo que hoy sería el Jefe de Estado Mayor y aunque no tenía compañía propia, tenía la potestad sobre todos los capitanes. Daba las órdenes verbales del Maestre de Campo del Tercio a los capitanes, decía cómo debía formar el Tercio en el campo de batalla y dónde se alojarían las compañías en los campamentos. El suyo era el trabajo de mayor responsabilidad. Tenía un ayudante que solía ser un alférez de su antigua compañía.

La evolución de estos dos cargos es lo que en la actualidad son los empleos de Teniente Coronel y Comandante de un regimiento o unidad militar.

Por su parte los Tambores y Pífanos eran los encargados de llevar las órdenes del capitán en el combate a base de los toques de sus instrumentos y, por tanto, el Tambor Mayor y el Pífano Mayor llevaban las órdenes del Sargento Mayor a todo el tercio. También tenían la finalidad, subir la moral de los hombres en el combate.

Cuando se realizaba el alto, inmediatamente se establecía alrededor de la “porra” la guardia encargada de custodiar los símbolos más preciados del Tercio: la bandera y el carro de los caudales. También quedaban bajo su vigilancia y custodia los soldados arrestados, que durante el alto debían permanecer sentados en torno a la “porra” que el Tambor mayor había clavado en el suelo.

En los campamentos, la “porra” se colocaba en la puerta de las dependencias principales, que estaban junto a la prevención donde los soldados cumplían el arresto por faltas leves, así que cuando el sargento o cualquier oficial mandaba a alguien a la porra ya sabía que estaba arrestado y debía cumplir el arresto en la prevención, por tanto la expresión de “enviar a alguien a la porra” era sinónimo de arrestarle. El oficial ordenaba al arrestado lo siguiente:

"¡Vaya usarced a la porra, seor soldado!".

Esta irónica pero curiosa locución se popularizó tanto entre los soldados que la utilizaban para “mandar a paseo” a todo aquel que les incordiara, que pasó a engrosar la riqueza léxica del español originando el actual y despectivo «¡vete a la porra!» que perdura hasta nuestros días y la utilizamos para alejar de nuestro lado a quien nos está importunando.

Aún hoy es posible ver el famoso bastón o “porra” en los desfiles militares en los que participa una banda de música militar.

Foto: Tambor Mayor de los Tercios portando el famoso bastón o “porra”.

martes, 12 de abril de 2011

El Valbanera, la trágica historia de un naufragio

En 1919 se produjo uno de los episodios más tristes de la historia de la emigración canaria a tierras americanas, el naufragio del Valbanera, en el que perdieron la vida 488 personas, emigrantes canarios en su inmensa mayoría. Esta es su historia.

El Valbanera era un buque que hacía la ruta desde Barcelona hasta Nueva Orleans, pasando por San Juan de Puerto Rico y La Habana. Construido en 1906, en los astilleros de Glasgow, Connell&Co, tenía unas dimensiones considerables: 132 metros de eslora y con un casco de acero de 5.099 toneladas, alcanzaba una velocidad de crucero de 12 nudos y tenía capacidad para transportar unos 1.200 pasajeros, incluida la tripulación y era uno de los barcos insignia de la Naviera Pinillos Izquierdo y Cía.

El 10 de agosto de 1919 zarpó del puerto de Barcelona, al mando del capitán Ramón Martín Cordero y, tras hacer escala en Valencia, en Málaga y en Cádiz, llega al puerto de Las Palmas de Gran Canaria el día 17 de agosto y el día 19 del mismo mes al puerto de Santa Cruz de la Palma, último puerto español antes comenzar la travesía del Atlántico y donde se completaría el pasaje rumbo a tierras americanas. La prensa local había dado la noticia de la llegada del buque a tierras canarias, como expresó el periódico tinerfeño, La Prensa en su edición del 24 de junio de 1919:

"El moderno y rápido vapor de dos hélices y ocho, mil toneladas Valbanera, pasará por este puerto con destino a los de Santiago de Cuba y Habana en la primera quincena de Julio próximo, admitiendo pasajeros y carga, debiendo dirigirse las solicitudes de hueco con la oportunidad debida, al agente de la Compañía en esta Plaza".

Cuando partió de Santa Cruz de La Palma, el Valbanera tenía a bordo a 1142 pasajeros y 88 tripulantes. Se dice que al zarpar del puerto palmero, el Valbanera perdió un ancla en una brusca maniobra y este hecho fue considerado por la tripulación como un mal presagio. El buque cruzó el Atlántico sin sobresaltos y, tras hacer escala en San Juan de Puerto Rico, llegó a Santiago de Cuba donde desembarcan 742 de los pasajeros, aunque la gran mayoría de ellos tenía el billete pagado hasta La Habana, hecho que les salvó la vida. Nada hacía presagiar el destino del Valbanera y es a partir de aquí cuando verdaderamente empieza el misterio de su naufragio.

El 5 de septiembre, el Valbanera zarpa de Santiago de Cuba hacia La Habana con 488 personas a bordo. El capitán Ramón Martín Cordero, marinero experimentado, no presagiaba lo que iba a suceder. Se levantó un terrible viento huracanado que pilló de lleno al Valbanera. El día 9 de septiembre, desde el Castillo del Morro y desde el Montevideo, buque atracado en el puerto de La Habana, se distinguen unas luces de barco haciendo señales mediante morse solicitando un práctico. Al estar el puerto cerrado por el temporal, el capitán del Valbanera comunica que intentará capear el temporal hasta que amaine. A partir de aquí se pierde toda comunicación con el buque.

Fianalmente, el 19 de septiembre son localizados los restos del Valbanera por un guardacostas norteamericano en Half Moon Shoal. Debió perder la antena de telegrafía con el temporal y por eso no pudo emitir ninguna señal de socorro. Sólo asomaban por la superficie los pescantes de babor de la toldilla de popa y el mástil de popa. El buque se encontraba a 12 metros de profundidad reposando sobre su costado de estribor. No había ninguna señal de los 488 pasajeros y tripulantes que se habían hundido con el barco. Los restos del Valbanera son aún visibles cuando baja la marea en el extremo oriental de los Cayos de la Florida.

Muchas son las incógnitas que rodean este suceso: ¿Se trataba realmente del Valbanera quién emitió las señales en código morse?, si fue así, ¿Porqué no se adentró mar adentro hasta que amainase el temporal, como se le indicó?, ¿Porqué las señales captadas por la estación de Key West y un cazasubmarinos norteamericano son contradictorias?, ¿Porqué se bajó la mayoría del pasaje en Santiago de Cuba sin llegar a su destino final?, ¿Se hizo lo necesario para socorrer a los naufragas? ¿Estaba el Valbanera predestinado por los precedentes anteriores?.

Es difícil de saber las respuestas. El investigador palmero Juan Carlos Díaz Lorenzo en su obra “Valbanera: viaje a la eternidad” trata de encontrarlas.

Foto: Imagen los restos del Valbanera y panfleto de promoción del viaje de la Naviera Pinillos Izquierdo y Cía.

domingo, 10 de abril de 2011

La Mama Galla

Hoy os pongo una leyenda peruana, que según cuentan dice así: Mama Galla era una mujer que vivía en lo alto del camino de Canta a Huamantanga, y ofrecía, a todo viajero que pasaba por la puerta de su casa, comida a base de carne con la que les engañaba.

Tenía la mujer una hija y dos nietos a los que cuidaba apartados del lugar donde agasajaba a los viajeros, para que no tuviesen conocimiento de sus malas artes. Pero un día en el que las faltaba la comida y hacía días que no pasaba ningún viajero, decidió matar a su hija.

Ocurrió que los nietos no la dejaban sola ni un momento, entonces les dijo que fuesen a traer agua en una cesta. Los chicos se negaron aduciendo que no se podía traer agua en una cesta. Entonces la abuela les dijo que pusieran piedras pequeñas en los agujeros de la cesta para taparlos, con el objetivo de que tardasen más tiempo y así poder cometer su crimen.

En el momento que los chichos salieron hacia el río, la Mama Galla llamó a su hija y cuando ésta se le acercó la degolló. A continuación se bebió su sangre, la descuartizó y echó los pedazos en un olla grande —una pampana—.

Cuando los chicos regresaron y preguntaron a la abuela por su madre, ésta les dijo que había ido a pastar con el ganado y que regresaría al día siguiente, pero los trozos de la madre, desde la olla, con el calor del fuego, decían:

— Hijos del alma mía, escapad y dirigíos al cielo, que yo os ayudaré.

Los chicos, al oír la voz de su madre, se ingeniaron la manera de huir. Le dijeron a la abuela que les enseñara el truco de poner las piedras en la cesta y durante el recorrido hacia el río se escondieron, regresaron corriendo a la casa y cogiendo los restos de su madre emprendieron la huída.

Cuando la abuela estaba a punto del alcanzarles, el arcángel San Miguel les mandó una cadena para que subieran por ella. La vieja también alcanzó a coger el extremo de la cadena, pero un pájaro —el acacllo— la cortó con su pico y la vieja comenzó a caer gritando:

— ¡Compadre zorro! ¡Compadre zorro!, tiéndete en el suelo para que al caer no me haga daño.

Pero al caer al suelo la cruel abuela, se convirtió en una laguna y la laguna la ahogó.

También dice la leyenda que la laguna existe y que en medio de ella hay una piedra a la que llaman Mama Galla.

El final de la leyenda se produce con la huída mágica de los niños al cielo, protegidos por diversos animales.

Foto: Dibujo que representa la leyenda de Mama Galla

jueves, 7 de abril de 2011

El Pacto de los Toros de Guisando

El Pacto de los Toros de Guisando o Concordia de los Toros de Guisando es el nombre de un acuerdo alcanzado el 18 de septiembre de 1468 entre Enrique IV y su hermana la entonces princesa Isabel.

En 1467, el ejército rebelde de los nobles se enfrentaba al realista sin que la victoria de Enrique fuera rotunda, y su hermanastro Alfonso moría, supuestamente envenenado. Los nobles rebeldes no se desanimaron y propusieron la corona a otra cabeza visible, fácilmente manejable, para que mantuviera sus bolsillos a ser posible más seguros y llenos, a la hermana de Alfonso, Isabel, que se negó a obtenerla en rebeldía contra su hermanastro. Pero el de Marqués de Villena pactó con Enrique el deponer las armas si, Isabel, era nombrada heredera.

Por el Pacto de los Toros de Guisando, que tuvo lugar en el cerro de Guisando, junto al grupo escultórico homónimo, en la actual localidad abulense de El Tiemblo el día 19 de septiembre de 1468, se fundamentó en un acuerdo al que llegaron Enrique IV y la princesa Isabel, y en el que se reconocía a Enrique como rey de Castilla y como sucesora a su hermana Isabel. Esto significaba dejar de lado los derechos sucesorios de la hija del rey de Castilla, Juana, apodada por sus enemigos "la Beltraneja".

Isabel fue nombrada heredera, Princesa de Asturias, con el compromiso de no ser forzada a contraer matrimonio en contra de su voluntad, pero tampoco debería a casarse sin consentimiento del rey. En este pacto se especificó que Isabel se mantendría fiel al rey hasta su muerte. Este pacto fue, por supuesto, firmado por el rey. Además Enrique se comprometía a que su esposa, Juana de Portugal, abandonara la corte definitivamente y fue recluida en el castillo de Alaejos (1468) del que se fugó con su amante, Pedro de Castilla el Mozo, un nieto de Pedro El Cruel, con el que tuvo dos hijos. Más tarde terminó sus días en el convento de San Francisco de Madrid, a los treinta y seis años, poco después de la muerte de Enrique.

Los nobles tenían tan claro que Isabel cedería a todas sus pretensiones que incluso se permitieron el buscarle marido, por supuesto, uno de los suyos, el maestre de Calatrava, Pedro Girón. Este hombre rudo por su oficio era bastante mayor que Isabel y con la dispensa papal, recién obtenida, de los votos de castidad con que hacía mérito como soldado de Cristo. La fortuna para Isabel hizo que este hombre muriera repentinamente en su viaje hacia Madrid para desposarse con la princesa. Una de las varias muertes repentinas que rodearon a la coronación de Isabel. Es bastante posible que fuera asesinado por envenenamiento por un noble al que la boda no le hacía mucha gracia.

En 1469, tras el matrimonio de Isabel con el aragonés Fernando, heredero de Juan II, sin el consentimiento del rey de Castilla, Enrique IV entendió que este acto rompía lo pactado en Guisando y proclamó heredera a su hija Juana, llamada por su enemigos como "la Beltraneja", ya que decían que hija del valido real, Beltrán de la Cueva, en la Ceremonia de la Val de Lozoya el 25 de noviembre de 1470, gestándose así el embrión de una guerra civil entre Isabel y Juana por el trono de Castilla, a la muerte de Enrique.

A la importancia histórica de este pacto se refirió nuestro Nobel de Literatura, Camilo José Cela, para decir:

Sin el encuentro de los Toros de Guisando, España no hubiera sido España“.

Foto: Los Toros de Guisando en la localidad de El Tiemblo (Ávila).

Las mentiras del nacionalismo catalán (III)

Otra de las grandes mentiras del nacionalismo catalán y que se cae por sí sola, solo hay que leer "bien" la historia para darse cuenta de ello, es la de que la Diada "día nacional de Catalunya", es el símbolo de la resistencia nacional catalana contra el imperialismo castellano. Según el nacionalismo catalán, "el centralismo y el espíritu colonizador de Castilla hacia Cataluña se fue intensificando hasta que en 1714, durante la Guerra de Sucesión, Castilla y Francia aliadas, vencieron a Cataluña, Inglaterra y Austria". Esto es simplemente mentira y totalmente falso.

El 1 de noviembre de 1700 moría Carlos II declarando como sucesor al Duque de Anjou, Felipe de Borbón, hijo segundo del Delfín de Francia y nieto de Luis XIV. El nuevo rey, Felipe V, de tan solo 17 años de edad, entró en España el 22 de enero de 1701 por Irún, llegando a la Villa y Corte de Madrid el 18 de febrero donde se alojaría en el Palacio del Buen Retiro, aunque la entrada oficial y triunfal no tendría lugar hasta el 14 de abril de ese mismo año. Comenzaba el reinado del primer Borbón en España.

La postura de Cataluña, y del resto de España, hacia el nuevo Rey fue de gran apoyo. Las manifestaciones populares y oficiales en su favor fueron generales y la literatura panegirista exaltó al nuevo monarca y a la nueva dinastía, salvando incluso el hecho de que Felipe V fuese francés. Así, el catalán Raymundo Costa escribía en su “Oración panegírica” (1701):


Felipe quinto para Cataluña no es extraño, sino patricio, Natural, y buen Catalán, quando la Sangre Real, que alienta sus venas ha salido de los cristales transparentes de esta perenne y clara fuente de Nobleza del Principado de Cataluña”.


Por su parte, el también catalán Francesc Brú señala en su “Lamentación fúnebre” (1700):


el Rey es español por más que haya nacido en Francia. Porque los reyes toman la naturaleza de la Corona, no de la cuna; de los reinos en que mandan, no de las tierras en que nacieron [...] venga a España el serenísimo Felipe de Francia y será más español que nosotros, pues a nosotros nos hizo españoles la tierra, y a Felipe el Cielo, a nosotros la cuna y a Felipe la Corona”.

Del 24 de septiembre de 1701 al 8 de abril de 1702, Felipe V visita Cataluña, con el objetivo principal de la celebración de Cortes. Cataluña esperaba llena de expectación la primera visita del nuevo Rey, una visita especialmente esperada, pues hacía setenta años, desde que en 1632 lo hiciera Felipe IV, que un soberano español no visitaba el Principado.

A medida que el Rey se iba acercando a la capital catalana aumentó el número de personalidades que se adelantaban a recibirle y darle la bienvenida: Universidad de Barcelona, oidores del General de Cataluña, el Consell de Cent, destacando el discurso del Conseller en Cap:

“Senyor, la Ciutat de Barcelona se postra humil als Reals peus de V.M. en protestació de son verdader rendiment, y ab expressió del imponderable jubilo ab que celebra lo feliz arribo de V.M. gloriantse de la ditxa li cap, que V.M. la favoresca ab sa Real presencia, y si be est tan rellevant favor, lo te sa innata fidelitat a agigantat […]”.

El 8 de abril de 1702, y obligado por el inicio de las acciones bélicas, Felipe V dejaba Barcelona poniendo rumbo a Italia en medio de un clima general de fidelidad y amor al monarca

En realidad, el 11 de septiembre de 1714 lo que ocurrió fue la entrada de las tropas de Felipe V a Barcelona que estaba bajo dominio francés. En el asedio a Barcelona participaron miles de catalanes integrando el ejército borbónico. Otros tantos catalanes sitiados en Barcelona lucharon para la que estimaban como legítima dinastía española y de la "libertad de toda España".

No sólo eso, sino que un siglo después en la Guerra de la Convención. Los catalanes participaron con entusiasmo en defensa de su religión, su rey y su patria contra los revolucionarios franceses. De hecho se puede leer en el Diario de Barcelona del 1 de octubre de 1792 un Soneto Catalá celebrando la toma de la localidad rosellonesa de Bellaguarda:


" Vallesir, Rosseló, la França entera
del valor espanyol lo excés admira:
Ya espera resistir, ya desespera:
ya brama contra el Cel, però delira:
que lo cel es qui vol que torne a Espanya
lo Rosselló, Navarra y la Cerdenya".

Esto es lo que hay, aunque a algunos no les guste.

Foto: Portada del Fenix de Cataluña de Feliú de la Penya. Facsimil del original de 1683.