domingo, 16 de marzo de 2014

Pedro II el Católico, el rey que se enfrentó al Papado

Pedro II de Aragón
Alfonso II murió en 1196 con treinta y nueve años. Le sucedió su hijo Pedro II que contaba con 17 años y quedó bajo la tutela de su madre doña Sancha hasta que cumpliese los veinte años, según había expresado su padre en el testamento.

Firma de Pedro II
Pedro heredó el reino de Aragón, el Condado de Barcelona y todas las tierras del Mediodía francés desde Béziers hasta Aspe; su hermano Alfonso heredó Provenza, Milán, Gévaudán y Rouergue. Ambos hermanos mantendrán siempre buenas relaciones, tanto personales como políticas, no así con su madre con quien se enfrentaría en varias ocasiones por cuestiones de los castillos de frontera, aunque apartaron diferencias mediante los tratados de Ariza (1200) y Daroca (1201).

Pedro II, desde finales de 1196, comenzó una intensa actividad política. La expansión militar  hacia el sur había quedado frenada, desde la derrota de Alarcos (1196), y tivo que dirigirse hacia el levante. En 1204 toma Rubielos de Mora, Ademuz y Castielfabib. Se efectúan repoblaciones en zonas de Montalbán, en manos de las Órdenes Militares. En el año 1206 y los siguientes, los reyes cristianos peninsulares alcanzan una serie de acuerdos para estabilizar las fronteras y retomar la expansión hacia el sur de manera conjunta.
La Corona de Atagón con Pedro II

En el Mediodía francés, a los territorios de su hermano Alfonso, se suman como feudatarios del rey aragonés Bearne, Bigorra, Commingers, Carcasona-Béziers, Melgueil y Nîmes y los condados de Foix y Toulouse (la infanta Leonor, hermana de Pedro II, se casó con el conde Ramón VI de Tolosa). Su matrimonio con María de Montpellier permitió la incorporación del señorío a la Corona de Aragón.

Inocencio III
Aunque la Corona se encontraba en una difícil situación económica (el rey había hipotecado sus rentas y tenía grandes deudas con algunos nobles aliados), las rentas del señorío de Montpellier le permitieron viajar a Roma para ser coronado por el papa Inocencio III. Esto significó al rey ser considerado como destacado paladín de la cristiandad y fiel vasallo del Papado. La ceremonia se celebró en 1205 y concedió una bula por la que autorizaba, a partir de entonces, a celebrarse en Zaragoza por el arzobispo de Tarragona, metropolitano de la Corona de Aragón. Será La Seo de Zaragoza el lugar donde se coronarán preferentemente los reyes de Aragón.

Dos hechos importantes caracterizan su reinado: su participación en las Navas de Tolosa y su enfrentamiento con el Papado al defender a sus vasallos, partidarios de la herejía cátara.

En 121 el rey de Castilla, Alfonso VIII, dirigió una batalla decisiva contra los Almohades en las Navas de Tolosa, en la que participaron junto al rey castellano, Sancho VII de Navarra y Pedro II de Aragón. La victoria cristiana sobre el caudillo almohade Al-Nasir, despejó el camino de la reconquista del sur peninsular. Pedro II abrió una brecha en el muro de la ciudad de Úbeda por el que penetraron los ejércitos cristianos y arrasaron la ciudad y esclavizaron o degollaron a sus habitantes. Los reyes cristianos habían conseguido reforzar su prestigio guerrero y obtener un cuantioso botín.

El papa Inocencio III, convencido de la superioridad pontificia sobre los soberanos terrenales, predicó diversas cruzadas, siendo la cruzada contra los cátaros o albigenses la primera contra cristianos. El sur de Francia era un territorio que ansiaba la monarquía de los capetos. Hubo durante años intentos de acercamiento entre los herejes cátaros y la iglesia romana que no fructificaron. El papa decidió atajarla y equiparó la herejía con el crimen de lesa majestad, por lo que los herejes eran considerados cono proscritos y sus bienes podían ser confiscados y convocó una cruzada al mando de Simón de Monfort.


Pedro II se declaró protector de los señoríos occitanos amenazados y de Toulouse, vasallos suyos, aunque su hijo estaba bajo tutela de Simón de Monfort y pendía sobre él la excomunión decretada por el papa Inocencio III. Los ejércitos cruzados cercaron la ciudad de Muret y se enfrentaron, el 12 de septiembre de 1213, en la llanura de Muret donde murió el rey aragonés y propició el fin de la herejía cátara y de la influencia de la Corona de Aragón en el Mediodía francés. El historiador y arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada resumía así la contienda:

«Y el Rey Pedro con unos pocos aragoneses y mayor número de catalanes, y condes de Tolosa y otros barones de la Francia gótica, dio la batalla a los franceses junto al castillo de Muret; y por designio de Dios, el rey y los aragoneses, que fueron los únicos que varonilmente persistieron en la batalla, quedaron muertos en el campo, mientras que los condes de Tolosa y de Foix, con algunos catalanes, volvieron la espalda y huyeron. Murieron allí con el rey, los ricoshombres de Aragón Aznar Pardo y su hijo Pedro Pardo, don Gómez de Luna y don Miguel de Luesia y otros muchos de los más principales de Aragón. El rey, que fue siempre muy católico, no fue a esa guerra para ayudar a los herejes, sino por la obligación que tenía con sus vasallos».


Tumba de Peddro II en el Monasterio de Sijena
Pedro II excomulgado por el mismo el Papa que lo coronó, permaneció enterrado en los Hospitalarios de Toulouse, hasta que en 1217 el papa Honorio III autorizó el traslado de sus restos al panteón real de Santa María de Sijena en Huesca, donde fue enterrado fuera del recinto sagrado.

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