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martes, 11 de diciembre de 2012

LA DINASTÍA ROMÁNOV

Escudo de la familia Romanov
Voy a poner la historia de la familia Romanov que gobernó los designios de la Gran Rusia desde el siglo XVII hasta principios del siglo XX en que fue derrocado y ejecutado el último de los zares romanov.
La dinastía Romanov siempre ha gozado de un gran interés motivado por la suntuosidad y grandiosidad de su imperio y, al mismo tiempo, lo que de verdad la hace misteriosa e interesante es el áurea de misticismo siempre la ha envuelto.
Su historia comienza en 1613 cuando una asamblea de los boyardos —nobles rusos— designó a Miguel Románov nuevo monarca del país. De esta manera se puso fin a la época de revueltas, período de desorden político, económico y social agravado por la invasión polaca.
Inicialmente la familia de los Románov siguió la antigua costumbre de traspasar el trono al varón primogénito; así, a Miguel lo sucedió Alejo y después su nieto Teodoro.
El conflicto sucesorio se originó cuando el trono de Rusia fue compartido por los zares Iván V y Pedro I bajo la regencia de la princesa Sofía, hermana mayor de Iván. Tras una serie de pugnas internas entre los boyardos, Pedro I se hizo con la corona y fue él quien estableció las nuevas reglas sucesorias: decretó que fuera el propio monarca quien designara a su heredero. De esta manera, Pedro I le dejó el trono a su esposa, Catalina, pero tras su muerte el poder volvió al linaje Románov con el mandato de Pedro II. Más tarde se sentaron en el trono la hija de Iván V, Ana I, Iván VI e Isabel I.
Después de la emperatriz Isabel el linaje directo de los Románov se extinguió dado que al trono ruso accedieron miembros de la casa real alemana Holstein-Gottorp, aunque la dinastía conservó el nombre de Románov. Catalina II arrebató el trono a su hijo, Pablo, pero este, tras ser finalmente coronado a la muerte de su madre, reinstauró el antiguo orden de sucesión: de padre a hijo mayor.
El resto de emperadores rusos designaron a sus hijos herederos legítimos. El último Románov, Nicolás II, abdicó en 1917. Tras la Revolución de Octubre la mayoría de los miembros de la casa Románov fueron asesinados por los bolcheviques y solo algunos representantes de la familia pudieron emigrar.

MIGUEL I

El Zar Miguel I Romanov
 Miguel I fue el primer zar de la familia de boyardos Románov, que comenzó una nueva dinastía de zares y emperadores de Rusia, y que reinó más de 300 años, desde 1613 hasta 1917.
La primera dinastía de zares de Rusia fue la de Riúrik, descendiente de la pléyade de príncipes que gobernaban Kiev, Vladímir y Moscú. Según la antigua Crónica de Néstor, esta familia descendía de Riúrik, líder de los varegos —mercenarios del noreste de Europa que habían servido a los terratenientes de la antigua Rusia, la llamada “Rus”—, que estableció la dinastía en 862 y fue invitado por los ciudadanos de Veliki Nóvgorod para ser su príncipe. La descendencia de Riúrik gobernó Rusia hasta la muerte en 1598 del último zar de esta familia, Teodoro I.
Tras expulsar a los invasores polacos de Moscú en 1612, en 1613 los representantes de 50 ciudades rusas se reunieron en esta ciudad en el Zemski Sobor —la Asamblea Nacional de la antigua Rusia— para elegir a un nuevo zar.
En aquel momento existían algunas agrupaciones de boyardos que apoyaban a diferentes candidatos al trono. La candidatura del joven de 17 años Miguel Románov, bisnieto de la primera esposa del zar Iván el Terrible, Anastasía Zajárina, era apoyada por los cosacos, que incluso crearon su propio mito sobre el traspaso de poder al joven de manos del zar Teodoro.
La asamblea eligió a Miguel Románov, nacido el 22 de julio de 1596 en Moscú y procedente de una famosa familia de boyardos rusos de origen cosaco, para que pusiera fin al periodo de desgobierno de Rusia, fundando así la dinastía Románov y continuando el proceso de establecimiento en el país de la monarquía absoluta.
Los embajadores del Zemski Sobor viajaron a Kostromá para ofrecerle el trono a Miguel. En Kostromá, ciudad en el norte de la parte europea de Rusia, se encontraba la residencia de la familia de boyardos Románov. En el monasterio de Ipátievski los mensajeros encontraron al joven y a su madre, Ksenia Shéstova, quienes protestaron contra este nombramiento, insistiendo en que Miguel era demasiado joven para aceptar el cargo.
Según las leyendas, al conocer la elección del nuevo zar ruso, los polacos intentaron asesinarlo para que no ascendiera al trono, para lo cual enviaron un destacamento al monasterio de Ipátievski. Sin embargo, la suerte parecía estar del lado de Miguel: un sencillo campesino, Iván Susanin, llevó a los polacos a un frondoso bosque sin salida. Los polacos mataron a Susanin pero perecieron en el bosque. En el siglo XIX el compositor ruso Mijaíl Glinka glorificó la hazaña del joven campesino en la ópera La vida por el zar.
A pesar de las dificultades, Miguel Románov fue elegido para ocupar el trono cuando Rusia estaba en una situación muy delicada: el país estaba destrozado por los años de la Época de las Revueltas (o “Periodo Tumultuoso”), que duraron desde 1598 hasta 1613; el trono del zar estaba vacante y el país estaba devastado por las revueltas internas y por las invasiones de los suecos y polacos —los polacos habían tomado el kremlin de Smolensk y los suecos habían ocupado Veliki Nóvgorod—.
Además, los boyardos se enredaron en interminables trifulcas internas y aparecieron bandoleros por todo el país. La mayoría de las ciudades importantes estaba desestructurada o despoblada y decenas de miles de personas habían muerto en batallas y disturbios.
El famoso historiador ruso Vasili Kluchevski (1841-1911) afirmó:
 “La Época de las Revueltas fue la efervescencia de un organismo estatal enfermo que se esforzaba por salir de las contradicciones que le había traído el curso de la historia antecedente y que no había podido solucionar por el medio habitual, pacífico”.
Además, el país se quedó sin la cabeza de la Iglesia ortodoxa rusa dado que el patriarca de Moscú y Toda Rusia, Guermoguén, (“persona adornada con gran sabiduría, instruido en la enseñanza bíblica y famoso por la pureza de su vida”, así caracterizaron algunos coetáneos al patriarca), fue encarcelado en 1611 por los polacos en el monasterio de Chúdov, donde murió de hambre.
Según el historiógrafo y escritor ruso Andréi Muraviov, Guermoguén:
“…resistió hasta el final y fue digno de ser considerado mártir: se mantuvo inflexible ante las amenazas, le dejaron morir de inanición en prisión y se convirtió así en un profeta de la liberación para su país”.
Miguel I entró en la historia de Rusia como un zar de carácter apacible y blando (fue apodado “el Dulce”) y fácilmente moldeable por su entorno. Todos los éxitos del período de su reinado suelen atribuirse a su padre, el patriarca Filareto. Los últimos 12 años, decisivos en el desarrollo de la historia rusa, Miguel I gobernó sin el apoyo paterno.
El Patriarca Filareto Romanov, padre de Miguel I
La persona del padre de Miguel merece atención especial. Siendo uno de los posibles candidatos al trono, fue capturado por los polacos y estuvo en cautiverio desde 1611. En 1619 fue liberado como resultado de un canje de prisioneros y volvió a Rusia, donde encabezó el Patriarcado moscovita con el nombre de Filareto: desde aquel momento en el Estado ruso se estableció de facto la dualidad de poderes (diarquía). En realidad esta medida no era oficial pero el joven monarca no hubiera podido salvar de otro modo la profunda crisis en la que se encontraba el país tras la Época de las Revueltas.
Con la ayuda de su padre, Miguel I consiguió paulatinamente restablecer el orden y contener las invasiones extranjeras. Además, fortaleció las fronteras occidentales del Estado al concluir sendos tratados de paz con Polonia y Suecia.
Con el país escandinavo firmó la Paz de Stolbovo en 1617 y con Polonia firmó la Paz de Deulino en 1618, aunque en 1632 estalló la guerra ruso-polaca que duró dos años. En 1634 se puso fin definitivamente al conflicto entre Rusia y Polonia con la renuncia del rey Ladislao IV Vasa de Polonia al trono de Rusia.
Gracias a Miguel I cesaron las invasiones tártaras que habían dejado las fronteras meridionales de Rusia totalmente devastadas. Además, reorganizó el Ejército ruso con la formación de nuevos destacamentos, mejorando también el municionamiento y reabasteciendo de armamentos más adelantados.
El zar estableció un nuevo sistema político-administrativo de dirección del Estado —voyevodstva— que extendió por toda Rusia y que existió en el país hasta 1775. El monarca desarrolló unas reorganizaciones interiores que fortalecieron el feudalismo y en 1636 instituyó la adscripción de los campesinos a la tierra.
Al inicio de su mandato se reunían periódicamente las Asambleas Nacionales (Zemski Sobor). Además, todos los problemas principales se discutían con la Duma de boyardos, el consejo de nobles rusos.
Sin embargo, el patriarca Filareto, hombre enérgico y firme, hasta su fallecimiento en 1633 fue el tutor del zar ruso y tuvo un papel primordial en la decisión de los asuntos estatales.
Miguel I se casó en dos ocasiones, la primera en 1624 con María Dolgorúkova, que murió cuatro meses después sin tener hijos, y en 1626 con Yevdokía Streshniova, con quien tuvo nueve hijos, tres niños y seis niñas.
Se considera que la misión principal del zar Miguel I en la historia de Rusia fue acabar con el periodo de inestabilidad y preparar al país para el reinado de un heredero digno y bastante exitoso como fue, tras su fallecimiento en 1645, su hijo Alejo.

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