jueves, 15 de diciembre de 2022

Proclama del general carlista Ramón Cabrera a las tropas carlistas el 23 de junio de 1848

General Ramón Cabrera

La segunda guerra carlista o de los matiners, tuvo lugar fundamentalmente en Cataluña entre septiembre de 1846 y mayo de 1849 y se debió al fracaso de casar a la reina Isabel II con su primo y pretendiente carlista, Carlos Luis de Borbón, conde de Montemolín, (Carlos V para los carlistas), que terminó casándose con su otro primo Francisco de Asís de Borbón.

El 17 de septiembre de 1846 Carlos Luis huyó secretamente de Bourges, paralelamente se produjo también la evasión del general Cabrera, y pocos días antes de su salida, el día 12, había mandado un manifiesto a los españoles en que instaba nuevamente el camino hacia la guerra una vez fracasados los intentos de unión dinástica.

El levantamiento de Montemolín tuvo lugar en Cataluña con Benito Tristany y el barón de Eroles a la cabeza. Fusilado Tristany, el 17 de mayo en Solsona, Miguel Vila y Juan Castel junto a José Margoret  fueron los dirigentes de la sublevación catalana.

Carlos Luis de Borbón,
conde de Montemolín
En el país Vasco no prosperó la sublevación al ser el general Joaquín Julián de Alzáa, prendido al pasar la frontera y fusilado. En Valencia estuvo dirigida inicialmente por el general Domingo Forcadell y reactivada con la llegada del general Ramón Cabrera, que intentó organizar lo que se denominó, el Ejército Real de Cataluña, momento en el que se produce la proclama siguiente:

PROCLAMA DEL GENERAL CABRERA A LAS FUERZAS CARLISTAS DE CATALUÑA AL HACER SU ENTRADA EN ESPAÑA PARA SOSTENER LA CAUSA DEL CONDE DE MONTEMOLÍN. 

"Voluntarios: El clarín y la corneta os llaman. ¿Deseáis saber el motivo de este llamamiento?

Un príncipe avaro, mezquino, falso y corruptor, aprovechándose de nuestras disensiones civiles en unión con una princesa degradada; hicieron objeto de especulación mundana el trono católico de los Alfonsos y Fernandos, y en las tinieblas de la noche –porque las noches casi siempre fueron protectoras de los grandes crímenes– echaron los fundamentos de su inicua obra por medio de una combinación matrimonial. Por consecuencia de esta, la corona que sobrepujara en brillo a todas las del universo, así por las excelsas virtudes de los grandes hombres que las llevaron, como por la mucha sangre que derramaron nuestros padres por conservarla ilesa, pretenden que pase desde las sienes femeninas que contra derecho la ciñen, a las de un extranjero sin crédito, sin valor y hasta sin título alguno de merecimiento (1).

Ya la Francia, avergonzada de tener a su cabeza al autor de tan innoble trama, le expulsó de su suelo, mientras que nosotros, españoles, aun reputados de más altivos, conservamos en el nuestro y en el apogeo de su influencia a la autora y en el poder a todos los cómplices, empeñados más que nunca en explotar el fruto de tan vil mercado.

Levanto la bandera de D. Carlos Luis de Borbón, legítimo rey, y de la independencia española, encareciéndoos que veáis en los compatriotas pacíficos, cualquiera que sea su opinión, un padre, un amigo, un protector, y en cada enemigo rendido, un hermano, un compañero.

Jamás olvidéis que la sangre es el tesoro más precioso de las naciones, y que la clemencia debe ser siempre nuestra divisa, pues los límites de España son bastante espaciosos para poder contener a todos sus hijos y la tierra suficiente fértil para mantenerlos (2)."

 (1) Se refería a Montpensier.

(2) Un historiador, comentando esta proclama, cuya moderación ·pugna con la conducta seguida por Cabrera durante la primera guerra civil, consigna que, indudablemente, había influido mucho en aquel caudillo su roce con los pueblos extranjeros. Cabrera, al emigrar de España en 1840, estuvo viviendo en varios puntos de Francia e Inglaterra.

domingo, 11 de diciembre de 2022

CAMPAÑAS DE NAPOLEÓN BONAPARTE. ITALIA

Campaña de Marengo (14 de junio de 1800)

Antecedentes

Napoleón como Primer Cónsul
Antoine-Jean Gros (1802)
A su regreso de Egipto, Napoleón Bonaparte fue proclamado primer cónsul de la República, en diciembre de 1799, y rechazada la paz que ofreció a Inglaterra y Austria, tuvo que hacer frente a la coalición que formaron estas dos naciones en su contra.

Un ejército de cien mil hombres, a las órdenes de Morcau, cubría la Alsacia y Suiza, y otro de treinta y cinco mil, mandados por Massena, formaba una extensa línea curva y cóncava en Italia, en el que las tropas de la derecha y centro, entre los Apeninos y el golfo de Génova, hasta Tenda, se mantenía a la defensiva, y las de la izquierda, que no eran más de cinco mil hombres, guardaban los Alpes. Los ejércitos franceses tenían enfrente a otros dos austríacos.

Por otro lado Melas, mandaba el ejército austríaco de Italia compuesto por unos cien mil hombres. Había dejado veinticinco mil hombres en Lombardía y con el resto se había dirigido a los Apeninos a para hacer frente a Massena, a principios de abril.

Los austríacos fueron los que rompieron por el centro la línea enemiga, avanzando por Montennotte y por el camino de Savona, arrojaron a la mitad de la izquierda, mandada por Suchet, a las orillas del Var y a la mitad de la derecha hacia Génova y sitiando la ciudad mediante un cuerpo de tropas austríacas llegadas de Gavi. Así estaba la guerra en Italia cuando intervino en ella Napoleón Bonaparte.

Había dos teatros de guerra: la Alemania del sur y la Italia del Norte, separados por los Alpes. En ambos los franceses tenían que operar por líneas internas apoyando una de sus alas en la cordillera y alejar de ésta a las dos austríacas para efectuar sobre ellas maniobras envolventes con el fin de que se separasen lo máximo posible y cortar sus comunicaciones con Viena.

Michael Von Melas
Napoleón confió a Morceau la dirección de la campaña en Alemania y se encargó él de la de Italia enfrentándose a Melas. Su propósito era concentrar a retaguardia del austríaco dos divisiones destacadas del ejército de Morceau que descendiendo del monte San Gotardo se colocarían a retaguardia de la línea del Tessino,  guardada por diez mil austríacos; otra que salvaría los Alpes por el monte Simplón y el ejército de reserva que desde el lago Ginebra atravesaría el gran San Bernardo para bajar al valle del Doria Baltea, mientras que cuatro mil hombres salvarían el pequeño San Bernardo y que junto con el ala izquierda del del ejército de Massena pasaría a ser la derecha del de Napoleón que avanzaría hacia Turín para desorientar al enemigo.

A Melas le sorprendió tan audaz concentración de fuerzas en Italia, teniendo en cuenta que el paso de los Alpes se consideraba insuperable para un ejército.

Prolegómenos

Napoleón cruzando los Alpes
Jacques-Louis David (1801)
Del 17 al 25 de mayo, el ejército de reserva, con Napoleón a su frente, pasó el gran San Bernardo, se apoderó de Aosta, arrolló a un destacamento austríaco por el camino y se vio frenado por la tenaz resistencia del fuerte de Bard que dominaba el sendero por el marchaban los franceses. No fue posible rendirlo por asalto, así que por la noche cubriendo de estiércol el camino y forrando de paja la ruedas pasó la artillería sin que los defensores del fuerte lo advirtieran; la infantería y la caballería siguió adelante dando un difícil rodeo. Continuó todo el ejército a Ivrea y desde allí la vanguardia avanzó sobre Turín hasta Chivaso para cubrir la marcha de aquél a cruzar el Tessino de donde se registraron los austríacos que lo guardaban, replegándose a Mincio. El ejército francés, reunido ya, entró en Milán el 2 de junio, excepto la vanguardia que por Casale se apoderó de Pavía.

Cuando Melas tuvo noticias de la entrada de ese ejército en Italia, creyó que las tropas que habían avanzado hasta Suze era la vanguardia y los que habían atravesado el San Bernardo un cuerpo de diversión, y acudió a loa Apeninos a cubrir Turín. Al verse con el enemigo a su retaguardia, interceptando sus comunicaciones y separándolas de su base de operaciones, se dirigió a Alejandría dispuesto a dar una batalla para salir de la situación en la que se encontraba. Había llamado a las tropas que bloqueaban Génova y a las que había seguido a Suchet. Éste las acometió en cuanto Melas se retiró de los Apeninos y solamente unos cinco mil hombres llegaron a Alejandría. Las tropas que habían conquistado Génova a los franceses se incorporaron a Melas por el camino de Tortona.

Batalla de Marengo. Louis François Lejeune (1801)

Batalla de Marengo
(14 de junio de 1800)

Situación inicial

Napoleón había destacado una parte considerable de sus fuerzas para ocupar ciudades importantes de Lombardía y vigilar la línea del Mincio; así que al enfrentarse a los austríacos, su ejército debilitado por la gran cantidad de destacamentos era muy inferior en número, no llegada a los treinta mil hombres, mientras que los austríacos eran unos cincuenta mil.

Creyendo que el enemigo trataba de retirarse hacia Génova, Napoleón cometió el error de destacar, antes de la batalla una división, al mando de Desaix, hacia Novi para interceptar la retirada austríaca y acercarse a las tropas de Suchet, que debían ir hacia Alejandría por el camino de Acqui.

Cuando supo que no era cierta la retirada del enemigo, avanzó hacia Marengo con su ejército por el camino de Tortona a Alejandría y se encontraron con los austríacos que habían cruzado el río Bórmida por el puente de Alejandría. Éstos dirigieron su esfuerzo contra la derecha francesa, con ánimo de romper la línea en Marengo y envolverla por Castell-Ceriolo. La derecha austríaca, que había iniciado el combate, la sostenía con la vanguardia francesa que, al desplegar el ejército de Napoleón, constituyó el ala izquierda.


Desarrollo de la Batalla

Rebasada y envuelta la derecha del ejército francés, tuvo que dar frente a Castell-Ceriolo, Napoleón envió a prolongar una división de la que una brigada se apoderó de dicho punto y sostuvo la acometida de las fuerzas austríacas. Por otro lado, la izquierda empezó a retirarse por el camino de Tortona hasta San Giuliano, y el resto del ejército inició también el movimiento de retirada.

Los austríacos dieron por suya la victoria y su vanguardia, en columna de marcha, avanzó hacia San Giuliano, pero en ese momento la división del general Desaix llegó al campo de batalla para restablecer el combate. Desaix desplegó sus tropas, parte en columna y parte en línea, perpendicularmente al camino, colocando en segunda línea a su caballería.

A la derecha, enfilando el camino, situó una batería de dieciocho cañones que hizo fuego sobre las tropas austríacas. Al abrigo de la división, Desaix constituyó en tercera línea la izquierda francesa, y a la derecha del camino, en línea oblicua, reforzó a las tropas que se habían batido entra Marengo y Castell-Ceriolo.

El general Desaix cayó muerto en el primer encuentro con la columna austríaca, pero ya las tropas francesas se había repuesto gracias al refuerzo. La artillería, en combinación con la caballería, decidió el triunfo en favor de los franceses; ametralló a la columna austríaca y la caballería cargó por el flanco derecho. Tres mil granaderos austriacos fueron hechos prisioneros y fue muerto el general que los mandaba. La retaguardia austríaca cubrió la retirada del ejército de Melas que se replegó tras el Bórmida.

Después de la batalla, la incorporación de Suchet a Napoleón hizo imposible el mantenimiento del ejército vencido en el teatro de la guerra con lo que Melas se vio obligado a firmar una convención por la que se obligaba a cruzar a la orilla izquierda del Mincio y abandonar todas las plazas que ocupaba en la orilla de este río.


Consideraciones militares

Louis Charles Antoine
Desaix de Vevgoux
Esta campaña es digna de estudio por muchos conceptos. Desde el principio se puso de manifiesto el genio militar de Napoleón y puede considerarse como como modelo entre las acertadas concepciones estratégicas. Sin embargo, el propósito de Napoleón de alcanzar un gran éxito estratégico, le puso delante un terrible fracaso táctico considerando que de los setenta mil hombres que tenía en Italia solo llevó a Marengo  poco menos de treinta mil, hay que convenir que la victoria fue hasta cierto punto inmerecida ya que se debió a la casualidad de la oportuna llegada de Desaix y a la no menos fortuita e inexplicable falta de acometividad de los austríacos al emprender la persecución de las columnas de armas, separadas, como si se tratase de un cambio de guarnición en tiempo de paz.

Fin de la guerra

No fue en Italia donde consiguió la victoria definitiva, sino en Alemania donde el general Morceau, con la victoria de Hohenlinden, a finales de 1800, conquistó la paz al despejar el camino de Viena, que quedó abierto a los franceses, por lo que el emperador solicitó la paz que se firmó en Luneville en febrero de 1801.

Por la Paz de Luneville se estipuló el restablecimiento de la República Cisalpina; y por la Paz de Amiens, Inglaterra, incapaz de vencer a Napoleón, se vio obligada a firmarla el 25 de marzo de 1802, por la que devolvía a Francia y a sus aliados las colonias que les había tomado con la excepción de la Isla de Ceilán, en Asia, y de la colonia española de Trinidad.

Al día siguiente de la firma de la Paz de Amiens Napoleón Bonaparte se hizo otorgar, por plebiscito, Cónsul vitalicio.

viernes, 2 de diciembre de 2022

LA TOMA DE ROSAS. 5 de diciembre de 1808

Gouvion Saint-Cyr

Invadida la Península por el Napoleón en noviembre de 1808, de los ocho Cuerpos de Ejército que formó con tal objeto, fue destinado el 7º a entrar por Cataluña y reforzar las tropas que allí había, libertando a Barcelona del estrecho bloqueo que la tenían puesto las fuerzas españolas.

Mandaba este Cuerpo el veterano general Gouvion Saint-Cyr, y lo formaban tres Divisiones a las órdenes de los Generales Pino, Souham y Chabot que, desde luego, marcharon sobre Figueras donde se les unió la del conde de Reille, encerrada en el castillo de San Fernando, con lo cual reunieron 24000 infantes, 2000 jinetes y 40 piezas de artillería.

Era un obstáculo para su marcha a Barcelona la plaza de Rosas, pues no disponiendo los franceses del mar que se hallaba dominado por las fuerzas navales de Inglaterra y España, no convenía dejar a retaguardia este puerto, por el cual podían desembarcar tropas que cortaran sus comunicaciones con Francia o, por lo menos, sirviera de centro de abastecimiento a las fuerzas españolas que por allí operaban, y que ponían en grave aprieto a Figueras y Gerona. Saint-Cyr decidió tomar dicha plaza, y se encaminó a ella con las Divisiones de Pino y Reille; la de Souham se colocó en la línea del Fluviá para observar el camino de Gerona, donde se hallaba la División de vanguardia de D. Mariano Álvarez de Castro, y la de Chabot cubrió las comunicaciones con Francia. El 7 de noviembre se presentó Saint-Cyr ante Rosas con 13604 infantes (17 batallones, 1328 jinetes (10 escuadrones encuadrados en cinco brigadas y dos divisiones), 458 artilleros (6 compañías a pie y a caballo) y 214 zapadores (2 compañías francesas y 1 italiana).

Arsenal del Castillo de
 San Fernando en Figueras

La plaza de Rosas se hallaba muy mal de fortificaciones, desmanteladas desde la campaña del Rosellón, en 1795, reduciéndose a la ciudadela construida en 1543, una trinchera que contorneaba la población, a partir de esta fortaleza, y un fuerte pequeño llamado La Trinidad. La ciudadela contaba con una guarnición de 3000 hombres de los Regimientos de Borbón, Ultonia, suizos de Wimpffen y somatenes, siendo su defensa encomendada al coronel de infantería don Pedro O'Daly, con el capitán don Carlos Espinosa como jefe de artillería y el coronel don Manuel Lemaur como jefe de ingenieros. La guarnición del fuerte de La Trinidad la componían 80 soldados españoles y 25 marineros británicos, todos ellos al mando del teniente coronel Fitz-Gerald. Reforzaba la guarnición una escuadra fuerza naval británico al mando del comodoro West, formada por dos navíos de 74 cañones, una fragata, tres grandes corbetas y dos o tres bombarderos, que estaba fondeada en el puerto.

Ciudadela de Rosas

Sabedores de la aproximación del enemigo, se procedió con gran actividad a reparar las brechas y averías de las fortificaciones, consiguiéndose, a fuerza de grandes trabajos, arreglar lo más preciso, y montar en batería unas 58 piezas de todos los calibres. Por el mar ayudaban algunos buques ingleses y españoles.

Presentados, como hemos dicho, los franceses el 7 de noviembre, se limitaron a bloquear la plaza los ocho primeros días, esperando que cesaran las lluvias torrenciales que caían; sosteniéndose varios tiroteos con la guarnición y somatenes del país que desde fuera hostilizaban a los franceses, consiguiendo los mandados por el capitán don Narciso Coderch sorprender en el pueblo de Llauza y capturar dos compañías italianas de cuatro que allí había destacadas; sin que pudieran salvarlos tres Batallones que acudieron en su auxilio, por lo cual Saint-Cyr prendió 180  campesinos, y los envió prisioneros a Francia.

Mariano Álvarez de Castro
El día 15, el general Reille dio un asalto al fuerte de Trinidad, pero fue rechazado con grandes bajas por los 200 hombres que lo guarnecían, y cesadas las aguas se empezó a montar una batería de brecha en la falda de Puig-Vom, se empezó el ramal de trinchera el 19, contra los frentes de los baluartes de San Jorge y San Felipe, trabajos dirigidos por el general de ingenieros Sauson que había mandado los hechos contra esta plaza en 1794.

Las salidas de las tropas de la guarnición desbarataban los trabajos, y hubo que emprender otra paralela a su izquierda, que tampoco daba resultado, suspendiéndose los trabajos para que Reille saliera a detener al invicto Álvarez de Castro que acudía con tropas a auxiliar a la plaza, y consiguiól hacerle retroceder a Gerona; el 24 se emprendieron otros trabajos contra el frente de los baluartes de San Antonio y Santa María, volado en 1794 y cerrado por una simple barricada de barriles llenos de tierra. Para esto había que apoderarse de la población, y el 26 lo hicieron los italianos atacando por la noche, no pudiendo resistir los 500 hombres que la defendían, que quedaron muertos y prisioneros, excepto 50 que pudieron refugiarse en la Ciudadela. El 27 intentaron reconquistar la población los españoles sin poderlo conseguir por ser el enemigo superior en número.

La toma de Rosas. Grabado

Este incidente era gravísimo, pues aislada la ciudadela del mar, no era ya posible retirar a la escuadra, heridos y enfermos, ni recibir auxilios, por lo cual su rendición era cosa de poco tiempo, dado ese estado y el estar dominado el pueblo por el francés.  El 2 de diciembre se hizo una salida afortunada, saliendo una columna por la parte del campo, rodeando las trincheras para caer sobre las baterías francesas por retaguardia ínterin que otra columna atacaba de frente, haciéndolo con tal fortuna que sorprendieron a los italianos que las guarnecían, poniéndolos en fuga, destruyendo material, piezas y trabajos, pero sin poder conseguir que el resto desocupara la población, por lo cual hubo que retirarse de nuevo a la Ciudadela. El 4 empezaron a bombardearlas 25 piezas de grueso calibre, y abierta brecha, sin víveres ni abrigo, a prueba de bomba, con más de 600 heridos y enfermos en su reducido recinto, y por tierra sus endebles muros, no hubo más remedio que rendirse, quedando prisioneros unos 2000 hombres sanos que desfilaron con todos los honores de guerra el día 6.
Thomas Cochrane

El fuerte de la Trinidad, mandado por don Lorenzo Fitz­Gerald, capitán del Ultonia, y reforzado por 80 marineros ingleses a las órdenes del luego famoso Almirante chileno Thomas Cochrane, rechazó un segundo ataque en la noche del 30 de noviembre, y al ver rendirse a la Ciudadela lo desocuparon, embarcándose en los buques ingleses, volando antes el repuesto de pólvora.

Así cayó Rosas después de veintiocho días de asedio, con murallas derruidas, y sin que la escuadra inglesa hiciera gran cosa por ayudarles, perdiendo más de 1000 muertos y heridos, pero causando al francés pérdidas más superiores.

 

Bibliografía:

·         Espí R., “Rosas”. 1908. La Ilustración Militar nº 95 Año IV.

·         Historia Militar de España. Cuarto sitio de Rosas (27 de noviembre - 6 de diciembre de 1808). (http://www.altorres.synology.me/guerras/1808_independencia/batallas/1808_12_06_rosas.htm)

viernes, 12 de junio de 2020

El cabo Amate, el héroe de Chentafa


Cabo Melchor Amate
De todos es conocido el episodio del cabo Luis Noval el 29 de septiembre de 1909 durante un ataque de los moros al zoco El Hadde Beni-Sicar en el que fue capturado y alertó a los centinelas al grito de «¡España, pero tirar, que los moros vienen conmigo!». El cabo sacrificó así su vida por salvar la de sus compañeros y poder castigar a los rifeños.

Pues bien, años después otro cabo, el cabo Melchor Amate Hernández será el protagonista de un gesta similar a la de Noval no tan conocida ni recordada pero que le hizo merecedor a la Cruz Laureada de San Fernando. Esta es su historia.

Melchor Amate nace el 2 de mayo de 1900 en El Estrecho de Fuente Álamo (Murcia) en el seno de una familia obrera de mineros. Desde joven trabaja en distintas labores relacionadas con las minas hasta que en 1921 es llamado a filas para cumplir el servicio militar, coincidiendo con el Desastre de Annual. Se incorpora en 1924 al contingente normal siendo destinado al regimiento de Infantería Vizcaya nº 51, en la localidad de Alcoy. Amate destaca por su capacidad y comportamiento ejemplar lo que hace que sus mandos lo promuevan al empleo de Cabo de Infantería. El 6 de marzo es destinado a Melilla formando parte del Batallón Expedicionario de su Regimiento. El día 20 se traslada con su batallón a Ceuta, desembarcando en Uad‑Laúd donde recibe su bautismo de fuego el 4 de julio en un violento ataque de los rifeños. Posteriormente es destacado al blocao de Chentafa donde se desarrollará su heroico episodio.
Teniente San José Lecina

El 14 de agosto de 1924 se encontraba el cabo Amate formando parte de la sección que guarnecía la posición de Chentafa, en Tetuán, compuesta por 40 clases y soldados al mando del teniente Vicente San José Lecina auxiliado del sargento Bautista Borrás. Atacados y cercados por un enemigo muy numeroso, se quedaron sin víveres y sin agua al no poder ser reabastecidos. El día 18 la situación era insoportable ya que se encontraban muchos de los hombres heridos y atormentados por la sed. El cabo Amate, que aunque se encontraba herido en una muñeca, se ofreció al teniente como voluntario para realizar una aguada durante la noche sobre el río Uad‑Laúd situado a un kilómetro de la posición. Cuando se encontraba a 300 m. del blocao fue hecho prisionero por los rifeños y llevado hasta las alambradas intimidando que gritase que esta solo para que abriesen la alambrada. Dándose cuenta del peligro en que estaba la posición, el cabo Amate respondió gritando: «¡Mi teniente, no puedo llevarle el agua, estoy en poder del enemigo, haga fuego!». 
En Ait-Kamara

El aviso del cabo aprestó a la guarnición a la defensa y fue bárbaramente maltratado y asesinado a la vista de la posición, pero no murió y fue trasladado al campo de Ait‑Kamara donde permaneció hasta el 26 de mayo de 1926 en que fue liberado junto con otros 90 supervivientes de los 625 prisioneros internados en ese campo de prisioneros. Los defensores de Chentafa murieron todos en la posición.

Cabo Melchor Amate
con la Laureada
El 12 de junio de 1929, mediante Circular fechada en Madrid el día 11 de junio, de la Secretaría del Ministerio de la Guerra y de acuerdo con lo informado por el Consejo Supremo del Ejército y Marina, S.M. el Rey ha tenido a bien conceder al cabo de Infantería don Melchor Amate Hernández la Cruz laureada de la Real y Militar Orden de San Fernando, por su heroico comportamiento en la defensa y posición de Chentafa en agosto de 1924.

El 30 de junio de 1930, una vez recuperado en Melilla, regresa a su casa de Cartagena donde fue recibido de manera multitudinaria por la población encabezada por su Alcalde, señor Torres, y recorriendo junto a éste las calles de la ciudad en coche descubierto, recibiendo así el cariño y admiración de sus vecinos.

Recibimiento en Cartagena a su regreso en 1930
Vuelto a la normalidad estuvo de conserje en la Escuela de Comercio de Cartagena y después en el Matadero Municipal, también de conserje hasta que solicitó su ingreso en la Guardia Civil a finales de 1930. 

En 1933 aprueba unas oposiciones para ingresar en la Maestranza de la Armada, pidiendo la baja de la Guardia Civil, donde permanecería durante treinta y cinco años hasta su retiro forzoso.

Melchor Amate a los 72 año
Melchor Amate Hernández, el héroe de Chentafa falleció en Cartagena el 15 de noviembre de 1983 siendo despedido también de manera multitudinaria por sus vecinos.

jueves, 7 de mayo de 2020

Felipe V (1724-1746)



Felipe de Borbón, duque de Anjou, nació en Versalles el 19 de diciembre de 1683, era hijo del Gran Delfín de Francia, Luis y María Ana Victoria de Baviera, y nieto de Luis XIV.

Como bisnieto de Felipe IV, fue el sucesor del último monarca de la Casa de Austria, su tío-abuelo Carlos II, por lo que se convirtió en el primer rey de la Casa de Borbón en España como Felipe V. En 1701 juró como rey de España ante las Cortes castellanas. Su reinado de 45 años y 3 días es el más largo en la historia de la monarquía española.


Felipe V reinó en dos periodos: 1º reinado de 1700 a 1724 y 2º reinado de 1724 hasta 1745 tras la muerte de su hijo Luis I[1].
Los comienzos de su reinado estuvieron marcados por la influencia francesa a través de sus primeros ministros y de la princesa de los Ursinos y por la guerra de sucesión.
Bajo su reinado se inició la renovación de la cultura en España, en ciencias, literatura, filosofía, arte, política, religión y economía. En 1712 aún no acabada la guerra de Sucesión, se fundó la Biblioteca Nacional; un año después, se creaba la Academia de la Lengua y, más tarde, las de Medicina, Historia, etc., todas ellas a imitación de las Academias francesas.
Emprendió una reforma político­‑administrativa, con la creación de un sistema de Audiencias e Intendencias provinciales que poblaron el mapa español. En principio se crearon dos Departamentos[2], que desde 1714 se ampliarían a cuatro: Estado, Guerra y Marina, Gracia y Justicia e Indias.
Felipe V contrajo matrimonio con su prima, María Luisa Gabriela de Saboya, el 2 de noviembre de 1701 y tuvieron cuatro hijos[3]. María Luisa falleció en 1714 de tuberculosis y Felipe V volvió a contraer matrimonio con Isabel de Farnesio, el 24 de diciembre de 1714 con quien tuvo siete hijos[4].
El matrimonio de Felipe V con Isabel de Farnesio representa la pérdida de influencia del elemento francés, donde la nueva reina despide a la princesa de los Ursinos, y la preponderancia sucesiva de los italianos en la corte, caracterizada aquella por la personalidad de Alberoni. La muerte de Luis XIV; la minoridad del sucesor y la regencia del duque de Orleáns despiertan en Felipe V, alentado por Alberoni, el deseo de ceñir la corona francesa; se descubre la conspiración de Cellamare, lo que provoca una nueva guerra entre España y la Triple y la Cuádruple Alianza; el resultado es negativo para Felipe V y, en especial, para Alberoni, que es depuesto.
Tras abdicar en su hijo y la repentina muerte de éste, Felipe V inicia su segundo reinado bajo la influencia de su esposa. En 1725 se firma el Tratado de Viena y se inviste a don Carlos como soberano de los ducados italianos; en 1729 por el Tratado de Sevilla Francia e Inglaterra lo aceptan. En 1731, Carlos toma posesión de Parma, Toscana y Plasencia. En 1732 España ocupa Orán. En 1733 se firma el «Primer Pacto de Familia» y en 1734 Carlos ocupa Nápoles y Sicilia. España participa en la Guerra de Sucesión de Austria, final que no llegó a ver Felipe V.
Los últimos años los pasó enfermo y permaneció casi siempre en la cama hasta que falleció el 19 de julio de 1746 a consecuencia de un ataque de apoplejía.





[1] Luis I era el hijo mayor de Felipe V y María Luisa de Saboya. El 10 de enero de 1724 Felipe V abdicó en su hijo que fue proclamado rey el 15 de enero de 1724. A los siete meses de haber ascendido al trono, murió de viruela en Madrid el 31 de agosto de 1724, con diecisiete años recién cumplidos. Felipe V volvió al trono a la muerte de su hijo.
[2] Asimilables a los actuales ministerios.
[3] Luis (1707-1724) rey de España, Felipe, murió a los pocos días de nacer, Felipe Pedro (1712-1719) y Fernando, rey de España, sucedió a su padre en el trono.
[4] Carlos, (1716-1788) rey de Nápoles y rey España; Francisco (1717), que vivió un mes; María Ana Victoria (1718-1781), fue reina de Portugal; Felipe (1720-1765), fue duque de Parma y de Plasencia; María Teresa (1726-1746), se casó con el delfín Luis; Luis Antonio (1727-1785), casado morganáticamente con María Teresa Vallabriga, y María Antonia (1729-1785).