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| Petronila y Ramón Berenguer IV |
Petronila
fue expresamente concebida para reinar. Su padre Ramiro II, abandonó el
celibato que imponía su posición monacal para asumir la responsabilidad de
mantener la soberanía aragonesa.
Tras su
nacimiento en agosto de 1136, y el establecimiento en 1137 de su compromiso
matrimonial, su padre se retiró a la vida monástica, al igual que su madre, y
la niña quedó bajo la custodia de su prometido, Ramón Berenguer IV.
El
documento de arras asumía que la unión se realizaría según la institución
aragonesa del «matrimonio en casa», por la cual el heredero, en este caso
Petronila, contrae matrimonio con la obligación de mantener la herencia
familiar y mantenerla. Y si el legítimo heredero falleciese sin descendencia, su
cónyuge, como miembro de la «Casa», asumiría estas responsabilidades, incluida
la de procrear hijos legítimos. La «Casa» de rango mayor era Aragón, por ser
reino y Barcelona condado, así que Ramón Berenguer IV se integró en ella
jurídicamente, tomó formalmente a Ramiro por «padre» y asumió las obligaciones
que ello implicaba. Al retirarse el rey al monasterio de San Pedro el Viejo en
Huesca, el prometido de su hija comenzó a desempeñar las funciones de tenente
del Reino de Aragón, suscribiendo documentos como señor o príncipe de Aragón.
Petronila
fue educada por Berenguela, hermana del conde de Barcelona y reina de Castilla,
como esposa de Alfonso VI desde 1128. Esta mujer de fuerte personalidad enseñó
a Petronila su responsabilidad: perpetuar la soberanía del reino en la
dinastía. Y, al mismo tiempo, pudo darle ejemplo de una firmeza de carácter de
la que dio muestra en la defensa de Toledo frente a los almorávides en 1139.
Según cuenta la Crónica del Emperador
Alfonso, en la ciudad sólo se hallaba la reina Berenguela, quien se dirigió
a los caudillos almorávides: «¿No veis que lucháis contra mí, que soy una
hembra y que no es honor para vosotros?». Y ellos, considerando que tenía razón
y admirándose de la resistencia de la ciudad bajo el mando de una mujer, se
retiraron. De esta astuta manera, mantuvo Toledo en manos castellanas. Así era
la mujer que crió a Petronila.
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| Territorios aportados por Petronila y Ramón Berenguer IV (en color gris) en el compromiso de enlace |
La boda
con Ramón Berenguer IV se celebró en la catedral de Lérida en 1150, en cuanto
Petronila llego a la edad canónica mínima establecida para contraer matrimonio,
catorce años. En el tiempo entre el compromiso y el matrimonio, hubo momentos
de crisis, en los que el conde incluso llegó a negociar su boda con Blanca, la
hija del rey de Pamplona. Un documento fechado en el 1 de julio de 1149 así lo atestigua,
aunque finalmente mantuvo el compromiso con Aragón. La celebración de los
esponsales debió ser una gran fiesta, según la costumbre de la época.
Probablemente,
la responsabilidad de proporcionar un heredero al Reino de Aragón hizo que Ramón
Berenguer y Petronila quisieran ser padres lo antes posible para asegurar el relevo generacional.
En 1152 debieron tener su primer hijo, puesto que de este año es el primer
testamento conservado de Petronila, dictado antes del parto. Sin embargo,
algunos historiadores creen que habría que rtetrasar esta fecha hasta el 24 de
marzo de 1157, fecha del nacimiento del futuro Alfonso II, el mismo año que
murió Ramiro II y Petronila pudo ser llamada, de pleno derecho, reina de
Aragón. Hasta la muerte de su marido en 1162, Petronila pudo dar a luz a cinco
hijos: tres varones —Alfonso, Pedro y Sancho— y dos mujeres —Dulce e Isabel—.
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Testamento de la reina Petronila
a favor de su hijo Alfonso |
Mientras
vivía Ramón Berenguer IV, Petronila se esforzó en proporcionar descendientes
legítimos a la Casa de Aragón, mientras su esposo ejercía el gobierno, según lo
acordado. Pero a la muerte de éste en agosto de 1162, la joven reina tomó
importantes decisiones en el ejercicio de su potestad. En primer lugar y para
subrayar la continuidad de las estirpe, cambió el nombre de su hijo primogénito,
que hasta entonces se habría llamado Ramón, por Alfonso. Además, convocó una
asamblea nobiliaria en Huesca para dar lectura al testamento de Ramón Berenguer
y zanjar las cuestiones hereditarias. Las disposiciones testamentarias de Ramón
Berenguer hacían que el hijo mayor, Alfonso de Aragón, fuera designado
heredero. A Pedro le otorgó el condado de Cerdeña y el Señorío de Carcasona.
Sancho heredaría sólo en el caso de la muerte de sus hermanos, y de las hijas
ni siquiera hay referencia.
El
objetivo del testamento era concentrar el poder en manos de un único heredero,
que conseguiría así la soberanía de un Estado con mayor peso político, y
proporcionar ciertas responsabilidades al siguiente de los hermanos para el
caso de que tuviese que asumir la corona contase con la suficiente experiencia.
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| Firma de la reina Petronila |
Por ser
Alfonso II menor de edad y no ser procedente el ejercicio del poder por
Petronila, desde 1162 el niño asumió formalmente la titularidad del reino y el
gobierno, auxiliado por un consejo de regencia formado por nobles aragoneses y
catalanes. La reina tampoco podía convertirse en en la tutora de su propio
hijo, así que Ramón Berenguer IV eligió para ello a Enrique II de Inglaterra,
casado con Leonor de Aquitania, prima de Petronila.
Este
gobierno de un niño con un tutor inglés, una mujer y un consejo de regencia,
aunque de naturaleza provisional, no fue bien visto por todos, aunque la
situación no llegó a provocar una rebelión. Dadas las circunstancias, Petronila
decidió retirarse y en 1164 Alfonso II, con 12 años pasó a ocuparse del
gobierno del reino.
Petronila
vivió hasta 1173, a caballo entre Besalú, posesión que junto a Ribas, le había
donado su marido, y Barcelona, donde murió y fue sepultada.