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lunes, 6 de febrero de 2017

Los Tercios Vascongados. Marruecos 1860

Voluntarios vascongados. Grabado de la época.
La intervención de España en Guerra de África de 1860 se produjo para garantizar la seguridad de sus plazas de soberanía e incluso su propia independencia. Esta lucha tuvo un espíritu de unidad y fue una guerra popular, se podía decir que fue una «Cruzada», una guerra santa que despertó en el pueblo un verdadero sentimiento de defensa nacional. Si la integridad de todo el territorio peninsular no peligraba, sí que estaba en juego la seguridad de la plaza española de Ceuta y se ponía gravemente en cuestión el honor nacional, lo que aunó aún más el sentimiento de unión.

En unos años tan convulsos, este movimiento tuvo un amplio respaldo en todas regiones y provincias de manera que se formaron y organizaron tropas especiales para la contienda, unas fueron forzosas, otras voluntarias y algunas con soldados de ambas procedencias, siendo una de estas las llamada División Vascongada o Tercios Vascongados con los que el Señorío de Vizcaya y las provincias de Álava y Guipúzcoa acudieron a formar parte de este empeño de nivel nacional.

Las provincias vascas vivían en aquellos años en Régimen Foral y dentro de esta estructura se creó todo el proceso de formación de los Tercios. Así, el 12 de noviembre de 1859 se reunieron en la Casa de Juntas de Guernica los Comisionados del Señorío de Vizcaya y los de las provincias de Álava y Guipúzcoa, junto al histórico árbol símbolo de las libertades vascas. Al ser un asunto excepcional el llamamiento a la guerra, ese mismo día se tomaron los acuerdos necesarios como respuesta inmediata. Estos acuerdos fueron: 1º Poner inmediatamente a disposición de la Reina («Su Majestad la señora de Vizcaya») un donativo voluntario de cuatro millones de reales por cuenta de las tres provincia hermanas. 2º Un alistamiento general del país, con arreglo al Fuero por el tiempo que dure la guerra de Marruecos y, 3º La creación de tres Tercios fuertes de 3 000 hombres, en dichas provincias durante el tiempo de la misma guerra.

La Junta del Señorío comunica a los vizcaínos por circular de la Diputación, el  20 de noviembre de 1859, los términos del acuerdo adoptado con las otras dos provincias de esta manera:

«Vizcaya, que a fuerza de sacrificios ha conquistado el renombre de Muy Noble y Muy Leal, sin que en la dilatada serie de los siglos haya desmentido tan glorioso dictado,—Vizcaya, que siempre ha concurrido con sus esfuerzos y servicios generosos el día del peligro, cuando el principio religioso, el principio monárquico, la independencia nacional o el honor del pabellón español se hallaban comprometidos, no puede, sin faltar a su historia, a sus antecedentes, a sus mayores y, a lo que a si propia se debe, dejar de tomar parte voluntaria y digna, en los sacrificios, ahora que se trata de obtener cumplida satisfacción de los repetidos agravios inferidos al pendón de Castilla, por una nación bárbara y descreída, y de llevar a ella, con la gloria de las armas españolas, la semilla fecunda y civilizadora del Evangelio, cumpliendo así el Testamento de aquella gran Reina Católica, la imagen de cuyo esposo tiene la Junta presente en el acto de jurar en este mismo sitio, a la sombra del árbol venerando que le cobija, los fueros, libertades y franquezas de este suelo infanzón. La España toda se apresta llena de entusiasmo a la guerra. ¿Cómo por primera vez en los fastos del honor vascongado había de quedar Vizcaya mera espectadora de la lucha, sin tomar parte en los sacrificios y en el peligro de sus hermanos? (…)»

don Carlos María de la Torre Navacerrada
Los «Tercios Vascongados» o «División Vascongada» estaba mandada por el mariscal de campo don Carlos María de la Torre Navacerrada como Comandante general de la División Vascongada, y al coronel don Rafael Sarabia Núñez como jefe de la plana mayor. Se dividía en cuatro Tercios que contaría cada uno con seis compañías, con un capitán, un teniente y un subteniente cada una de ellas.
El primer Tercio era el de Álava, con 709 hombres, el segundo el de Guipúzcoa, con 766, el tercero el de Vizcaya, con 776, y del cuarto correspondían a Guipúzcoa las Compañías 1ª, 2ª y 3ª, con 364, y a Vizcaya las 4ª, 5ª y 6ª, con 415. Aportan un total de 3 000 hombres que sumados a los 42 000 del resto de regiones forman los 45 000 efectivos del ejército de África. El 1º Tercio se reunió en Vitoria, el 2º en Tolosa, el 3º  en Bilbao y el 4º en Durango.

Los jefes nombrados para cada uno de los Tercios fueron: el teniente coronel don Isidro Eleicegui Otamendi para el 1º; el teniente coronel don José Ochoteco Vergara para el 2º, este jefe fue cesado por insubordinación y sustituido por el teniente coronel don Antonio Palma Barrios quien enfermó y se hizo cargo del Tercio el comandante don Telesforo Gorostegui Saralegui; el teniente coronel don Juan Zabalainchaurreta Aboitiz  para el 3º y el teniente coronel don Ignacio Arana Ganzarain para el 4º.

La única condición para alistarse era ser vascongado. En primer término se admitían los voluntarios de la Diputación y los que faltaban para completar el contingente lo proporcionaban los municipios (Ciudad, Villas y Anteiglesias), según su número de habitantes y como cupo forzoso.

Oficiales de los Tercios Vascongados. El general Latorre (sentado), el coronel sarabia (3º por la izda),
Isidoro Eleicegui, Miguel Uzuriaga y Luis Sacristán. Museo de San Telmo. San Sebastián
Los voluntarios debían ser naturales de una de las tres provincias, de 18 a 40 años al principio, más adelante se matizó de 20 a 30 años, solteros o viudos sin hijos, y en enero de 1860 se acordó en admitir voluntarios a hijos del país de 20 a 40 años, foráneos que hayan salido libres  del compromiso de la última quinta en sus provincias de origen, y casados que reúnan las condiciones para servir en campaña. Estos voluntarios recibían una gratificación de 4 000 reales de vellón: 160 al ser admitidos, el resto hasta 2 000 el día de su presentación y los 2 000 restantes en el momento de partir hacia la guerra.

El contingente se completaba con los cupos forzosos del modo que cada ayuntamiento considerase más oportuno, propio del espíritu foral vizcaíno que daba total libertad a sus municipios, comprendiendo a los solteros y viudos sin hijos de 20 a 30 años cumplidos, con una talla mínima de 1,56 m, quedando exentos los impedidos, los religiosos, los hijos que sostuvieran a la familia con su trabajo, etc. Para el caso de los sustitutos, se amplió la edad a 20-40 años, y se admitió a los casados.
Los jefes, oficiales y sargentos primeros se proveían de las clases activas del Ejército, procurándose, que fuesen naturales de las provincias Vascongadas.

Para cada Tercio se designaron 29 mandos: 1 teniente coronel, un primer comandante, un 2º comandante, 6 capitanes, 7 tenientes, 7 subtenientes y 6 sargentos primeros (1 teniente y 1 subteniente eran para la plana mayor del Tercio).

Los haberes que tenían eran los siguientes: mientras están en el País, 6 reales los soldados, 6 y medio los cabos segundos, 7 los cabos primeros, 8 los sargentos segundos, 9 los sargentos primeros que se incrementaban en 1 real a los soldados, 2 a los cabos y 3 a los sargentos, por cuenta del Señorío cuando salían fuera. Se establecieron pensiones para los inutilizados y para las familias de los muertos y preferencias de destino en el Señorío a los voluntarios de los Tercios.
Tercios vascongados en la Batalla de Wad-Rás, 23 de marzo de 1860.
 Museo de San Telmo, San Sebastián
El equipamiento corrió a cargo de las Diputaciones. Consistió en: vestuario, cananas, botas para líquidos, ollas de rancho y los siguientes efectos que fueron importados de Francia: mochilas, tiendas, mantas y botiquines (encargados en París por el general Latorre). El armamento fueron fusiles nuevos, procedentes del Ejército, de fabricación belga. La uniformidad de los Tercios Vascongados era la de la Infantería de Línea de la época, pantalón rojo y poncho azul, con la boina vasca de color rojo.

El 3 de febrero de 1860 se reúnen en Santander los cuatro Tercios. En los días siguientes son embarcados con destino a San Fernando donde realizan el periodo de instrucción. El 27 de febrero se encuentran todos en territorio africano donde son revistados por el general O’Donnell. Se distinguieron especialmente en la batalla de Wad-Rás donde lucharon heroicamente aunque no tuvieron el protagonismo que, sin duda, hubiesen deseado.

Bandera del 4º Tercio Vascongado
El retorno de los Tercios Vascongados se produjo de manera escalonada durante el mes de mayo de 1860 y  la División fue oficialmente disuelta por Real Orden del 4 de mayo de 1860, en la que se expresó la gratitud de su majestad por el servicio prestado a la Monarquía.

El recibimiento a los Tercios en las tres constituyó una gran manifestación festiva, en un ambiente de exaltación patriótica vasco-española que ensalzaba el amor a España y la lealtad a la Corona, al mismo tiempo que el amor y la lealtad también a la provincia, al País Vasco y al régimen foral.

Cada Diputación dirigió una proclama a los Tercios, que fue  ampliamente difundida por tos la provincia. La proclama que la Diputación de Vizcaya dirigió al Tercio de Vizcaya, decía así:

La Diputación general de este Señorío os saluda con toda la efusión de su alma. Os felicita por la brillante campaña de África, donde con vuestro sacrificio y valor, habéis aquilatado los nobles blasones de este ilustre solar. Dignos herederos de vuestros mayores, los habéis igualado, imitando aquellas grandiosas empresas que hicieron a España tan gloriosa. (…) Honor y memoria eterna también a los héroes que han merecido sellar con su sangre el testimonio de su lealtad: (…) la nación los bendice, la fama perpetuará sus nombres, y el Señorío no olvidará nunca sus servicios.
Al despediros del noble pendón de Castilla, de esa enseña sagrada que ha enardecido vuestro heroico corazón ante la hueste agarena, depositadla repitiendo vuestro juramento de adhesión y lealtad a la Regia Señora que ocupa el trono de San Fernando: no olvidéis nunca que os ha sido confiada su custodia; y al regresar tranquilos a vuestros pacíficos hogares, sea cada uno de vuestros pechos un firme muro donde se consolide la paz y el engrandecimiento del pueblo Ibero.


El general Latorre recibió en Álava y en Vizcaya la distinción honorífica de «Padre de Provincia» otorgada por las Juntas Generales, y en Guipúzcoa, donde no existía esa figura, un «voto de gracias» de la Asamblea Foral.

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