domingo, 10 de abril de 2011

La Mama Galla

Hoy os pongo una leyenda peruana, que según cuentan dice así: Mama Galla era una mujer que vivía en lo alto del camino de Canta a Huamantanga, y ofrecía, a todo viajero que pasaba por la puerta de su casa, comida a base de carne con la que les engañaba.

Tenía la mujer una hija y dos nietos a los que cuidaba apartados del lugar donde agasajaba a los viajeros, para que no tuviesen conocimiento de sus malas artes. Pero un día en el que las faltaba la comida y hacía días que no pasaba ningún viajero, decidió matar a su hija.

Ocurrió que los nietos no la dejaban sola ni un momento, entonces les dijo que fuesen a traer agua en una cesta. Los chicos se negaron aduciendo que no se podía traer agua en una cesta. Entonces la abuela les dijo que pusieran piedras pequeñas en los agujeros de la cesta para taparlos, con el objetivo de que tardasen más tiempo y así poder cometer su crimen.

En el momento que los chichos salieron hacia el río, la Mama Galla llamó a su hija y cuando ésta se le acercó la degolló. A continuación se bebió su sangre, la descuartizó y echó los pedazos en un olla grande —una pampana—.

Cuando los chicos regresaron y preguntaron a la abuela por su madre, ésta les dijo que había ido a pastar con el ganado y que regresaría al día siguiente, pero los trozos de la madre, desde la olla, con el calor del fuego, decían:

— Hijos del alma mía, escapad y dirigíos al cielo, que yo os ayudaré.

Los chicos, al oír la voz de su madre, se ingeniaron la manera de huir. Le dijeron a la abuela que les enseñara el truco de poner las piedras en la cesta y durante el recorrido hacia el río se escondieron, regresaron corriendo a la casa y cogiendo los restos de su madre emprendieron la huída.

Cuando la abuela estaba a punto del alcanzarles, el arcángel San Miguel les mandó una cadena para que subieran por ella. La vieja también alcanzó a coger el extremo de la cadena, pero un pájaro —el acacllo— la cortó con su pico y la vieja comenzó a caer gritando:

— ¡Compadre zorro! ¡Compadre zorro!, tiéndete en el suelo para que al caer no me haga daño.

Pero al caer al suelo la cruel abuela, se convirtió en una laguna y la laguna la ahogó.

También dice la leyenda que la laguna existe y que en medio de ella hay una piedra a la que llaman Mama Galla.

El final de la leyenda se produce con la huída mágica de los niños al cielo, protegidos por diversos animales.

Foto: Dibujo que representa la leyenda de Mama Galla

jueves, 7 de abril de 2011

El Pacto de los Toros de Guisando


El Pacto de los Toros de Guisando o Concordia de los Toros de Guisando es el nombre de un acuerdo alcanzado el 18 de septiembre de 1468 entre Enrique IV y su hermana la entonces princesa Isabel.
En 1467, el ejército rebelde de los nobles se enfrentaba al realista sin que la victoria de Enrique fuera rotunda, y su hermanastro Alfonso moría, supuestamente envenenado. Los nobles rebeldes no se desanimaron y propusieron la corona a otra cabeza visible, fácilmente manejable, para que mantuviera sus bolsillos a ser posible más seguros y llenos, a la hermana de Alfonso, Isabel, que se negó a obtenerla en rebeldía contra su hermanastro. Pero el de Marqués de Villena pactó con Enrique el deponer las armas si, Isabel, era nombrada heredera.
Por el Pacto de los Toros de Guisando, que tuvo lugar en el cerro de Guisando, junto al grupo escultórico homónimo, en la actual localidad abulense de El Tiemblo el día 19 de septiembre de 1468, se fundamentó en un acuerdo al que llegaron Enrique IV y la princesa Isabel, y en el que se reconocía a Enrique como rey de Castilla y como sucesora a su hermana Isabel. Esto significaba dejar de lado los derechos sucesorios de la hija del rey de Castilla, Juana, apodada por sus enemigos "la Beltraneja".
Isabel fue nombrada heredera, Princesa de Asturias, con el compromiso de no ser forzada a contraer matrimonio en contra de su voluntad, pero tampoco debería a casarse sin consentimiento del rey. En este pacto se especificó que Isabel se mantendría fiel al rey hasta su muerte. Este pacto fue, por supuesto, firmado por el rey. Además Enrique se comprometía a que su esposa, Juana de Portugal, abandonara la corte definitivamente y fue recluida en el castillo de Alaejos (1468) del que se fugó con su amante, Pedro de Castilla el Mozo, un nieto de Pedro El Cruel, con el que tuvo dos hijos. Más tarde terminó sus días en el convento de San Francisco de Madrid, a los treinta y seis años, poco después de la muerte de Enrique.
Los nobles tenían tan claro que Isabel cedería a todas sus pretensiones que incluso se permitieron el buscarle marido, por supuesto, uno de los suyos, el maestre de Calatrava, Pedro Girón. Este hombre rudo por su oficio era bastante mayor que Isabel y con la dispensa papal, recién obtenida, de los votos de castidad con que hacía mérito como soldado de Cristo. La fortuna para Isabel hizo que este hombre muriera repentinamente en su viaje hacia Madrid para desposarse con la princesa. Una de las varias muertes repentinas que rodearon a la coronación de Isabel. Es bastante posible que fuera asesinado por envenenamiento por un noble al que la boda no le hacía mucha gracia.
En 1469, tras el matrimonio de Isabel con el aragonés Fernando, heredero de Juan II, sin el consentimiento del rey de Castilla, Enrique IV entendió que este acto rompía lo pactado en Guisando y proclamó heredera a su hija Juana, llamada por su enemigos como "la Beltraneja", ya que decían que hija del valido real, Beltrán de la Cueva, en la Ceremonia de la Val de Lozoya el 25 de noviembre de 1470, gestándose así el embrión de una guerra civil entre Isabel y Juana por el trono de Castilla, a la muerte de Enrique.
A la importancia histórica de este pacto se refirió nuestro Nobel de Literatura, Camilo José Cela, para decir:
“Sin el encuentro de los Toros de Guisando, España no hubiera sido España“.
Foto: Los Toros de Guisando en la localidad de El Tiemblo (Ávila).

Las mentiras del nacionalismo catalán (III)

Otra de las grandes mentiras del nacionalismo catalán y que se cae por sí sola, solo hay que leer "bien" la historia para darse cuenta de ello, es la de que la Diada "día nacional de Catalunya", es el símbolo de la resistencia nacional catalana contra el imperialismo castellano. Según el nacionalismo catalán, "el centralismo y el espíritu colonizador de Castilla hacia Cataluña se fue intensificando hasta que en 1714, durante la Guerra de Sucesión, Castilla y Francia aliadas, vencieron a Cataluña, Inglaterra y Austria". Esto es simplemente mentira y totalmente falso.

El 1 de noviembre de 1700 moría Carlos II declarando como sucesor al Duque de Anjou, Felipe de Borbón, hijo segundo del Delfín de Francia y nieto de Luis XIV. El nuevo rey, Felipe V, de tan solo 17 años de edad, entró en España el 22 de enero de 1701 por Irún, llegando a la Villa y Corte de Madrid el 18 de febrero donde se alojaría en el Palacio del Buen Retiro, aunque la entrada oficial y triunfal no tendría lugar hasta el 14 de abril de ese mismo año. Comenzaba el reinado del primer Borbón en España.

La postura de Cataluña, y del resto de España, hacia el nuevo Rey fue de gran apoyo. Las manifestaciones populares y oficiales en su favor fueron generales y la literatura panegirista exaltó al nuevo monarca y a la nueva dinastía, salvando incluso el hecho de que Felipe V fuese francés. Así, el catalán Raymundo Costa escribía en su “Oración panegírica” (1701):


“Felipe quinto para Cataluña no es extraño, sino patricio, Natural, y buen Catalán, quando la Sangre Real, que alienta sus venas ha salido de los cristales transparentes de esta perenne y clara fuente de Nobleza del Principado de Cataluña”.


Por su parte, el también catalán Francesc Brú señala en su “Lamentación fúnebre” (1700):


“el Rey es español por más que haya nacido en Francia. Porque los reyes toman la naturaleza de la Corona, no de la cuna; de los reinos en que mandan, no de las tierras en que nacieron [...] venga a España el serenísimo Felipe de Francia y será más español que nosotros, pues a nosotros nos hizo españoles la tierra, y a Felipe el Cielo, a nosotros la cuna y a Felipe la Corona”.

Del 24 de septiembre de 1701 al 8 de abril de 1702, Felipe V visita Cataluña, con el objetivo principal de la celebración de Cortes. Cataluña esperaba llena de expectación la primera visita del nuevo Rey, una visita especialmente esperada, pues hacía setenta años, desde que en 1632 lo hiciera Felipe IV, que un soberano español no visitaba el Principado.

A medida que el Rey se iba acercando a la capital catalana aumentó el número de personalidades que se adelantaban a recibirle y darle la bienvenida: Universidad de Barcelona, oidores del General de Cataluña, el Consell de Cent, destacando el discurso del Conseller en Cap:

“Senyor, la Ciutat de Barcelona se postra humil als Reals peus de V.M. en protestació de son verdader rendiment, y ab expressió del imponderable jubilo ab que celebra lo feliz arribo de V.M. gloriantse de la ditxa li cap, que V.M. la favoresca ab sa Real presencia, y si be est tan rellevant favor, lo te sa innata fidelitat a agigantat […]”.

El 8 de abril de 1702, y obligado por el inicio de las acciones bélicas, Felipe V dejaba Barcelona poniendo rumbo a Italia en medio de un clima general de fidelidad y amor al monarca

En realidad, el 11 de septiembre de 1714 lo que ocurrió fue la entrada de las tropas de Felipe V a Barcelona que estaba bajo dominio francés. En el asedio a Barcelona participaron miles de catalanes integrando el ejército borbónico. Otros tantos catalanes sitiados en Barcelona lucharon para la que estimaban como legítima dinastía española y de la "libertad de toda España".

No sólo eso, sino que un siglo después en la Guerra de la Convención. Los catalanes participaron con entusiasmo en defensa de su religión, su rey y su patria contra los revolucionarios franceses. De hecho se puede leer en el Diario de Barcelona del 1 de octubre de 1792 un Soneto Catalá celebrando la toma de la localidad rosellonesa de Bellaguarda:


" Vallesir, Rosseló, la França entera
del valor espanyol lo excés admira:
Ya espera resistir, ya desespera:
ya brama contra el Cel, però delira:
que lo cel es qui vol que torne a Espanya
lo Rosselló, Navarra y la Cerdenya".

Esto es lo que hay, aunque a algunos no les guste.

Foto: Portada del Fenix de Cataluña de Feliú de la Penya. Facsimil del original de 1683.

sábado, 26 de marzo de 2011

Caballo Loco

Caballo Loco (1849-1877), Tasunka witko en lengua sioux, fue el jefe guerrero de los sioux oglala dotado de una asombrosa capacidad táctica y una destreza y pericia en el combate inigualable entre sus contemporáneos.

Plantó cara al ejército de los Estados Unidos y a los colonos que decidieron instalarse en la grandes llanuras centrales, ya que esta incursión amenazaba su territorio. Formo, junto a Nube Roja y Toro Sentado, una alianza con otros pueblos indios para combatir a los invasores blancos, derrotando duramente a los soldados en la masacre de Fetterman (1866). La presión de los colonos y la posición de fuerza de los indios llevó al gobierno estadounidense a firmar en 1868 el Tratado del Fuerte Laramie por el que se asignaba terrenos autónomos a cheyennes y lakotas dentro de la Gran Reserva y que Caballo Loco no aceptó abandonando, con su pueblo, el territorio asignado a los sioux por el gobierno.

"... Uno no vende la tierra por la cual camina su pueblo...". Caballo Loco

El Gobierno emprendió una campaña militar contra las tribus indias en 1876. Fue uno de los jefes indios que participó en la famosa batalla de «Little Big Horn» (el 25 de junio de 1876), donde fue exterminado en 7º de Caballería y donde moriría el famoso general Custer. Acosado por el Gobierno, se rindió el 5 de mayo de 1877, junto a 800 de sus seguidores, en Fuerte Robinson (Nebraska).

Caballo Loco permaneció en el Fuerte, y su presencia ocasionó inquietud entre los indios y sospecha entre los blancos. Permaneció distante de estos últimos, rehusando una invitación del Presidente Rutherford Hayes. Haciendo caso a rumores infundados de que Caballo Loco planeaba una rebelión, el general Crook ordenó su arresto aprovechando que había abandonado el fuerte para llevar a su esposa enferma junto a sus padres. Cuando regresó al Fuerte el 5 de septiembre de 1877, se resistió a ser arrestado y mientras se intentaba controlar situación, un soldado le atravesó con su bayoneta, muriendo esa misma noche.

"Sus padres trajeron su cadáver y lo pusieron en una caja. Vi a los dos ancianos yendo solos con el cadáver de su hijo. Nadie los siguió. Se fueron solos y aún los veo marchar. Jamás describieron el sitio al que llevaron el cuerpo de su hijo. Nadie sabe hoy dónde reposa. No importa dónde repose su cuerpo, pues es hierba; pero será bueno estar donde su espíritu se halle". Coronel Miles

Su nombre fue "En las tierras salvajes" un término que significaba que era uno con la naturaleza. A los 12 años mató a su primer bisonte, a los 16 había matado al primer guerrero enemigo y con 24 años se convirtió en el jefe de los sioux oglala. Sus ropas estaban adornadas con 240 mechones de pelo y cada uno de ellos simbolizaba una acción valerosa. Según cuentas las tradiciones orales sioux, Caballo Loco tenía visiones premonitorias.

"...Todo el mundo le amaba. Sus ojos atravesaban las cosas. Cuando el pueblo se dolía de hambre, dejaba de comer. Era un gran hombre. No pudieron matarle en el campo de batalla. No tenía más que unos treinta años cuando murió". Alce Negro

Foto: Caballo Loco.

domingo, 6 de marzo de 2011

Las mentiras del nacionalismo catalán (II)

Otro mito de los grandes es el de la Sardana, el baile "nacional" de Cataluña que según el nacionalismo es una danza de raíces helénicas y está vincula al antiguo folclore catalán. Pues nada más lejos de la realidad, lo de la "sardana" es un mito y de los "gordos", ni tiene origen helénico, ni es folclore y no es ninguna tradición catalana.

Pues resulta que según el catalanismo, la sardana es el baile nacional de Cataluña y su creador, un tal Pep Ventura, músico de Figueras, es un mito nacionalista. Lo que está demostrado es que todo esto es un montaje y la biografía del susodicho Ventura está reescrita. Su biografía es la siguiente:

El músico inventor de la sardana se llamaba José María Ventura Casas, natural de Alcalá la Real, provincia de Jaén, nacido el 2 de febrero de 1817. Su padre, Benet Ventura, ampurdanés, era cabo primero del Ejército, y se encontraba destinado en Andalucía en misiones de represión del bandolerismo, tras la Guerra de la Independencia Española. En 1819,la familia se traslada a Rosas, al ser destinado a esa localidad su padre. Muerta su madre de tuberculosis, cuando tiene 6 años y mientras su padre es destinado a Tarragona, José se queda a vivir con su abuelo, sargento en la Compañía de Rosas. A la edad de 13 años se traslada a vivir con su padre a Figueras, cuando éste deja la vida militar. A los 15 trabaja como aprendiz de sastre en el taller de Joan Llandrich quien además de sastre es también militar y director de la Cobla de Figueres, con cuya hija María se casaría en 1837. Mientras tanto también ha aprendido a tocar diversos instrumentos y solfeo ejerciendo en la cobla, primero de músico y después, en 1848 como director.

Se le considera el «padre de la sardana» por la profunda transformación que imprimió a estas composiciones, basada en la inclusión de nuevos instrumentos, especialmente la tenora desde 1840 y su disposición en la cobla, que imitarán otras formaciones musicales de este tipo.

Su actuación ante la reina Isabel II de España en el Monasterio de Montserrat junto a otros artistas de la Renaixença le consagran como una figura en el mundo cultural catalán.

Enviuda en 1864 y en honor de su esposa María compone la sardana "Per tu ploro" (Por ti lloro) que se estrenará en Cabanes, en la provincia de Gerona en 1875 unos meses antes de su muerte.

Para Josep Playà Maset, el catalanismo convierte la sardana en el baile “nacional” de Cataluña y al músico Pep Ventura en un mito, reinventando su biografía y proscribiendo algunas sardanas inspiradas en zarzuelas y óperas de moda, proscritas sólo porque no encajaban en el discurso más purista del catalanismo”.

La exposición: “Pep Ventura antes del mito: cuando la sardana era un baile de moda” (2009), de Anna Costal, rompe con este discurso tradicional. Recupera la música de Ventura sin áureas míticas ni legendarias: partituras musicales como la “Sardana de la Sonàbula” que recoge fragmentos de una ópera de Bellini estrenada en Figueres el año 1866, y también de otras inspiradas en zarzuelas, como por ejemplo “La cançó del 6 d´octubre”. Se presenta a Pep Ventura en el contexto de su época y, a ras de su biografía, superando la idealización a la que había sido sometido.

Stanley Brandes considera que la sardana no puede entrar en la clasificación de folclore, ya qué los bailes folclóricos “se aprenden y se transmiten de modo informal, no a través de clases organizadas, no gratuitas, patrocinadas, como sucede con la sardana. Así mismo, las danzas folclóricas experimentan una evolución indudable, a pesar de ser imperceptible... En cambio, la sardana ha quedado fosilizada desde hace un siglo en diversas variantes de una secuencia invariable, idealmente perfecta de movimientos. Ciertamente, este tipos de estandarización no es característico de ningún tipos de folclore, ni tan solo del baile”.

Podemos resumir diciendo que La sardana es un invento de mediados de siglo XIX, no tiene orígenes más lejanos. El nacionalismo de derechas del momento busca la creación e institucionalización de nuevos mitos y nuevas tradiciones para una Cataluña moderna y soberana. Se justifica así la invención de una «sardana tradicional», un baile y una música de moda en aquel momento, con vínculos con la zarzuela y la opereta italiana, que se somete a un proceso de mitificación por razones políticas e ideológicas e inventándose unas raíces que se remontan a la antigua Grecia.

Al mismo tiempo, se fue forjando el mito de Pep Ventura mediante la idealización histórica, literaria y musical, se tergiversa conscientemente su imagen, y se llega a proscribir buena parte, la mayoría, de su obra musical por "poco catalanista".

Como vemos es origen de la Sardana es otro mito que es interesante conocer, las tradiciones inventadas e impuestas a frotamiento duro no terminan de cuajar del todo en el conjunto de la población, a excepción de sus impulsores, y hoy en día hay muchas voces en contra de que la sardana sea considerada el baile nacional catalán cuando hay otros bailes y cantos con mayor tradición y arraigo.

Foto: Monumento de a La Sardana del escultor Josep Cañas. Montjuich. Barcelona