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viernes, 16 de marzo de 2012

La espada de Damocles


Muchas veces hemos oído la consabida frase de la «espada de Damocles» cuando alguien tiene un problema delicado entre manos o está inmerso en una situación muy comprometida, pero ¿sabemos de dónde viene la frase?
Esta anécdota, situada en la Antigua Grecia, entra más en el marco de la leyenda popular más que en un hecho propiamente dicho y de la que se hizo eco Cicerón tras leerla del historiador griego Diodoro Sículo, que a su vez se cree que la tomó de la Historia de Timeo de Tauromenio. Esta es la leyenda de la «espada de Damocles»:
Se cuenta que en la corte de Dionisio II, tirano de Siracusa, una de las ciudades griegas más importantes de la Magna Grecia, era una corte donde abundaban el lujo y las riquezas y, por ello, Dionisio era envidiado por muchos de sus compatriotas. Uno de ellos era el adulador Damocles, un cortesano que, aparte de adular constantemente a Dionisio, se dedicaba al ocio y la intriga palaciega como profesión.
Damocles, siempre que podía, le decía constantemente a Dionisio
¾     ¡Qué afortunado eres, cuentas con todo lo que un ser humano puede aspirar! Dudo que exista alguien más feliz que tú.
Dionisio, adolecía de muchos defectos, pero lo que no soportaba era la envidia y cansado de oír de Damocles siempre la misma cantinela, que finalmente eran más de envidia que de adulación, le dijo:
¾     ¿En verdad, Damocles, crees que soy más feliz que los demás?
El ingenuo de Damocles creía fervientemente que  las riquezas, el lujo y el poder era lo que daba la verdadera felicidad, le respondió:
¾     Sí, Dionisio, creo que eres no sólo el más feliz de los hombres de Siracusa, sino el más feliz del mundo.
¾     Si te gusta tanto anhelas esto, vamos a hacer una cosa. Vamos a cambiar nuestras posiciones por un día. Tú serás el señor de Siracusa por un día y yo un cortesano más.
¾     Acepto, contestó Damocles emocionado, y añadió:
¾      Me encantará  disfrutar de los placeres y riquezas que posees  aunque sea sólo por un día.
Al día siguiente intercambiaron los papeles y toda la corte reconocía a Damocles como soberano, colocándole la diadema de oro y las distinguidas vestimentas de Dionisio. Damocles degustó de los mejores banquetes, los mejores vinos, la más deliciosa comida, escuchaba la música dedicada e él y se sentía halagado y admirado.
¾     Esto sí que es vida, le dijo a Dionisio, quien estaba sentado al otro extremo de la mesa.
Al decir esto e ir a brindar, levantó la copa de vino y se percató de que sobre su cabeza pendía una afilada espada sujeta únicamente por un único pelo de crin de caballo. Damocles comenzó a sentirse mal, las manos le temblaban de tal forma  que derramó el contenido de su copa. Ya no le apetecía nada de lo que disfrutar, sólo tenía ganas de huir de allí, pero ni a eso se atrevía. Estaba paralizado por el pánico, temiendo que en cualquier momento se rompiese el pelo que sujetaba la espada y le atravesase la cabeza.
¾     Amigo, ¿qué te pasa? parece que ya nada te interesa.  Le preguntó Dionisio.
¾     ¿No ves la espada pendiendo de un hilo sobre mi cabeza?  Le respondió Damocles.
¾     Sí, claro que la veo, siempre pende sobre mi cabeza, la  veo a cada instante. Cada minuto existe el  peligro de que caiga, bien por su propio peso, o bien  porque el hilo sea cortado por alguien que quiera asesinarme o derrocarme. También puede ser alguien que quiera derrocarme propagando mentiras en mi contra. También puede ser que me  equivoque en la toma de  alguna de mis decisiones y esto provoque su caída.
¾     Mira Damocles, continuó el rey, si quieres ser soberano, debes estar dispuesto a aceptar estos riesgos que son parte del poder.
Damocles, estaba aterrado y a penas se atrevía a contestar. Estaba pendiente únicamente de la espada. Finalmente dijo:
¾     Dionisio, ahora veo que estaba equivocado. Además de la riqueza, el poder y la fama, tienes mucho que hacer, mucho en que pensar y muchos riesgos que correr.
¾     Por favor, ocupa de nuevo tu puesto y déjame marchar.
Dionisio complació así a Damocles, quien salió inmediatamente del palacio, con la única intención de abrazar a su familia viendo lo importante que era su vida y no la que con tanto anhelo había deseado.
Damocles comprendió que el ejercicio del poder no es sólo la apariencia sino que es algo más profundo y que hay que estar debidamente preparado para llevar permanentemente sobre la cabeza esa amenaza en todos los actos que realizan aquellos sobre los que recae tal responsabilidad.

Foto: Dibujo que representa la leyenda de «La espada de Damocles».

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