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martes, 19 de octubre de 2010

San Borondón. La isla fantasma

He pasado cuatro viviendo las Islas Canarias, concretamente en la Isla de la Palma, la Isla Bonita, de la que estoy profundamente enamorado. Durante mi estancia canaria siempre he oído que las islas son siete pero que también son ocho, y no me refiero a Venezuela, como esa octava isla, ya que hay mucho indiano procedente del país sudamericano y sobre todo descendientes de esos indianos que fueron en busca de fortuna al otro lado del Atlántico, sino que me estoy refiriendo a la misteriosa isla fantasma de San Borondón.

Es verdaderamente curioso cómo la leyenda de San Borondón permanece viva en el folklore popular canario y, si preguntásemos a los habitantes de Tenerife, La Palma, La Gomera o el Hierro, seguramente la mayoría nos diría que en muchas ocasiones ha oteado el horizonte con la intención de vislumbrar la tan querida y deseada isla de San Borondón en el horizonte atlántico.

Pues bien, voy a contar la leyenda de tan famosa isla canaria. San Borondón es la forma o acepción canaria de Saint Brendán o Saint Brendán de Clonfert (480-576), un monje irlandés que es protagonista de una de las leyendas más famosas de la cultura celta: “el viaje de San Brendano a la Tierra Prometida de los Bienaventurados, las Islas de la Felicidad y la Fortuna”.

Brendán era un monje de Tralee, en el condado irlandés de Kerry, el abad del monasterio de Conflet. Fue un famoso navegante, ordenado sacerdote en el año 512, que junto con otros 14 monjes, partió en una frágil embarcación que se internó en el Atlántico. La leyenda recoge el relato de sus aventuras a lo largo de su viaje, sus encuentros con demonios que vomitaban fuego, con columnas de cristal flotante, con monstruosas criaturas tan grandes como islas, etc.


Brendán y sus compañeros llegaron a una isla, en la que desembarcaron. Celebraron misa, y de pronto la isla comenzó a moverse. Se trataba de una gigantesca criatura marina, una gran ballena, sobre cuyo lomo se encontraban los monjes. Jasconius, nombre con el cuál fue bautizada la ballena, navegaba cerca de una isla, donde los hombres y el abad huyeron espantados. Siete años permanecieron en dicha isla, con vegetación, alimento y fauna en abundancia. La llamaban el paraíso, pero finalmente le pusieron el nombre de la isla de San Brendán, en honor al abad. Después de muchas peripecias, Brendán consiguió regresar a Irlanda.

El nombre de San Brendán derivó, en Canarias, en el de san Borondón. Lo cierto es que la creencia popular da como real su existencia y no faltan las crónicas de navegantes que la han divisado y que al intentar acercarse a sus costas, desaparecía completamente entre la bruma., e incluso de quienes juraban haber desembarcado en ella y haberla explorado antes de volver a hundirse.

Ya en tiempos de los romanos se creía en su existencia, éstos la llamaron “Aprositus”, que significa «isla a la que no se puede llegar» y fue este el nombre que prevaleció hasta la Edad Media cuando las tropas castellanas y normandas llegaron para la conquista del archipiélago canario. En otras versiones de la leyenda recibe el nombre de “Antilia” o “Isla de las Siete Ciudades”, ciudades que se suponían fundadas por siete legendarios obispos.

En los archivos del siglo XVIII aparecen investigaciones oficiales realizadas por las autoridades de la Isla del Hierro, en la que declaran decenas de testigos que afirman haber visto la isla encantada desde las cumbres herreñas. A raíz de ello partió de Santa Cruz de Tenerife una expedición en busca de la isla. Entre los personajes ilustres que han intentado arribar a la escurridiza isla se encuentran: En el siglo XV: Fernando, Duque de Viseu, —sobrino del Infante Don Enrique el Navegante, de Portugal—; en 1526, Hernando de Troya y Francisco Álvarez, —vecinos de Gran Canaria—; en 1570, el Doctor D. Hernán Pérez de Grado, —Regente de la Real Audiencia de Canarias— quien afirmó a su regreso que estuvieron en sus costas donde había perdido a los tripulantes; en 1570, D. Fernando Villalobos, —Regidor de la Palma—, con tres navíos; en 1604, D. Gaspar Pérez de Acosta, —Piloto marino—, y Fray Lorenzo de Pinedo, —de la orden de San Francisco y práctico sobresaliente en la marinería—. sólo hallaron una acumulación de nubes y celajes en el Occidente; en 1721, D. Juan Mur y Aguirre, —Capitán General de Canarias— quien dispone una expedición formada por una compañía de soldados y dos capellanes y en 1732, el Capitán de Mar D. Gaspar Domínguez, —vecino de Santa Cruz de Tenerife— con una balandra llamada San Telmo. Ninguno de ellos la encuentra.

Lo mas curioso es que aunque nadie la ha encontrado, está descrita, localizada y situada geográficamente, además de referida en gran cantidad de cartografía entre los siglos XIII y XVIII. La Isla de San Borondón tiene 87 leguas de largo por 28 leguas de ancho. Está localizada a 100 leguas del Hierro y a 40 leguas de La Palma, en dirección Oeste-Suroeste de La Palma y Oeste-Noroeste de Hierro. La descripción es la siguiente: corriendo en dirección Norte-Sur, formando hacia el medio una considerable degollada o concavidad y elevándose por los lados en dos montañas muy eminentes, mayor la de la parte septentrional.

En la actualidad han quedado despejadas las posibles incógnitas que aún quedaban sobre la existencia de la isla misteriosa, y la verdad es que en realidad nunca existió más que en los sueños de aquellos que ansiaban gloria y fortuna, en un intento de expoliar el último secreto de Las Canarias. Y es gracias al destino que esta isla y su secreto permanecerán inmaculados, para deleite de los canarios y de los viajeros que la descubran en el horizonte.

Foto: Plano cartográfico de la Isla de San Borondón.

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