viernes, 16 de julio de 2010

Historia de Bosnia y Herzegovina (VI)


LA IRRUPCIÓN DE LOS NACIONALISMOS Y LA SUCESIÓN DE TITO (1971-1980):
Al iniciarse la década de los setenta Yugoslavia se vio inmersa en una seria crisis económica (400.000 parados, devaluaciones del dinar en 1971 y 1973, déficit de 1.170 millones de $). Los mecanismos de mercado de su economía, reforzados con la descentralización, habían aumentado la disparidad entre las distintas repúblicas.
El mayor peso de las direcciones nacionalistas de las Ligas de Serbia, Croacia y, en modo menor, Eslovenia, se dejó sentir entonces en la reforma constitucional de 1971, que limitó los poderes del Gobierno Federal e institucionalizó una presidencia colectiva de 23 miembros encargada de suceder a Tito.
En el plano político, la descentralización permitió la irrupción de los diversos nacionalismos, muy especialmente en Croacia, lo que unido a la situación económica y a la previsible desaparición de Tito, dio lugar a una seria crisis del Estado Federal.
La subida de Stane Dolanc a la dirección de la Liga Comunista de Yugoslavia significó el inicio de una reimplantación del centralismo democrático acompañado de una serie de purgas que se iniciaron con la destitución de los dirigentes de la Liga Comunista de Croacia y la represión del movimiento nacionalista croata (Matica Hrvatska). Las depuraciones de elementos nacionalistas se extendieron en el otoño de 1972 a las Ligas de Serbia, Eslovenia y Macedonia, y en febrero de 1973 una reforma judicial introdujo la pena de muerte por delitos de terrorismo y penalizaciones de hasta veinte años por “propaganda hostil”. Una nueva constitución, en febrero de 1974, redujo el peso de la representación de las Repúblicas Federadas en la presidencia colectiva de la República, amplió en contrapartida el sistema de autogestión. Después de constituirse una nueva Asamblea Federal y con Dežemal Bijedic y Stane Dolanc al frente del gobierno y del partido respectivamente, Tito fue elegido Presidente vitalicio pasando a ocuparse exclusivamente de las relaciones exteriores que fueron mantenidas dentro de la tradicional equidistancia con respecto a los dos grandes bloques: por un lado, acuerdos de cooperación económica con la URSS, con sucesivas visitas de Tito a Moscú entre 1972 y 1979; y por otro lado, se facilitaron las inversiones norteamericanas y se realizaron acuerdos sobre compra de armamento, Tito viajó a USA en marzo de 1978, y renovación, en junio de 1973, de los acuerdos comerciales con la CEE.
A lo largo de esta década, Yugoslavia siguió desempeñando un destacado papel en el movimiento de países no alineados (conferencias de Argel y La Habana de 1979) y apoyó políticamente los movimientos tercermundistas de liberación nacional. Las relaciones con los países vecinos mejoraron sustancialmente, con vistas a asegurar la transición del régimen. El litigio sobre Trieste dio paso a una renovación del estatuto de la ciudad, así como a la firma de acuerdos de cooperación con Italia (1975). Al mismo tiempo, Yugoslavia estableció sendos acuerdos comerciales con Rumanía (1974), Grecia (1976), y Albania (1978). Con Bulgaria, el deterioro de relaciones ocasionado por el no reconocimiento búlgaro de la nacionalidad macedonia fue compensado con un incremento de las relaciones comerciales entre ambos países. En mayo de 1978 fue renovada la Asamblea Federal y Veselin Djuranovic, que había sucedido a Haris Dijedic en la dirección del gobierno en 1977, fue reelegido. Un año después Stane Dolanc fue reemplazado en la dirección de la Liga Comunista por Stevan Doronjski y fueron reelegidos los miembros de la presidencia colectiva. Después de una larga agonía, Tito murió en mayo de 1980, y asumió el poder la nueva presidencia colectiva.
En 1981 se produjeron en Kosovo un conjunto de manifestaciones reclamando la conversión del territorio autónomo en república, así como una mayor atención económica y protección a la lengua albanesa (77 % de la población), que fueron duramente reprimidas (unos 25 muertos, 500 heridos y 700 encausados) y ocasionaron una purga en las filas de la administración, así como fuertes tensiones con Albania.
En 1989 Yugoslavia entra en una nueva etapa hacia la desintegración del Estado Federal creado por el Mariscal Tito al finalizar la II Guerra Mundial bajo el liderazgo de la Liga de los Comunistas de Yugoslavia (LCY).
En primer lugar, la profunda crisis económica que sufría el país, y que había provocado densas discrepancias sobre las reformas a introducir hasta forzar la dimisión del primer ministro Branco Miculic, en diciembre de 1988, continuó con altibajos durante el año siguiente. De hecho, el 19 de enero, la presidencia colectiva nombró como nuevo primer ministro al industrial croata Ante Marcovic quien, dos meses más tarde, formó un Gobierno de 18 miembros y presentó un programa de reformas económicas centrado en la instauración de la economía de mercado y la privatización de las empresas no esenciales. Aunque durante el año se crearon más de 300 nuevas empresas con aportes de capital del extranjero superior a los 200 millones de dólares, este elemento dinamizador de la economía quedó contrarrestado por una hiperinflación que alcanzó el 2.500 %. Por este motivo, el Gobierno decidió, a finales de año, un drástico Plan de Estabilización que había sido preparado en el mayor secreto. La primera fase consistió en una nueva devaluación del dinar que pasaba a cotizarse, a partir del 19 de diciembre, a 70.000 dinares por marco alemán (moneda elegida como nuevo punto de referencia yugoslava durante el proceso que se iba a iniciar). A partir de enero, se crearía un “nuevo dinar” que sustituiría a los viejos, equivalente a 10.000 dinares y con un cambio oficial de 7 nuevos dinares por marco alemán. Los salarios quedarían bloqueados al nivel de noviembre de 1989 hasta junio de 1990 y deberían equipararse a los cambios de la cotización oficial de la nueva moneda. El 26 de diciembre, también se abrió el primer mercado bursátil de Yugoslavia, con sede en la capital eslovena, Ljubljana.
Estas medidas económicas, preparados con el Fondo Monetario Internacional, tenían un elevado precio social y provocaron duras discusiones con los partidarios del antiguo sistema socialista autogestionado. Por otro lado, la privatización de empresas era de difícil aplicación ya que no eran propiedad del Estado sino de la sociedad, con lo que su desnacionalización habría complejos procesos difíciles de resolver. El paro también se disparó, hasta alcanzar el 17 % de la población activa. Otro problema era el aumento de las diferencias internas entre repúblicas y provincias hasta el punto que, a finales de 1989, la desproporción de la renta por habitante era de 8 a 1 entre Eslovenia y Kosovo (dos puntos más que a principios de la década). Entre los puntos positivos de la economía yugoslava hay que destacar el dinamismo del sector exportador (al ser los productos yugoslavos enormemente competitivos con la incesante devaluación de la moneda nacional) y la liberalización del mercado de divisas (con lo que pudieron aflorar los dólares del mercado negro) que permitió aumentar la reserva de divisas por encima de los 5.000 millones de dólares, cifra impensable sólo dos años antes, cuando era de sólo 600 millones.
Las rivalidades entre algunas repúblicas y provincias fueron, sin embargo, el mayor factor desestabilizador de la unidad de Yugoslavia. En primer lugar, Serbia continuó presionando para lograr el triunfo de la reforma constitucional que debería significar, en la práctica, la total asimilación de las provincias de Vojvodina y Kosovo. Mientras en el norte la minoría húngara de Vojvodina parecía aceptar con resignación las pretensiones serbias, en el sur los albaneses kosovares multiplicaron las manifestaciones del año anterior. Las primeras huelgas de protesta fueron protagonizadas por los mineros de la zona de Trepca al conocer la forzada dimisión de Azem Vlasi (uno de los más populares líderes provinciales), el 2 de febrero de 1989, del Comité Central del la LCY, en Belgrado.
Sin embargo, el movimiento de protesta se incrementó antes de fin de mes para rechazar la reforma constitucional aprobada por Serbia, el 23 de febrero, y exigir la dimisión de los dirigentes provinciales, incluido el recién nombrado presidente del partido, Rahman Morina, considerados simples representantes de los deseos de Serbia. El movimiento huelguista cesó tras la dimisión de los líderes provinciales, pero pronto se comprobó que había sido una simple estratagema ya que ocuparon nuevamente sus cargos, el 5 de marzo, después de que la policía arrestara a varios líderes mineros y a Azem Vlasi, como instigadores de los desórdenes de febrero.
En medio de grandes manifestaciones de protesta, la Asamblea Provincial de Kosovo aprobó la enmienda constitucional, el 23 de marzo, y durante los días siguientes hubo batallas campales entre manifestantes y fuerzas del orden, con más de veinte muertos. La reforma constitucional fue definitivamente aprobada en Belgrado, el 28 de marzo, mientras se celebraban funerales tanto en Serbia como en Kosovo por las víctimas nacionalistas de los últimos incidentes. Bajo la proclamación del estado de emergencia, se produjeron centenares de detenciones entre los sectores nacionalistas, aunque la mayor parte de las restricciones del estado de excepción fueron levantadas a principio de julio después de que la multitudinaria conmemoración del 600 aniversario de la batalla de Kosovo Polje (en la que un millón de serbios viajaron a Kosovo para rendir homenaje a sus antepasados derrotados por los turcos en 1389) transcurriera sin incidentes.
A finales de 1989, la normalización se había reinstaurado en Kosovo y Azem Vlasi, al igual que otros nacionalistas, estaba pendiente de la decisión del tribunal en un juicio que podía condenarlo a diez años de cárcel.
En la República de Eslovenia, los grupos nacionalistas acentuaron las iniciativas locales prescindiendo de las decisiones federales. En enero, el escritor Dimitrij Rupel creó la Alianza Democrática favorable a la soberanía nacional en un régimen político pluripartidista, en franca oposición a la doctrina oficial de Belgrado. En abril, los comunistas eslovenos también decidieron organizar por primera vez en Yugoslavia una votación popular para elegir a su candidato para la presidencia colectiva, con la victoria (con el 54 % de los votos) del economista liberal Janez Drnovsek, quien asumió la presidencia rotativa durante el período 1989-1990, el 15 de mayo con el serbio Borislav Jovic como vicepresidente. Sin embargo, la decisión más polémica fue la aprobación de un paquete de enmiendas constitucionales, el 27 de septiembre, que incluían la declaración de Eslovenia como un estado independiente, soberano y autónomo con prioridad de sus decisiones por encima de las federales y la posibilidad de dejar la Federación Yugoslava si era necesario. Estas enmiendas habían sido consensuadas entre todas las fuerzas políticas eslovenas, incluida la Liga de Comunistas, lo que debilitaba la incidencia de las condenas emanadas desde la dirección federal del partido. Inmediatamente después de la aprobación de las enmiendas, el Gobierno esloveno autorizó los partidos políticos, inició la liberación de los militares detenidos por el caso “Mladina”, y actuó, de hecho, con absoluta autonomía. La rivalidad serbo-eslovena se puso una vez más en evidencia, a fines de noviembre, cuando las autoridades de Ljubljana no autorizaron una manifestación de serbios para protestar por la supuesta persecución que sufrían sus nacionales en Kosovo, lo que supuso el cese de los intercambios comerciales entre las dos repúblicas.
Con una importante minoría no croata (25 % de la población, con predominio de serbios, 11 %, y musulmanes), la República de Croacia se alineó a las tesis nacionalistas eslovenas pero sin insistir en la opción independentista debido a la existencia de regiones donde los serbios eran mayoría absoluta. Por otro lado, el recuerdo de las matanzas de serbios por nacionalistas croatas aliados a los nazis, durante la Segunda Guerra Mundial, fue nuevamente objeto de polémica con motivo de la conmemoración del 50º aniversario del inicio de la última conflagración mundial que coincidió con una ceremonia católica en honor al rey Zvonimir (muerto en 1089), durante la cual el arzobispo Ante Juric, indicó que los croatas habían actuado únicamente en defensa propia. Al igual que en Eslovenia, durante 1989 también se constituyen en Croacia distintos partidos políticos opuestos a la Liga Comunista.
Por consiguiente, a finales de 1989, las instituciones federales se encontraban muy debilitadas frente a las iniciativas antagónicas de Serbia (con BiH, Montenegro y Macedonia como aliados) y Eslovenia (y, en menor medida, Croacia). Desde la primavera, el líder de la Liga de los Comunistas de Serbia, el carismático Slobodan Milosevic, insistía en la necesidad de convocar un congreso extraordinario de la LCY para intentar fijar una línea política unitaria ante los problemas de disgregación que amenazaban al Estado Federal. Serbia se mostró contraria a la celebración del Congreso ante el temor de que sus proyectos autonómicos fueran congelados. De hecho, sólo se celebraron reuniones previas, en las que, no obstante, se reconoció la necesidad de transformar Yugoslavia en un país multipartidista, y el 14º Congreso fue finalmente convocado para enero de 1990.
Finalmente, también hay que reseñar que los restos del último rey de Montenegro, Nicola Petrivic, fueron trasladados de San Remo (Italia) a Cetinje (la antigua capital montenegrina), el 1 de octubre de 1989. Con este acto simbólico el gobierno quiso demostrar que, en su opinión, el sentimiento monárquico ya no constituía ningún peligro para la República Federal Socialista de Yugoslavia.
Foto: Josip Broz Tito en una de sus últimas manifestaciones

lunes, 21 de junio de 2010

Historia de Bosnia y Herzegovina (V)


DE LA RESISTENCIA A LA PROCLAMACIÓN DE LA REPÚBLICA (1941-1948):
Alemania dividió a Yugoslavia en Estados Títeres (Croacia, Serbia y Montenegro) y el resto lo repartió entre sus aliados, lo que exacerbó el sentimiento nacional de resistencia contra los ocupantes. Instigada por el Partido Comunista, estalló una insurrección, en julio 1941, que fue el origen del movimiento partisano. Al mismo tiempo, un oficial serbio, Mihajlovic, acaudilló otro núcleo guerrillero, afecto a la monarquía, los “chetniks” que, después de negarse repetidamente a la alianza con los comunistas, se empeñó en una lucha intestina contra ellos y acabó por unirse a los alemanes en 1943.
A finales de 1942, los guerrilleros, que habían liberado amplias zonas de Bosnia, Croacia y Dalmacia, organizaron políticamente el territorio ocupado; se constituyó una Asamblea Revolucionaria, el 26 de noviembre de 1942, que en su segunda sesión, el día 29, se autoconstituyó en cuerpo representativo, legislativo y ejecutivo de Yugoslavia, mientras Josip Broz, conocido como “Tito”, fue designado presidente del Comité de Liberación y Comandante en Jefe del Ejército Popular. Éste contaba con cerca de 800.000 hombres cuando, apoyados por el Ejército Rojo, liberaron Belgrado el 20 de octubre de 1944 y Trieste y Zagreb en mayo de 1945, con lo que prácticamente se dio fin a la ocupación alemana de Yugoslavia y que había costado al país un tributo del 10 % de su población, a cambio de la inmovilización de 15 divisiones enemigas.
A pesar de los acuerdos Tito-Subašic, de junio de 1944, y del compromiso entre el gobierno popular y el gabinete de Pedro II, refugiado en Londres, estos acuerdos no se materializaron, y los ministros del rey, que entraron en el gobierno de Tito dimitieron al poco tiempo. En las elecciones de 1945, el 90 % de los votos recayó en la coalición del Frente Popular, dirigida por el Partido Comunista. La nueva Asamblea proclamó la República en noviembre de 1945 y elaboró la Constitución de la República Federal de Yugoslavia, en enero de 1946, y que estaba formada por las Repúblicas de Serbia, Croacia, Eslovenia, Bosnia i Herzegovina, Macedonia, Montenegro, y los territorios autónomos de Vojvodina y de Kosovo, dependientes de Serbia.
El nuevo gobierno nacionalizó la banca, el comercio y la industria, introdujo una reforma agraria y elaboró el primer plan quinquenal (1948-1952), que propició un fuerte aumento del producto industrial. Yugoslavia, se reconcilió con Bulgaria y con Hungría, protegió a Albania y sostuvo la rebelión comunista en Grecia, volvió a obtener sus fronteras de 1919, y recuperó los territorios anexionados a Italia en 1920, mientras le disputaba Trieste.
LA RUPTURA CON LA URSS Y LA NUEVA ORIENTACIÓN DEL ESTADO POPULAR:
Ya durante la II GM se habían producido divergencias, entre los comunistas yugoslavos y la política de Stalin, que afloraron con motivo del litigio sobre Trieste, en el que la URSS se negó a apoyar la reivindicación yugoslava de que tropas anglo-norteamericanas abandonaran la zona. Por otra parte, en el seno del Partido Comunista Yugoslavo, la tendencia partidaria de un desarrollo económico lento supeditado a lo que consideraban intereses superiores de la URSS, quedó en minoría, en tanto que se aprobó el programa de industrialización a marchas forzadas, propuesto por Tito y Kardelj. Finalmente, la oposición de Stalin al proyecto de Federación Balcánica y Danubiana, propugnado por Tito y Dimitrov, culminó la escisión definitiva entre Yugoslavia y la URSS. Esta última decidió retirar los consejeros e instructores militares soviéticos, en marzo de 1948, y el Kominform (organismo de información y propaganda constituido en 1947 por los partidos comunistas de todo el mundo) expulsó de su seno a los comunistas yugoslavos el 28 junio de mismo año. Todas las democracias populares rompieron las relaciones diplomáticas con Yugoslavia, a la vez que ejercían el boicot sobre su economía.
Tito tuvo que depurar el partido y el ejército de sus elementos prosoviéticos, y, para conjurar la crisis económica, aceptar la ayuda de los países capitalistas. La gestión de las empresas fue entregada a los consejos obreros elegidos, la de los servicios públicos, a los comités de gestión social, y el país fue dividido en grandes comunas autogestionadas. Yugoslavia mejoró sus relaciones con sus vecinos: con Italia, a la que cedió la zona alta de Trieste, mediante los Acuerdos de Londres de octubre de 1954; con Turquía, mediante el Acuerdo de Ankara de 1953 y con Grecia, mediante la Alianza de Bled de 1954.
A la muerte de Stalin, en 1953, se produjo un alivio en las tensiones con la URSS, que desembocó en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas en 1955. Por otra parte, Yugoslavia aspiró a participar en la dirección de los países no alineados; así, Tito presidió una conferencia, en septiembre de 1961 en Belgrado, que votó una propuesta de desarme general, la liquidación del colonialismo y la reorganización de la ONU. Tras los acuerdos con el COMECON (1964), Austria (1965) y EE.UU. (1966), Tito reorganizó la Liga Comunista, y continuó el plan interior de descentralización a nivel de repúblicas, nacionalidades y comunas, y su con su política de liberalización. En el plano económico, devaluó el dinar e instituyó un “dinar pesado”, en enero de 1966, a la vez que admitió la participación de capitales extranjeros en las empresas nacionales y realizó un acuerdo con la CEE en febrero de 1967.
Tito, reelegido en mayo de 1967, mantuvo su actitud distante respecto a la URSS, rehusó condenar al Partido Comunista Chino y condenó la invasión de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia en 1968, depuró el Partido, en febrero de 1970, e inició relaciones diplomáticas con la Santa Sede ese mismo año. A pesar de que las presiones soviéticas, brotaron en diversas ocasiones durante los años sesenta, el gobierno yugoslavo mantuvo su integridad frente a las injerencias externas.
Imagen: Escudo de la República Federal Socialista Yugoeslava (1943)

jueves, 17 de junio de 2010

La historia de Hermafrodito

Todos sabemos, desde siempre, que se llama hermafrodito o hermafrodita a todo ser que reúne en sí mismo a los dos sexos, el masculino y el femenino. Pero es muy probable que desconozcamos el origen de tal denominación. Pues bien, esta es la historia de cómo se produjo en Hermafrodito la unión de los dos sexos.

Hemafrodito era hijo de Hermes, el mensajero de los dioses, y de Afrodita, la diosa del amor. Cuando contaba con quince años de edad, el hermoso joven comenzó a recorrer las distintas partes del mundo. En Asia Menor llegó al lago dónde vivía la náyade Salmacia. Hermafrodito se acercó a la orilla del lago y la ninfa al ver su hermoso reflejo se enamoró del joven. Él la rechazó pero decidió bañarse en las cristalinas aguas del lago.

Nada más entrar, Salmacia se abrazó a él y lo arrastró a las profuncidades al tiempo que rogaba a los dioses que los uniera de manera que no pudiesen separarse jamás. Los dioses escucharon el ruego de la ninfa y fundieron ambos cuerpos en uno solo con los dos sexos.

Hermafrodito, por su parte, obtuvo de los dioses que todo hombre que se bañase en las aguas del lago perdiese su virilidad para siempre.

Así fue cómo en al figura de Hermafrodito se fusionaron los dos sexos, dando lugar al significado que tiene hoy en día.

Foto: Escultura de Hermafrodito en el Museo del Louvre (París)

martes, 15 de junio de 2010

Bucéfalo

Bucéfalo fue el caballo favorito de Alejandro Magno. Cuando tenía doce años Alejandro, su padre, el rey Filipo de Macedonia, no le quiso comprar el caballo debido a su carácter y comportamiento salvaje. Ante la insistencia de Alejandro, Filipo le puso la condición de que el caballo sería suyo si era capaz de cabalgarlo.

Alejandro se dio cuenta de que el problema era que el caballo se asustaba de su propia sombra y lo colocó de manera que el sol le diese en la cara, entonces saltó sobre la grupa y comenzó a cabalgar con orgullo frente a su padre.

Tras ganar la apuesta y quedarse con el caballo, le puso el nombre de Bucéfalo —cabeza de buey—.

Bucéfalo murió en el 327 a.C., a los 30 años de edad, debido a las heridas recibidas en una batalla. En su honor, Alejandro celebró un solemne funeral para despedirle y en su honor fundó la ciudad de Bucefalia.

Foto: Alejandro y Bucéfalo. Mosaico de la Batalla de Issos. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

miércoles, 9 de junio de 2010

Historia de Bosnia y Herzegovina (IV)


EL NACIMIENTO DEL ESTADO YUGOSLAVO (1918-1929):
El sentimiento nacional yugoslavo puede tener su origen a comienzos del siglo XVII, cuando el poeta y dramaturgo croata, Ivan Gundulic, natural de la República de Ragusa (actual Dubrovnik), propugnaba la unión de todos los eslavos del sur en una misma patria.
Con la ocupación turca, la mayoría de los habitantes aceptan el Islam como nueva religión, que actualmente sigue siendo un factor social muy importante y que será uno de los elementos esenciales de los acontecimientos que azotarán a la región a lo largo de los años venideros. Bosnia permaneció bajo dominio turco hasta 1878, con la excepción del periodo comprendido entre 1718 y 1739, en que estuvo bajo control austríaco.
En el siglo XIX creció la enemistad entre el sultán Abdulhamit II y el pueblo bosnio, alentada por el triunfo nacionalista en la vecina Serbia. La represión, por parte del sultán, de las revueltas de 1875, provocó la intervención rusa que declaró la guerra al Imperio otomano en 1877. Acabado el conflicto, el Congreso de Berlín otorgó en 1878 la administración del país al Imperio Austro-Húngaro del que formó parte hasta su disolución tras la Primera Guerra Mundial.
A comienzos de la Primera Guerra Mundial, el movimiento de unificación tomó un nuevo impulso, así en 1915 se constituyó en París el Comité Yugoslavo que, establecido poco después en Londres, contó con el apoyo de Gran Bretaña. En 1917, al finalizar la contienda se integraron en el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, bajo la dinastía serbia de los Karagjorgjevic, siendo Pedro I Karagjorgjevic (1846-1921) su primer soberano.
Presidió el primer gobierno del nuevo reino el radical Stojan Protic, quien, en 1919, acometió la reforma agraria y decidió expropiar todas las grandes propiedades para crear una clase de pequeños propietarios campesinos favorables al nuevo régimen. Por el Tratado de Neully-sur-Seine, firmado el 27 de noviembre 1919, se obligó a Bulgaria a ceder a Yugoslavia algunos distritos fronterizos, y por los Tratados de Saint-Germain-en-Laye, firmado el 10 de septiembre 1919, y del Trianón, firmado el 4 de junio 1920, se definieron los trazados de las fronteras, que reforzaron posteriormente la Pequeña Entente —alianza defensiva establecida entre Checoslovaquia, Rumanía y Yugoslavia—, mientras Roma y Belgrado se reconciliaban, en 1920 el Tratado de Roma, de 27 de enero de 1924, reconoció la anexión del Estado Libre de Fiume (actual Rijeka, Croacia) a Italia.
Las mayores dificultades con que se encontró el nuevo Estado procedían de la diversidad de los pueblos que lo constituían —6 millones de serbios ortodoxos, 1,5 millones de eslovenos católicos, más de 4 millones de croatas católicos, 400.000 bosnios y albaneses musulmanes—, y del desigual desarrollo económico que tenían lo que pronto provocó una desconfianza recíproca, acuciada por el sentimiento separatista croata y el ultranacionalismo serbio.
La Asamblea Constituyente de 1920 votó una Constitución centralista conforme a las aspiraciones serbias; el Partido Radical Serbio, que eliminó a los radicales disidentes de Protic y disolvió al Partido Comunista, quedó dueño del poder, en tanto que Alejandro I Karađorđević se convirtió en rey en agosto 1921. La oposición de los croatas a la Constitución mantuvo en crisis continua al régimen parlamentario y al Estado. Después de graves disensiones partidistas, que desembocaron en el atentado contra Stjepan Radic, jefe del Partido Campesino Croata, en octubre de 1928, Alejandro I instauró una férrea dictadura y promulgó una nueva Constitución, septiembre 1931) por la que fueron suprimidos los partidos políticos.
LA EVOLUCIÓN HACIA EL FASCISMO (1929-1941):
El Nuevo Estado, que tomó el nombre de Yugoslavia, se dividió en nueve banovinas o principados, cuyos límites se adaptaron a la geografía física y no a las antiguas fronteras políticas. El nuevo régimen agravó la rebeldía croata, sin alcanzar la estabilidad política perseguida y así, en octubre de 1934, Alejandro I fue asesinado por la Ustaša —Movimiento Revolucionario Croata de corte fascista, fundado por Ante Pavelic— y la corona recayó en Pedro II Karađorđević , que durante su minoría de edad ejerció la regencia el Príncipe Pablo, aunque el poder ejecutivo quedó en manos del Presidente del Consejo, Milan Stojadinovic (1935-1939), quien dio al gobierno un carácter profascista, que condujo a Yugoslavia a la reconciliación con Sofía, en 1937 y con Roma, en 1938 y a un acuerdo comercial con Berlín, en octubre de 1938.
Aunque Stojadinovic fue destituido 1938 y encarcelado, el 5 de febrero de 1939, bajo la acusación de pretender proclamarse Führer, el regente Pablo mantuvo la política de amistad con Alemania y la nazificación interna.
El Pacto Germano-Yugoslavo, de 25 de marzo de 1941, acordó el libre tránsito de las tropas alemanas por Yugoslavia lo que provocó una rebelión en Belgrado y Pedro II asumió el poder en un intento de salvaguardar la integridad del país. En 1944 el comandante partisano, el Mariscal Josip Broz Tito fue reconocido como el Comandante en Jefe de todas las Fuerzas Yugoslavas, y fue nombrado Primer Ministro de un gobierno conjunto. Pedro II fue depuesto por la Asamblea Constituyente de Yugoslavia el 29 de noviembre de 1945, tras la entrada de las tropas nazis.
Bandera del Reino de Yugoeslavia