miércoles, 12 de marzo de 2014

Alfonso II el Trovador, el primer rey de la Corona de Aragón

Alfonso II
La primera vez que la expresión Corona de Aragón aparece en los textos es a finales del siglo XV para referirse al conjunto de reinos, condados y señoríos gobernados por el rey de Aragón, cuyo apellido es el nombre de su reino originario. Territorios que mantuvieron su personalidad jurídica, cultural y territorial hasta el siglo XVIII y cuyo primer rey y soberano común fue Alfonso II, llamado el Casto o el Trovador, hijo y heredero de Petronila de Aragón y del conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV.

Todos los territorios que la componían estaban unidos, además de dinásticamente, por una política común a la que se fueron uniendo nuevos territorios ya sea por conquista, por adscripción o por vasallaje. Este equilibrio, que desde 1319 Jaime II declara la indisolubilidad de la unión forjada en 1137: «Que la unidad de los citados reinos y condados permanezca siempre estable e indivisa». Al morir Ramón Berenguer en 1162, su hijo y heredero Alfonso II se convierte en conde de Barcelona y en 1164, tras la donación formal de la reina Petronila del reino a su hijo, asume la soberanía de la Corona de Aragón.

Alfonso II, nacido en 1157, era en ese momento un niño de 7 años por lo que se hizo necesario una tutela poderosa, capaz de velar por la educación del rey y por los intereses del reino. El designado como tutor del joven rey fue Enrique II de Inglaterra, casado con Leonor de Aquitania, prima de la reina Petronila. Alfonso y sus hermanos se criaron en la corte de Barcelona, rodeado por un consejo de regencia formado por nobles, obispos y representantes de las ciudades.

En 1167 y pese a su juventud, Alfonso realiza su primera campaña con la conquista de Niza, que había reclamado el territorio a la muerte del conde de Provenza, Berenguer III. Se enfrentó al conde de Tolosa, Ramón V, y consolidó su pode sobre el condado y los territorios adyacentes como Foix, Bearne, Bigorra, Berciers o Carcasona, extendiendo así la Corona por los territorios del midi francés.
La Corona de Aragón a la muerte de Alfonso II

Su principal preocupación pasa a ser  la consolidación de la frontera sur y controlar los accesos al valle del Ebro. Para ello fija tres rutas: Castellón-Morella-Alcañiz; Peñíscola-Ulldecona-Tortosa; y Sagunto-Teruel-Daroca.

En 1168-69 toma Valderrobres, Gandesa, Horta de San Juan y Ulldecona, alcanzando el Mediterráneo. En 1170 funda Teruel y colabora con Castilla en el asedio de Cuenca. Con la conquista de Teruel culmina la formación del Aragón histórico, a excepción del señorío de Albarracín en manos del noble navarro Pedro Ruiz de Azagra.
Firma de Alfonso II


Con la toma de Valencia por los almohades se crea un potencial peligro que el rey resuelve mediante creación de una marca de seguridad realizando conquistas selectivas y afianzándolas mediante repoblaciones. Estas labores de repoblación y defensa fueron encomendadas a las Órdenes Militares, principalmente templarios, hospitalarios y calatravos quienes realizaron una importante labor al rey al tiempo que reforzaban su poder e influencia.

En 1172 Alfonso recibe por vía testamentaria el condado del Rosellón, al morir sin sucesión el conde Gerardo II por ser feudatario del rey aragonés. En 1192 haría lo mismo la condesa de Pallars, Dulce de So.

En enero de 1174, Alfonso contrae matrimonio con Sancha de Castilla y es armado caballero. A partir de este momento asume plenamente la Corona. Mantiene las campañas para reforzar las fronteras y  potencia el otorgue de fueros a las tierras de «extremadura» —zonas de frontera conquistadas—.

Miniatura del Libro Mayor de los Feudos.
Alfonso II recibiendo homenaje de sus vasallos 
En la España cristiana las tensiones entre los reyes cristianos eran notables, como las que mantenía Alfonso con el rey de Navarra por las fronteras entre ambos reinos, que el papa Celestino III los convocó a todos en Santiago en 1195 para lograr un entendimiento para hacer frente al poder almohade. Esto tendrá su fruto en 1212 cuando los reyes cristianos presente frente común en las Navas de Tolosa.

Un importante tratado firmado por Alfonso II fue el Cazola (Soria), el 20 de marzo de 1179, con Alfonso VIII de Castilla, mediante el cual ambos monarcas acordaron los límites de su expansión territorial en la España musulmana, siendo para Castilla los territorios al sur de la línea Calpe-Biar y para Aragón la zona de Jativa, Valencia y Murcia, aislando del reparto al rey de Navarra. Este pacto duró hasta 1244 cuando se negoció la incorporación de Murcia a Castilla.

Alfonso realizó una gran labor legislativa, otorgando fueros para atraer población a las ciudades conquistadas o de nueva fundación. Encargó al jurista Ramón de Caldes la confección de la compilación de juramentos y convenios —Liber Feudorum Maior— que permitía al rey saber con exactitud  cuál era la relación que le ligaba con las distintas casas nobles del reino.

Sepulcro de Alfonso II en el Monasterio de Poblet
Conocedor de la complejidad administrativa de la Corona, trató de ampliar su autoridad al distribuir el poder entre distintos estamentos sociales, así incluyó a los representantes ciudadanos en la curia regia y les dio mayor poder en la administración de las ciudades; convirtió a las Órdenes Militares en fieles aliados políticos dándoles amplios dominios a cambio de su defensa del territorio conquistado; creo la figura del representante del rey —Veguer— con amplios poderes en cada una de las partes en que se dividió el territorio para su administración —veguerías—. Creó una Corona de Aragón bien organizada internamente y fuerte en el ámbito internacional gracias a sus amplios dominios y a la solidez de su autoridad real. A su muerte esta labor la continuará su hijo Pedro II.
Sala Capitular del Monasterio de Poblet. Desde Alfonso II
 el Monasterio se convirtió en el panteón de los reyes de la Corona de Aragón 
Alfonso II murió en abril de 1196 a los treinta y nueve años y fue enterrado en el Monasterio de Poblet.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Petronila, reina de Aragón por derecho propio. El inicio de la Corona de Aragón

Petronila y Ramón Berenguer IV
Petronila fue expresamente concebida para reinar. Su padre Ramiro II, abandonó el celibato que imponía su posición monacal para asumir la responsabilidad de mantener la soberanía aragonesa.

Tras su nacimiento en agosto de 1136, y el establecimiento en 1137 de su compromiso matrimonial, su padre se retiró a la vida monástica, al igual que su madre, y la niña quedó bajo la custodia de su prometido, Ramón Berenguer IV.

El documento de arras asumía que la unión se realizaría según la institución aragonesa del «matrimonio en casa», por la cual el heredero, en este caso Petronila, contrae matrimonio con la obligación de mantener la herencia familiar y mantenerla. Y si el legítimo heredero falleciese sin descendencia, su cónyuge, como miembro de la «Casa», asumiría estas responsabilidades, incluida la de procrear hijos legítimos. La «Casa» de rango mayor era Aragón, por ser reino y Barcelona condado, así que Ramón Berenguer IV se integró en ella jurídicamente, tomó formalmente a Ramiro por «padre» y asumió las obligaciones que ello implicaba. Al retirarse el rey al monasterio de San Pedro el Viejo en Huesca, el prometido de su hija comenzó a desempeñar las funciones de tenente del Reino de Aragón, suscribiendo documentos como señor o príncipe de Aragón.

Petronila fue educada por Berenguela, hermana del conde de Barcelona y reina de Castilla, como esposa de Alfonso VI desde 1128. Esta mujer de fuerte personalidad enseñó a Petronila su responsabilidad: perpetuar la soberanía del reino en la dinastía. Y, al mismo tiempo, pudo darle ejemplo de una firmeza de carácter de la que dio muestra en la defensa de Toledo frente a los almorávides en 1139. Según cuenta la Crónica del Emperador Alfonso, en la ciudad sólo se hallaba la reina Berenguela, quien se dirigió a los caudillos almorávides: «¿No veis que lucháis contra mí, que soy una hembra y que no es honor para vosotros?». Y ellos, considerando que tenía razón y admirándose de la resistencia de la ciudad bajo el mando de una mujer, se retiraron. De esta astuta manera, mantuvo Toledo en manos castellanas. Así era la mujer que crió a Petronila.
Territorios aportados por Petronila y Ramón Berenguer IV (en color gris) en el compromiso de enlace

La boda con Ramón Berenguer IV se celebró en la catedral de Lérida en 1150, en cuanto Petronila llego a la edad canónica mínima establecida para contraer matrimonio, catorce años. En el tiempo entre el compromiso y el matrimonio, hubo momentos de crisis, en los que el conde incluso llegó a negociar su boda con Blanca, la hija del rey de Pamplona. Un documento fechado en  el 1 de julio de 1149 así lo atestigua, aunque finalmente mantuvo el compromiso con Aragón. La celebración de los esponsales debió ser una gran fiesta, según la costumbre de la época.

Probablemente, la responsabilidad de proporcionar un heredero al Reino de Aragón hizo que Ramón Berenguer y Petronila quisieran ser padres lo antes  posible para asegurar el relevo generacional. En 1152 debieron tener su primer hijo, puesto que de este año es el primer testamento conservado de Petronila, dictado antes del parto. Sin embargo, algunos historiadores creen que habría que rtetrasar esta fecha hasta el 24 de marzo de 1157, fecha del nacimiento del futuro Alfonso II, el mismo año que murió Ramiro II y Petronila pudo ser llamada, de pleno derecho, reina de Aragón. Hasta la muerte de su marido en 1162, Petronila pudo dar a luz a cinco hijos: tres varones —Alfonso, Pedro y Sancho— y dos mujeres —Dulce e Isabel—.

Testamento de la reina Petronila
a favor de su hijo Alfonso
Mientras vivía Ramón Berenguer IV, Petronila se esforzó en proporcionar descendientes legítimos a la Casa de Aragón, mientras su esposo ejercía el gobierno, según lo acordado. Pero a la muerte de éste en agosto de 1162, la joven reina tomó importantes decisiones en el ejercicio de su potestad. En primer lugar y para subrayar la continuidad de las estirpe, cambió el nombre de su hijo primogénito, que hasta entonces se habría llamado Ramón, por Alfonso. Además, convocó una asamblea nobiliaria en Huesca para dar lectura al testamento de Ramón Berenguer y zanjar las cuestiones hereditarias. Las disposiciones testamentarias de Ramón Berenguer hacían que el hijo mayor, Alfonso de Aragón, fuera designado heredero. A Pedro le otorgó el condado de Cerdeña y el Señorío de Carcasona. Sancho heredaría sólo en el caso de la muerte de sus hermanos, y de las hijas ni siquiera hay referencia.

El objetivo del testamento era concentrar el poder en manos de un único heredero, que conseguiría así la soberanía de un Estado con mayor peso político, y proporcionar ciertas responsabilidades al siguiente de los hermanos para el caso de que tuviese que asumir la corona contase con la suficiente experiencia.

Firma de la reina Petronila
Por ser Alfonso II menor de edad y no ser procedente el ejercicio del poder por Petronila, desde 1162 el niño asumió formalmente la titularidad del reino y el gobierno, auxiliado por un consejo de regencia formado por nobles aragoneses y catalanes. La reina tampoco podía convertirse en en la tutora de su propio hijo, así que Ramón Berenguer IV eligió para ello a Enrique II de Inglaterra, casado con Leonor de Aquitania, prima de Petronila.

Este gobierno de un niño con un tutor inglés, una mujer y un consejo de regencia, aunque de naturaleza provisional, no fue bien visto por todos, aunque la situación no llegó a provocar una rebelión. Dadas las circunstancias, Petronila decidió retirarse y en 1164 Alfonso II, con 12 años pasó a ocuparse del gobierno del reino.


Petronila vivió hasta 1173, a caballo entre Besalú, posesión que junto a Ribas, le había donado su marido, y Barcelona, donde murió y fue sepultada.

viernes, 28 de febrero de 2014

Los últimos templarios de la Corona de Aragón

Caballero templario
Los caballeros de la Orden de Temple siempre han estado rodeados de leyendas aunque no siempre ajustadas a la realidad y que han difuminado la historia real de una Orden Militar que tuvo un gran poder en la Europa Medieval que luchaba contra el Islam.

En el año 2009 se cumplieron 700 años de la caída del Castillo de Monzón, último reducto templario de la Corona de Aragón, y su historia, rodeada de misterio, sigue atrayendo a muchísima gente.

La Orden del Temple se fundó en el año 1118 para proteger a los peregrinos en Tierra Santa. Nueve fueron los primeros caballeros templarios que se denominaron “Pobres caballeros de Cristo” y que forjaron el espíritu religioso, austero y caballeresco que de los definiría durante los dos siglos de su existencia.

Sobre estos comienzos poco se sabe, lo que ha motivado su imagen legendaria, y casi desde entonces se les ha relacionado como como los custodios del Santo Grial que habían encontrado entre las ruinas del templo de Salomón en Jerusalén. El Grial, la copa en la que bebió Jesucristo en la última cena, les daría fama, riqueza y poder lo que ayudaría a su fulgurante expansión por toda Europa.
Equipo de un templario

Pero no fue el Santo Grial quien les dio poder, quien de verdad se lo dio fue el testamento del rey aragonés Alfonso I, el Batallador, quien, al morir sin descendencia, dejó todas las tierras del reino a las Órdenes Militares: Templarios, Hospitalarios y Santo Sepulcro de Jerusalén. Aunque el reino finalmente pasó a manos de su hermano Ramiro II, el Monje, los templarios recibieron a cambio tierras y adquirieron un gran protagonismo siendo un pilar importante en la lucha contra el Islam y participando tanto en las cruzadas como en la Reconquista española como financiando campañas militares.

En agradecimiento, los reyes aragoneses entregaban a los templarios tierras, quienes rápidamente se extendieron por todo el reino. La primera “encomienda” que recibieron fue la de Novillas. Con las tierras obtenían grandes cantidades de dinero que prestaban a monarcas y caballeros que querían participar en las cruzadas, lo que les proporcionó tal grado de poder que pronto serían considerados como una amenaza para los nobles europeos.
Localizaciones templarios en la Corona de Aragón
En 1213 los templarios se niegan a ayudar al rey Pedro II de Aragón en su lucha contra los cruzados que arrasaban el midi francés. La Orden muestra su fuerza al mantener su obediencia al Papa frente a los intereses del monarca aragonés. En 1285 Pedro III conquista Sicilia con la ayuda templaria.
Sello de los Templarios

La caída de los templarios se produce a raíz de la crisis económica que sufre Francia y su rey Felipe IV tenía grandes deudas con el Temple y consigue en 1307 que el Papa disuelva la Orden acusándola de herejía. Unos 20000 templarios fueron asesinados en Francia en una sola noche. Fueron terriblemente torturados y al final el rey francés consiguió que el Papa Clemente V aboliese la Orden definitivamente en 1312.

Por su parte, el rey aragonés Jaime II se opone a la decisión papal aunque al final, en 1308, tiene que ceder a la presión papal y entregar a los últimos templarios que resistían heroicamente en Cantavieja, Castellote y Monzón. Cuando los caballeros del rey Jaime fueron a presarlos contestaron que “antes de ser infamados como herejes, moriremos en nuestros castillos como santos cristianos”. La primera fortaleza en caer fue Cantavieja, a continuación Castellote y por último Monzón que fue el último reducto templario en Aragón.

En Monzón, la población los defendía y les suministraba víveres por los pasadizos del castillo. Cuando fueron asediados por las tropas del rey, había dentro del castillo 40 templarios y 12 lugareños que se defendieron ferozmente hasta que capitularon el 24 de mayo de 1309. El apoyo popular y su cercanía al rey les permitieron, en el Concilio de Tarragona de 1312, ser absueltos y no ser quemados en la hoguera, pero ya no se volvería a empuñar el escudo con la cruz roja. La Orden había llegado a su final.

El último templario de la Corona de Aragón del que se tiene constancia documental fue Berenguer Descoll, que pertenecía a la encomienda de El Mas Deu y fue el más longevo de los que sobrevivieron al proceso y al juicio. Se sabe que terminó sus días en la encomienda de Amposta. Hay datos documentales sobre él hasta 1344.

Falsas acusaciones han acompañado siempre a los templarios lo que les ha dado siempre ese halo misterioso que tanto atrae a la gente.


domingo, 9 de febrero de 2014

Los Orígenes de la Inquisición en España

Tribunal de la Inquisición Española
La Inquisición no fue un invento español. Fue creada por el papado, en 1233, contra la herejía albigense en el sur de Francia, de donde pasó luego a España. Esta primitiva Inquisición dependía del Papa y de los obispos y ya a fines del siglo XV estaba prácticamente extinguida.

La Inquisición española difería de la Inquisición papal tanto por sus orígenes como por su organización. En el siglo XV ninguna herejía se había difundido con fuerza en España y nadie intentaba establecer un nuevo credo. La Inquisición española fue creada para ocuparse de los judíos conversos, algunos de los cuales se distinguieron por su encarnizamiento contra sus antiguos correligionarios, como el franciscano Alonso de Espina y el jerónimo Alonso de Oropesa. El propio fray Tomás de Torquemada, primer inquisidor general de Castilla y Aragón, era probablemente de estirpe conversa, aunque no está del todo claro.

Fray Tomás de Torquemada,
primer inquisidor general
de Castilla y Aragón
Durante la Edad Media los judíos habían conseguido un extraordinario progreso, situándose en posiciones clave tanto de la vida política como económica del país, llegando incluso a ocupar cargos en el Consejo Real. Sus relaciones con los cristianos, amistosas durante mucho tiempo, se deterioraron en la segunda mitad del siglo XIV, pues en un período de fuerte depresión económica, su excepcional buena fortuna engendró resentimientos que dejaron paso al odio y que estallaron en actos de violencia, como las masacres de 1391. Para salvar sus vidas y sus fortunas, muchos judíos, sobre todo en Andalucía, aceptaron el cristianismo.

Estos judíos conversos, con la protección de su nueva religión realizaron aún mayores progresos, pues podían acceder tanto a la Iglesia como al Estado, y en los ámbitos llegaron a ocupar puestos de responsabilidad. Sin embargo, dado que la conversión al cristianismo había sido fingida en muchos casos, se sabía o se sospechaba que continuaban practicando en secreto la religión judía. Así pues, las razones decisivas de la creación de la Inquisición en España fueron el temor a la apostasía de los judaizantes y la convicción de que la Iglesia y el Estado estaban siendo socavados desde dentro. Los Reyes Católicos estaban dispuestos a utilizar la fuerza para conseguir la unidad religiosa y se veían presionados para ello por grupos poderosos de cristianos viejos, especialmente el clero y la aristocracia.
Sixto IV. El papa que otorgó la
bula para  creación de la
Inquisición en España

El máximo inspirador de la Inquisición en España fue el prior de la comunidad dominica de Sevilla, Alonso de Hojeda, quien denunció la existencia de numerosos grupos de conversos que, supuestamente, judaizaban. Pero la ofensiva de los dominicos se alimentaba del antisemitismo de las masas. Artesanos, comerciantes, trabajadores, numerosos cristianos viejos de las clases menos favorecidas envidiaban el éxito material y social de los judíos y conversos, su posición como financieros de la Corona, su talento como científicos y hombres de profesiones liberales y sus vínculos matrimoniales con la nobleza, y los acusaban de falsos conversos. Tanto es así, que la primera generación de familiares de la Inquisición se reclutó entre los sectores populares más que entre las clases sociales más elevadas.

Bula papal de Sixto IV
Pero la Corona tenía otros motivos además del religioso. Si bien es cierto que la Inquisición no se creó con el único motivo de despojar a los conversos de sus bienes, este motivo no estuvo ausente en los cálculos oficiales. Las finanzas de la corona estaban en situación de crisis en ese momento, por tanto, quienes aconsejaron la confiscación de las propiedades de los conversos fueron convenientemente escuchados, si bien los reyes no actuaron durante un tiempo, pues estaban totalmente ocupados en la tarea de asentar su autoridad y sólo podía intervenir esporádicamente. Durante ese período, el papa Sixto IV trató de introducir la Inquisición papal, pero sin éxito, pues Fernando e Isabel estaban firmemente decididos a limitar, más que a ampliar, las oportunidades para la intervención de Roma.


La bula de Sixto IV autorizando el establecimiento de la Inquisición se expidió el 1 de noviembre de 1478; dos años después llegaron a Sevilla los primeros inquisidores y en 1481 se celebró en dicha ciudad el primer auto de fe.

Escudo de la Inquisición
La Inquisición española fue creada con el rango de un Consejo de Estado, el Consejo de la Suprema y General Inquisición, con jurisdicción sobre todos los asuntos relacionados con la herejía. Para asegurar el control real sobre la nueva institución y excluir el del Papa, los RR.CC. crearon un nuevo cargo, inexistente en la Inquisición medieval, el inquisidor general, máxima figura de la institución y cuyo nombramiento correspondía exclusivamente a la Corona, al igual que el de los funcionarios subordinados, aunque en la práctica estos últimos eran designados por el inquisidor general y por la Suprema. Ésta, nombrada también por la Corona, estaba formada por seis miembros, entre los que se incluían representantes de la orden de los dominicos y del Consejo de Castilla. La Suprema conocía las apelaciones de los tribunales locales y controlaba la administración financiera de la Inquisición, sus propiedades y los procedimientos de sus confiscaciones, cuyos beneficios iban a parar al tesoro real. Los tribunales provinciales estaban formados por dos o tres inquisidores, asistidos por numerosos personal auxiliar, administrativo y subalterno.

Sobre la Inquisición hay una leyenda negra sobre sus métodos
de actuación y las torturas a que sometían a los detenidos
En los asuntos de herejía, la Inquisición tenía jurisdicción sobre toda la población secular y sobre todo el clero –aunque no sobre los obispos-, quedando excluidos todos los demás tribunales. Sus sentencias eran inapelables, incluso ante el Papa, pues estaba subordinada a la autoridad real. Uno de los rasgos más peculiares, pues, de la Inquisición española era la combinación de la autoridad espiritual de la Iglesia con el poder temporal de la Corona.

Unidades del Ejército Colonial Español en África: La Policía Indígena

Policías Indígenas. Portada de
la Revista Blanco y Negro
(Noviembre de 1921)
Continuamos con las Unidades indígenas del Ejercito español en Marruecos. Una unidad policial creada en el Protectorado que probablemente tuvo luces y sombras por igual.

LA POLICÍA INDÍGENA

Al ocuparse en 1908 la cabila de Quebdana, limítrofe con Melilla, se crea la Policía Indígena, con dos núcleos de fuerza, uno en Cabo de Agua y otro en La Restinga. Por R.O. de 31 de diciembre de 1909, en la cabila de Guelaya se crean tres Mías o Compañías a pie y la primitiva se convierte en mixta a pie y a caballo.

Askari de Policía Indígena
En la campaña del Kert de 1911, son empleadas las mismas, en unión de harkas amigas y por R.D. de 5 de enero de 1912, se crea en Melilla la Subinspección de Tropas y Asuntos Indígenas, organizándose la Policía en las Mías nº 1 de Quebdana, nº 2 de Mazuza, nº 3 de Beni-Sicar, nº 4 de Beni-Bu-lfrur, nº 5 de Beni-Bu-Gafar y nº 6 de Beni-Sidel, según la cabila en la que prestaban sus servicios. El total de la plantilla indígena se elevaba a 8 oficiales (kaídes), 30 sargentos (mokaden), 60 cabos (maunin) y 565 policías (askaris).


Un oficial español interroga a miembros marroquíes
de la Policía Indígena en 1925
Entre 1910 y 1912 en la parte occidental del Protectorado se crean una serie de Tabores de Policía Marroquí, con oficiales y suboficiales españoles, recibiendo los nombres de Tánger, Tetuán, Larache y Casablanca, los cuales, el 25 de abril de 1913, son reorganizados en una Plana Mayor, dos Mías a pie y una a caballo. En cada uno habría de indígenas tres oficiales, diez sargentos, veintitrés cabos, seis cornetas y trompetas, veinte policías de primera y ciento noventa y dos de segunda, recibiendo los nombres de Tetuán, Larache, Alcazarquivir y Arcila. Dos meses antes en la zona de Melilla se creó la 7ª Mía. Por Circular de 31 de julio de 1914, se indica que las misiones de la Policía serán tanto policiales como militares y en Melilla se crean otras dos Mías, mientras que en la zona de Ceuta se crean las de Condesa y Tetuán y en la de Larache las de Larache, Alcázar y Arcila, al desaparecer los tabores de Policía de dichos nombres.
Miembros de una Mía de Policía Indígena

A medida que aumenta la zona de influencia española las Mías de Ceuta se amplían a seis y en Melilla, en 1917, se crea la 10º Mía en Ras Tikermin y en la zona de Larache, lo hacen otras tres. Por Circular de 24 de septiembre de 1919 en Larache se crea la 9ª y en Melilla la 13ª, clasificándose todas como de «Contacto», en misiones de vanguardia y primera línea; de «Retaguardia», las  de las zonas más seguras, y las de «Apoyo», para ser utilizadas indistintamente.
El 26 de noviembre se crea la de «Frontera» en la zona de Tánger y la 4ª de Ceuta se funde con las 5ª y 6ª de Larache, que pasan a depender de Ceuta. En total seis en Ceuta y seis en Larache. En 1920 en Larache se crean otras dos y en Melilla una más de «contacto», la 14ª.

En 1921 se crea en Melilla la 15ª y, en la zona de Xauen, una 7ª, dependiente de Ceuta, con lo que el número total de Mías de Policía Indígena en todo el Protectorado se eleva a 30. Con motivo del desastre de Annual, en la zona de Melilla desaparece la casi totalidad de dichas unidades debido a la muerte o deserción de sus componentes, si bien, como suele ocurrir en estos casos, queda un núcleo de fieles a España que servirán para la recreación de algunas Mías a medida que se va reocupando el terreno perdido y pueden reintegrarse los que desertaron por circunstancias familiares y personales.
Oficiales de Policía Indígena. La actuación reprobable de algunos de
estos mandos contribuyó a enajenarnos el respeto de los nativos
El 29 de noviembre, se recrea en Tetuán la Sección de Policía Indígena y dos días más tarde, a las órdenes del fidelísimo Abd-el-Kader, se crea en la cabila de Beni-Sicar el «Yaich» para vigilar la confederación de Guelaya en sus cinco cabilas y en la que sustituyen a la Policía Indígena.

Sus componentes, a los que se denomina majarines, van armados con carabina y una vara, el «yaich». Se forman en unidades por cada cabila, al mando cada una de ellas de un jalifa y como bandera enarbolan la marroquí con el anillo de Salomón y la media luna, en la que figura la inscripción «los leales de Guelaya» y en la parte superior un lazo con los colores de la bandera española.
Ocupación de Ras Medina. Policía Indígenas recogen armas y enseres