jueves, 21 de abril de 2011

Cantavieja, capital histórica del Maestrazgo

Cantavieja es la capital histórica del Alto Maestrazgo, y en ella se han encontrado vestigios de poblaciones paleolíticas y se ha constatado la presencia de Íberos y de romanos.

La población fue reconquistada al Islam en 1169 por Alfonso II y en 1197 ya estaba ocupada por los Caballeros del Temple (Templarios) que la convirtieron en cabeza de los siete municipios que formaron la Baylía de Cantavieja. En 1225 el maestre del Temple y el Concejo de vecinos suscriben la carta de población del lugar, contrato bilateral que estipulaba los cauces de relación entre señores y vasallos.

Tras la orden de extinción de la Orden del Temple y tras una larga resistencia de ocho meses, sus bienes pasan a manos de la Orden de San Juan de Jerusalén, que durante más de 500 años gobernó la villa. De estos importantes asentamientos datan gran parte de los monumentos que aún se conservan. Fue el siglo xviii uno de los de más apogeo de la villa. Enriquecida por la ganadería y el comercio de la lana, Cantavieja construye la Ermita del Loreto (1700), la Iglesia de la Asunción (1745), el hospital (1775), y sus prósperos habitantes edifican sus casas solariegas en la población.

Cantavieja vuelve a tener papel protagonista entre los años 1833 y 1840 durante la Primera Guerra Carlista, cuando el general carlista Ramón Cabrera convirtió la localidad durante unos años en capital de la Comandancia General del Maestrazgo, fijando en ella su residencia y estableciendo su Cuartel General. Tras fortificar la plaza instaló fábricas de armas, pólvora y cañones, un hospital, depósito de víveres y una imprenta. Todos estos aconteceres, hazañas y hechos de armas le valieron el calificativo de "Tigre del Maestrazgo". También en la Tercera Guerra Carlista Cantavieja volverá a alzarse en armas de manos del general carlista Marco de Bello.

Ya en el siglo xx Cantavieja y el Maestrazgo sufrieron los desmanes de la Guerra Civil y el posterior fenómeno del "maquis".

Debido a su posición estratégica, Cantavieja ha soportado a lo largo de su historia varios asedios y grandes y crueles destrozos.

Catavieja es la capital de la Comarca del Mestrazgo, fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1981 y es una localidad que merece mucho la pena visitar ya que es un enclave primordial para conocer la historia medieval y contemporánea del Maestrazgo Turolense. En ella se ha establecido el Museo de las Guerras Carlistas que muestra de una manera muy gráfica los acontecimientos sucedidos durante las tres guerras carlistas y el importante papel que tuvo en ellas la localidad turolense.

Foto: Lateral de la plaza Cristo Rey de Cantavieja, una de las plazas porticadas más bellas de Aragón.

martes, 19 de abril de 2011

La leyenda de la campana de Huesca


Hoy en día, cuando se realiza una visita guiada por la ciudad de Huesca, al visitante se le muestra un sótano de lo que fue el Palacio Real, actual Museo Provincial de Huesca, y que es donde se supone que acaecieron los hechos relatados en la leyenda de la Campana de Huesca. La leyenda dice así:
Siendo rey de Aragón Ramiro II “El Monje”, los nobles y potentados del reino no le eran del todo fieles y no tenían gran confianza en su gobierno.
El monarca preocupado ante esta situación decidió consultar al abad de San Ponce de Tomeras, su antiguo monasterio, pidiéndole consejo para ver cómo resolver este grave problema que tenía. El abad, prácticamente sin palabras, le mostró como cortaba en su huerto las coles que destacaban excesivamente sobre las demás.
Con esta acción que le mostró el abad Ramiro II sacó sus propias conclusiones y decidió actuar en consecuencia.
Convocó en 1136 a los nobles a Cortes en Huesca para comunicarles que iba a hacer una fabulosa campana que se oyera en todo el reino. Y ciertamente sonó en todos los sitios, ya que conforme los nobles llegaban a su palacio los fue decapitando uno a uno, para después colgar sus cabezas en un sótano de la residencia real, colocando al cabecilla de la revuelta, el obispo de Huesca, en el centro. A continuación hizo pasar a la sala al resto de nobles para que les sirviese de aviso y escarmiento. Con esto quedó zanjada la revuelta.
Esta estremecedora historia no fue considerada durante mucho tiempo como auténtica, pero no fue real según atestiguan los estudios de prestigiosos investigadores. Lo que sí está contrastado históricamente es que en una ocasión se sublevaron ante su poder siete aristócratas, y el rey Ramiro, por muy monje y cristiano que era, no dudó un instante en mandarlos ejecutar.
Foto: La campana de Huesca (1880), de José Casado del Alisal.

lunes, 18 de abril de 2011

La leyenda del milagro del gallo y la gallina

Una leyenda de las más famosas que se cuentan a lo largo del Camino de Santiago es la que se produjo en la localidad riojana de Santo Domingo de la Calzada donde gran cantidad de peregrinos se detienen para venerar al santo. Pues bien la leyenda dice así:

Cierto día llegó a la localidad un matrimonio alemán, procedente de Ad Sanctos (Xanten) con su hijo de dieciocho años llamado Hugonell. La familia se alojó en una hospedería y la muchacha del mesón se enamoró del joven chico alemán, pero ante la indiferencia hacia ella del muchacho, la joven decidió vengarse de él y para ello introdujo una copa de plata entre el equipaje del joven Hugonell cuando los peregrinos alemanes reanudaron el camino. En ese momento la muchacha denunció el robo al Corregidor.

Las leyes de aquél entonces (Fuero de Alfonso X el Sabio) castigaban con la pena de muerte el delito de hurto y así, una vez fue prendido, juzgado y condenado, el inocente peregrino fue ahorcado.

Al salir sus padres camino de Santiago de Compostela, fueron a ver a su hijo ahorcado y, cuando llegaron al lugar donde se encontraba, escucharon la voz del hijo que les anunciaba que Santo Domingo le había conservado la vida. Fueron inmediatamente a casa del Corregidor de la Ciudad y le contaron el prodigio.

El Corregidor, incrédulo, les contestó que su hijo estaba tan vivo como el gallo y la gallina que él se disponía a comer en ese momento. En ese preciso instante el gallo y la gallina saltando del plato se pusieron a cantar. El Juez ordenó inmediatamente que se descolgara al joven y se castigara a la muchacha. Y desde entonces se dicen los famosos versos:

“Santo Domingo de la Calzada

donde canto la gallina después de asada”

Desde ese día y en recuerdo de este hecho, se mantienen en el interior de la Catedral un gallo y una gallina vivos, de color blanco, que son cambiados mensualmente por el encargado del gallinero. Ambos animales proceden de las donaciones de los devotos del Santo. Frente a esta hornacina que se construyó hacia 1445 y debajo de una ventana románica se conserva un trozo de la madera de la horca del peregrino.

En el Archivo de la Catedral se conserva un documento de 1350 con indulgencias que 180 Obispos conceden a “la Catedral de La Calzada, donde hay un gallo y una gallina blancos, a quienes devotamente giren en torno al sepulcro del Santo, recitando el Padrenuestro, Avemaría y Gloria". Es el único templo del mundo que tiene animales vivos en su interior gracias a una Bula del papa Clemente VI concedida el 6 de octubre de 1350 y conservada en el Archivo Catedralicio.

Foto: Imagen de Santo Domingo de la Calzada con el gallo y la gallina.

jueves, 14 de abril de 2011

¡Vete a la porra!

Esta famosa expresión, muy nuestra y muy utilizada cuando queremos mandar a alguien lejos de nosotros de una manera “fina”, tiene un origen basado en los famosos Tercios Españoles de Flandes, en pleno apogeo de nuestros ejércitos en Europa durante los tiempos de los Austrias. Vamos a ver cómo se creó la famosa expresión.

Pues bien, en los Tercios el Tambor Mayor de cada uno de ellos portaba un gran bastón o garrote, que recibía el nombre de “porra”. Cuando la guarnición se hallaba fuera de su cuartel de marcha y se realizaba un alto prolongado, el Sargento Mayor ordenaba al Tambor hincar en el suelo el extremo inferior de la porra para señalizar el alto.

Hay que recordar que en los Tercios el Sargento Mayor era el ayudante principal del Maestre de Campo, era el segundo al mando en el Tercio, lo que hoy sería el Jefe de Estado Mayor y aunque no tenía compañía propia, tenía la potestad sobre todos los capitanes. Daba las órdenes verbales del Maestre de Campo del Tercio a los capitanes, decía cómo debía formar el Tercio en el campo de batalla y dónde se alojarían las compañías en los campamentos. El suyo era el trabajo de mayor responsabilidad. Tenía un ayudante que solía ser un alférez de su antigua compañía.

La evolución de estos dos cargos es lo que en la actualidad son los empleos de Teniente Coronel y Comandante de un regimiento o unidad militar.

Por su parte los Tambores y Pífanos eran los encargados de llevar las órdenes del capitán en el combate a base de los toques de sus instrumentos y, por tanto, el Tambor Mayor y el Pífano Mayor llevaban las órdenes del Sargento Mayor a todo el tercio. También tenían la finalidad, subir la moral de los hombres en el combate.

Cuando se realizaba el alto, inmediatamente se establecía alrededor de la “porra” la guardia encargada de custodiar los símbolos más preciados del Tercio: la bandera y el carro de los caudales. También quedaban bajo su vigilancia y custodia los soldados arrestados, que durante el alto debían permanecer sentados en torno a la “porra” que el Tambor mayor había clavado en el suelo.

En los campamentos, la “porra” se colocaba en la puerta de las dependencias principales, que estaban junto a la prevención donde los soldados cumplían el arresto por faltas leves, así que cuando el sargento o cualquier oficial mandaba a alguien a la porra ya sabía que estaba arrestado y debía cumplir el arresto en la prevención, por tanto la expresión de “enviar a alguien a la porra” era sinónimo de arrestarle. El oficial ordenaba al arrestado lo siguiente:

"¡Vaya usarced a la porra, seor soldado!".

Esta irónica pero curiosa locución se popularizó tanto entre los soldados que la utilizaban para “mandar a paseo” a todo aquel que les incordiara, que pasó a engrosar la riqueza léxica del español originando el actual y despectivo «¡vete a la porra!» que perdura hasta nuestros días y la utilizamos para alejar de nuestro lado a quien nos está importunando.

Aún hoy es posible ver el famoso bastón o “porra” en los desfiles militares en los que participa una banda de música militar.

Foto: Tambor Mayor de los Tercios portando el famoso bastón o “porra”.

martes, 12 de abril de 2011

El Valbanera, la trágica historia de un naufragio

En 1919 se produjo uno de los episodios más tristes de la historia de la emigración canaria a tierras americanas, el naufragio del Valbanera, en el que perdieron la vida 488 personas, emigrantes canarios en su inmensa mayoría. Esta es su historia.

El Valbanera era un buque que hacía la ruta desde Barcelona hasta Nueva Orleans, pasando por San Juan de Puerto Rico y La Habana. Construido en 1906, en los astilleros de Glasgow, Connell&Co, tenía unas dimensiones considerables: 132 metros de eslora y con un casco de acero de 5.099 toneladas, alcanzaba una velocidad de crucero de 12 nudos y tenía capacidad para transportar unos 1.200 pasajeros, incluida la tripulación y era uno de los barcos insignia de la Naviera Pinillos Izquierdo y Cía.

El 10 de agosto de 1919 zarpó del puerto de Barcelona, al mando del capitán Ramón Martín Cordero y, tras hacer escala en Valencia, en Málaga y en Cádiz, llega al puerto de Las Palmas de Gran Canaria el día 17 de agosto y el día 19 del mismo mes al puerto de Santa Cruz de la Palma, último puerto español antes comenzar la travesía del Atlántico y donde se completaría el pasaje rumbo a tierras americanas. La prensa local había dado la noticia de la llegada del buque a tierras canarias, como expresó el periódico tinerfeño, La Prensa en su edición del 24 de junio de 1919:

"El moderno y rápido vapor de dos hélices y ocho, mil toneladas Valbanera, pasará por este puerto con destino a los de Santiago de Cuba y Habana en la primera quincena de Julio próximo, admitiendo pasajeros y carga, debiendo dirigirse las solicitudes de hueco con la oportunidad debida, al agente de la Compañía en esta Plaza".

Cuando partió de Santa Cruz de La Palma, el Valbanera tenía a bordo a 1142 pasajeros y 88 tripulantes. Se dice que al zarpar del puerto palmero, el Valbanera perdió un ancla en una brusca maniobra y este hecho fue considerado por la tripulación como un mal presagio. El buque cruzó el Atlántico sin sobresaltos y, tras hacer escala en San Juan de Puerto Rico, llegó a Santiago de Cuba donde desembarcan 742 de los pasajeros, aunque la gran mayoría de ellos tenía el billete pagado hasta La Habana, hecho que les salvó la vida. Nada hacía presagiar el destino del Valbanera y es a partir de aquí cuando verdaderamente empieza el misterio de su naufragio.

El 5 de septiembre, el Valbanera zarpa de Santiago de Cuba hacia La Habana con 488 personas a bordo. El capitán Ramón Martín Cordero, marinero experimentado, no presagiaba lo que iba a suceder. Se levantó un terrible viento huracanado que pilló de lleno al Valbanera. El día 9 de septiembre, desde el Castillo del Morro y desde el Montevideo, buque atracado en el puerto de La Habana, se distinguen unas luces de barco haciendo señales mediante morse solicitando un práctico. Al estar el puerto cerrado por el temporal, el capitán del Valbanera comunica que intentará capear el temporal hasta que amaine. A partir de aquí se pierde toda comunicación con el buque.

Fianalmente, el 19 de septiembre son localizados los restos del Valbanera por un guardacostas norteamericano en Half Moon Shoal. Debió perder la antena de telegrafía con el temporal y por eso no pudo emitir ninguna señal de socorro. Sólo asomaban por la superficie los pescantes de babor de la toldilla de popa y el mástil de popa. El buque se encontraba a 12 metros de profundidad reposando sobre su costado de estribor. No había ninguna señal de los 488 pasajeros y tripulantes que se habían hundido con el barco. Los restos del Valbanera son aún visibles cuando baja la marea en el extremo oriental de los Cayos de la Florida.

Muchas son las incógnitas que rodean este suceso: ¿Se trataba realmente del Valbanera quién emitió las señales en código morse?, si fue así, ¿Porqué no se adentró mar adentro hasta que amainase el temporal, como se le indicó?, ¿Porqué las señales captadas por la estación de Key West y un cazasubmarinos norteamericano son contradictorias?, ¿Porqué se bajó la mayoría del pasaje en Santiago de Cuba sin llegar a su destino final?, ¿Se hizo lo necesario para socorrer a los naufragas? ¿Estaba el Valbanera predestinado por los precedentes anteriores?.

Es difícil de saber las respuestas. El investigador palmero Juan Carlos Díaz Lorenzo en su obra “Valbanera: viaje a la eternidad” trata de encontrarlas.

Foto: Imagen los restos del Valbanera y panfleto de promoción del viaje de la Naviera Pinillos Izquierdo y Cía.