domingo, 5 de abril de 2015

Castillo-Palacio del Papa Luna en Illueca. Zaragoza

Castillo-Palacio del Papa Luna
El Castillo-Palacio del Papa Luna se alza sobre un espolón rocoso que domina la población de Illueca y es aquí donde nació don Pedro Martínez de Luna, el único Papa aragonés, que ejerció con el nombre de Benedicto XIII y fue vulgarmente conocido como el Papa Luna.

La fortaleza, de planta rectangular alargada de 65x20 m, debió seguir una tipología muy similar a la del Castillo de Mesones. A lo largo de los siglos ha sido objeto de numerosas ampliaciones y reformas que han desfigurado su fisonomía medieval, el edificio mantiene esencialmente se volumen y estructura. En 1931 se declaró Monumento Nacional.
Plantas I y II del Castillo

En el monumento se diferencian tres grandes momentos constructivos:

1. Mudéjar.-  Hacia 1390 (siglo XIV).- Obras realizadas por Mahoma Ramí (artesonado de la sala Dorada y de la Alcoba). Muy vinculado al Papa Luna, trabajó en el Cimborrio de la Seo de Zaragoza, San Pedro Mártir de Calatayud y en otras iglesias de la comarca de Calatayud.
2. Renacentista.- Hacia 1550 (siglo XVI).- Pedro Martínez de Luna, Virrey de Aragón y primer Conde de Morata, que a imitación de las casas señoriales renacentistas del Coso zaragozano, le otorgó un aspecto más palaciego y modificó su aspecto exterior incorporando la galería de arquillos. En la portada, dispuesta entre dos columnas a modo de torrecillas que sobresalen por encima del edificio, encierra dos bases elevadas en las que se creyó que estuvieron los maceros de la Audiencia de Zaragoza. También posee decoración en relieve de grifos, cornucopias y guirnaldas, y dos balconadas superpuestas. Es una reminiscencia del Palacio Ducal de Urbino de Italia que sigue las líneas generales de espectacular portada del castillo-palacio de Castelnuovo de Nápoles erigida bajo la monarquía de Alfonso V el Magnánimo.
Portada

3. Barroco.-  A partir de 1665 (siglo XVII).- Francisco Sanz de Cortes, Marqués de Villaverde adquirió de Ana Polonia Martínez de Luna, todos sus señoríos iniciando unas reformas muy criticadas en su época por fastuosas; cubre la luna abierta con una cúpula sobre pechinas y dispone en ella una espectacular escalinata. Esta remodelación de dignificación del edificio le confirió su aspecto actual.

Escalera de acceso a la Planta Superior
Al principio el castillo-palacio perteneció a la baronía de Gotor, después a los Luna, una de las ocho grandes casas nobiliarias de Aragón, que disfrutaban del condado desde Pedro IV. En el siglo XVII pasó al Marquesado de Villaverde y, más tarde,  a los Bordiú Nava por línea de herencia, quienes lo cedieron al ayuntamiento con la condición de que fuera restaurado. En 1981 el Ayuntamiento de Illueca asume la propiedad del castillo y, un año después, comienza la labor de restauración y rehabilitación del edificio.

Sala Dorada
En el interior, una prolongada escalinata desemboca en lo que fuera en el siglo XIV un patio del castillo medieval descubierto a modo de luna que articulaba todas las salas del castillo. Entre las estancias mudéjares conservadas, construidas en la época de Benedicto XII destacan la gran Sala Dorada, que era el salón de protocolo y debe su nombre al color dorado de su techumbre, y la Sala de la Alcoba, lugar de nacimiento del Papa Luna, ambas cubiertas con  magníficos alfarjes o techumbres planas de madera policromada, con las armas de Benedicto XIII y decoradas en su parte alta con un friso gótico-mudéjar de círculos decorativos y arcos apuntados con tracerías en yeso policromado.
Biblioteca del Papa Luna
Otras salas que se destacan en el interior del palacio son: la Sala de la Corona de Aragón (Siglo XVII), recorrida con un friso de madera tallada, ornado con motivos vegetales y columnas barrocas torneadas, y la Sala del Mausoleo, con trabajos realizados en yeso policromado de gran esmero en los que sobresalen los símbolos heráldicos de los Luna, fechados entre los siglos XVI y XVII, en la que reposaron los restos del Papa Luna.


Fachada del Castillo de Illueca


lunes, 5 de enero de 2015

Los Ejércitos Españoles a lo largo de la Historia (III). Los Romanos

Estandarte de la Legión
El Ejército Romano en Hispania tenía la misma organización que el resto del Ejército Romano, tanto durante el periodo republicano como durante el imperial, adaptándose a los distintos cambios que se iban produciendo. El asentamiento definitivo del poder romano se produce tras la conquista de Hispania con la derrota de los cartagineses y con la sumisión total de las tribus hispanas.

Asentada en la Península, Roma mantuvo una política expansiva dirigida a controlarla en su totalidad. Las cargas que esto supone hacen que las tribus hispanas se subleven. Los primeros serán Indíbil y Mandonio, en la zona de Ilerda (Lérida), en el 206 a.C. que, por medio de una lucha de guerrillas se enfrentarán al ejército romano hasta ser derrotados.

En el 197 a.C. se divide la península en dos provincias Citerior, al norte y Ulterior, al sur. Entre el 197-179 a.C. se producen sublevaciones en las dos provincias, que, tras la ocupación de Iaca (Jaca) en 194 a.C., da paso a la paz en la Citerior. Se realizan acciones punitivas contra Numancia y Sigüenza y se toma Toledo.

Los años 178 a 155 a.C. son de paz relativa, en este último, se inicia una expedición lusitana hacia el Betis en busca de alimentos. El ejército romano se retiró al sur, donde Galba, pretor de la Ulterior, atravesaba serias dificultades con los lusitanos. La unión de los ejércitos romanos forzó la paz y Galba prometió reparto de tierras para paliar la pobreza de los lusitanos. Cuando estaban concentrados, Galba dio orden de exterminio: de 8.000 a 30.000 lusitanos fueron asesinados y el resto vendidos como esclavos. Viriato, escapado de la matanza, emprendió la lucha contra Roma. Del 154 al 137 a.C. lucharon los lusitanos con desigual fortuna. La estrategia de guerra de guerrillas desarmaba la capacidad combativa de las legiones romanas, que sufrieron varios y serios descalabros (Ronda, Segovia). En el 140 a.C. Viriato es derrotado y pide la paz, tres de sus emisarios son sobornados y lo asesinan. El sucesor, Tautalos, aceptó las condiciones de paz romanas.

Mapa de la conquista de Hispania por Roma

Primera Guerra Celtibérica. Del 153 al 133 a.C., Roma lucha con los celtíberos en la 1ª Guerra Celtibérica. La guerra había empezado por la ampliación de las murallas de la ciudad de Segeda, cerca de Calatayud. Para los romanos, eso contravenía la relación de dependencia que tenía la ciudad (pago de tributos, proporcionar tropas auxiliares y abstenerse de levantar nuevas plazas fuertes). En el 153 a. C. es enviado un cónsul con una fuerza de 30.000 soldados. Los segedanos se replegaron y pidieron ayuda a los arevacos.

El choque tuvo lugar a 15 km. al sur de Numancia. Los celtíberos vencieron a 6.000 legionarios, pero en su persecución tropezaron con la caballería romana sufriendo numerosas bajas. Perdida la iniciativa, los celtíberos buscaron refugio en Numancia, capital de los arevacos. El cónsul levantó un campamento resuelto a lograr la rendición definitiva. Numancia resistió a sus fuerzas y a los refuerzos.

Hizo falta la habilidad de Claudio Marcelo para llegar a un acuerdo que aseguró la paz del 151 al 143 a.C., a pesar de continuar el cerco de Numancia. En esta época las legiones acuden al sur en ayuda de Galba.

Cerco de Numancia
Segunda Guerra Celtibérica. Con las victorias de Viriato, los celtíberos se sublevaron el 143 a.C., dando lugar a la 2° Guerra Celtibérica. Numancia fue ganando en importancia hasta convertirse en un mito. Roma luchó contra los pueblos del Jalón y el alto y medio Duero, para aislar a los arevacos con Numancia y Termancia. En los intentos de toma, los romanos sufrieron graves derrotas. Para resolver tan espinoso problema Roma envió a Escipión Emiliano, héroe nacional después de la destrucción de Cartago en el 146 a.C. Sus primeras medidas estuvieron dirigidas a entrenar y devolver la cohesión y la disciplina al ejército. En octubre del 134 a.C. se encontraba frente a la ciudad; levantó siete campamentos para completar el cerco, protegidos por empalizadas y terraplenes   unidos por un muro. Fracasaron los intentos numantinos de romper el cerco y el hambre hizo estragos. Después de 15 meses de asedio Numancia es reducida a cenizas.

Esto terminó con la guerra, pero no con los levantamientos que fueron constantes entre el 144 y el 93 a.C. La falta de tierra y la penuria económica, agravada por la abusiva administración de Roma, estuvo en la raíz de las numerosas incursiones de celtíberos y lusitanos sobre las regiones ricas del sur y levante. Para el 82 a.C. se fecha el sometimiento de celtíberos y lusitanos.


Guerras civiles romanas. Aún sufrió la península las guerras civiles romanas. Del 83 al 77 a.C., Sertorio, pretor de la Citerior y partidario de Mario, será derrotado por Sila en los Pirineos. Derrotado se retira a Tanger; pero vuelve a Hispania y se hace dueño de la Citerior, declarándose independiente. Será asesinado por su lugarteniente, sobornado por Roma.

La guerra civil entre Cesar y Pompeyo (49-45 a. C.), se inicia cuando Cesar, pretor de la Ulterior, triunfa en Ilerda y se dirige a Roma. Vuelven los pompeyanos y Cesar los derrota en Montilla.

Las guerras cántabras. La guerras cántabras (29 a 19 a.C.) son el último conflicto de importancia con Roma. Estamos ya en la época imperial pues, desde el 30 a.C., Augusto ha adoptado la forma de Imperio.

Augusto viene a Hispania en persona en el año 27 a.C. para hacerse cargo de las operaciones. La expedición contra cántabros y astures fue un golpe de efecto destinado a consolidar el nuevo régimen, quería demostrar que podía conquistar para Roma nuevos territorios. Los Escipiones en el siglo II a.C., Pompeyo y el propio César habían fracasado en sus intentos para someterlos.

Los cántabros vivían en territorios pobres en recursos agrícolas, dedicados al pastoreo y realizaban periódicos saqueos de las tierras de la meseta norte, lo cual quizás explique que sus principales asentamientos (monte Cilda, Amaya...) tuvieran su emplazamiento en la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica. Además, molestaban la adecuada explotación de los recursos mineros (estaño y oro fundamentalmente) de la zona de Galicia y León. Las previsiones económicas parece que se comenzaron a producir 20.000 libras anuales.


Los efectivos romanos cifrados en 6 o 7 legiones, podían oscilar alrededor de los 35.000 hombres. Los cántabros aislados en puntos elevados y cercados por el hambre perecieron casi todos. La guerra ante un enemigo que combatía en guerrillas y en un terreno donde las legiones no podían desplegar resultó más larga y dura de lo previsto inicialmente. Enfermo Augusto, abandonó, dejando a Antistio el mando de las tropas. Fue él quien terminó la campaña (26 a 25 a.C.). La resistencia final de los astures tuvo lugar en el monte Mendulio, en el Bierzo, y como siempre se produjo su cerco y un suicidio colectivo, preferible a la perspectiva de caer prisioneros.

En el 24 a.C. se reprodujeron nuevos levantamientos, cesando definitivamente en el 19 a.C., pero pese a la victoria, la penetración romana en la región fue escasa. Desde la primera campaña hasta fines del Imperio las tropas romanas residieron sin interrupción en Hispania. Después de las guerras contra cántabros y astures, Augusto había dejado tres legiones en Hispania: la IV Macedonica, para control de los cántabros, la VI Victix y la X Gemina para la defensa contra astures y galaicos. La IV estaba acantonada próxima a Reinosa y a Sasamón. Las otras dos estaban próximas a Astorga (Asturica Augusta). A ellas estaba adscrita la cohorte IV Gallorum, cuerpo auxiliar estacionado en Rosinos, valle del Vidriales.

Con Calígula (37-41) la IV Macedonica sale de Hispania destinada a proteger la frontera del Rin, y bajo Nerón, salió la X Gemina. Cuando Galba aspira a suceder a Nerón, en el 68, cuenta con el apoyo de la única legión que quedaba en Hispania, viéndose obligado a reclutar otra, la VII, que después se convertirá en VII Gemina, para poder enfrentarse a las tropas de Nerón. Durante la crisis del 68 salieron de Hispania todas las legiones quedando únicamente cinco cohortes y dos alae para vigilar a los pueblos del norte.

En el 74 Vespasiano envía a Hispania la VII Gemina que acampa definitivamente en el lugar del actual León. Hasta la reorganización de Diocleciano, en el s. III, la Legión VII fue la responsable de la defensa de toda la península. Aunque el grueso estuvo en León había pequeñas unidades destinadas en campamentos. Su emplazamiento, próximo a las explotaciones mineras del noroeste, nos evidencia que la defensa del extenso distrito minero y de la salida de sus productos fue una de sus misiones más importantes.
Organización de la Legión Romana


Organización de las Legiones

En el origen de los ejércitos romanos están los propietarios de las tierras, que son llamados a combatir cuando es necesario. Se adopta la falange macedónica con 3.000 hombres y 300 jinetes.
Hacia el 578 a.C. Servio Tulio reforma el ejército en profundidad, creando las legiones de 3.000 hombres, armados como los hoplitas, infantería pesada (6 filas de 500 hombres) y 1.200 vélites, infantería ligera.

Marco en el 361 a.C. introduce la Legión "Manipular", aparecen tres tipos de combatientes: Los hastati o hastiarios, en primera línea, eran soldados bisoños formados en manípulos de 120 hombres (12x10). Los príncipes, en segunda línea, eran soldados más curtidos formados en manípulos de 120 hombres (12x10). Los triarios, en tercera línea, eran soldados veteranos de gran fortaleza, agrupados en manípulos de 60 hombres (12x5). A estos 3.000 hombres se unían 1.200 vélites, que eran la infantería ligera y los más jóvenes. Se organizaban en Cohortes compuestas cada una de tres manípulos, uno de cada clase (300 hombres), una unidad de vélites (120) y un escuadrón de caballería o turmae (30).

Equipo del Legionario
El armamento depende de la función; los vélites llevan espada, lanza arrojadiza, y escudo (parma); los hastiarios y príncipes lo mismo más dos jabalinas (pilum), yelmo, armadura metálica de pecho (pectorale) o coraza (lorica); los triarios igual que los hastiarios pero en lugar de jabalinas llevan lanza larga (hastae). La caballería llevaba espada, lanza, escudo, yelmo y coraza. Formaba a los flancos o retaguardia de los triarios en cuatro filas, se constituían para cada legión diez "turmas" de treinta jinetes y dos oficiales.

El combate se iniciaba por vélites que hostigaban al enemigo, se embebían en el despliegue y los hastiarios que lanzaban sus venablos y combatían después cuerpo a cuerpo. Se retiraban entre los príncipes y entraban estos en combate, lo mismo hacían los triarios, reiterando esfuerzos en intensidad.

Mario, introduce la Cohorte de 600 hombres en el año 107 a.C., desaparecen las diferencias de los componentes, todos portan el mismo armamento. La Legión se compone de 10  cohortes, que a su vez se divide en 6 centurias de 100 h. Forman en dos líneas de 5 cohortes cada una. Disminuye la impedimenta de las legiones, obligando a transportarlo a los legionarios ("mulas  de Mario").

César, en 67 a.C., continúa con la Cohorte pero formando la Legión en tres filas, la última es la reserva. Augusto modificará el armamento y vestuario mejorándolo.

En castramentación los romanos fueron unos maestros. Realizaban siempre el mismo trazado de campamento, con lo que las unidades sabían exactamente donde colocarse. Los campamentos tenían calles, foso, cuatro entradas, terraplén y empalizada. Cada ocho soldados llevaban el equipo para montar una tienda y disponían de una mula para transporte.
Disposición  y principales partes de un Campamento Romano



miércoles, 17 de diciembre de 2014

Un héroe olvidado....Tras dos guerras


Hace unos cuantos años llegó a mis manos la hoja de servicios de mi abuelo y después de leerla concienzudamente, me enteré de una serie de hechos y acontecimientos de los que era un total desconocedor al igual que todos los miembros de la familia. En ese momento decidí guardarla hasta que llegase el momento oportuno para escribir su historia. Ahora he considerado que ha llegado ese momento. 

Al leer los hechos que se reflejan en  ella, intento hacer volar la imaginación y trasladarme a aquellos angustiosos momentos, aunque no lo consigo del todo. Tengo claro que por mucho que haya leído, estudiado o investigado sobre la situación de Marruecos durante la guerra del Rif, por mucho que intente dibujar en mi mente aquella situación, es muy difícil, por no decir imposible, que pueda hacerme una idea real de lo que sufrieron allí. 

Su hoja de servicios es un relato real y veraz de su participación en la guerra africana desde que se incorpora al Batallón Arapiles nº 9, a principios de 1924, hasta que culmina la pacificación del Protectorado en 1927; es un relato de las acciones realizadas durante los años de su permanencia en las Unidades Coloniales; es un relato de la vuelta a casa; es un relato de su participación en la guerra civil y también es un relato de tristeza, deshonor y olvido, un relato que termina con el final de su  carrera militar.

No es el objetivo de esta historia contar aquí las penurias familiares que pudiera pasar mi abuelo en aquellos angustiosos años del olvido, se trata de rendirle un modesto homenaje, sacar del olvido y dar a conocer su historia militar tal como la vivió,  que fue tan dulce como amarga, y hacerla extensiva a todos aquellos que vivieron su misma situación que por desgracia fueron muchos.

Estos militares, que años antes no dudaron jugarse la vida por su país, por su bandera y por su Ejército; que habían demostrado y acreditado con creces su valor,  perdieron su dignidad y honor acusados del peor delito del que se le puede acusar a un militar, el de rebelión militar o auxilio a la rebelión, por haber permanecido fieles a la República a la que habían prestado juramento de fidelidad, y haber resultado perdedores de la guerra civil.


Un héroe olvidado… es un homenaje a mi abuelo y a todos aquellos militares, olvidados como él, a los que les tocó vivir dos guerras seguidas, en las que la primera los cubrió de gloria y la segunda de miseria y olvido, por encontrarse en un momento determinado en un lugar que al final resultó ser el equivocado y que ni la política, ni la sociedad y ni siquiera el tiempo han querido o no han sabido reconocer.

Esta es la historia de uno de esos héroes, hoy anónimo y olvidado, al que quiero recordar.

jueves, 13 de noviembre de 2014

El castillo de Calanda

Excavaciones en el recinto interior del castillo
La población de Calanda tiene su origen cuando los musulmanes se asentaron al pie de una suave colina, sobre la que poco más tarde se construyó un castillo.

En 1157, Calanda quedó incluida en el amplio alfoz de los términos que Ramón Berenguer IV, príncipe de Aragón, otorgó a la Orden de Calatrava cuando ésta fuera conquistada. La conquista de la villa fue realizada por Alfonso II en 1169, junto con Aguaviva, Castellote y Cuevas de Cañart.

El primer señor de la villa del que se tienen noticias fue Blasco de Alagón, quien ya poseía desde 1120 el señorío de Sástago, Calanda, Camarón, Torre Galindo y Torre de la Mora. Luego pasó a su hijo Artal y de éste a su hijo Blasco II de Alagón, quien lo ostentaba en 1172.

Restos del castillo (foto del Gobierno de Aragón)
Los Alagón cambiaron Calanda a los calatravos por la tenencia que la Orden poseía en Cuevas de Vinromá, Albocacer, Tirig y Salsadella. A partir de este momento la historia de Calanda está vinculada a la dominación calatrava. El primer proyecto de colonización cristiana data de 1276 cuando se acordó que los monjes caballeros expulsasen a los musulmanes de Calanda y la repoblasen con cristianos.

La población perteneció durante varios siglos a la Orden de Calatrava hasta que se produjo la abolición de los señoríos.

El castillo sufrió diversas alteraciones durante las guerras carlistas y, tras éstas, quedó en el más profundo abandono. Aún se conserva en bastante buen estado un muro que se corresponde con uno de los flancos mayores de su planta irregular alargada. Al castillo se accede por una rampa paralela a su lado mayor que lleva hasta la puerta situada en la parte alta.

Rampa de acceso al castillo( foto del Gobierno de Aragón)
En las excavaciones que se realizan en su recinto interno han quedado al descubierto diversas estancias fabricadas con cantos rodados, también se conserva un aljibe con canles de llenado y recogida de aguas. A un lado del canal parten las escaleras de acceso a una sala rectangular que podría ser la base de una torre. En el flanco suroeste se levanta un muro de sillería que bien podría corresponder a la torre mayor. 

lunes, 10 de noviembre de 2014

El castillo de Más de las Matas

La ermita de Santa Flora se ubica sobre la parte
central del antiguo castillo
El castillo de Más de las matas o castillo de Kamarone, era un castillo de origen romano, después lo fue visigodo, conocido como «vallipón» y más tarde musulmán. Después de la conquista cristiana en 1169, el rey Alfonso II lo donó en 1185 a la mitra zaragozana.

En esta población, junto con sus iglesias, se había formado un obispado llamado «kamerín». El rey, reservándose tierras, el horno y el molino, le otorgó la carta puebla en octubre de 1194, concediendo a todos sus moradores el fuero de Zaragoza.

En 1205 Pedro II cedió el castillo con la mitad de la villa a Arnaldo de Palacín, caballero que había participado en su conquista.

Con Jaime I, pasó a Blasco de Alagón, señor de Sástago, por permuta con Morella; en 1248 este noble daba el castillo y la villa a su hijo Artal. Éste, en 1260, marcaba los límites con el comendador de Alcañiz, Raimundo Ibáñez, entre Camarón, Monroyo y Buñol.

En 1272, Blasco II de Alagón disponía del castillo en su testamento. En 1295 la Orden del Temple permutó el castillo y la villa a Artal de Alagón, señor de Pina, por un horno en Pina, La Zaida y Belloc.

En 1298 se insiste en que las primicias de Camarón pertenecen al obispo de Zaragoza, pues las tenían cedidas a la casa de Alagón por cinco morabetinos de oro que se pagaban al camarero del Salvador, carga que deberían asumir los caballeros templarios.
Desde el castillo se dominaba toda la villa

Tras la extinción de la Orden del Temple, el castillo pasó a la Orden del Hospital de San Juan, a los hospitalarios y poco después el lugar se fue despoblando hasta su abandono en el siglo XV.


Los vestigios del castillo se sitúan en el cerro de los Pedregales donde se asienta la ermita de Santa Flora, en el centro de lo que fuera el recinto del castillo. Era una fortificación de planta irregular de unos cincuenta metros de eje máximo ocupando la cumbre de la colina, aún hoy se ven algunos muros con aparejos de bloques calcáreos. El resto mejor conservado del castillo forma la esquina cóncava de una torre en el ángulo suroeste, cuya obra es de piedra sólida.