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domingo, 8 de agosto de 2010

Historia de Bosnia y Herzegovina (X)

la guerra de BiH Hasta los acuerdos de Dayton (III)

Las partes en conflicto se afanaron por alcanzar dos objetivos principales para sus intereses geopolíticos: el primero, lograr la limpieza étnica en su zona de influencia; y el segundo, ocupar todos los territorios clave para asegurar su continuidad geográfica. Los tres años siguientes fueron testigos de un ingente baño de sangre que iría mermando la población de forma dramática. La tragedia, aunque atrajo la atención de la opinión pública mundial cuando las masacres alcanzaron a la población civil y las víctimas fueron mujeres y niños, no sirvió para estimular el establecimiento de un plan de paz aceptable.

Los objetivos estratégicos por los que combatieron las fuerzas serbias y a los que, por tanto, se opondrían las otras facciones fueron tres. El primero, asegurar la unión física de los dos sectores de la RSB (República Serbia de Bosnia) a través del corredor de Posavina, asegurando las comunicaciones con la RSK (República Serbia de Krajina) a través de Bosansko Grahovo o por el sur de Bihac. El segundo, tratar de consolidar una salida al mar, bien por la cuenca del río Neretva o por la del Drina. El tercero, y no menos importante, conseguir la captura y el control de la capital: Sarajevo. La pugna por estos objetivos fue a sangre y fuego, una lucha a muerte.

Durante los años 1992 y 1993 se consumó la destrucción, mutua y sistemática, de todo vestigio cultural entre las comunidades cristiana (ortodoxos serbios y católicos croatas) y la musulmana; en Bosnia, casi quinientas iglesias católicas y cerca de mil mezquitas fueron devastadas indiscriminadamente sin tener en cuenta ni su valor artístico, histórico ni espiritual. Ninguna de las comunidades enfrentadas pudo ser exculpada de estas atrocidades, y si los serbios asolaron con saña salvaje la hermosa mezquita de Banja Luka, los croatas demostraron igual falta de sensibilidad destruyendo el emblemático puente que dio nombre a Mostar (Stari Most, Puente Viejo), orgullo arquitectónico de una época y un pueblo que contaba con cinco siglos de historia. No era posible encontrar ninguna razón de orden estratégico para ello, sino únicamente para subrayar ante el mundo su deseo y decisión de separar para siempre las comunidades croata-católica y bosnia-musulmana en la capital herzegovina.

Presionada por los acontecimientos y la opinión pública, la ONU decidió enviar un contingente de más de 25.000 hombres para tratar de contener y reducir el efecto del problema dentro de unos límites aceptables de espacio y tiempo. Pese a los vanos intentos internacionales por mantener la unidad, entre las fronteras territoriales de BiH había aparecido una compleja amalgama de pretendidas entidades políticas: la República de Bosnia y Hercegovina, la República Croata de Herzeg-Bosna y la República Serbia de Bosnia. Pronto la barbarie cometida por los serbios, en cuanto a los abusos de los derechos humanos se refiere (la limpieza étnica programada por los serbios consistía en el exterminio de los hombres y niños bosnios y la violación sistemática de las mujeres bosnias), provocaron que la C.E. adoptara un paquete de acciones, alguna de ellas bastante espectacular: rehusó reconocer a Yugoslavia como Estado, le impuso sanciones de carácter principalmente económico, y por último, quizá la menos efectiva pero la más sintomática como repulsa a un comportamiento político inaceptable, ordenó retirar los monitores de la Comunidad Europea del territorio yugoslavo. Poco después, el cuartel general de las fuerzas de la ONU siguió su ejemplo y se trasladó a Zagreb.

Foto: Mostar. Stari Most en la actualidad. Reconstruido.

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