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jueves, 16 de junio de 2011
La Torre de Belem

sábado, 28 de mayo de 2011
Mirambel, la bella del Maestrazgo

Mirambel es otra de las localidades del Maestrazgo turolense con historia, en ella dejaron su huella los caballeros templarios y las guerras carlistas que dejaron un conjunto urbano que en 1980 fue declarado Conjunto Histórico-Artístico, por ser "villa cargada de historia, conservando el recinto amurallado y las construcciones notables sin alterar la imagen y el ambiente medieval".
En 1981, la Asociación Internacional Europa Nostra, le concedió la medalla de oro por las tareas de restauración llevadas a cabo en la villa. La medalla la entregó S.M. la reina Sofía a la que se le concedió el título de "Hija Adoptiva de Mirambel".
Las primeras referencias a la localidad se sitúan en el siglo xii, tras la conquista del asentamiento musulmán por el rey Alfonso II, aunque en esta zona ya se tiene constancia de asentamientos prehistóricos e íberos. La villa es entregada por Alfonso II a la Orden del Temple y perteneciendo a la Baylía de Cantavieja. El rey concede a Mirambel, en 1157, el Fuero Libre y en 1234, el Maestre de la Orden del Temple otorga la "Carta Puebla" que reguló el derecho de frontera, al ser considerada como un punto estratégico como posición fronteriza.
La historia de Mirambel sigue las mismas vicisitudes del resto de localidades del Maestrazgo, así, después de la disolución del Temple, pasará a manos de la Orden de San Juan del Hospital.
Para su protección, la villa se rodeó de una muralla de la que se conserva casi toda su estructura y sus puertas como: el Portal de San Roque, el de San Valero, el de la Fuente y el del Estudio. La puerta principal es el llamado Portal de las Monjas desde el que se accede al núcleo histórico de la localidad. El torreón de las Monjas fue construido entre los siglos XV y XVI y se ha convertido en el monumento más representativo de Mirambel.
En el siglo xix, Mirambel recupera su protagonismo estratégico durante las Guerras Carlistas, siendo un punto de encuentro entre liberales y carlistas, dentro del territorio controlado por el General Cabrera. Son numerosas las leyendas y las huellas que se conservan de este periodo.
En 1986 se rodaron en Mirambel varias escenas de la serie televisiva Clase media, y en 1994 se rodó gran parte de la película de Ken Loach Tierra y Libertad. En 1996 se grabaron varias escenas de la película En brazos de la mujer madura, de Manuel Lombardero.
El nombre de Mirambel proviene del latín «miror», admirar, y del catalán «bell», bella; Mirada Bella. Es otra bella localidad del Maestrazgo que no debe dejar de visitar.
Foto: Portal de las Monjas de Mirambel.
sábado, 21 de mayo de 2011
Curiosidades médicas en la Historia

Un ciudadano canadiense conocido solo como George fue, probablemente, la primera persona en practicarse a sí mismo una lobotomía, operación que consiste en cortar ciertas fibras del lóbulo frontal de cerebro. Deprimido por padecer una manía obsesiva que le hacía comprobar continuamente si las cosas estaban en su sitio, las ventanas cerradas y su cartera en el bolsillo, decidió suicidarse disparándose un tiro en la boca. La bala no le mató, pero penetró en el lóbulo frontal izquierdo de su cerebro. Cuando se recuperó de la herida, estaba en posesión de todas sus facultades, y curado de su obsesión.
Antes del descubrimiento de la anestesia en 1842, los médicos intentaban narcotizar por diversos medios a los pacientes que debían operar. Semiafixiarlos, emborracharlos, congelar la parte del cuerpo que debían intervenir, o hacerles inhalar los humos de plantas narcóticas quemadas eran los procedimientos más comunes.
Claro que, en esos mismos tiempos anteriores a la anestesia, la reputación de los cirujanos venia dada por la rapidez y destreza con que manejaban el escalpelo. En el siglo XVIII, el actor William Cheselden, del Hospital Santo Tomás de Londres, tardaba menos de un minuto en cortar, meter el dedo y extraer una piedra de la vejiga de un paciente. Más tarde, en el siglo XIX, el doctor, Robert Liston, del University College, se hizo famoso por el tiempo que tardaba en amputar una pierna: menos de 30 segundos.
En la antigua Babilonia, si un medico mataba accidentalmente a su paciente, se le condenaba a la amputación de ambas manos. Cuando el paciente era un esclavo, al galeno no le pasaba nada… pero estaba obligado a compensar al amo con un esclavo nuevo.
Además de cómo explosivo, la nitroglicerina también se utilizaba ya en el siglo XIX como un vasodilatador para curar la angina de pecho.
El cáncer también era frecuente en la prehistoria, según una investigación de los antropólogos alemanes Michael Schultz, de Gotingan, y Alfred Czarnetzki, de Tubingen. De los 80 esqueletos estudiados del cementerio prehistórico de Viesenhauser, próximo a Stuttgart, uno de cada cinco difuntos presentaban huellas de tumores malignos.
John Hunter, cirujano del rey Jorge III y uno de los mas destacados médicos de su tiempo, fue pionero en la cirugía de los trasplantes, al implantar el diente de una persona en la cresta de un gallo. Hunter murió a causa de los experimentos realizados consigo mismo.
A principios del siglo XIX, Francia importaba anualmente entre 30 y 40 millones de sanguijuelas. Estas eran utilizadas por los médicos para eliminar la sangre de las mordeduras de serpientes, y también como anticoagulante e cirugía plástica y de reimplantacion de extremidades semiamputadas. A causa de la demanda, estos chupadores de sangre llegaron a estar en verdadero peligro de extinción.
Hasta finales del siglo XIX, para saber si una persona era diabética, los médicos probaban la orina o la vertían en las proximidades de un hormiguero, con objeto de ver si el dulce atraía a los golosos insectos.
Antiguamente, para librarse de las pesadillas, se recomendaba meter tres mañanas seguidas las manos en el retrete; previamente se rociaba con aceite el sanitario.
Para curar la locura, los médicos babilonios recetaban al enfermo la hoguera o el entierro vivo, sistema que naturalmente acababa con la enfermedad de raíz.
La primera cesárea de la historia fue practicada a Elizabeth Alespachin en el año 1500 por su marido Nufer, un castrador de cerdos del poblado suizo de Turgovia.
A Virginia Argue, una californiana de 80 años, al ser operada de un supuesto tumor en el ovario derecho, se le encontró un diamante, incluso tallado. El medico supuso que pudo caer en el cuerpo de la mujer 52 años antes, cuando se le practicó una cesárea. Probablemente, se desprendió del anillo de una de las enfermeras presentes en la operación.
Durante años, la India ha sido el primer país exportador de esqueletos humanos, destinados a las aulas de medicina de diversos países europeos. El gobierno prohibió este comercio en 1987, ante los rumores de que la exportación propiciaba los asesinatos de niños, para luego vender sus cráneos. Ante la repentina escasez, el precio de los esqueletos se multiplicó en todo el mundo.
El vampirismo no es un fenómeno sobrenatural, sino una enfermedad. Así lo han diagnosticado psiquiatras sudafricanos, tras tratar diversos pacientes que tenían una necesidad imperiosa de beber sangre humana. Si no podían obtenerla, se cortaban las venas y bebían la suya propia.
En la Inglaterra del siglo XIX, las escuelas de medicina requerían tantos cadáveres para las practicas de sus estudiantes, que se organizó un verdadero mercado negro. Los avispados John Wiliam Burke y William Hare, al no poder encontrar cuerpos, los “fabricaban". Cuando fueron detenidos en 1930, se les atribuyeron entre 15 y 30 asesinatos. Fueron ahorcados junto con el doctor Knox, profesor de anatomía de la Universidad de Edimburgo, su principal cliente.
Foto: Robert Liston (1794-1847). Cirujano escocés
miércoles, 18 de mayo de 2011
Isabel II y Nicolás Salmerón

A continuación os pongo una anécdota que se cuenta entre la reina Isabel II y Nicolás Salmerón, quien fue Presidente de la 1ª República, cuando ambos se encontraban en el exilio en París. Es la siguiente:
"Tres meses después de morir Fernando VII, la reina María Cristina de Borbón casó en secreto con Agustín Fernando Muñoz, de humilde linaje de Tarancón. Una hija de dicho matrimonio, Josefa, casó con el príncipe Ladislao Czartoryski, del que tuvo un hijo, Augusto.
A la muerte de la reina María Cristina surgieron algunas desavenencias en torno al testamento que implicaban, como principal heredera, a la reina Isabel II, destronada entonces y residente en París. También exiliado se encontraba en la capital francesa el insigne abogado don Nicolás Salmerón, que después de haber sido uno de los cuatro primeros presidentes de
La familia Czartoryski encargó un asunto a don Nicolás y, al saberlo la reina Isabel II, se lamentó ante su amigo Tomás Rodríguez Rubí, de
Rodríguez Rubí estuvo conforme en la honestidad y el saber de Salmerón, aunque hizo ver a la ex soberana que quizá no seria conveniente que Isabel II se pusiese en manos del gran jurista, consultó sin hablar con él, ya que era abogado de la parte contraria y republicano por añadidura.
— Lo que falta es que Salmerón quiera encargarse del asunto –dijo la reina por toda respuesta.
Rodríguez Rubí hizo las gestiones necesarias y pocos días después don Nicolás Salmerón se dirigía hacia el palacio de Castilla, residencia en París de la ex reina de España. Al ser recibido por ella no pudo menos que advertirle:
¾ Señora, soy republicano; no seré, pues, el abogado de una reina, sino que tendré una cliente española.
Isabel II, que tuteaba a todo el mundo, según costumbre real, le atajó y le dijo:
¾ El que sea usted o no republicano, es cosa que le atañe a usted y no a mí; yo he llamado al abogado más eminente y al hombre más honrado de España.
¾ Señora, el modesto abogado está a sus ordenes –contestó Salmerón.
Es fama que fue la única vez que Isabel II trató de “usted” a alguien. Salmerón cumplió con su deber a maravilla, solucionó el caso y no quiso cobrar minuta alguna. Al enterarse de ello Isabel II, le envió un retrato suyo con un marco de plata en el que estaban engarzadas perlas y piedras preciosas. Salmerón se quedó con el retrato y devolvió el marco con una carta de agradecimiento.
Poco tiempo después y con ocasión de una desavenencia con su marido, Francisco de Asís, Isabel II tuvo que recurrir de nuevo a un abogado, que fue en esta ocasión don Manuel Cortina. Solucionó este también el conflicto y como minuta solicitó de la reina un retrato suyo; pero acordándose de lo sucedido con Salmerón, precisó:
¾ Pero, majestad, que sea sin joyas.
A los pocos días, don Manuel Cortina recibía un retrato de Isabel II con una expresiva dedicatoria que terminaba: “…y, como ves, sin joyas”.
Y, efectivamente, en el retrato aparecía la reina sin brazaletes, collares, anillos ni pendientes, absolutamente sin ninguna joya".
Foto: Isabel II y Nicolás Salmerón.
miércoles, 11 de mayo de 2011
La Leyenda del Holandés Errante
